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	<title>Crítica creación</title>
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	<description>Más que una hermenéutica, una erótica del arte</description>
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		<title>Proyecto canción #3</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Dec 2011 21:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Discoteca]]></category>
		<category><![CDATA[Rescates emotivos]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a class="smarterwiki-linkify" href="http://youtu.be/SpbHdZJ_I9s"><code></code><code></code><span style="text-align:center; display: block;"><a href="http://criticacreacion.wordpress.com/2011/12/04/proyecto-cancion-3/"><img src="http://img.youtube.com/vi/SpbHdZJ_I9s/2.jpg" alt="" /></a></span><br />
</a></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>&#8220;Better By You, Better Than Me&#8221; , del disco <em>Stained Class</em> (Judas Priest, 1978)</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Cuando escuché por primera vez “Better By You Better Than Me” -hacia finales de los ochenta, principios de los noventa-, en cassette de edición nacional, comprado usado, por correo, nada sabía de la suerte que habían corrido dos adolescentes de Reno, Nevada, en la víspera de Navidad de 1985 escuchando la misma canción. Ray Belknap y James Vance, un par de loosers totales, seguramente, se pegaron un tiro con la canción de fondo. Primero uno -Belknap-, y después el otro -Vence-, utilizando el segundo la misma escopeta. Vence no estaba muy convencido de hacerlo, así que titubeó y el tiro del final no le salió del todo bien: sobrevivió unos cuantos días, los suficientes para contarles a sus padres lo ocurrido, quienes, ni lerdos ni perezosos, demandaron al cantante y a la banda que habían estado escuchando. El juicio es famoso, y debería figurar en los anales de la estupidez humana. Allí se puede ver a los hambrientos familiares de los jóvenes y a sus abogados aduciendo que Rob Halford, el cantante en cuestión, <em>indujo</em> a los chicos a cometer suicidio al &#8220;sugerirles&#8221; entre estrofa y estrofa <em>&#8220;do it, do it, do it&#8221;</em>. Me enteré del hecho muchísimos años después, cuando el cassette se había vuelto inservible, gracias a un documental sobre sucesos varios referidos a la &#8220;maldad&#8221; que encarna el rock y el peor de sus hijos, el heavy metal. No recuerdo si fue en ese mismo documental en que se mostraba la cara destrozada de Vence, pero en algún lado debo de haberla visto, quizá en sueños, vaya a saber. Este dijo, al parecer, que la cuestión estaba planeada de antemano, y que si bien no quería morir, <em>no tenía opción</em>, menos que menos al ver la resolución que acababa de poner en la tarea su compañero Belknap. Mientras sonaba la canción, Belknap, para darle ánimos, había dicho que la vida en sí no estaba hecha para vivirla, sino que era un paso hacia el más allá, el definitivo. Y cuanto antes mejor. <em>Y si no, escuchá lo que nos está diciendo esta canción: &#8220;hacelo, hacelo, hacelo&#8230;&#8221;</em>, dijo para terminar de convencerlo. Confieso que nunca le había prestado atención a esa fracesita escondida entre las líneas del estribillo, ese famoso <em>do it, do it, do it&#8230;</em> Para mí empezó a existir -a sonar- luego de conocer la historia de Ray Belknap y de James Vance, como empieza a existir un dolor luego de que descubren algo en nuestra última radiografía. Vaya a saber. Hay que decir, en defensa de mi capacidad de percepción, que aquel cassette donde escuchaba “Better By You Better Than Me” estaba medio destruido, y para colmo lo escuchaba en un grabador de un solo parlante (un Grundig de color gris y teclas negras en el lomo, con una manija para llevarlo de un lado a otro, que funcionaba con cuatro pilas grandes), que había pertenecido a mi padre. Recién con el advenimiento de los cds, esa frase se me hizo patente. Tal vez Ray haya tenido un buen equipo de música en su habitación, quién sabe, un equipo de alta fidelidad en el 85, cuando varios miles de kilómetros más al sur un casi niño en su pueblo le robaba el grabador a su padre para escuchar sus primeros cassettes de heavy metal&#8230; Yo, por mi parte, no podía escuchar el <em>do it, do it</em>, pero igual la canción me enganchó de entrada. Recuerdo que lo primero que hice al oírla por primera vez fue fijarme en el cartoncito del cassette para leer el nombre de los compositores&#8230; ¿Por qué? ¡Porque no sonaba en absoluto a Judas Priest! La canción tenía un tinte pop, un ritmo demasiado pegadizo, hasta una cadencia, se diría, dulce, levemente empalagosa, un poco ñoña en definitiva, todo lo cual la alejaba de la imagen dura de tachas y cuero negro y fuegos infernales que caracterizaba para mí la música de Judas Priest. Inevitablemente, uno se hace imágenes en la cabeza conforme a lo que oye, y entonces “Better By You Better Than Me” no tenía nada que ver con el preconcepto de paladines del metal con el que se me aparecían los Judas Priest cuando practicaba mi guitarra de aire o ponía sus discos a todo lo que daba: “Better By You Better Than Me” era una canción pop -eso que escuchaban los sordos de mis amigos-, ni más ni menos, una canción de amor, para más datos, una canción de pérdida, de abandono, de desolación culpa de alguien que deja a su pareja&#8230; ¡¿qué carajo tenía que ver el metal con eso?! (años después, el cantante se declararía gay, pero es un asunto que no viene a cuento). Mi corazón, debo decirlo, se dividió un poco -bastante-, mientras el resto de mí no sabía muy bien cómo reaccionar. La joda era que la canción me atraía más de lo que lo había hecho cualquier otra de Judas Priest. Me atraía más, incluso, que cualquiera de mi disco preferido de la banda, <em>Screaming for Vengeance</em>, que salió un par de años después que el disco que contiene a “Better By&#8230;”, es decir <em>Stained Class</em>. Bueno, fui entonces corriendo a ver el nombre del compositor de la canción, porque no podía tratarse de los conocidos Halford/Downing/Tipton, es decir el trío principal al frente de las letras y de la música. Y no, claro que no, ¡yo tenía razón! Es raro cómo la mente retiene momentos del todo insignificantes para el resto de las personas, momentos que a simple vista no definen al parecer nada de lo que somos o quizá en lo que nos hemos convertido&#8230; Pero yo creo que esa búsqueda, esa urgencia por saber de quién era la canción que me estaba cautivando y que acababa de dividirme en dos, dice mucho del preadolescente que era y esto en lo que terminé convirtiéndome, para bien o para mal. Allí figuraba, pues, un tal Gary Wright&#8230; ¿Quién carajo era? No existía la wikipedia entonces, así que tardé bastante en enterarme de que el tal Gary había formado parte de un grupo inglés llamado Spooky Tooth, bastante malo tengo que decir, o mala por lo menos es su propia versión -la original, claro- de la canción. Pero en fin, después de que Judas Priest se mete con alguna canción ajena es difícil -muy- que el propio autor no empalidezca. ¿No le pasó acaso a la buena de Joan Baez cuando los Priest se animaron con su “Diamonds &amp; Rust”? ¿A quién le importa la versión original de la Baez ahora? ¿O a quién le importa, ya que estamos, la versión original de “Better By&#8230;” hecha por Spooky Tooth? Ni siquiera me da ganas de escucharla. No es una versión para matarse, ja.</p>
<p>&nbsp;</p>
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			<media:title type="html">Roberto Giaccaglia</media:title>
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		<title>Diario de un librero #44</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 02:19:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente que no]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/12/tumblr_lv5g5qeru41qcbnhbo1_500.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2123" title="" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/12/tumblr_lv5g5qeru41qcbnhbo1_500.jpg?w=235&#038;h=300" alt="" width="235" height="300" /></a></p>
<p>Empecé a leer muy entusiasmado lo nuevo de Stephen King, un libro de cuentos, <em>Todo oscuro, sin estrellas</em>, título increíble, ya que estamos, a la par, digamos, de <em>Needful Things</em>, que es mejor en inglés que la ocurrencia del editor en castellano, <em>La tienda de los deseos malignos</em>, que sólo convence a los fanáticos. Y justamente un fanático (<em>una</em>, en realidad) me lo sacó de las manos. El libro llegó ayer, lo empecé a leer hoy por la mañana y tuve la mala idea de dejarlo en el mostrador. El cuento que arranca el libro se llama &#8220;1922&#8243; y trata de un tipo que asesina a su mujer ayudado por su hijo. Después seguramente el fantasma de la mujer empieza a merodearlo, pero sé hasta ahí. El cuento venía bien, con uno de los temas favoritos de King: acortar camino entre el problema y la solución a base de sangre y violencia. Ciertos personajes de King no son muy políticos que digamos. A veces se cansan y prefieren, literalmente, cortar por lo sano. Sus mejores obras son de este tipo, no de marcianos, perros asesinos o pesadillas eternas culpa de errores de juventud. Pero la resolución del cuento, para mí, tendrá que esperar. Somos una librería pequeña e incluso de los best sellers no nos llegan más de uno o dos ejemplares por tanda. Si algún día nos expandiéramos, sería curioso que lo hiciéramos por la razón de que los clientes nos llevan <em>demasiado pronto</em> los libros que queremos leer. Igual, prefiero a los clientes así, intempestivos, que ven algo que les gusta y se lo llevan, sin preguntar el precio. <em>La vida es eso</em>. La buena vida, quiero decir, es eso: darse el gusto sin pensarlo demasiado. Los que dan demasiadas vueltas o entran con esas caras que anticipan que nada ha de gustarles me revientan, me enferman, me revuelven el estómago y tengo por supuesto todas las ganas del mundo de transformarme aunque sea por un rato en alguno de los maquinadores personajes de King, que calculan fríamente dentro del hombre que por fuera todos conocen, preparando la salida al problema de una manera que nadie se esperaría -sangre y violencia. Es tétrico, sí, y en nuestro sano juicio los resultados se ven como abominables, pero en fin, somos humanos y como tal presa fácil de deseos malignos, que es la materia principal de escritores, cineastas, cantantes de death metal y el pan diario de psicólogos y psiquiatras, no importa si -los escritores- muy buenos como King o muy malos como la mayoría. Cuando en vez de llevarlo al plano real escribimos cuentos se llama <span style="text-decoration:underline;">catarsis</span>. Por ejemplo King. O por ejemplo lo que ocurre más o menos a diario en la librería y que me veo obligado a poner por escrito, en un diario. Un caso de días atrás: Entra una mujer y pregunta por <em>El principito</em>, sin escuchar si lo tenemos o no o qué precio tiene, para pasar a pedir acto seguido una “tijera prestada” para abrir un paquete de galletitas y yéndose luego tan contenta. O, hoy mismo, antes de que vendiera el libro de King: Entra una chica (20 y pico de años calculo, turista según me pareció), interrumpiéndome la lectura, claro, y pregunta sin decir hola por un juego de cartas, uno muy conocido, y bastante feo, le digo que no lo tenemos y sin que termine de decir la palabra &#8220;tenemos&#8221; -creo que alcancé a balbucear <em>&#8220;ten&#8230;&#8221;</em>-, me pregunta si puede pasar al baño. <em>El local no tiene baño</em>, contesto -mentira-, con mi mejor sonrisa, la del hombre que todos pueden ver por fuera, mientras el maquinador dentro de mí se imagina planes para hacer algún tipo de justicia. Una justicia que no es tal, por supuesto, porque nunca es para tanto, nunca es tan drástico el problema como la posible solución. No vivimos, la mayoría de nosotros al menos, en libros de King. Todavía hay estrellas sobre nosotros, no todo es <em>tan</em> oscuro, y poco pueden hacer al respecto las personas sin vergüenza con las que de vez en cuando nos cruzamos -las que entran a un negocio con cualquier excusa para conseguir lo que quieren, que siempre es otra cosa-, o las que ponen esas caras de ya saberlo todo y de que como tal nada podemos decirles que les sirva&#8230; Bueno, estas últimas hacen mucho para apagar las estrellas y oscurecer el cielo sobre mi cabeza y alentar en mí ese ser maquinador que en las obras de King hace estragos, desesperado y sin contemplar la vuelta atrás&#8230; La paciencia no es una de mis dotes.</p>
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		<title>Diario de un librero #43</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 18:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>

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		<description><![CDATA[-Para mí que se trajo un duende de la escuela. -¿Ah sí? -Claro, la debe haber acompañado hasta casa. -Mirá vos. -De buenas a primeras empezaron a desaparecernos las cosas, o cambian de lugar, todo el tiempo. -Bueno, tenemos libros que dicen que son muy traviesos&#8230; -Sí, me vas a decir a mí. Vos dejás [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2119&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/f57f13b8484008c886865c4b9663a141266a46ec_m.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2120" title="f57f13b8484008c886865c4b9663a141266a46ec_m" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/f57f13b8484008c886865c4b9663a141266a46ec_m.jpg?w=300&#038;h=287" alt="" width="300" height="287" /></a></p>
<p>-Para mí que se trajo un duende de la escuela.<br />
-¿Ah sí?<br />
-Claro, la debe haber acompañado hasta casa.<br />
-Mirá vos.<br />
-De buenas a primeras empezaron a desaparecernos las cosas, o cambian de lugar, todo el tiempo.<br />
-Bueno, tenemos libros que dicen que son muy traviesos&#8230;<br />
-Sí, me vas a decir a mí. Vos dejás cualquier cosa en un lado, te das vuelta y se te desaparece. Es increíble.<br />
-Ja ja.<br />
-Pero es un problema eh, no sabés. Te da vuelta todo, no te deja nada sin tocar.<br />
-Me imagino. ¿Y de dónde decís que lo trajo?<br />
-De la escuela. Ella va a una escuelita que queda en un campo, viste, o no un campo, es como un monte&#8230;<br />
-Un monte&#8230;<br />
-Sí, tienen como una hectárea de lo que sería el patio de la escuela, que es nueva, es todo territorio virgen ese, el loteo es reciente, nadie sabe lo que hay ahí.<br />
-Ajá.<br />
-Y bueno, debe haber muchos duendes, gnomos, lo que sea, no sé cómo llamarlos, pero seguro que se trajo uno.<br />
-Es tierra de duendes esa.<br />
-Claro que sí. Y una actividad muy linda que hacen los chicos es salir una noche con farolitos, por el monte, a caminar. Y bueno, en una de esas noches se ve que el duende la siguió hasta casa.<br />
-¡Se trajo un amigo!<br />
-Claro, Y ella habla con él, no sabés&#8230;<br />
-¿Y qué le dice?<br />
-Y bueno, el otro día estábamos por salir y nos desaparecieron las llaves. Entonces ella va a su pieza y le empieza a decir <em>Portate bien, devolvenos las llaves y a la vuelta te dejo los juguetes y vos jugá todo lo que quieras</em>. Y no vas a creer, miramos donde tenían que estar las llaves y ahí estaban de nuevo.<br />
-Es cierto, es increíble.<br />
-Vos le contás a la gente y piensa que estás loca, viste. Yo por eso a veces no digo nada.<br />
-Bueno, que la gente crea lo que quiera.<br />
-Por supuesto&#8230; Se ve que no le gusta estar solo, viste&#8230;<br />
-¿Al duende?<br />
-Claro, vos amagás con irte y él se da cuenta y te hace esas cosas para que te quedes.<br />
-Es un compañero.<br />
-Exacto. Los chicos de la escuela y ese lugar tienen una relación especial con ellos, muy linda. Y entonces ellos lo notan&#8230;<br />
-¿Los duendes?<br />
-Sí, y bueno, entonces a este se ve que le cayó en gracia mi nena y la siguió a casa, qué se va hacer&#8230; Ay, a veces la escucho hablarle y me da una risa.<br />
-Debe de ser gracioso, sí.<br />
-Si no se pone muy pesado es gracioso, sí&#8230; A veces me hace perder la paciencia, pero bueno, ya está, está ahí&#8230;<br />
-Y sí, no lo vas a echar&#8230;<br />
-¡No, claro! Je je&#8230; Bueno, chau, nos vemos.<br />
-Nos vemos, gracias por tu compra.</p>
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			<media:title type="html">Roberto Giaccaglia</media:title>
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		<title>Diario de un librero #42</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2011 19:04:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Series]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin ninguna duda, cualquier librero tiene motivos más que sobrados para ponerse nervioso, escribe Bolaño, acerca de cierta librera que escucha a John Coltrane para relajarse, cosa que al parecer no le hace mucha falta, porque esta chica, antes bibliotecaria, y siempre según Bolaño, no se toma las cosas muy a pecho. Yo sí. De [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2115&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/tumblr_w227377.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2117" title="tumblr_w227377" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/tumblr_w227377.jpg?w=300&#038;h=199" alt="" width="300" height="199" /></a></p>
<p style="text-align:left;"><em>Sin ninguna duda, cualquier librero tiene motivos más que sobrados para ponerse nervioso</em>, escribe Bolaño, acerca de cierta librera que escucha a John Coltrane para relajarse, cosa que al parecer no le hace mucha falta, porque esta chica, antes bibliotecaria, y siempre según Bolaño, <em>no se toma las cosas muy a pecho</em>. <span style="text-decoration:underline;">Yo sí</span>. De ahí mis pesadillas. Las pesadillas ahora tienen que ver con el agua. No con las bajas ventas. A mí las bajas ventas me importan menos que la Navidad. Las bajas ventas permiten, por ejemplo, que mi mujer y yo miremos <em>American Horror Story</em> en la pantalla de la computadora, y nos aterremos de lo que les pasa a los pobres personajes sin que entre nadie a perturbarnos. Es más, hay veces que queremos bajar la cortina, para que nos dejen en paz. En noviembre la mayoría de los ocasionales visitantes de la librería fueron nada más que preguntones full time, que piden precio de esto y de aquello y que terminan llevándose sólo nuestra paciencia. Vamos por el capítulo cuatro. A algunos los estoy viendo de nuevo, en realidad, porque ella, mi mujer, empezó tarde con la serie. Los pobres personajes habitan una casa que se aprovecha de sus miedos y de sus debilidades, y que juega con ellos. La verdad, es una idea estupenda. Que una familia se mude a una casa con fantasmas es un tópico usual, pero no lo es que los fantasmas sepan con qué asustarlos. A mí, por estos días, como tengo dicho, me asusta el agua. En el patio del local hay una cámara séptica, aún no clausurada, como debería. Y el agua que le sobra a la cámara, entra al local. No a raudales, sino de a poco. Es una especie de tortura china, gota a gota. El método de esta agua es curioso: forma pequeños charcos que podrían pertenecer, ya que estamos, a una película de terror que usara al agua como medio para transportar espíritus. Le pasaba a la madre y a la hija en<em> Dark Water</em>, ya que estamos, la genial película de terror japonesa que más que una película de terror es un drama muy triste, duro de ver. Por supuesto, el terror gota a gota es la mejor forma de alterar los nervios. Ese es, hoy por hoy, mi sobrado motivo para ponerme nervioso. No escucho a John Coltrane para relajarme. Para relajarme, en la librería, veo con mi mujer <em>American Horror Story</em>, deseando que los clientes que en realidad no lo son nos dejen en paz y nos permitan, por lo menos, ver unos quince o veinte minutos de serie sin interrupción. A veces sucede, a veces no. A la hora de poner música, porque cuando hay un preguntón dando vueltas por el local el silencio absoluto entre pregunta y pregunta no está permitido, no escuchamos precisamente música relajante. Tal vez pretendamos espantarlos, usar de alguna manera nuestras propias formas de dar miedo. Confundirlos, alterarlos, ver si son lo suficientemente osados como para quedarse. <em>Estamos y no estamos</em>, también escribe Bolaño, esta vez sobre lo que hace su librera en el negocio cuando no hay clientes o cuando hay pocos: <em>estar y no</em>. La librera, dice Bolaño de alguna manera, lee sus favoritos como ausente, convirtiendo a su local en un territorio salvaje, yerno, por el que se pasean clientes como náufragos y donde hay que ser muy valiente para atreverse a explorarlo. Es cierto. Al cerrar el negocio, cada noche, después de ver, encima, <em>American Horror Story</em> por la tarde, con algunas pocas interrupciones, aunque largas, es decir entre relajado y no, como ausente, como náufrago, me da miedo ir hacia la parte de atrás. Suele haber charcos de agua. Y estoy seguro de que algo esconden.</p>
<br />Filed under: <a href='http://criticacreacion.wordpress.com/category/cronicas/'>Crónicas</a>, <a href='http://criticacreacion.wordpress.com/category/series/'>Series</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/criticacreacion.wordpress.com/2115/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/criticacreacion.wordpress.com/2115/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2115&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Roberto Giaccaglia</media:title>
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		<title>Ante el dolor de los demás</title>
		<link>http://criticacreacion.wordpress.com/2011/11/17/ante-el-dolor-de-los-demas/</link>
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		<pubDate>Thu, 17 Nov 2011 19:50:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Comer animales, Jonathan Safran Foer, 430 págs., 2011, Seix Barral, Barcelona. No como más pollo en la puta vida, por supuesto. Lo más extraño de todo es que yo ya sabía cómo tratan a los animales durante su crianza. Lo sabía de la manera en que lo saben todos, por sentido común. A veces esta [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2112&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/comer-animales.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2113" title="comer-animales" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/comer-animales.jpg?w=176&#038;h=300" alt="" width="176" height="300" /></a></p>
<p><em>Comer animales</em>, <strong>Jonathan Safran Foer</strong>, 430 págs., 2011, Seix Barral, Barcelona.</p>
<p>No como más pollo en la puta vida, por supuesto.<br />
Lo más extraño de todo es que yo<em> ya sabía</em> cómo tratan a los animales durante su crianza. Lo sabía de la manera en que lo saben todos, por sentido común. A veces esta forma primaria de conocimiento basta y sobra para darse cuenta de las cosas. Nadie en su sano juicio cree que es real la imagen idílica de los pollos corriendo al sol, o vagando libres por la granja durante años, engordando a base de comida natural, apareándose cuando les viene en gana, durmiendo todos juntos por las noches, encaramados en las ramas más bajas de los árboles, o en cómodos gallineros siempre limpios, contándose historias de pollos&#8230;<br />
Todos sabemos, en realidad, que los pollos son hoy por hoy productos de laboratorio, que no corren, que no se aparean, que ni siquiera duermen, que crecen enrejados sin el mínimo espacio para moverse, que cagan donde comen y comen un alto porcentaje de antibióticos, que no conocen la luz del sol, sino las de unas lámparas que no los dejan dormir, que engordan artificialmente y que sus patas suelen crecer entre los barrotes de alambre que los confinan, de donde son arrancados a las tres semanas de nacer y que suelen tener una muerte lenta, colgados boca abajo (no pico abajo, porque se los quitan a los pocos días de salir del huevo), desangrándose, y a veces ni eso, sino que mueren en enormes ollas de agua hirviendo donde deberían llegar ya muertos (para quitarles las plumas).</p>
<p>Sabemos todo esto porque sabemos cómo funciona la industria: <span style="text-decoration:underline;">sin respeto</span>. Y porque imaginamos que criar un pollo como se debe es muy caro, y que la gente que los envasa para nosotros quiere sobre todo hacer plata, no darnos de comer cosas buenas y mucho menos preocuparse por un bicho con plumas.<br />
Y también lo sabemos porque nos hemos acostumbrado al triste aspecto que tienen los pollos en el supermercado: blancos, hinchados, grasientos, rebosando agua, con mal olor.<br />
Así como feos se ven en las bolsas de las góndolas, feas fueron sus vidas y sus muertes.<br />
¿Nunca escucharon la queja de que el pollo <em>se reduce</em> en la parrilla o en el horno? ¿No lo hemos comprobado por nosotros mismos miles de veces? Es simple: luego del escaldado en agua hirviendo, donde, repito, muchos pollos llegan vivos, y donde, por ende, se cagan en el agua, desesperados, sus poros se abren -y entra claro que sí la materia fecal-, requisito para quitarles las plumas, pero luego pasan inmediatamente a piletones de agua helada, todavía sucios, en efecto, y esta agua entra en el pollo, completando el proceso de engorde y de mayor peso en las balanzas del supermercado. O sea, comemos pollo y también agua sucia.</p>
<p>Sabía todo esto, por supuesto, <em>como lo sabemos todos</em>, pero faltaba que viniera Jonathan Safran Foer para contárnoslo.</p>
<p>¿Qué es &#8220;abrir los ojos&#8221;? Es una frase molesta. Cuando nos la dicen, nos damos cuenta de que el problema siempre estuvo ahí: frente a nosotros, como la carta escondida de Poe.<br />
Cerramos los ojos con facilidad, pecamos de cómodos. Es tan sencillo echar a la sartén una milanesa y olvidarse del asunto -es decir, cómo viven y mueren los animales que comemos-, ni siquiera pensar en él, que resulta sorprendente recordar aquella vez en que andando por la ruta vimos un camión con vacas, amontonadas, aplastadas unas con otras, pisándose, cagándose, nerviosas, haciendo kilómetros y kilómetros, sin comer ni beber agua&#8230;<br />
Es decir, si podemos recordar esa imagen de animales sufriendo, ¿por qué los comemos? ¿Por qué echamos a la sartén el pedazo de carne de un animal que se vio privado de libertad, comida, agua e incluso oxígeno, que sufrió infartos incluso, presa de los nervios y la desesperación de verse confinado y apartado de su lugar de origen? Muchas de las vacas, en efecto, llegarán muertas a su destino final, lo que, sabiendo cómo las matan, quizá sea una suerte para ellas.<br />
Al igual que sucede con los pollos, algunos de estos animales llegan conscientes a la “zona de procesamiento”, es decir donde se los descuartiza y despelleja. No es sorprendente. Las máquinas fallan, los humanos que las operan fallan todavía más. Entonces la pistola que les debe hundir el cráneo a veces no hace su trabajo, luego la hoja que les abre la garganta no corta con la profundidad deseada y entonces&#8230; pues que todavía son capaces de dar patadas al momento en que se las desuella o se las abre en canal.</p>
<p>No me había puesto a pensar en ello por el simple hecho de que no lo había leído nunca. Pero caigo en la cuenta de que lo supimos todo desde siempre y que sin embargo alimentamos a nuestros hijos y disfrutamos nosotros mismos de animales que han tenido que pasar por esto. Linda McCartney decía que si los mataderos tuvieran las paredes de vidrio, nadie comería carne. La verdad, nunca le había prestado mucha atención a la frase -tal vez la consideraba demasiado melodramática, je, por no ser a mí a quien estaban despellejando-, o había hecho, en realidad, como decía Foster Wallace: <em>“El asunto de la crueldad animal relacionado con la comida es incómodo. La forma de evitar el conflicto es simplemente no pensar en ese aspecto desagradable del disfrute de la buena mesa”</em>. Lo que Foster Wallace llama “conflicto” es saberse insensible, cruel, inhumano. Porque sabemos, o por lo menos imaginamos, por ejemplo, que la langosta debe de sufrir bastante al morir hervida -al parecer, no hay otra forma de cocinarla y que salga tan rica-, pero igual no es en el dolor donde enfocamos nuestra mira, sino en la carne blanca resultante.</p>
<p>Hay otras cuestiones en las que quizá nunca hemos pensado porque es más difícil toparse con ellas. La gente que vive en grandes ciudades ni se entera. Por ejemplo, cómo nacen los cerdos que rellenan chorizos, morcillas y que quedan tan bonitos en la mesa de Navidad. Pues bien, nacen de una madre literalmente atrapada en un cajón donde ni siquiera puede darse vuelta y donde debe pasar meses enteros, los que corresponden a la gestación de los cerditos. Las llagas en estas madres son comunes, el sangrado, etc., y por supuesto la anulación total de sus instintos maternos, pues se las somete a una inseminación tras otra, con el objetivo de que produzcan más y más, hasta que el cuerpo lo soporte. Es normal que el animal se vuelva loco, que muerda los barrotes de su celda hasta perder los dientes, etc. Por suerte existen las jeringas con las que se la tranquiliza. Los cerditos, por supuesto, no la pasarán mucho mejor. Ellos también, al igual que los pollos, son un producto de laboratorio: diseñados para engordar y no moverse demasiado, sus huesos son más frágiles que los de un cerdo de los de antes, digamos, por lo que las mal formaciones y las fracturas son constantes. Es un alivio, después de todo, que no vivan mucho.</p>
<p>Recordé mientras leía <em>Comer animales</em> la novela <em>El amo del corral</em>, de Tristan Egolf, donde se cuenta, en tono de humor negro, no a manera de ensayo o denuncia, cómo los mataderos industriales de aves emplean a negros y a latinos, ya que su desesperación por conseguir un trabajo los hace emplearse en un “oficio” que todos rechazan.<br />
Me vinieron a la mente las escenas infernales de la novela de Egolf -básicamente cómo se <em>entretienen</em> los empleados de mataderos con las aves- pues lo que cuenta <em>Comer animales</em> es muy parecido, aunque sin humor y sí con un claro énfasis en la denuncia:<br />
Son pocos, al parecer, los trabajadores que duran más de seis meses en los mataderos. Es el trabajo con más rotación por año de cuantos se conocen. Los empleados, simplemente, no toleran seguir matando y al cabo de pocos meses el único olor que distinguen es el de la sangre, el que los acompaña hasta en los sueños. Es absolutamente normal, cuando ya han pasado unos pocos meses, que estos trabajadores descarguen su frustración en los animales -la conclusión de que personas normales llegan a volverse sádicas por el trabajo que se les obliga a realizar no es nueva, es materia de discusión frecuente en torno a los crímenes de guerra, por ejemplo, o en juicios de casos similares-: matar los vuelve sanguinarios, los deshumaniza, así que, perdido por perdido, se divierten con el dolor. Los proferidos para esto son los chanchitos, que chillan de una manera bastante similar a la de un niño. Se les pega con tubos, se les corta al cola, se les dan descargas eléctricas, se les meten palos en el ano, se los empuja a las ollas de escaldado donde, al igual que los pollos, deberían llegar muertos, etc. A alguno los chillidos lograrán al fin abrirle los ojos y dejará el trabajo.</p>
<p>Resulta curioso que los humanos nos espantemos de lo que somos capaces de hacerles a otros humanos, pero que elijamos mirar para otro lado si nos hablan de lo que los humanos somos capaces de hacerles a los animales. Pensemos en las guerras, en los trenes que llevaban judíos o gitanos a morir, en los campos de concentración, en las salas de tortura de nuestras dictaduras americanas, en Abu Ghraib, etc. Se nos vienen a la cabeza palabras como maldad, violación, sadismo, etc., las cuales se quedan cortas para describir lo que conocemos de cada uno de esos lugares. Sin embargo, cuando métodos bastante similares son empleados para llevar carne a nuestra mesa a lo sumo decimos “pobrecito” y seguimos comiendo.<br />
Este es el punto, me parece, en el que se demuestra nuestra absoluta vanidad como especie. Es decir, nuestro celo, nuestro egoísmo. Somos conscientes de que si los animales gozaran de una vida digna y una muerte acorde, la carne que llegara a nuestros platos sería carísima, así que preferimos lo contrario: carne barata y animal sufriente.</p>
<p>Un viejo profesor de economía hablando de los cambios de mercado nos decía que en su niñez un pollo era un manjar del que su familia podía disfrutar unas dos o tres veces al año y sólo en ocasiones especiales. Ahora en cambio se ha convertido en un alimento barato, común, infaltable.<br />
La carne, en general, ha sido el alimento que más ha venido bajando su precio a lo largo de las décadas. Y esto lo hemos requerido <em>nosotros</em> como consumidores, no <em>ellos</em> como productores -los supuestos malos del asunto.<br />
Sabemos lo que esto implica: que el animal se cosifique, por lo que dejamos de pensar en él como en un ser vivo, con miedos, dolores y diversas formas de sufrimiento. Lo vemos como el resultado de una larga cadena de producción: carne envuelta en papel film. Todo eso que fue previamente la “carne envuelta en papel film” no importa. Todo por lo que tuvo que pasar, tampoco. Porque todo ello es al fin y al cabo un requerimiento de nuestro bolsillo, algo que se da por sentado, que se obvia y que debe ser forzosamente así.</p>
<p>No hace mucho apareció en mi ciudad un perro despellejado. Algunos dicen que se trató de una brujería; otros, de la venganza de un tipo contra un vecino molesto. Se hicieron marchas, se imprimieron carteles con la foto del perro, se protestó en la televisión, la radio y los medios gráficos, se clamó por penas de cárcel para los que maltratan animales. Yo me pregunto si toda esta gente que salió a reclamar y puso su empeño en hacer justicia y elevó plegarias y se preguntó cómo es posible conoce lo que sucede paredes adentro de los mataderos. Seguramente sí, como cualquiera, o lo sospecha al menos.<br />
¿Pero qué es lo que se esgrime ante esto? Que los animales que se comen mueren por una buena razón: <em>porque se comen</em>, y que no importa cómo mueran, total igual van a morir&#8230; En cambio, no hay razón para hacerle eso a un perro.<br />
En teoría, todo animal se come -nosotros mismos somos comestibles, diría Willy Wonka. Los perros, por caso, son muy apreciados en algunos países, existen razas, incluso, “diseñadas” como ganado, mi abuelo cazaba los gatos del barrio y los hacía en guiso -es cierto-, etc. No es el punto que “se coman” y que por ello debamos olvidar su padecimiento, el punto es que por alguna razón nos resulta satisfactorio comerlos.<br />
¿Satisfactorio hasta qué punto? ¿Hasta dónde puede llevarnos nuestro deseo? ¿A perder la razón? ¿A usarla para ocultar cuanto sabemos? ¿Tan <em>necesario</em> es nuestro gozo que debemos no sólo permitir sino alentar -de eso se trata abaratar costos: alentar- el sufrimiento del otro?</p>
<p>Ya sé que todo pasa por la educación. La industria también lo sabe, y se nos ha adelantado años luz. ¿Nos hemos puesto a pensar alguna vez que todo lo que sabemos de nutrición lo hemos aprendido de la publicidad? Un avivado dijo: la proteína animal es necesaria. Y ahí fuimos todos, a echar a la parrilla todo cuanto tuviera por lo menos dos patas. Lo más triste es que profesionales -médicos, docentes- se han hecho eco de taras por el estilo y con el correr de los años simplemente nos hemos ido acostumbrando. Safran Foer se pregunta: <em>¿será Noche de Acción de Gracias aquella donde no haya un pavo salido del horno con papas alrededor?</em> Y yo me pregunto: ¿será fiesta de Año Nuevo aquella donde no haya un lechón o un cabrito bien adobado y crujiente rodeado de bowls con lechuga y tomate, recién salido de la parrilla? Y no, la respuesta es no. Invitá a amigos y parientes a una Cena de Año Nuevo con ensalada de papas o pizza de espárragos y fijate dónde te mandan.<br />
Esperamos las fiestas para comer. Toda reunión que se precie se hace alrededor de la comida. Esa es nuestra cultura, justamente, no la de las fiestas o la de las reuniones, sino la de la comida, en abundancia, grasienta, y con el aroma que nos han educado desde chiquitos a envidiar cuando sale del patio de un vecino.<br />
Nuestra educación es pues el obstáculo invencible, y al final será nuestra tragedia, la manera que tendremos de terminar con el planeta.</p>
<p>¿Sabemos que la ganadería industrial es más contaminante que todos los motores del mundo juntos y que por lo tanto es el mayor responsable del calentamiento global? ¿Sabemos que la cantidad de agua que emplean las granjas industriales es mayor que la cantidad de la que disponen los chinos? ¿Sabemos que el 95% de la soja que se cosecha en el mundo es para alimentar a cerdos que, a su vez, alimentan con su carne a menos personas de lo que haría toda esa soja? ¿Sabemos de la cantidad de especies marinas que se están perdiendo -y que ya se perdieron- porque mueren “accidentalmente” en la pesca diaria de los “productos” que terminan enlatados? ¿Sabemos que la materia fecal de las granjas va a parar a corrientes de agua, así como sus gases al aire que respiran comunidades cercanas? ¿Sabemos que la resistencia cada vez mayor de ciertas enfermedades humanas comunes -gripes, por ejemplo- se debe a que incorporamos todo el tiempo antibióticos en la carne que consumimos?<br />
Son datos, nada más, que uno puede obviar o no, o hacerlos presumir de exagerados, conformando a una conciencia cada vez menos exigente, pero lo que seguirá siendo difícil de obviar o de pensar como exagerado es el grito, el chillido, las súplicas, las muestras de dolor, la agonía&#8230;</p>
<p>Veremos, como planteaba Susan Sontag en su ensayo sobre cómo nos afectan (o no) las imágenes de violencia y de guerra, si podemos seguir siendo inocentes, si nos conformamos con ser testigos mudos y consumidores apáticos, o si alguna vez algo de esto genera en nosotros algún tipo de rebeldía, aunque mínima, aunque en principio intrascendente, que es la de, simplemente, ponernos alguna vez a pensar qué implica comer animales (<em>“El cerco, nos guste o no, se está cerrando”</em>, dijo el filósofo Jacques Derrida: <em>“El animal nos mira y estamos desnudos ante él”</em>). Si cabe, volviendo al recurso del sentido común, la forma de conocimiento que a veces basta y sobra para darse cuenta de las cosas, las opciones son tan sencillas como elegir entre la cosecha y el matadero, la vida y la muerte.</p>
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		<title>Lo joven que todavía somos</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Nov 2011 02:22:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cosas únicas]]></category>
		<category><![CDATA[Discoteca]]></category>
		<category><![CDATA[Rescates emotivos]]></category>

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<p>Pronto ha de llegarme lo que algunos llaman crisis de la mediana edad, que no es otra cosa que una negación de los años que se tienen. Es una crisis romántica, por supuesto, no porque afecte a las relaciones de pareja, cosa que hace sobradamente, sino por los cuestionamientos que se suceden sobre uno mismo y que tienen que ver, obviamente, con las metas no alcanzadas. Por ejemplo, la de cambiar el mundo. Yo soñaba con eso y ahora resulta que tengo un trabajo. O sea, intento venderle cosas a la gente. Más allá de la felicidad que esto pueda provocar en las personas de buena voluntad y ánimo acorde, que por poco dinero obtienen aproximadamente lo que fueron a buscar, no deja de ser una tarea minúscula comparada con las alturas de lo que alguna vez quise lograr -y que no tenían que ver, por supuesto, con venderle cosas a la gente. O quisimos. Pienso, claro, en los que conocí en mi juventud. Todos, a su manera, querían cambiar el mundo. Bueno, no todos. Algunos se conformaban con seguir la tarea del padre/madre, una carrera impuesta por la conformidad y los diversos procesos acomodaticios de la gente normal, pero no estoy pensando en ellos ahora. Estoy pensando más bien en los que querían introducir en la porción de universo que les fuera a tocar un cambio que aunque minúsculo en un principio creciera hasta alcanzar proporciones gigantescas, acordes a nuestras pretensiones. Esas pretensiones las dábamos a conocer en charlas regadas con alcohol o bien regadas de soledad, cuando hablábamos con nosotros mismos. En ambas ocasiones sonaban discos como el cuarto de Zeppelin, que algunos se empeñan en llamar<em> ZoSo</em>, al parecer una palabra que esconde poderes rúnicos, y que su culpable, Jimmy Page, guitarrista, librero y brujo ocasional, planeó más bien como una broma que a lo largo de los años fue tomándose más y más en serio.<br />
También sonaban otras cosas, sonaba <em>Zeppelin II</em>, por ejemplo, o discos que en su conjunto en realidad me gustan más, como <em>The Dark Side of the Moon</em>, pero me parece que es justamente un disco como el cuarto de Zeppelin el que más se acerca a una idea de melancolía anticipada, una extraña obra de arte que invita a revalorizar lo que todavía no se ha vivido, y a ponerse tristes por saber de antemano que nada va a salir del todo bien, o por lo menos como lo esperamos. Fabián Casas cuenta que <em>ZoSo</em> significa precisamente algo como &#8220;Sin posibilidad de buen final&#8221;. En el fondo, todos creíamos eso cuando nos poníamos a soñar: que nada de lo que imaginábamos iba a terminar bien. En los intersticios de nuestros sueños crecía también la pena, una crisis de transición anticipada, pues a pesar de que todavía faltaba mucho para volvernos cínicos, amargados, desabridos y sólo un poquito más astutos, ya lo estábamos sufriendo. Como quien dice, tarde o temprano, no importa cuán bien me vaya en la vida, tendré 40 años.<br />
Para escaparle a la idea de vejez, o no a la idea, sino a la sensación, que es otra cosa, una sensación que dicho sea de paso tiene mucho de certeza, se pueden hacer varias cosas. Y todas ellas tienen que ver con volver el tiempo atrás. Por ejemplo, comprarse una moto. La moto para un tipo de 40 no es un medio de transporte, es una máquina del tiempo. Mientras el cuerpo va hacia adelante, el espíritu viaja años en el pasado: se reencuentra con sus compañeros de secundaria -es decir, todavía yendo a la secundaria-, estaciona en la plaza, mira las chicas pasar, con la moto cerca, sabiéndose dueño, de la moto y de las miradas ocasionales. Hay cosas más baratas, lógicamente, que permiten fantasías parecidas. Un buen tatuaje (o un par, siempre es mejor), un corte de pelo arriesgado (colita), algo de ropa que siempre le queda mejor a los otros, horas de gimnasio, etc. Todo es bastante triste y patético, pero sólo es así -triste y patético- si uno se pone a pensar en el tema. Si en cambio lo deja fluir, si se sube a la corriente, pues adelante nomás, uno puede hacer como que vuelve a empezar.<br />
Dentro de un par de años le tocará a <em>The Dark Side of the Moon</em> cumplir sus 40. Entonces, tal vez se pueda todavía ir más allá en cuanto a esto de las concepciones temporales, o a lo que entendemos, en fin, acerca del paso del tiempo. Entre otras cosas, <em>The Dark Side of the Moon</em> habla de eso: de todo lo que hacemos para no pensar en lo viejos que nos ponemos.<br />
Las obras maestras invitan a la reflexión: a ver, ¿qué nos siguen queriendo decir estos maestros al día de hoy y que todavía no entendimos? Pero yo creo que aún más que eso a lo que invitan es a pensar en uno mismo. Es decir, qué éramos cuando nos topamos con esas obras en nuestra juventud y qué somos ahora. La pregunta es peligrosa, casi cruel: <em>¿envejecimos tan bien como ellas?</em><br />
Ay, no. La respuesta casi siempre es no.<br />
Pero no hay que quedarse con esto. Si fuese así, todos ya estaríamos más muertos que Andrés Caicedo e Ian Curtis juntos.<br />
El otro día estaba viendo esa película fenomenal que es <em>24 Hours Party People</em>, sobre los primeros días de Factory, el sello donde grabó New Order, Happy Mondays, etc., y en una parte se muestra a un atribulado Ian Curtis -enojado más bien, desilusionado, muy bien interpretado por un actor que no conozco- reconsiderando su gusto por David Bowie porque en una canción éste dice que hay que morirse a los veinte y pico y ya estaba llegando a los 30. O sea, para Curtis, Bowie era un <em>viejo</em> que no había cumplido su promesa. O lo que es lo mismo: no creía en lo que cantaba. Bueno, tal vez el problema de Curtis y de Caicedo fue que se tomaron las cosas demasiado en serio. Fueron un torbellino creativo y al menos uno de ellos cambió el mundo, o una parte sustantiva de él, pero carecieron del humor suficiente o no podían verse, con los años, comprándose una moto y viajando atrás en el tiempo. Caicedo, me imagino, era uno de esos tipos que temían envejecer, y bien sabía que no hay cirugías para el alma o el espíritu: una vez que se acumuló la suficiente carga, no hay forma de borrar esas arrugas. Lo mismo podría decirse de Curtis: más años, habrá imaginado, son más sufrimiento Si no puedo así de joven, ¡¿cómo será después?! Mejor no averiguarlo. Consiguieron en parte lo que querían. Sus retratos son pues los de la juventud eterna. No sé si decir lo mismo de sus obras, a las cuales es imposible leerlas/escucharlas sin la mirada por sobre el hombro de sus fantasmas, a ver cómo las estamos digiriendo.<br />
Por su culpa, es decir la culpa de estos jodidos fantasmas, son obras que se me antojan más urgentes que vitales, más necesarias -para ellos- que vigorosas -para su público.<br />
En cambio, en <em>Zeppelin IV</em> ya existe el reposo del guerrero triunfante, el del tipo que después de haberse dado un par de vueltas por la oscuridad se empeña en iluminarlo todo, con todo el tiempo y la tranquilidad del mundo. Vigoroso y vital, es un clásico de otra especie: uno que no se propone irrumpir con la fuerza de un manifiesto antitético (en este sentido, Caicedo y Curtis son bastante más punks), sino simplemente aparecer con la elegancia de una piedra de toque, al alcance de todo aquel que se entregue mansamente a su aura. Y bueno, con los años algunos se compran motos o se hacen peinados raros. Yo estoy empezando a creer en la magia. Ver documentales de Zeppelin donde los muestran en vivo me hace decir que si no fue la brujería o la magia negra lo que hizo que se juntaran esos cuatro tipos (justo esos, ninguno otro), nadie puede saber qué fue.<br />
Determinadas perspectivas sólo pueden vivir -lo justo y necesario, el tiempo elemental que les toca a determinadas perspectivas- o desarrollarse en pocos escenarios, no en todos. Y para bien o para mal muchos elegimos o nos tocó en suerte para imaginar nuestras diversas formas de cambiar el mundo -perspectivas que duraron lo suyo o todavía mantienen un leve aliento- discos como este, que hoy está cumpliendo 40 años y que al contrario de muchos de nosotros parece cada vez más joven.</p>
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		<title>Una lectura kafkiana</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2011 01:47:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Invitados]]></category>

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		<description><![CDATA[En la colonia penitenciaria Por Mirtha Lucía Makianich Motivos previos Al  omitir el nombre de Franz Kafka y elegir el adjetivo -ya  insustituible- se intenta un doble objetivo.  El primero, rendir un homenaje a la universalidad del autor. El segundo -más egoísta- pretende  escudarse  en el mismo, usufructuando la sensación de incertidumbre, de imposibilidad de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2096&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/8015133.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-2097" title="8015133" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/11/8015133.jpg?w=226&#038;h=300" alt="" width="226" height="300" /></a></h2>
<h2>En la colonia penitenciaria</h2>
<p style="text-align:right;"><strong><em>Por Mirtha Lucía Makianich</em></strong></p>
<p><strong>Motivos previos</strong><br />
Al  omitir el nombre de Franz Kafka y elegir el adjetivo -ya  insustituible- se intenta un doble objetivo.  El primero, rendir un homenaje a la universalidad del autor. El segundo -más egoísta- pretende  escudarse  en el mismo, usufructuando la sensación de incertidumbre, de imposibilidad de arribar a la meta, de errar.<br />
A la vez, hay una motivación que se impone como cierta: es el deseo de contribuir a difundir un texto que, siendo inagotable, acepta tanto la lectura que nos reenvía a nuestra condición humana, cuanto la lectura política vigente para nuestra sociedad concreta y actual.</p>
<p><strong>Breve reseña</strong><br />
Corre el año 1914, año de una febril actividad literaria para Kafka: inicia su novela <em>El Proceso</em> y hacia fines de octubre termina “En la colonia penitenciaria”, cuento o “nouvelle”, según diferentes clasificaciones. La ofrece a su editor Kurt Wolff, quien la desestima. La publicaría recién en 1919. Antes, en 1916 y en Munich, Kafka realiza con este texto su segunda y última lectura pública.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;">Una síntesis del cuento podría ser la que sigue:</span><br />
<em>Un explorador viajero (francés, tal vez) visita una colonia penitenciaria ubicada en una isla, lejos de los centros de la civilización.  Lo acogen con todos los honores y lo invitan a ser testigo de una ejecución, de acuerdo con la antigua usanza y según las normas impuestas por el anterior comandante, quien, además de legislador había sido simultáneamente soldado, juez, constructor, químico, dibujante. Un hombre todopoderoso que supo imponer una férrea disciplina a sus subordinados.  Su espíritu está todavía vivo, aunque el nuevo comandante intenta suavizar las cosas mediante la aplicación de un criterio más humano y acorde con los tiempos. El explorador concurre con el oficial a cargo de los procedimientos de ejecución, el condenado  y un soldado encargado de custodiar a éste, también soldado. Se trata de un lugar desierto y arenoso donde los aguarda una complicada maquinaria encargada de dar muerte al condenado. El oficial ejecutor, partidario del viejo orden, explica que la condena ha sido dictada según la ley, pero que la ley no instruye ningún proceso, ni existe derecho de defensa alguna. La máquina consta de tres partes, y durante seis horas el condenado, que yace sobre una especie de cama, siente cómo una aguja le va escribiendo y clavando en el cuerpo el texto de la condena. A la sexta hora, cuenta el oficial, el condenado atraviesa por una especie de éxtasis y finalmente muere.  Los planos e instrucciones de la máquina infernal son de carácter sagrado y el oficial brinda minuciosas explicaciones  al viajero. El oficial se muestra interesado en lograr la adhesión del viajero, a fin de que éste influencie en el nuevo poder y se  continúe con el método.  La máquina, sin embargo, luego de puesta en funcionamiento según todos los pasos falla, pues el nuevo comandante, poco interesado en su funcionamient, no no ha provisto lo necesario para reemplazar las piezas usadas.  El oficial  ejecutor libera al condenado y se pone en su lugar, tras haber hecho los ajustes del caso ya que la escritura en su cuerpo debe ser diferente. La muerte del oficial se cumple, con una tortura y procedimientos  que no resultan ser la de los cálculos. En tanto, las distintas partes de la maquinaria se desintegran y quedan enterradas en la arena. El explorador abandona el lugar con el presunto culpable, y el otro soldado, no sin antes visitar una miserable taberna para ver la tumba del viejo comandante.</em></p>
<p>La síntesis traiciona y, de ninguna manera, debería obviarse la lectura de un texto que, reiteramos, es realmente inagotable. Baste señalar que la sola composición de la máquina y su lógica de trabajo, ha merecido innumerables páginas interpretativas [1]. Así,  mientras algunos han hecho notar que ésta es,  quizás, la única obra de Kafka donde manifiesta, aunque sea oblicuamente, una crítica a los horrores que sobrevendrían con la guerra y los campos de concentración, otros destacan el carácter ahistórico como lo siempre predominante en cualquiera de sus obras. Sea anticipación o no, lo cierto es esa mirada distanciada, fría, objetiva; así como sobria, fría  y carente de acento declamatorio fue su propia lectura en Munich.</p>
<p><strong>La  escritura</strong><br />
En general, hay coincidencia en que la escritura de Kafka busca la alegoría más que el símbolo y constituye una parábola. Lo textual lingüístico vale literalmente y  las proposiciones se distinguen por su determinación antes que por su indeterminación.<br />
Esto redunda en un efecto de contundencia para el lector. “El texto se echa encima del lector” [2]. Y este echarse encima del lector tiene que ver con la literalidad de los enunciados, no con conceptos previos que se antepusieran.</p>
<p>El lenguaje se despoja de ornamentos e ignora los sentimientos, lo que resulta en una negatividad expresiva.  El perfil que se busca y que se alcanza es deliberadamente objetivo. Una neutralidad que nos habla desde la distancia. Y esta  distancia se da aún a través de afirmaciones, de explicaciones, de detalles aparentemente específicos. Porque afirmaciones, explicaciones,  detalles subvierten  lo representativo y se instalan como un vacío de sentido. Todo el discurso del oficial es un ejemplo, entre muchos otros. Sin embargo, ya no quedan dudas que es en torno de ese vacío donde se construye el sentido de la escritura kafkiana. Todo se expone sin ninguna preocupación didáctica en una subversión del contar que es a la vez  un contar  como desde afuera; un contar que no es contar. Entonces se da un no representativo que abre otras posibilidades, posibilidades que hacen la diferencia cuando de Kafka se trata.<br />
Sabemos por sus cartas, por entrevistas, por aforismos publicados posteriormente, la pasión profana -pero posiblemente también religiosa- que era para él la escritura. La escritura como error esencial, error de vida y obsesión de muerte, sin la cual no se puede vivir. La escritura como trampa ineludible de la que no se puede prescindir.</p>
<p><strong>La Máquina</strong><br />
Las tres partes de la Máquina llevan el sobrenombre  que les asignó el pueblo: la Cama, en la parte inferior; el Diseñador , arriba,  y, en el medio,  la Rastra. En la Cama, el condenado, boca abajo, sujetado con cadenas y desnudo, debe morder una pequeña mordaza de fieltro, para impedir que grite o se muerda la lengua. El Diseñador es la construcción más elevada,  tiene una caja de engranajes  y se une a la Cama por cuatro barras de bronce. Entre ellos oscila la Rastra en movimientos que están calculados con los de la Cama. Construida en vidrio, tiene agujas de acero que son las que horadan la superficie del cuerpo, con la inscripción de la sentencia que corresponde. Son dos tipos de agujas: una larga que es la que escribe y otra corta que arroja agua para lavar la sangre.<br />
La Máquina ejecuta ciegamente el programa  de la sentencia que se ha colocado en la caja de engranajes.  El oficial guarda los papeles donde están dibujados los esquemas de las prescripciones y que no pueden ser descifradas en cuanto  “no es justamente caligrafía para escolares”. El antiguo comandante ha dejado todos los gráficos reguladores que programan los movimientos de la Rastra. Una concepción maquínica como instrumento  performativo  social. Un ejemplo o protocolo de experimentación.<br />
Una triangulación en la composición misma de la Máquina. Temática obsesiva la de esta última  y  motivo  de  exhaustivos análisis, como el hecho de la que la misma se desintegre, eyecte sus piezas, no sin antes haber cumplido con su trabajo de dar muerte.<br />
La Máquina se vuelve contra el que la maneja en un ejemplo de estrecha ligadura de la que no se sale. Una lógica de acuerdo  perverso entre la víctima y el verdugo. Lógica cuya complejidad  no ha pasado inadvertida al pensamiento posterior  que la interpreta de maneras disímiles:<br />
«La noción de máquina, tomada de “En la colonia penitenciaria”, es uno de los hilos conductores de El Anti-Edipo y de Kafka. Algo similar se encuentra en la etapa genealógica de Foucault . (…) En El anti-Edipo la palabra clave es “maquinaria”. En Vigilar y Castigar y en La voluntad de saber, “dispositivo” [3].»</p>
<p><strong>El Cuerpo y la Escritura</strong><br />
El cuerpo es la superficie en la que se escribe. Sobre el cuerpo se ejecuta la sentencia en forma lenta, cruel, inhumana. La Máquina siniestra escribe y en el cuerpo se inscribe la culpa. Con el cuerpo se paga. Y se da entonces una relación del cuerpo como tema y a la vez como una página más para la escritura.<br />
El lenguaje al grabarse sobre el cuerpo tiene valor performativo: hace pagar. Cuando dice, hace muerte. La aguja larga al escribir produce sangre y la aguja  corta arroja agua para lavar  la sangre, porque se trata de mantener  legible la inscripción. Imprescindible la legibilidad de lo que se graba, aun cuando no era para nada necesaria la legibilidad de los programas de muerte.  Esos diseños, variables según la sentencia, regulan los engranajes de la Rastra y “no son caligrafía para escolares”. Aquí sí, el condenado descifra con sus heridas, al cabo de seis horas, lo que se ha inscripto en su cuerpo. El condenado “sabe”, “debe comprender” y, en la totalidad de 12 horas,  la Rastra lo atraviesa completamente. Cuando la sentencia se cumple, el cuerpo es arrojado a un hoyo previamente preparado al lado de la Máquina.<br />
Kafka escribe y  duplica la estética de la crueldad. Una doble materialización para la escritura: página y cuerpo. Y aún más, hay multiplicación de escritura en el cuerpo, ya que se talla la sentencia en su  anverso y reverso hasta que éste muera. La escritura  no es ni puede ser simple  porque, en tanto que trazo de sufrimiento, debe durar lo suficiente como para no matar enseguida. Doce horas de agonía para pagar la culpa indubitable.</p>
<p><strong>Los Sujetos y el Entorno</strong><br />
Los personajes no tienen nombre propio: son el explorador, el soldado, el oficial, el condenado. Y otros mencionados  como  gente, obreros, señoras del comandante, niños, antiguo y nuevo comandante. Las actitudes, los gestos, los movimientos, cuentan con fuerza inusitada, en tanto rasgos psicológicos individuales  se omiten. Hay procesos con sujetos que no son tales. Hay procesos con criaturas  que son presentadas como estúpidas o  como  entes casi animales. Hay hombres producidos como en cadena. Hay copias.<br />
“De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso…”; “(…) para llamarlo con un simple silbido…”; “Arroja ese látigo o te como vivo”; “En vida de nuestro antiguo comandante, la colonia estaba llena de partidarios (&#8230;)  los partidarios se ocultan;  todavía hay muchos, pero ninguno lo confiesa.  Si usted entra hoy, que es día de ejecución, en la confitería, y escucha las conversaciones, tal vez sólo oiga frases de sentido ambiguo”; “Ya un día antes de la ceremonia el valle estaba completamente lleno de gente;  todos venían sólo para ver; por la mañana temprano aparecía el comandante con sus señoras; las fanfarrias despertaban a todo el campamento…”;  “Muchos  ya no miraban, permanecían con los ojos cerrados en la arena; todos sabían.”; “(…) a menudo estaba en cuclillas, con un niñito en cada brazo, a derecha e izquierda”; “(…) comenzó a lamer  la papilla con la lengua”; “Tal vez el condenado se creía en la obligación de entretener al soldado, y con sus ropas desgarradas giraba delante de él; el soldado se había puesto en cuclillas y a causa de la risa se golpeaba las rodillas.”<br />
Los ejemplos se multiplican. Siempre el elemento visual como predominio del gesto. Y los gestos desdibujan la frontera entre lo humano y lo cósico; entre lo humano y lo animal. El explorador  se evade de esta caracterización, en tanto que  pertenece al círculo de esos personajes kafkianos que se mueven como enviados, mensajeros. Aquí un espectador  ajeno, un espectador  que, aunque metido en el lugar y por momentos  activo, siempre es el otro extranjero, el otro de paso, el que tiene otra lengua. Vacila, observa críticamente pero,  actúa -mínimamente- cuando los hechos están consumados para escapar horrorizado, amenazando con una soga a los que lo siguen. La soga para los perros.<br />
El entorno es sórdido. Aunque a cielo abierto, es una madriguera.  Madriguera donde todo se expone,  sin secreto, sin intimidad. Y todo rodeado, mezclado con la suciedad. Hay manos sucias de aceite, hay un recipiente inmundo donde se lava otra suciedad, hay un espacio con escupidas, vómito, sangre mezclada. Una colonia penitenciaria centrada en el espacio de la Máquina, cuyo único defecto es que se ensucia mucho  -según lo dice el oficial y lo comprueba el viajero-. Los riscos profundos y arenosos del valle, están desnudos. Los condenados intercambian desnudez, ropas rasgadas, suciedad. Una confitería o cantina final, cavernosa, ennegrecida por el humo y que conserva en su interior la tumba del antiguo comandante. Un palacio que igualmente se vislumbra en mal estado. En el exterior y en interior: sordidez.</p>
<p><strong>El Poder y sus políticas</strong><br />
Como no podía ser de otra manera, el Poder también escribe. Hay dos sentencias que aparecen en el cuento, como efectivas inscripciones. La primera, Honra a tus superiores. Sobre el cuerpo del condenado, el Poder hace saber acerca de la Ley que se ha violado. Efectivamente, el condenado al haberse dormido frente a la puerta de su superior, no sólo no cumplió con el saludo usual, sino que también intentó atacarlo. Ninguna duda entonces de que ha faltado a la Ley. La inscripción mencionada es breve como texto; por eso, va acompañada de ornamentos que al ser también grabados dilatan el tiempo de la tortura y muerte. El Poder tiene en la Máquina la facultad de hacer justicia frente a la injusticia ocurrida. Un Poder totalitario  y  cruel que al mantener vigente este sistema punitivo pretende a la vez que sea una fiesta; un espectáculo masificador que garantice el funcionamiento social.<br />
Es  preciso que la sangre corra y que la crueldad se exponga. En este daño que padece el cuerpo se advierte la cuestión de la comunidad y de lo político. Se  recuerda la reflexión nietzcheana acerca de que las costumbres, las normas y las leyes se inscriben con sangre en el cuerpo mismo de los acusados.<br />
La segunda inscripción  (luego del fracaso  en la ejecución anterior) dice: “Sé justo”. El hecho de que este castigo sea aplicable al oficial, en un increíble trueque, nos deja pensando en las complejas conexiones  que se dan en el ámbito de la maquinaria represiva y sus necesarias conexiones e intercambios. Este sujeto, que no es tal; este hombre capturado por una fe ciega en la maquinaria, modelado por su trabajo; este partidario del antiguo régimen  se  entrega a un Poder que debería justificarlo con el éxtasis. Nada de eso sucede ya que se ve privado del instante fugitivo  de la redención. Doble fracaso.<br />
Con la continua mención de: Antiguo Comandante, Nuevo Comandante, se pone en juego un Poder que respondería a dos tipos de políticas diferentes. La del Antiguo, con un origen  no solo muy anterior, sino  con características primitivas que se sostienen fuera del continente (estamos en una isla, fuera del centro). El Antiguo Comandante no hubiera invitado al Observador extranjero. El Nuevo Comandante que desestima esos métodos, todavía no los ha desautorizado pero está en vías de hacerlo. Hay un nuevo consejo que delibera y, seguramente, la invitación  hecha al extranjero que pertenece al centro, es augurio de un tiempo de cambios. Una anticipación que el oficial prevé, intentando persuadir al viajero para que lo ayude a preservar el viejo procedimiento de justicia. Frases alucinadas que defienden la pena capital y  visualizan  futuras asambleas públicas con algunas características posiblemente diferentes.<br />
¿Se tratará realmente de diferencias? ¿Se tratará  de cambios profundos, o  se mantendrán dominios con lógicas diferentes, uno para la justicia, otro para la política? ¿Habrá un Poder con una lógica  en la Justicia y otro Poder con otra lógica para los hechos políticos? ¿Y si así lo fuera, cuál sería la relación entre la Justicia, lo penitenciario, y lo Político, lo civil?</p>
<p><strong>Conclusión no conclusiva</strong><br />
Con Kafka  no hay conclusiones. O si las hay, son dudosas. Volvemos a la incertidumbre del principio. Tal vez frente a la inminencia de una época inhumana, su posibilidad profética le permitió trazar el lenguaje de lo intolerable. Hablar de la penosa condición humana,  de la crueldad  tal como la experimentaba y como la anticipaba.  Tal vez, al hacerlo,  incursionó mejor que nadie en la  oposición  inefable y cierta, entre el deseo y las máquinas  de todo tipo que lo fagocitan.  Lo  individual que busca liberarse frente a los poderes que buscan una manipulación alienante.<br />
La lectura kafkiana no termina, es inagotable. Y es también verdad, siguiendo a W.H.Auden [4], que se trata de un autor condenado a tener lectores equivocados. Aquellos sobre los cuales podría tener un efecto benéfico, lo rechazan; y para aquellos a los que nos fascina, puede resultar peligroso, tal vez dañino.<br />
“En la colonia penitenciaria” expone una  desesperación y  una angustia aterradora. Todo en un lenguaje elusivo, con una economía discursiva que habla también de la cuota de silencio que Kafka se autoimponía. Habla del miedo que sentía. Una cita que le pertenece podría  dar cuenta:<br />
“Las alegrías de esta vida no le pertenecen, sólo el miedo de ascender a una vida más elevada; los tormentos de esta vida no le pertenecen, sólo el propio tormento a causa de ese miedo”.<br />
Escribir  el tormento de ese miedo es su obsesión y así dice de su escritura:<br />
“Es como si se clavase una mesa con dolorosa y  metódica habilidad técnica, y al mismo tiempo no se hiciera nada; pero no de una manera que haría decir a la gente “Clavar una mesa, para él, es realmente clavar una mesa, y al mismo tiempo no es nada”; y mientras tanto, el clavar se va volviendo cada vez más afinado, cada vez más seguro, cada vez más real, y si se quiere cada vez más automático”.<br />
Escribir, como clavar dentro de sí, como hacer y no hacer. Una forma de plegaria técnica, automática y  dolorosa. Plegaria sin ilusión.</p>
<p>[1] J-F. Lyotard,  <em>Lecturas de Infancia</em>, Bs. As., Eudeba, 1997.<br />
[2] T. Adorno,  <em>Apuntes sobre Kafka</em>, en Crítica Cultural y Sociedad, Bs. As. , Ed. Ariel, 1969<br />
[3] Esther Díaz, <em>La filosofía de Michel Foucault</em>,  Ed. Biblos,  Bs. As., 2003.<br />
[4] W. H. Auden,  &#8220;El yo sin sí mismo&#8221;, en <em>La mano del teñidor</em>, A. Hidalgo Editora,Bs. As., 1999.</p>
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		<title>Seguimos cerrados, no insista</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Oct 2011 19:15:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Le blog critiqué]]></category>

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		<description><![CDATA[Llueve a cántaros, así que nada de abrir la librería. La gente, alguna por lo menos, lee cuando llueve, pero no compra libros cuando llueve. La gente cuando llueve compra paraguas. Paraguas o esas horribles capas de nailon que venden en los recitales al aire libre. Siempre es preferible mojarse. Fui con el auto hasta [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2091&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
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<p>Llueve a cántaros, así que nada de abrir la librería. La gente, alguna por lo menos, lee cuando llueve, pero no compra libros cuando llueve. La gente cuando llueve compra paraguas. Paraguas o esas horribles capas de nailon que venden en los recitales al aire libre. Siempre es preferible mojarse.<br />
Fui con el auto hasta la librería, todos los negocios vecinos estaban vacíos. Claro, no venden paraguas. Sus dueños charlaban entre sí bajo el alero que cobija a todos los negocios, miraban la lluvia, se sorprendían, me imagino, de cuánto llovía.<br />
Para lo único que hubiera necesitado entrar es para ver cuánto estaba lloviendo <em>dentro</em>. No sé si es por una rajadura en el techo o qué, pero la lluvia pasada, de unas semanas atrás, que tampoco fue la gran lluvia, hizo estragos en el fondo del local, al que, además, le entró agua por la puerta trasera, que da a un patio con pendiente.<br />
En fin. Quizá me iba a encontrar con demasiados problemas, agua por aquí, agua por allá, así que puse en marcha el auto y me volví a casa, qué tanto. Ya veremos cuando escampe.<br />
No hay mayores novedades en la librería, a no ser la del agua. Septiembre fue un mes lento y octubre apenitas más ligero. No es que, por otro lado, no haya habido nada que contar, y que por ello se haya resentido tanto el diario del librero. Siempre hay algo que contar. Lo que pasa, simplemente, es que el librero no tuvo (no tiene) ganas. El librero a veces quiere ser escritor, entonces no escribe un diario, escribe una novela, u otra cosa. O no escribe nada.<br />
El otro día nomás, antes de que la lluvia lo lavara todo, mientras caía una ceniza horrible culpa de no sé qué volcán de mierda del sur, me puse a escribir en la computadora del local -que no tiene Internet, lo cual es buenísimo, porque, como dijo Jonathan Franzen, &#8220;nadie con una conexión a Internet en su mesa de trabajo puede hacer buena ficción&#8221;, cosa que debería aprender el farsante de Houellebecq, el más sobrevalorado, estúpido y ya dije farsante de todos los escritores de su generación, que no hace más que copiar y pegar información y más información para hacer las novelitas de mierda que hace. Todo se cubría de gris y yo escribía. Pero no se trata de un diario, menos que menos del diario de un librero. En realidad, no sé de qué se trata, me puse a escribir simplemente y tal vez sea una novela, siendo, como es, que no tenemos la menor idea de qué cosa es una novela todavía.<br />
No es mi caso, ni lo pretendo, pero el escritor que no escribe nada merece cierto respeto -siempre y cuando no ande por ahí <em>trabajando de escritor</em>, o sea dando entrevistas o presentándose a un premio o sacando notas en la <em>Ñ</em> o llenando formularios para una beca o defendiendo al gobierno. En realidad, el escritor que no escribe y que es olvidado y que incluso se olvida de que alguna vez escribió es <span style="text-decoration:underline;">el único</span>, tal vez, que merezca nuestro respeto.<br />
Ya lo dijo o lo pensó Benno Von Archimboldi: la fama está reñida a muerte con la literatura. Una cosa quita la otra. Más bien creo que se lo contaron. Sí, se lo debe de haber contado un escritor o más bien un ex-escritor, viejo, fracasado y amargado, que son quienes con más seguridad reniegan de la fama. Aunque es muy fácil renegar de algo que no se ha tenido nunca. O señalar a los demás como culpables por alguna vez disfrutarlo&#8230; Pero así y todo, qué duda cabe, es la clase de escritor que más simpática me parece, y es la clase de escritor con la que se hacen novelas de escritores, aka: Bolaño, aka: Bukowski, por la sencilla razón de que no se escriben novelas basadas en literatos exitosos, seres de cualquier modo despreciables donde los haya (cuando al otro le va bien siempre es aburrido, y por supuesto sospechoso).<br />
Los personajes que en las novelas de Bolaño y de Bukowski escriben quieren al parecer sólo escribir, aunque también hacen el amor (follan), chupan (beben), juegan (apuestan), <em>y leen</em>, sí, también, sobre otros personajes que intentan hacer lo mismo que ellos o que directamente se pasaron la vida haciéndolo. Es como si nada más les importara, como si les bastara con mantenerse más o menos a flote, sacar la nariz lo suficiente fuera del barro en el que se hunden sin remedio, la nariz y una mano, claro, la que agarra el lápiz, y con eso, solamente eso, ir pasando los días. Casi que uno querría ser como ellos. A veces me parece que es fácil, que basta con no mirar la televisión, no mirar la tapa de los diarios, no estar al tanto de la tabla de posiciones del torneo nacional de fútbol, ni a cuánto está el dólar ni que mañana se vota o que se votó el otro día, no participar en debates idiotas ni persecuciones efímeras, y mientras tanto leer, tratar de escribir, poner en orden el propio mundo. El compromiso del escritor es con su biblioteca.<br />
Creo que esto lo dijo alguna vez Fresán, un escritor que antes me caía muy bien y que con el correr de los años fue pareciéndome más y más prescindible.<br />
A algunos es como que resulta fácil aprenderles las mañas, saber hacia dónde están yendo y para qué. Fresán, como muchos de los que alguna vez nos impresionaron cuando empezábamos a leer en serio, cae en esta categoría. Hace mucho que no leo algo de él, ya que estamos. Creo que redactaba prólogos interesantes, buenas reseñas, y que tenía varios héroes que puedo considerar como propios, algunos escritores y algunos músicos. Me resulta extraño, eso sí, que lo mejor de su producción, creo yo, haya sido escrita por encargo, mientras que su ficción es meramente pasable.<br />
Siempre he tenido problemas para definir qué es lo que debe hacer el escritor al respecto de su tarea principal -es decir no la de dar entrevistas, presentarse a un premio, sacar notas en la <em>Ñ</em>, llenar formularios para una beca o defender al gobierno-, <span style="text-decoration:underline;">o sea la de escribir</span>. El<em> ¿para qué?</em> o el<em> ¿por qué?</em> no me dejan de molestar cada vez que me sucede el bloqueo. ¡El famoso bloqueo del escritor! ¡El <em>angustiante</em> bloqueo del escritor! ¿A quién le importa? O sea, no se me ocurre nada, bien, ¿pero para qué molestarme? o ¿por qué hacer algo al respecto? No escribo y chau. Total, nadie depende de lo que a mí se me ocurra. Ni siquiera yo. Me imagino que esto es muy fácil de decir para quien no vive de la escritura. ¿Pero qué podría hacer Fresán ante ello? O mejor dicho, ¿qué hace?<br />
Pero eso no es nada. Lo peor a enfrentar es el vacío, aquello que sucede cuando se deja de escribir. La escritura es una aventura personal, un viaje hacia el miedo o hacia lo desconocido, no peligroso tal vez a la manera de un safari en soledad, por tierras desconocidas y cargando un arma de corto alcance, pero sí un viaje por lo menos emocionante, algo que de cualquier manera no conviene perderse si uno quiere terminar el día completo.<br />
Bah, siempre me resultó pedante el escritor que frente a su audiencia -no importa el número, si lo están oyendo dos borrachos o 300 alumnos de letras modernas- dice que no puede vivir sin escribir. Ja ja. Lo que no se puede hacer es vivir sin comer. Pero vivir sin escribir es perfectamente posible, aún para un escritor. Es más, muchos deberían intentarlo.<br />
La explicación acerca de por qué hay que escribir sí o sí viene dada por la extirpación de fantasmas. Nada que no pueda resolver un par de visitas al psicólogo o acaso una buena borrachera, ambas cuestiones, si bien no carentes de peligros cada una de ellas, a veces más fructíferas que el ponerlo todo por escrito, esperando con eso sacarse traumas de juventud. Es que la cuestión no queda ahí casi nunca, sino que después se quiere <em>publicar</em>. Es cuando aparece el problema, el verdadero problema diría yo. Se reniega demasiado, es muy duro, no hay nada peor que esperar el bendito llamado del editor a quien con tanto entusiasmo se le entregó el manuscrito.<br />
Siempre me pregunto qué habría sido de John Kennedy Toole si alguno de los ignorantes a los que mandó su novela se la hubieran publicado. ¿Habría terminado igualmente poniendo una manguera en el escape de su auto, llevando el otro extremo a la ventana del conductor? Tal vez, pero seguramente el asunto, por lo menos, se habría dilatado un poco. La suma de fracasos terminó de empujar al pobre tipo al abismo que había estado mirando quizá desde siempre, dando un pasito hacia adelante cada día, hasta llegar al borde del que quizá, sólo quizá, lo habría rescatado algún editor con coraje y algo de amor por la literatura.<br />
En esto, al menos para no matarse joven, conviene ser russelliano a full. El bueno de Bertrand decía que una de las causas de desgracia más frecuentes en hombres de cierta posición social, que tienen por lo menos las necesidades básicas cubiertas y aún más, es que nunca consiguen &#8220;deslumbrar&#8221; a los otros, por lo cual jamás se sienten realizados, como si la vida fuera una especie de competencia de talentos constante. Yo creo que para el bueno de Bertrand la felicidad estribaba en entender el mundo, lo que se consigue con la contemplación dedicada, algo que, por supuesto, se consigue más bien leyendo que escribiendo.<br />
Así que por el momento, siguiendo a Bertrand, continuamos cerrados. No insista.</p>
<br />Filed under: <a href='http://criticacreacion.wordpress.com/category/cronicas/'>Crónicas</a>, <a href='http://criticacreacion.wordpress.com/category/le-blog-critique/'>Le blog critiqué</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/criticacreacion.wordpress.com/2091/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/criticacreacion.wordpress.com/2091/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2091&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Diario de un librero #41</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 18:52:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Rescates emotivos]]></category>

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		<description><![CDATA[Bueno, al fin conseguí un dentista para mi muela. Es increíble, pero vivo en una ciudad sin dentistas. Digo, tienen diplomas en la pared, y visten de blanco, tienen sillones con brazos mecánicos, luces que te dan en la cara, y todo tipo de aparatos, pero son otra cosa. Este que conseguí es esta en [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2085&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/09/tumblr_lq8ecp0uo91qbvanto1_500.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-2086" title="tumblr_lq8ecp0uO91qbvanto1_500" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/09/tumblr_lq8ecp0uo91qbvanto1_500.jpg?w=595" alt=""   /></a></p>
<p>Bueno, al fin conseguí un dentista para mi muela. Es increíble, pero vivo en una ciudad sin dentistas. Digo, tienen diplomas en la pared, y visten de blanco, tienen sillones con brazos mecánicos, luces que te dan en la cara, y todo tipo de aparatos, pero son <em>otra cosa</em>. Este que conseguí es <em>esta</em> en realidad, una mujer, no muy simpática, callada, seria, aunque no afectada, muy profesional al parecer. Todo el tiempo se escuchó una radio de fondo, una FM con una locutora de mal gusto musical y que se indignaba a cada rato. No atendí mucho a las noticias que estaba comentando, pero todas parecían caerle muy mal y aprovechaba para sacar a relucir su buena conciencia. Yo cerré los ojos. El tratamiento de conducto cambió mucho con los años. Me lo había hecho una sola vez, a los trece o catorce, y lo recuerdo de manera muy diferente. Ahora esta chica me puso un montón de cositas dentro de la boca, limas que a mí me parecieron agujas y elementos así, que no podía ver pero sí sentir. También una especie de tela suave, como goma eva, que se me pegaba en los labios y que servía, entre otras cosas, para no enterarme de qué estaba haciendo, cosa que de cualquier manera no me interesaba. A veces sentía olor a quemado, luego de <em>creer sentir</em> cómo encendía a mi lado alguna llamita para darle fuego a vaya uno a saber qué. Y siempre muy callada. El dentista de entonces sí que hablaba. Era un hombre extraño, que se quedaba mirando las cosas como queriendo sacar de ellas alguna conclusión oculta. El también había puesto la radio. Mientras hacía lo suyo, recuerdo, empezó a sonar una canción de Soda Stereo. <em>Ah, estarás bien ahora, ¿no?</em>, me dijo, <em>que pasan la música que te gusta</em>. En realidad no me gustaba Soda Stereo, sino Riff, pero no dije nada, y sólo asentí, en parte porque no podía articular palabra. Hoy escuché música peor incluso. Tal vez la odontología haya cambiado para bien y la música para mal, junto con los locutores. El turno de hoy era a las 8:30, así que no fui a la librería. Después del tratamiento, medio tambaleando, y con una pastillita sublingual en la boca, recomendación de la propia dentista, pastillita que según parece es un potente calmante, me fui a la verdulería a comprar verduras para un puchero y volví a casa. Atendió toda la mañana mi mujer. No sé si hubo muchas novedades en cuanto a ventas. Septiembre está transcurriendo mansamente, muy mansamente, y no esperamos mejora hasta que termine -vaya uno a saber por qué, pero luego de cada mes que termina, como si el espacio temporal significara además un cambio, un tránsito hacia otro lado, uno espera que su suerte mejore, que la vuelta de calendario sea terminante. En casa, después de cocinar, el dolor fue apareciendo de a poco, a medida que se disipaba el efecto de la anestesia y de la pastilla sublingual, que quizá sea sólo un placebo. El primer dolor que aparece es como el recuerdo de dónde se insertó la aguja de la anestesia. Luego se hace real, bien real, y se va ampliando a otras zonas, como una mancha de agua, inundando de a poco sector por sector, sin dejar, en un radio que parece enorme como un campo de fútbol, y que ni siquiera debe tener en realidad un centímetro, sin dejar, digo, nada sin tocar: como si fuese un manto que pudiera abarcarlo todo. &#8220;Vas a sentir esa zona muy sensible en estos días&#8221;, me dijo la dentista. Fue una de las pocas frases que le escuché decir en toda la operación, que duró algo más de hora y media. Tal vez lo de la sensibilidad <span style="text-decoration:underline;">no ayude</span> del todo en el negocio. A veces entran clientes terribles, como si se propusieran servir ellos mismos de excusa para que uno se descargara, o los culpara de tensiones propias, de fracasos y penas y al fin de dolores. &#8220;Sobre que me duele la muela venís a pedirme semejante libro&#8230; por qué no te vas un poquito a la&#8230;&#8221;. Y cosas así, que espero no pasen.</p>
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		<title>Diario de un librero #40</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Sep 2011 02:04:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto Giaccaglia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>

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		<description><![CDATA[-¿Querés terminar el mes con plata? -me preguntó una señora que ya se estaba yendo y que volvió sobre sus pasos, como si se hubiera acordado de algo importante. Llevaba un colgante extraño, un medallón oscuro, grande, con signos tallados que no conozco, sujeto por un cordel con plumas pequeñas, verdes y azules, yo calculo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2081&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/09/tumblr_lqmniixkiv1qz6f9yo1_500.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-2082" title="tumblr_lqmniixKIV1qz6f9yo1_500" src="http://criticacreacion.files.wordpress.com/2011/09/tumblr_lqmniixkiv1qz6f9yo1_500.jpg?w=595" alt=""   /></a></p>
<p>-¿Querés terminar el mes con plata? -me preguntó una señora que ya se estaba yendo y que volvió sobre sus pasos, como si se hubiera acordado de algo importante. Llevaba un colgante extraño, un medallón oscuro, grande, con signos tallados que no conozco, sujeto por un cordel con plumas pequeñas, verdes y azules, yo calculo que artificiales, pero no estoy seguro. Había entrado al local con cierto apuro, diría, como si su intención fuera otra, y no, por caso, preguntar por los libros que al final no se llevó. Tal vez estuviera despistando a algún perseguidor imaginario.<br />
-Claro -le contesté.<br />
-Bueno, agarrá un frasco con tapa y metele dentro una moneda&#8230;<br />
-¿De cuánto?<br />
-Es lo mismo, eso no importa, cualquiera&#8230;<br />
-Ah, bueno.<br />
-Le metés una moneda, unas hojas de ruda y lo llenás de agua&#8230;<br />
-¿Todos los días?<br />
-No, escuchame, tenés que arrancar los martes&#8230;<br />
-Los martes&#8230;<br />
-Sí, los martes, los martes agarrás el frasco, le ponés la moneda, las hojas de ruda, el agua y lo tapás. Y al martes que viene, le sacás el agua&#8230;<br />
-Pero no la moneda ni las hojas.<br />
-No, eso no, la moneda y las hojas las dejás, le cambiás el agua nomás.<br />
-¿Todos los martes?<br />
-Todos los martes, sin falta.<br />
-¿Y las hojas no se van pudriendo?<br />
-Al otro mes las cambiás, ahí sí.<br />
-¿Y funciona?<br />
-Claro que funciona. Yo lo vengo haciendo desde hace años, y nunca me faltó nada.<br />
-Bueno, habrá que probarlo entonces.<br />
Y se fue, tan rápido como entró, muy feliz al parecer, cargando las tres bolsas del supermercado Disco con las que entró, y que había ido pasando, mientras hablaba y preguntaba por libros, de una mano a la otra, sin que hubiese necesidad, las bolsas estaban a medio llenar, y de cosas, se notaba, livianas, pequeñas, mínimas. Tal vez sea alguien, pensé, no que huye, sino que va de acá para allá predicando cierta esperanza, una ilusión que incluso ella misma tiene, lo cual no es poco.</p>
<br />Filed under: <a href='http://criticacreacion.wordpress.com/category/cronicas/'>Crónicas</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/criticacreacion.wordpress.com/2081/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/criticacreacion.wordpress.com/2081/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=criticacreacion.wordpress.com&amp;blog=2117664&amp;post=2081&amp;subd=criticacreacion&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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