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diciembre 4, 2007 / Roberto Giaccaglia

Una tormenta perfecta

What’s Going On, The Dirty Dozen Brass Band, 39:52, 2006, Shout Factory.

No hace mucho, New Orleans fue devastada por el huracán Katrina. Nombre de mujer tenía que tener.
En nombre de la ciudad, se hicieron varios actos benéficos. De todas las ramas artísticas salieron creaciones, por lo general en conjunto, como suele suceder en estos casos, cuyas ventas irían a paliar en algo las pérdidas materiales sufridas. De las demás pérdidas, nada puede encargarse.
Una de las creaciones en conjunto más distintivas que se hizo en nombre de la ciudad fue la relectura de un clásico de la música, una obra de las llamadas capitales, un ejemplo mayor del talento creador, el disco What’s Going On, de Marvin Gaye.
Al disco original, grabado en 1971, no se le echa la culpa solamente de haber sido el nacimiento de una nueva forma de música soul, una forma cercana a la perfección, sino también de ser uno de los mejores discos de la historia de la música pop. Y la canción que encabeza el disco, “What’s Going On”, es de las preferidas en las listas de críticos y de músicos cada vez que una revista les pide
elegir las cinco o diez mejores canciones de la historia.
Pues bien, luego de la tragedia del huracán, a un grupo de la ciudad se le ocurrió regrabar canción por canción el clásico soul por excelencia, convocando para la ocasión a unos cuantos buenos vocalistas, encargados ellos de la difícil tarea de que la gente no extrañara la voz de Marvin al escuchar las nuevas versiones.
El grupo en cuestión es un grupo sobre todo instrumental, su prestigio excede largamente los límites de su ciudad o los de su país, incluso, nació en New Orleans en 1977, se lo clasifica por lo general con la etiqueta no del todo justiciera de grupo de jazz y se hace llamar Dirty Dozen Brass Band. Son tan remarcables los Dirty Dozen que se puede decir que han hecho del jazz de New Orleans un jazz a esta altura propio. New Orleans, recordemos, no es sólo una ciudad, sino también una música. Efectivamente, al ser los Dirty Dozen los más nombrados de la ciudad, lo más destacable hoy en día, es decir destacables en una ciudad que se ha destacado precisamente por su música, el estilo New Orleans ya les pertenece, porque además lo han nutrido de funk y be-bop. Hicieron de algo tradicional algo único. Para este disco, o discazo, se les ha sumado gente como Chuck D, de Public Enemy, Bettye LaVette, Ian Neville y Guru Jazzmatazz, por nombrar los que se destacan con solo abrir la boca para afinar.
Tanto músicos como vocalistas parecen cargados de lo que sin vergüenza puedo decir que se respira una vez que las composiciones de Marvin y el oyente se hacen uno: espiritualidad. No está mal decirlo, no está mal admitirlo. El disco es eso, un disco espiritual. Hay que escuchar, simplemente escuchar, dejarse llevar. No quiero dar una clase de autoayuda o empezar desde este blog una iglesia universal, donde se cante nada más que las canciones del disco de Marvin
Gaye, mientras se hacen comentarios sociales y se pide por la paz… Pero ahora que lo pienso quizá no estaría tan mal. Aparte de buenas intenciones, sería una iglesia donde se respirara música, nada más.
Hay que decir que esta relectura de What’s Going On sigue tan política, radical y significativa socialmente hablando como lo fue en los setentas el original, con toda la furia, o más que furia, pasión, que había puesto Marvin en su grabación.
La sensación de pérdida, de bronca, la sensación trágica, no está presente sólo por las vidas que el huracán se llevó, como si fuera poco, o por las casas, sino por el estado del mundo actual y en especial, quizá, por la terrible política tanto interna como externa del mandamás Bush —alguien demasiado poco espiritual para ser nombrado al hablar de este disco, así que pido perdón.
Los miembros de Dirty Dozen Brass Band, más de quince contando a los músicos de gira, perdieron sus casas por culpa del Katrina, pero no el alma ni el corazón y mucho menos su talento, el feeling, el ritmo, el groove con mayúsculas, el GROOVE, las ganas de mover el aire, de llenarlo de alas.
Así que no estoy hablando nada más que de buenas intenciones, de un álbum benéfico. Estoy hablando de música. Y no estoy hablando nada más que de un huracán trágico, sino también de otro quizá igual de fuerte, que perdurará todavía más y que en vez de hundirnos el alma hará que se nos eleve. O no de un huracán más, sino de dos más. Primero, el álbum de Marvin Gaye, mojón del cambio de rumbo de la música soul, y de The Dirty Dozen Brass Band, una banda capaz de soplar sus notas hasta borrar con ellas el mal tiempo, tapar las nubes negras, llevarse lejos la tragedia.

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