Entre otras cosas, el vector

2009 Enero 5
by Roberto Giaccaglia

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Luca George Prodan, 1953-1987, Italia.

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Luca, Rodrigo Espina, 90:00, 2007, Argentina.

Ponerse a escribir sobre Luca Prodan no es recomendable, no lo conocí, nací tarde, aunque no tan lejos de donde su banda empezó a formarse, y ya hay cientos de crónicas, anécdotas y recuerdos de quienes sí lo conocieron, tocaron con él, se emborracharon con él y lo vieron mil veces tocando en vivo. Cualquiera de esas memorias puestas en papel, en la pantalla o en el aire son seguramente más idóneas para mentar al pelado italiano, hablen bien o mal de él. Por lo general hablan bien, el ambiente rockero argentino carece de un Fogwill que se despache contra el resto y baje un par de vacas sagradas a hondazos, o de pelados sagrados.

Luca, ya que estamos, era un poco Fogwill: para Luca, los Virus eran “putitos” y los GIT “mentirosos, afeminados y malos”, Charly García un desafinado que no tenía voz y un creído de mierda, igual que Miguel Mateos, que cantaba bien pero que no transmitía nada, Willy Iturri un burgués merquero, Gustavo Cerati un músico sin sentimientos, igual que Daniel Melero, el público rastafari unos boludos, el tango una música para machistas mentirosos, Calamaro un tipo que primero piensa en qué camisa se va poner y después en la música, Todos Tus Muertos unos hipócritas, cuatro pelotudos de Villa Devoto, Marta Minujin (parte de su primer público, junto a Katja Alemann, snobs, bah) otra pelotuda y Pettinato un tarado sin bolas.

Tal vez haya sido el último Fogwill del rock argentino, o el único, y si no un Fogwill al menos alguien que no se molestaba en sobarle la espalda a compañeritos del ambiente esperando de los compañeritos la misma complacencia… aunque… epa, me estoy olvidando de Federico Gil Solá, ex baterista de Divididos, cuando los Divididos eran buenos, que sí puede ser otro Fogwill, aunque con bastante menos oídos alrededor. En su primer disco solista, Gil Solá pone como bonus track (él lo llama anus track) una simpática canción que pide por favor olvidarse de ese pelado que vivió en el conurbano, que en inglés fue ciudadano y que hoy es remera para enanos. Pero en realidad, más que una canción en contra de Luca Prodan es en contra de lo que Gil Solá considera sus viudas (Qué garrón que es existir, por la muerte del tanito, qué garrón ser para siempre una viuda de Coquito), es decir, por ejemplo y sobre todo, dos de los miembros de Divididos: Mollo y Arnedo. Al primero Luca, cuando Mollo estaba en Sumo, lo llamaba súper héroe. Y claro, era de todos los integrantes de la banda el músico más notable, si no el único. Los demás eran marcianos que querían estar en una banda de rock y que siguiendo a Luca hacían lo que podían. A Arnedo no sé cómo lo llamaba. Arnedo siempre me pareció un tipo hermético, difícil, extraño, más que el propio Luca, que por las entrevistas que leí, escuché y vi de él era mucho pero mucho más extrovertido que Arnedo, buen bajista, la primera vez que lo vi fue en La Falda, en el 92, se mandó un solo de bajo bastante impresionante, al menos para el adolescente que era yo entonces, y antes de tocarlo dijo que eso se lo había enseñado su papá. Antes y después de eso no abrió la boca en toda la noche. Mollo dijo algunas cosas, presentó a la banda, saludó al público, anunció las canciones de Sumo antes de tocarlas… no habló de más ni de menos, pero la gente igual se reservó algún que otro gargajo para él y su grupo. Pero en La Falda escupían a todo el mundo. Bueno, a todo el mundo no. En ese mismo festival tocaron Las Pelotas y nadie se animó a tal cosa, escupir a Las Pelotas.

Desde siempre, Las Pelotas, las “viudas” restantes del pelado, tuvo una imagen y hasta una idiosincracia más similar a Sumo que Divididos. Pero no sólo eso. Yo creo que en cierta forma la mayoría de los rockeros argentinos ve a Las Pelotas como una banda más “real” que Divididos, no sé bien qué significa esto y ni siquiera se trata de una categoría crítica ni mucho menos. Pero el rockero se caga en las categorías críticas, lo que le interesa es cuán real o no es la banda que sigue. Y decididamente Las Pelotas luce más real. Divididos quizá sea más musical, eso nadie lo puede poner en duda, pero vaya uno a saber si los sentimientos que despierta Divididos tienen la vitalidad de los que despiertan Las Pelotas, dueños de una esencia, de nuevo, muy similar a la que transmitía el grupo del pelado, pura fuerza y emoción y no tanto despliegue musical. Luca Prodan aceptaba que cantaba sólo más o menos bien, pero no le importaba. Estaba perfecto así, le sobraba. Hasta estaba en contra de que pusieran esas calcos estúpidas en los discos editados en Argentina, Disco es cultura. Si fuera artista me pondría a escribir un libro, dijo una vez, sin tener en cuenta, quizá, la cantidad de peleles que se ponen a escribir un libro. La cuestión con Luca es bastante simple: no se la creía.

En algunos se nota mucho esto de creérsela o no. Volvemos a lo de “real”. Las Pelotas no se la creen, Divididos… no sé. Pero pobre Divididos, culpa del amor entre Mollo y esa actriz uruguaya que tengo en la punta de la lengua y que no me sale hay mucha gente que los vincula a la farándula. Pero no es sólo por eso. Los Divididos no parecen gente simple como los integrantes de Las Pelotas. Eso se notaba antes del documental de Rodrigo Espina, llamado simplemente Luca, pero ahora, sabiendo que los integrantes de Divididos no quisieron participar ni tampoco ceder canciones de Sumo para musicalizar la obra, pues… Como dicen, el que calla otorga. En el documental de Espina los que no se callan, precisamente, son los que parecen más reales, Daffunchio, Sokol, Supermán Troglio, ex integrantes de Sumo los tres, parte de Las Pelotas el primero, ex de la misma banda los otros dos. Los tres parecen lo que a vuelo de pájaro parecía Luca Prodan, gente simple, del montón, trabajadores que uno se encuentra en la calle, vecinos con los que comparte un vino, anécdotas, esas cosas. Muchos darían su brazo derecho para tomar una birra con los integrantes de Las Pelotas, por haber conocido a Luca un brazo y una pierna, pero no sé si entregarían demasiado para hacer lo mismo con los Divididos.

Dije que la gente de Divididos no participa del documental de Rodrigo Espina, y está bien que no lo haga, como está bien que el conductor televisivo Roberto Pettinato, ex saxofonista de Sumo, se haya negado a lo mismo, participar con sus anécdotas y recuerdos. Tampoco permitieron que las canciones que ellos también compusieron formaran parte de la película, ninguno de los tres. Quiero decir, mejor dicho, que no es “que esté bien” que esa gente no participe o no haya permitido que “sus” canciones sonaran en el film. Es que no importa. Que se queden con sus recuerdos y sus caras famosas y sus composiciones, que nadie los necesita… que se duerman con su información, basta saber cómo estoy, basta saber lo que quieren… Se deben de sentir más allá de la leyenda de Luca Prodan, o que no le deben nada, autónomos digamos.

El documental de Rodrigo Espina está bien, funciona, es medio casero (lo que no evita que se vuelva poético en ciertas reconstrucciones, sino que quizá refuerce esa transformación de documental en tímida ficción, por ejemplo en los momentos en que Luca grababa los cassettes que le enviaba como cartas a su familia en Italia) y por momentos parece más un programa de televisión largo que una película (aunque con un nutrido desfile de personajes que antes no habían sido vistos, o muy poco, la hermana mayor sobreviviente de Luca, por ejemplo, su madre, la madre de Timmy MacKern, Supermán Troglio, que no se deja ver mucho por ahí, la primera baterista de Sumo, Sthepanie Nuttal, sus amigos italianos y así, más cierto material “raro”, muchas fotos, por ejemplo, y las cartas grabadas ya citadas), está hecho con dos pesos, el montaje pudo haber sido mejor, el armado, la estructura del relato, incluso lo que se eligió contar (la madre participa quizá demasiado y también MacKern, que ya es una figurita repetida y a quien se lo ve notablemente harto de contar siempre lo mismo. Por otro lado, algunas escenas son tediosas. Las que implican a las ex novias de Luca —que cuentan poco y nada—, por caso, o las de la casona que Luca compartía en Alsina —aunque sirvan tal vez para saber cómo vivía—, como son tediosos algunos de sus amigos italianos, siempre hablando de la droga y de lo loco que se ponía el muchacho. Y otras escenas son intranscendentes: especialmente la dedicada a Gillespi, efímero trompetista de Sumo, que cuenta algo mínimo, sin relevancia ni interés, como mínimo e irrelevante es lo que cuenta Supermán Troglio, un tipo que me parece pudo haberse aprovechado más) y lo que no (hay poco sobre la formación musical de Luca, tanto afuera como en Argentina, sobre todo en Argentina, no se habla de sus gustos  —se lo ve cantando medio en joda una canción que solían tocar los Doors, “Alabama Song”, es cierto—, de sus descubrimientos, cómo le influyó musicalmente haber vivido en Europa, tocar acá, etc.), pero está bien, el documental funciona, como dije, y no sólo eso, enternece, que es, creo yo, lo que le pasó al propio director al hacer la película, se enterneció, hizo la película lagrimeando. Se nota su amor por Luca Prodan y es amor y no otra cosa lo que siente el fanático que se sienta a ver el documental de Espina. Dicen que hubo lágrimas entre algunos espectadores, espectadores lo bastante jóvenes como para no haber visto a Luca en su vida, y yo lo creo, lo creo porque el film está cargado de emoción y la carga parece verdadera, no impostada. No muchas obras sobre rockeros, no ya sobre Luca, tienen esta cualidad, que se note el amor con el que están hechas. Es más, podría decirse que en la enorme mayoría de esta clase de películas lo que se nota es ignorancia, ineptitud, amarillismo. Ya le había pasado a Luca, pobrecito. Le pasó con un episodio idiotísimo de un ciclo televisivo que retrataba asuntos un tanto oscuros del pasado argentino (“Caso Luca Prodan” de la serie Sin Condena —Dios santo, la sola inclusión de la historia de Luca en la aberrante serie, mal o bien contada, es algo propio de estúpidos) y le pasó con la película Luca vive, una boludez tan grande que no pasaría por el Arco del Triunfo. Lo de Rodrigo Espina, aunque muy mejorable, está a años luz de esos despropósitos hechos por aprovechados que no entienden un pomo sobre lo que están contando.

Pero así es con las figuras, la gente se aprovecha de ellas. Para eso están, ¿no? De Luca se aprovechó bastante gente, eso se sabe, y el documental de Espina deja entreverlo. Me imagino cuántos se habrán acercado a él en sus buenas épocas por verlo así de simple, así de borracho, así de bonachón. No es que Luca no se haya aprovechado de algunos de esos acercamientos, tuvo sus novias, por ejemplo, dos o tres juntas por lo menos, y lo bien que hizo, pero me parece que a la larga quizá haya salido perdiendo. No es que muchos de sus “descendientes” no estén a su altura y no dejen hoy bien parado su nombre, si es eso lo que se entendió por “aprovechados” recién, sino que siendo que parecía estar tan rodeado de gente que lo quería resulta muy extraño que se lo haya dejado caer como se lo dejó. Murió con el hígado hecho pelota, hace poco más de veintiún años, culpa de la ginebra, o mejor dicho de la cantidad de ginebra —aunque algunos dicen que fue una sobredosis de heroína lo que lo mató—, más solo que el monje Kwai Chang Caine de la serie Kung Fu.
Pero era un momento difícil, claro, el grupo estaba en su máximo esplendor y la salud de Luca en su máxima decadencia. Una cosa no acompañaba a la otra. Arnedo dijo alguna vez que mientras Luca estaba “terminando sus días” el grupo estaba con mucha manija por el disco. Para los demás integrantes, Sumo recién empezaba. Ellos iniciaban un camino del que Luca iba volviendo.
El “disco” del que habla Arnedo es After chabon, grabado entre abril y mayo del 87, para mi gusto el mejor, más completo y personal del grupo, por lejos. Mollo, por su lado, entiende que para Luca Sumo por entonces “ya había pasado”, mientras que para él, como para Pettinato, que guardaba todo lo que grababan, porque “Luca se va a morir”, Sumo lo era todo en ese momento. Por ejemplo, una fuente de ingresos importante. “Guita y más guita”, decía Luca, enojado, reclamando de sus compañeros mayor compromiso musical y no tanto comercial. Para Luca el “compromiso musical” no era solamente tocar cosas raras en vez de esos hits pedorros que quería componer Pettinato, sino también vivir como un rockero debe vivir, sin importarle nada más. Por ejemplo, ensayar. Los muchachos que él había juntado, a los que les había comprado equipos, a los que había animado y educado se estaban haciendo lo que él no iba a ser nunca ni quería: profesionales. Luca había hecho Sumo, pero Sumo ya no quería a Luca. Nadie comprendía eso de que el modo de vida debe coincidir con lo que se demuestra arriba del escenario… y todavía nadie lo comprende.
¿Tuvo la culpa la ginebra? No, nada tuvo la culpa, ni nadie. Luca era, simplemente, otra cosa. Lo que hacía le salía porque sí nomás, tanto las canciones como vivir. El lo sabía y hasta se ufanaba de ello: “No tuve que estudiar, porque me sale. Si yo quiero ahora voy y hago diez temas, diez temas que sirven. Pero no lo hago porque soy un vago”. Luca era un croto punk como debe ser todo croto punk que pueda ufanarse de ello: por elección. Es la pobreza wabi, toda una filosofía más que una mera “pobreza”, porque es la pobreza que se elige y que no cualquiera puede elegir. Vestirse de karateca porque es cómodo y barato, por ejemplo, como se vestía él, es nada más que un paso, o tener que usar pantalones prestados porque se vive al día y ni se va a cobrar la guita que a uno le deben. Luca dejó una vida de comodidad allá en Italia y cuando la comodidad volvió la despreció: “Cualquiera puede hacer un grupo de rock si tiene guita. Ojito… Yo tenía, yo invertí 20.000 dólares en Sumo. Pero a mí me pagan igual que al fucking Roberto Pettinato que no hace nada. Yo no es que gane más que los demás. El no hace un carajo, nunca subió un equipo, nunca puso un mango, siempre afanó. Yo lo re-quiero, pero es un trolo”.

Hablar de la ginebra cuando se habla de Luca es inevitable, pero también un tópico menor y bastante idiota. El consumo elevado de esa gran bebida no justifica la vida de nadie, ni la eleva a alturas superiores. Mi viejo, a mi edad, era un alcohólico consumado, desayunaba con ginebra Llave, uno o dos vasitos junto con el mate y las facturas, y se iba a repartir diarios. Por cada bar que pasaba, se tomaba al menos un vaso. Al mediodía ya estaba hecho pelota. Lo internaron con principio de cirrosis, casi se muere a la edad de Cristo y por lo mismo, por pelotudo, pero nunca en su vida compuso una canción, ni escribió una letra, ni siquiera se afanó una.

Luca sí, a pesar de toda la ginebra que tomó sí hizo todo eso, compuso canciones, escribió letras, se afanó una, o dos, o más, pero una seguro. Bueno, esto de que se afanó una canción no es, en realidad, hecho comprobable… bah, quizá sí. Yo puedo imaginarme la “película”, que parece después de todo bastante justificada.
Luca era, antes que todo, es decir borracho, desaliñado, un buen tipo, un cantante mediocre y todo eso, un erudito musical asombroso. El tano había mamado música desde la más tierna infancia, sabía tocar la trompeta, sus padres eran gente refinada que estoy seguro le acercaron un montón de música, formó parte de un coro, era curioso, exhaustivamente curioso, estuvo dando vueltas por Inglaterra en la mejor época para hacerlo, vio un montón de recitales, sus hermanos tenían como él inclinaciones artísticas, escuchaban montones de discos y los compartían entre ellos, ya había formado una banda antes de venir a la Argentina, se codeó con gente que había tocado con los mejores (la baterista original de Sumo había teloneado en Inglaterra a Siouxsie & The Banshees y a Wire, por ejemplo, y se rumorea que Luca anduvo con gente cercana a XTC, Fripp, Gang of Four), trabajó en una disquería importante, y escuchaba y escuchaba y escuchaba y no paraba nunca de escuchar. Cuando cayó en las sierras de Córdoba trajo música que quienes en ese momento lo rodeaban no podían creer que existiera. Para él, en cambio, era absolutamente normal. En el 81, por ejemplo, The Police ya le tenía las bolas llenas y aquí nadie los junaba ni remotamente (aunque el cariño por el reggae que sentía el trío inglés se le contagió bastante).
De ahí, de todo eso, la “película” que uno se hace sin querer, o sea lo que uno se imagina que pudo haber pasado con cierta cuestión no muy mencionada. Y es a propósito de la canción “Divididos por la felicidad”, en un primer momento llamada “Divided By Joy”. Esta canción, grabada por primera vez en Nono, en las sierras de Córdoba, en noviembre del 81, con la baterista Sthepanie Nuttal, Sokol y Daffunchio (luego en el disco independiente Corpiños en la madrugada y por último en el primer disco oficial de Sumo, Divididos por la felicidad, en el 83), es una copia, un calco, un simulcop de la canción “ICB”, de New Order.
Nunca se dijo mucho acerca de esto, al menos “oficialmente”, pero ni falta que hace. Para decir algo, como dije, está la imaginación.
Luca se había vuelto a Inglaterra apenas llegar aquí, vendió su departamento, compró con esa plata instrumentos y un pasaje de vuelta. Antes de volverse, le dejó una invitación a la baterista Nuttal para que dejara Inglaterra y se fuera a la Argentina apenas pudiera. Quería formar una banda. Pero otra de las cosas que se trajo, seguro, aparte de instrumentos y la promesa de Nuttal, fue el primer disco de New Order, que acababa de salir, Movement. Me imagino cómo habrán delirado sus compañeros de grupo en las sierras de Nono escuchando ese disco. Mierda, habrán dicho, en este puto país nunca se va a editar una cosa como esta. Todos lo creyeron y copiaron de cabo a rabo una de las canciones de Movement, “ICB”. Luca le puso otra letra, claro, una que ya tenía compuesta desde hacía rato. Y listo, había nacido “Divididos por la felicidad”, canción que sería muy celebrada apenas tiempo después.
Pero no hay que ser mal pensados. Dicen que la canción es un homenaje de Daffunchio y de Luca a Ian Curtis —cosa que al menos yo nunca escuché decir a alguno de los ex Sumo, ni entonces, ni ahora—, o sea el cantante de Joy Division, el tipo cuyo suicidio impulsó a los miembros restantes de Joy Division a formar New Order. Ayuda a creer que es un homenaje el título de la canción, “Divided By Joy”, porque ahí están contadas dos cosas: por un lado, que Joy Division se divide por la “felicidad” de Ian Curtis, por fin muerto, como quería, y, por el otro, explica con algo de tacto de dónde pudo tomar Luca la inspiración para su canción: de los ex miembros de esa banda efímera y eterna: Division, Joy (en realidad, la que sí sería un homenaje a Ian Curtis es la propia “ICB”, una sigla que significaría “Ian Curtis Buried”. A Ian Curtis en realidad lo cremaron, pero, en todo caso, quizá sus ex compañeros de Joy Division hayan querido decir que lo que enterraban al formar New Order era hasta las cenizas del cantante).

Tal vez el intento de Luca y de la primera formación de Sumo haya sido, sí, homenajear a Curtis, homenajearlo de paso con todas las letras, sonando como sonaban los compañeros de banda de Curtis al homenajear ellos mismos al cantante, pero en los créditos de la carátula del primer disco oficial de Sumo, así como en el demo Corpiños en la madrugada, no se menciona a los integrantes de New Order, sino a Prodan y a Daffunchio. Tal vez, qué sé yo, se podría haber puesto algo como: Música: Hook, Sumner, Morris; Letra: Prodan, y con eso el “homenaje” hubiera quedado todavía más patente. Pero no, los integrantes de New Order no figuran.
Y tampoco figuran sus nombres en otras canciones de Sumo, o de Luca, mejor dicho, que, bueno, ejem, al menos le “deben” bastante al grupo inglés salido de las entrañas de Division, Joy. En efecto, en varias canciones de Sumo se percibe cierto tufillo proveniente de Manchester, digamos algo así como esa mano de Dios que también inspiró a Maradona a hacer genialidades, pero esta vez visible para todos y haciendo viento. “Cinco magníficos”, por ejemplo, parte del segundo disco de Sumo, Llegando los monos, recuerda mucho a “Truth”, otra canción de Movement, como si “Cinco magníficos” fuera una continuación de la ya por sí larga canción de ese primer disco de New Order, una continuación quizá más oscura, lóbrega o enigmática: personas a las que Luca se va encontrando en un día extraño.
En Llegando los monos hay otra linda canción, emblemática por varias razones, “Estallando desde el océano”, que puede escucharse en clave: como una relectura a lo Prodan de muchas canciones del primer disco de New Order. Tal vez sea hilar demasiado fino decir que esa canción es un compendio del amor de Luca por el disco Movement, pero la sensación que deja es esa. Ante cosas como esta es difícil no recordar una de las anécdotas que guarda quizá el amor más grande de Luca en Argentina, Mónica Strömp. Ella cuenta que un Luca muy enojado, porque había visto a Vicentico en la televisión cantar y moverse como lo hacía él, le había dicho, como se dicen esas frases destinadas a durar, que la copia es la forma más burda de la inspiración…
Se puede hablar de “influencia”, claro, y Luca la tenía, venía empapado de ella, respiraba al ritmo de las líneas vocales de Ian Curtis, primero, y de Sumner, después, así como también tenía un cachitín de Bob Marley (“Kaya”, por poner un ejemplo) y otro de Lou Reed (“Heroína”, por poner un ejemplo un poco más bruto, por lo tremendamente obvio, o “burdo”, que es el intento de Luca de remedar esa canción sin nombrar a Reed), pero es tanta la influencia que Luca sentía, o sufría, de esas dos bandas (Division, Joy, y New Order), que la influencia se parece por momentos a la copia, algo que quizá él junto a sus compañeros de banda no hayan creído que se iba a notar alguna vez, porque Argentina, allá a principios de los ochenta, estaba lejos de todo y parecía que lo iba a estar siempre. En cambio, Luca estaba cerca, muy cerca, sabía más que cualquiera. Tal vez por ello, entre otras cosas, y como se desprende de la anécdota de Mónica Strömp, Luca copió mucho, pero a su vez fue mil veces copiado.

Creo que en cierta forma, una vez aquí, le fue fácil triunfar —apenas le costó un par de puteadas, que lo vieran como un bicho raro en los primeros recitales y que lo siguieran para decirle que lo iban a moler a palos por cantar en inglés. Se tenía merecido el triunfo, es cierto, la había pasado fulera en todos lados y tenía talento, carisma, pero no creo que en un país musicalmente avanzado alguien hubiera dado dos pesos por él… o dos libras, o dos dólares. Lo que hacía estaba adelantado a su época, pero a la época de acá. En otro lado, repito, eran canciones viejas. No sé, pero me late que si Timmy MacKern en vez de elegir las sierras de Córdoba para irse a vivir y desde allí enviarle a su amigo italiano y drogadicto una foto llena de paz y de amor con sus hijas, su esposa y su perra, se hubiera ido a vivir a Nebraska, y hasta allí hubiera recalado entonces Luca, en busca de paz y amor, se tendría que haber dedicado a otra cosa, o a usar a la música como hobby, como hacía en Italia y como hacía en Inglaterra.
El aporte de Luca a la música argentina no fue sólo pasional, cosa que a él le sobraba y que acá faltaba, sino también intelectual, palabra que Luca habría odiado con justa razón. A ver, ¿qué teníamos en Argentina cuando apareció Sumo, en febrero del 82? Juan Carlos Baglieto, Zas, Virus, los últimos coletazos de Serú Girán, Litto Nebia, León Gieco, Alejandro Lerner, Los Abuelos de la Nada, Riff, Los Violadores… ¿Cómo no iba a llamar la atención ese cuarteto de ritmos alocados y absolutamente desconocidos, para colmo con una baterista mujer, un cantante pelado que desafiaba a Pappo a tomar ginebra hasta Rosario y con canciones en un inglés perfecto?
Luca percibió cuán atrasados estábamos y lo cambió todo. Por empezar, los corazones de dos muchachos que en su vida habían soñado con ser músicos, Germán Daffunchio y Alejandro Sokol. El primero recuerda que él y Alejandro eran apenas dos típicos pibes argentinos con la represión adentro cuando conocieron a Luca. Pero la música que traía consigo el italiano supuraría ciertos males. Exactamente lo mismo ocurriría con el oído del rockero argentino promedio.
Luca Prodan no fue un músico, ni siquiera un cantante, fue el vector de un virus necesario para la adormecida producción rockera nacional, algo que le contagió una enfermedad que hizo mucho para que los corazones empezaran a latir en serio de una vez por todas, pero latir al galope, hasta la extenuación. No podía durar demasiado y no duró.
Luca no sólo trajo consigo vitalidad post heroína, o la locura del exceso, sino también Sex Pistols, los ya citados Joy Division, que nunca se citarán lo suficiente, Bob Marley y una nutrida exposición acerca del reggae, del ska, de la New Wave. Tal vez, como el bibliotecario Borges dijo de sus libros y de los libros que había leído, pudo haber dicho que no se sentía orgulloso por los discos que había hecho, sino por los discos que había comprado. Con ellos y no con otra cosa, tal vez con algo de actitud, transformó la música rock de este país. Es nuestro John Peel.

Mi tía me tejió cuando yo tenía unos quince años un pullover negro con la palabra Sumo en el pecho, siguiendo a pie juntillas la tipografía que la banda usaba para estampar sus discos. Ese pullover era mi orgullo. Yo amaba a Sumo. Sin haber visto en mi vida a Luca, sin haber hablado con él, sin haber tomado una cerveza juntos. Raro hubiera sido. Cuando murió yo acababa de cumplir trece añitos, la misma noche, y no estaba muy enterado de él. Bueno, más o menos. Había escuchado, por la radio, lo que todos, “La rubia tarada” y “Los viejos vinagres”, dos canciones horribles que Luca odiaba, pero que Pettinato amaba. Y sí, daban plata. Dice Luca que una vez, ante el pedido de Pettinato de meter algún hit en After chabon, le dijo simplemente fuck you, su frase preferida: “… ya una vez hicimos un hit a propósito, que fue ‘Los viejos vinagres’. El dice que fue en joda, pero no, es un cagón. El podría respaldarme en hacer cosas raras, como hacíamos antes. En vez, ahora que ’somos famosos’ piensa que necesitamos hits”.

(De pronto me acordé del estribillo de esa canción de Federico Gil Solá: Facha, facho y la fachita, en el arco estaba Higuita, se lo comió Caperucita, ¿quién se queda con la guita?)

Mi primer contacto con Sumo, mi “primer impacto” mejor dicho, porque el contacto primero fueron esas dos canciones radiales poco convincentes, fue en la vidriera de una disquería, meses antes de la muerte de Luca: allí estaba el cassette de After chabon, recién salido. Fue un impacto desagradable. La tapa me pareció una porquería (creo que, en realidad, me intimidó) y me compré cualquier otra cosa, la banda de sonido de Scarface me parece. Un año después, ya en primer año del secundario, un disc-jockey amigo me pasó una grabación de ese cassette. Y me enamoré enseguida, no del disc-jockey. Escuchaba ese cassette a todas horas, era una compañía ineludible. Al poco tiempo, alguien que vivía de casa en casa, sobre todo en la mía, y que a veces desaparecía por unos meses, un gran dibujante que ahora no sé por dónde anda, trajo consigo de Córdoba el cassette de Corpiños en la madrugada. Como a mí me iba sobre todo la música pesada, la canción “Fuck You” me pareció increíble, una obra de arte, algo supremo. Todavía me sigue pareciendo, pero con algo menos de seriedad cada vez que lo digo.

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  1. 2009 Enero 7

    De Prodan siempre tuve una imagen ambigua…me encanta su música…tanto como el filo de una Gilette…es más me da miedo como la hoja de una navaja, esa musica corta…la influencia post punk inglesa la nota cualquier persona que masomenos escuche música……ese bajo cono chorus es muyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy Hook…y su poesía también, creo que eran un buen grupo Sumo…y como dijo Harrison “John y Paul son geniales…pero sin nosotros no hubieran sido The Beatles” y en este caso creo que también…no se si denostar tanto a los otros…no me gusta esa cosa de LUCA!!!!! dios…el resto una cagada…salvo los que se parecen a él…(Las Pelotas)…entonces Luca genio y Luca gil (aca me matan), Luca poeta y Luca remera, luca jugado y Luca pose, bueh asi y todo creo que a nadie se le ocurre que el tipo irritaba y por eso
    muchos lo siguen…por la imagen…me encantaría saber cuantos escuchan la música de
    verdad y cuantos se compran la remera…en todo caso “Estallando desde el océano” es de lo mejor del rock nacional muy conmovedora.

    Abrazos Santiago

  2. 2009 Marzo 15

    I liked the post and your writing style. I’m adding you to my RSS reader.

  3. 2009 Marzo 18

    Tengo un amigo que le tocó hacerle una nota a Superman Troglio, y según me comentó, no es un tipo de muchas palabras… Hay que sacarselas a la fuerza..Calculo que Gillespie aparece por la ausencia de Arnedo, Mollo y Pettinato. Viene a compensar la falta de testimonios de la época de mayor convocatoria y éxito de Sumo.. Aunque concuerdo en que se le habría podido sacar algo más interesante para decir.

    Luca contó algunas veces que Sthepanie Nuttal fue novia de Bernard Summer (guitarrista de Joy Division y cantante/guitarrista de New Order). Será cierto? Me hubiera gustado preguntarle eso… jejeje

    Interesante lo de ICB, no tenía esa información. Sumo tambien tiene cosas de Manicuerd Noise, la banda en la que tocaba Sthepanie (sobre todo el costado mas disco music y el saxo)

    Muy copado el blog, voy a ir revisándolo entero de a poco.

    Saludos desde Entre Ríos!

  4. 2009 Marzo 18
    robertogiaccaglia Enlace permanente

    Jacko, gracias por tus impresiones, siempre interesantes.
    Un abrazo.

    Pipi, por tus aportes.
    Es cierto, lo de Gillespie debe de ser por esas ausencias, que después de todo no sé si hacen mucha falta. Efectivamente, Superman Troglio no es alguien que se haga notar, lo que habla muy bien de él. Miralo vos a Bernard Summer…
    Saludos.

    Perrita: thanks.

  5. 2009 Abril 19

    Tengo una curiosidad, me prodrias decir como se llama la cancion que suena en los creditos, al final de la pelicula? Un abrazo y muy buena tu critica.

  6. 2009 Abril 19
    robertogiaccaglia Enlace permanente

    La canción se llama “White Trash”, su versión completa se llama “Teléfonos/White Trash”, y está en el primer disco (no oficial) de Sumo, Corpiños en la madrugada. Bellísima canción.
    Un abrazo, y gracias por pasar.

  7. 2009 Abril 22

    Gracias! Exitos!

  8. 2009 Julio 10
    patriciobusnelli Enlace permanente

    Si alguien sabe el tema que suena antes de elegir alguna opcion ( pelicula, capitulos, extras, ajustes) en la pelicula LUCA. Es algo lenta, mas bien es una cancion un tanto con tono reggae. Si alguien podria decirme por aca o a mi mail que lo he dejado se lo agradeceria.

  9. 2009 Julio 10
    Roberto Giaccaglia Enlace permanente

    La canción se llama “Regtest”, es sólo de Luca Prodan y está en el primer disco, esta vez el oficial, de Sumo: Divididos por la felicidad.

  10. 2009 Julio 10
    patriciobusnelli Enlace permanente

    Muchisimas gracias. Muy buen tema, Saludos.

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