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noviembre 26, 2007 / Roberto Giaccaglia

Clásicos semi metálicos. Hanoi Rocks, Bangkok Shocks, Saigon Shakes, Hanoi Rocks

Bangkok Shocks, Saigon Shakes, Hanoi Rocks, Hanoi Rocks, 66:34, 1981, Johanna Records.

Como sin este disco posiblemente no habrían existido los Guns and Roses, uno desearía que este disco no hubiera existido. Pero bueno, nos habríamos privado de algo realmente bueno, de canciones si no únicas al menos con el suficiente gancho como para creer que mejores estribillos no puede haber. Cuando uno escucha una canción cuyos juegos de voces lo entusiasman tanto, siempre piensa lo mismo, que mejores estribillos nunca van a ser compuestos. Así que no hay tanto problema si después de todo lo único que tenemos que aguantar es a un grupo como los Guns and Roses. Total, cuando sin querer los escuchamos por ahí, podemos volver a casa y poner algo de verdadero glam rock. O uno como la gente al menos.
Tal vez el rótulo de clásico metálico, bah, en realidad semi metálico, le quede chico a un disco que es más bien clásico del rock, ¿o del pop?, pero lo cierto es que tanto las guitarras, como las voces, como la pinta de los músicos, y, sobre todo, el estilo desaforado de las canciones, llenas de clichés, con letras entre bobas y calentonas, nutrieron más que nada a la gama más glamorosa del rock, es decir aquella que suele relacionarse, no siempre acertadamente, con el heavy metal, tal vez meramente por la actitud de los músicos, quienes acostumbran tener más tintes metálicos que los que sin mayores etiquetas son metidos dentro del saco del rock, por más que en este caso el metal sea más parecido a la porcelana fina, que no fría, que es otra cosa.
Es más, si los propios Hanoi Rocks me escucharan tildarlos de “metálicos”, o de algo que se pareciera aunque remotamente, me echarían en la cara parte del spray que usan para el pelo.
Digamos entonces que es un clásico y listo. Es que todo aquel que guste de una canción bien hecha puede disfrutar de este disco. Un disco radiable en la mayoría de sus momentos, con una orientación comercial que sin embargo no hace mella en la calidad de las composiciones. Bueno, sí, un poco, pero apenas en dos o tres, aquellas que provocan esa rara sensación de sentir culpa por poner el piecito a bailar. Con el resto no hay problema, uno pone el piecito a bailar encantado, entusiasman con gusto, sin necesidad de elevarse demasiado y ni falta que les hace.
Tomando la posta donde los Kiss acababan de entregarla, más o menos por la época en la que empezaban a despintarse, surgió del lugar menos esperado, Finlandia, el revival de las guitarras, el maquillaje, el pelo al viento y las bocas en forma de beso perpetuo. No sé qué habrán hecho los nórdicos con el fuego que encendió Hanoi Rocks. Sí que habrá sido algo inusual.
Uno escucha a Hanoi Rocks y le parece que los hubiera escuchado toda su vida. Es lo que sucede con los clásicos. No sólo inventan para adelante, sino también para atrás. Sus precursores parece que les copiaran. ¿De dónde escuché esa línea de bajo, ese riff, ese coro?, piensa uno. Y saltan nombres de todo tipo, desde Rolling Stones, pasando por los ya citados Kiss, hasta la música de la serie Fama, para no hablar de lo que siguió, claro, Mötley Crüe, Poison, Guns and Roses…
Hanoi Rocks, para bien o para mal, es un compendio de todo eso. Un compendio agradable, el fuego que hacía falta, la explosión, la alegría contenida que buscó y buscó durante fines de los setenta y principios de los ochenta y se transformó en eso, una clase de rock sin pretensiones, una clase de rock sin rabia, una clase de rock sin malabarismos, pero también sin mentiras. Lo que se veía era lo que había, potencia, buenas canciones, caras bonitas, provocación, cosas que ya se le habían ocurrido a otros y que ahora eran transformadas con gracia y un poco de torpeza. Cosas de las cuales nació el desprendimiento con peor prensa del heavy metal, el hair metal, término tan exacto como bufonesco, dentro del cual se enrolaron cientos de bandas a mediados de los ochenta, bandas de las que ahora nos reímos, por más que fueran las que más chicas conseguían. Y bueno, es la envidia.
Este disco, Bangkok Shocks, Saigon Shakes, Hanoi Rocks, es el primer disco de la banda, una obra de arte pequeñita y suficiente, una píldora nutriente, que fortalece y divierte. Aunque a veces, cuando no estamos del humor suficiente, pareciera que sólo de una canción del álbum podemos decir tal cosa, el modesto hit “Tragedy”, una de las canciones con más gancho y reminiscencias de gozo que se compusieron en la historia del rock. Algo mejor que el éxtasis incluso, con más colores, más duradero y casi sin efectos colaterales. Bueno, sí, los Guns and Roses…

2 comentarios

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  1. cabezademotor / Sep 17 2010 11:23 pm

    Si ruzzle no hubiera fallecido, los ENORMES hanoi rocks estarian llenando estadios por todos lados. Mala suerte para monroe( factor que lo acompaño toda su carrera, ya que se le murieron musicos por todos lados, amigos, etc). Una lastima por que eran autenticamente autenticos( VALGA mas que nunca la redundancia) . Te recomiendo SMACK, tambien finlandeses y de la misma epoca. Te vas a dar cuenta de donde AXL rose robo el look y los movimientos.
    Un abrazo!

  2. Roberto Giaccaglia / Sep 18 2010 1:02 pm

    Gracias por la recomendación. Recuerdo haberme topado alguna vez con alguno de sus discos, me parecieron cercanos a los Stooges entonces… ahora no sabría decirlo. Los voy a buscar.

    Un abrazo.

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