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diciembre 23, 2007 / Roberto Giaccaglia

Libertad

“El blog no tiene futuro”, Horacio González; “Contra la blogalización”, Marcelo Birmajer, revista Ñ, 22/12/07, Argentina.

Han aparecido últimamente opiniones contrarias a los blogs por parte de varios escritores consagrados, o medianamente consagrados. Los argumentos son varios, pero todos pueden resumirse en esa especie de falta de legitimidad que el blog vendría a tener, cuando es precisamente esa “falta de legitimidad” lo que le da al blog su razón de ser. Por esta falta de legitimidad debe entenderse lo siguiente: libertad. A mucha gente la libertad le molesta. Para esa gente, todo escrito debe estar mediado por algún tipo de censura, el mercado, el editor, el corrector de estilo, el buen gusto, la academia, el decoro. Son cosas que por lo general se encuentran, en mayor o menor medida, en las grandes editoriales, esas que publican a estos escritores consagrados que denigran a los autores de blogs, tildándolos entre otras cosas de improvisados.
Recientemente, por ejemplo, en una nota aparecida en el semanario Perfil, tres escritores, Alan Pauls, Sergio Bizzio, Daniel Guebel, despreciaron a los blogs de varias maneras distintas, todas girando alrededor de la idea de que el libro tiene un prestigio e importancia que el blog no podrá tener nunca. El libro o el suplemento cultural quizá, porque lo que aparecía cuestionado era, entre otras rasgos distintivos, la gratuidad del blog, es decir que cuestionaban el hecho de que un tipo se pusiera a escribir gratis, porque sí, porque se le ocurriera, para sí mismo, para intervenir, para decir acá estoy, quiero hablar sobre esto, no importa que no me paguen.
Estos escritores citados son gente instituida, tienen una carrera, una profesión, gente que, por eso mismo, puede ser sospechada de escribir porque se le paga, porque hay una firma que compró sus escritos, lo cual puede ser aún más cuestionable que el hecho de escribir gratis. Con esto no quiero decir que los autores citados sean mercenarios o algo parecido, o que lo que hagan sea malo por el hecho de que cobran por hacerlo, lo que sería una idiotez, pero sí que yo tengo todo el derecho a sospechar de sus cualidades artísticas, ya que al parecer no harían nada por ellas si el dinero no mediara. A mi humilde entender, con lo que dijeron en contra de los blogs se hacen ver más como empleados que como autores, trabajadores en defensa de un gremio frente a quienes quieren ejercer su mismo trabajo sin ánimo de lucro.
Pero el odio hacia los blogs recrudece aún más en el último número del suplemento cultural del diario Clarín, la revista Ñ. Aparecen allí dos notas contra los blogs, firmada una por Horacio González y otra por Marcelo Birmajer.
La nota de González, como cada cosa que escribe, sean notas para un diario o para una revista, o los ensayos de sus libros, está compuesta de palabras que se tropiezan entre sí y terminan entreveradas hacia el final de cada párrafo, todas enmarañadas como resortes de un mecanismo que ha saltado haciéndose pedazos. No es que escriba así sin querer, porque no sepa escribir o darse a entender. No, nada de eso. Se nota que lo hace porque no tiene nada que decir. El procedimiento es simple, sólo hay que hablar en difícil. De esta manera, vertiendo una pátina de dificultad sobre la nadería, se logra que parezca elevado lo que se dice, una gran cosa. Tan elevado que nadie puede entenderlo. Por suerte está el título de la nota: El blog no tiene futuro. El autor reprocha la inmediatez, la falta de control del blog, que no pase por “el cedazo riguroso de la redacción estable de un diario”, dice de ellos que sólo describen “una manera del mercado de la subjetividad contemporánea”, algo que según González es muy malo, pues ayudaría a disolver “el perfil autoral y la responsabilidad del multi-secular sujeto escribiente”. ¿Lo qué?, dan ganas de gritarle a González.
La nota de Marcelo Birmajer, por otro lado, es más clara, pero igual de odiosa. Me llama mucho la atención la foto que engalana su nota. El tipo parece un señor, una especie de Padrino, mirada sobradora, las manos juntas, con sus dedos entrelazados, la pose de quien, desde una altura superior, va a explicarnos algo para que lo entendamos de una buena vez. Ver esa foto y leer luego lo que tiene para decir —no olvidemos que estamos leyendo a una gran figura literaria opinando sobre una forma de hacer literatura que se cree mucho menor— provoca una rara sensación: la que hubiera provocado ver al Gato Dumas criticando a los que hacen choripanes en las esquinas por la calidad puesta en su confección o por no haber pasado estos cocineros por alguna escuela de chefs. Desde esa altura, Marcelo Birmajer, autor de varios libros de cierto éxito, algunos de ellos con títulos que bien pueden remitir a la literatura por encargo, del tipo “Composición tema…”, nos habla de la capacidad del blog para evitar los filtros del mercado, lo cual según parece es terrible, pues al evitar ese filtro el escrito cuyo destino es el blog perdería la tan preciada legitimidad, pues no afrontaría “los rigores de editores ni correctores”. Pobre Birmajer, no sólo es preso de un sistema de legitimación, sino también su defensor.
En las dos notas publicadas por Ñ, también en la del semanario Perfil, semanas atrás, lo que se nota es la defensa de un coto, aquel donde no se permitiría el ingreso de cualquiera que teclado en mano se propusiera expresarse, hablar de lo que se le canta. Por ejemplo, en contra de cierta literatura. Ahora resulta que para hablar de cierta literatura hacen falta papeles, una autorización, que presumo debe venir o bien de la academia (Horacio González) o bien de la cantidad de ejemplares vendidos (Birmajer y los demás). Son pocos, pues, quienes entonces tendrían el derecho de hablar en contra de cierta literatura, o de cierta filosofía. Si yo, por ejemplo, me pusiera a decir que lo único interesante de Horacio González es la voz de su mujer, Liliana Herrero, cantante prodigiosa, sería lo que Birmajer llama un “crítico despiadado, que vive de recursos ajenos, pensando en quién burlarse”. ¿Qué debo decir para justificar mi apreciación sobre González? ¿Que leí casi todos sus libros? ¿Que lo leímos en la facultad y que lo analizamos? ¿O tendría tal vez que hacer un análisis pormenorizado de la obra de González en mi blog, explicar por qué su prosa es un lodazal que asfixia el entendimiento?
Los blogs, en su enorme mayoría, no están para eso. Están para ejercer el espíritu crítico de una manera más radical que la que pretenden los académicos soporíferos o los escritores a sueldo, todos ellos encolumnados detrás de criterios tales como las normas de calidad o la representatividad. De la nota de Birmajer se desprende que hace falta poner obstáculos, porque, entre otras cuestiones, el autor de un blog no se preocupa porque al público le interesen sus reflexiones o porque puedan sufrir por ser aniquiladas por un crítico. ¿Hay que escribir entonces para el público, hay que escribir entonces para el crítico? Parece que sí. La idea que tiene Birmajer de lo que debe ser un autor es horrible, mercantilista, pero también obscenamente represiva: se debe impedir que el que no tiene nada para decir conforme a ciertas reglas abra la boca.
El “infaltable tacho de basura de los escritores”, que según Birmajer el autor de un blog no tiene, hace pensar además que el blogger carece de pudor, puesto que, siempre según Birmajer, lanzaría sin más sus ideas, sin cotejarlas lo suficiente. Pero eso también se puede hacer desde un libro. ¿Son por ello los libros una inmoralidad a la cual hay que combatir? ¿Sabe Birmajer que actualmente reinan las editoriales que simplemente publican sin más, las llamadas “vanity press”, o sea editoriales que funcionan como imprentas, donde el autor paga la edición de su libro, sin que medie un editor o siquiera un corrector? Eso es un buen ejemplo del blog en papel, que existe desde muchísimo antes de que existiera el blog, mucho, mucho antes. Y el autor nunca ve un peso por escribir y publicar allí. Tan sólo lanza su opinión, con el ánimo de expresarse, de que otros lo lean, nada más. No hay un control de calidad allí, como desea Birmajer, como seguramente sufre él. Al autor que publica en esas editoriales le importa bien poco. Quiere hablar y habla. Lo mismo ocurre con las bandas de rock que autoeditan sus trabajos, ¿les hace falta el rigor de una discográfica detrás, de un productor que les diga lo que tienen que hacer? ¿No son dignas de atención por carecer de ello y lanzarse sin más? Mucho del arte más interesante que se produce hoy es rechazado por no satisfacer ciertas “demandas de calidad”, que no tienen que ver con la calidad precisamente, sino con la capacidad de venta. Entonces, por ejemplo, el escritor rechazado por los grandes grupos editoriales, esos a los cuales lo que escribe Birmajer les viene muy bien, y que poseen lo que Birmajer desea, control, no tiene otra opción más que sacar su libro a través de una “vanity press”. Exactamente eso hacen, aunque gratis, muchos de los autores de blogs, hoy por hoy un medio mucho más interesante que la literatura que publican las grandes editoriales, un medio más arrebatado si se quiere, más impetuoso, un medio sin las convenciones de los incluidos en el sistema, cualidades que no lo hacen valioso de por sí, pero sí mucho más arriesgado que la literatura controlada de gente como Birmajer, que le viene bien tanto a la cartera de la dama como al bolsillo del caballero. Y eso ya es algo. Libertad, por lo pronto.
Partir de ahí no está nada mal.

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