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enero 12, 2008 / Roberto Giaccaglia

El traductor como artista (a propósito de “Nota al pie”, de Rodolfo Walsh)

Por Viviana Vázquez, del blog Blizzard of letters

La traducción es fuente de discusiones estéticas. Las opiniones varían: ¿se debe traducir cada palabra? ¿El traductor puede tomarse ciertas licencias y eliminar párrafos enteros, como lo hacía Borges? ¿Es el traductor un traidor? Las respuestas a estos interrogantes no son unívocas. Para Borges no hay problema tan consustancial con la literatura como la traducción. Una traducción refleja las vicisitudes que sufre un texto. Borges define a la traducción como diversas perspectivas de un hecho móvil, un experimento de omisiones y énfasis. Lo mismo sucede dentro del mismo idioma “(…) Presuponer que toda recombinación de elementos es obligatoriamente inferior a su original, es presuponer que el borrador 9 es obligatoriamente inferior al borrador H, ya que no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio…”.
Creo que Rodolfo Walsh, en su cuento “Nota la pie”, aborda de manera irónica el problema de la traducción, y el abuso de este recurso, para aclarar lo que no puede ser traducido por diferencias culturales o juegos de palabras en el idioma original: “(…) Pero lo que me llenó de bochorno fue la implacable tachadura del medio centenar de notas al pie con que mi ansiedad había acribillado el texto. Ahí renuncié para siempre a ese recurso abominable…”. Hay en el cuento un abuso de la nota al pie, que contrariamente a tener una función secundaria, contiene información fundamental: los motivos que llevaron a León de Sanctis al suicidio. Así, el rasgo principal del cuento es que subvierte la función de un recurso extra estético. La nota la pie adquiere entonces una función estética y se desliga de su función comunicativa. Según Jan Mukarovsky, no hay ningún límite fijo entre la esfera estética y la extra estética: “(…) No existen ni objetos ni procesos que, por su esencia y su estructura, y sin que se tenga en cuenta el tiempo, el lugar y el criterio con que se valore, sean portadores de la función estética, ni tampoco otros que tengan que estar, en vista de su estructura real, eliminados de su alcance…”. Del mismo modo, las obras de arte, portadoras privilegiadas de la función estética, pueden ser privadas de ella y ser destruidas por inútiles. El final de “Nota al pie” da cuenta de ello. El relato desaparece y con él su función estética, la cual pasa a la nota al pie, que se transforma en relato: la función estética consigue dirigir la máxima atención a un objeto dado. Aquí se puede establecer una relación con la transformación que sufre León a partir de su trabajo como traductor. Él era empleado en una gomería, por las noches estudiaba inglés, hasta que tuvo la oportunidad de comenzar a traducir novelas policiales para La Casa. La función social de León cambia: pasa de un trabajo manual a uno intelectual. “(…) Todas mis potencias entraban en esa tarea, que era más que una simple traducción, era —la vi mucho después— el cambio de un hombre por otro…”; “(…) era el primer fruto de una labor intelectual, el símbolo de mi transformación…”.
Lo que conforma la esfera de lo estético está dado por un sistema de normas en la consciencia colectiva. Este sistema de normas contiene una contradicción. Por un lado, tiene un carácter de obligatoriedad sin el cual la norma carecería de sentido, y por el otro es variable. Pero esta paradoja es aparente, ya que se trata en realidad de una antinomia dialéctica que permite la evolución de la esfera estética. Es decir, la norma lleva implícita su violación. Al subvertir la función de la nota al pie, Walsh está violando una norma. El cuento es una aplicación no adecuada de la norma estética y esto no es producido en un único momento, sino que está dado a lo largo del relato, cada vez con mayor intensidad. Es necesario aclarar que Walsh no está violando una norma temporalmente precedente, sino los principios constitutivos de una norma concreta. Lo que es inaceptable, es decir un exceso de notas al pie, se vuelve esencial en el cuento de Walsh, tanto que el lector, gracias a esa nota al pie desmedida, logra obtener más información que el personaje de Otero, para quien León trabajaba y a quien va dirigida la carta que explicita la nota al pie.

Siguiendo con el problema de la traducción, aparece el tema del autor. Si consideramos que la traducción es en cierta medida un acto de creación, el traductor puede ser considerado un autor. Barthes en La muerte del autor desarrolla la idea de que en una novela no es posible determinar si habla el autor o el héroe, ya que la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. De allí que la profusión de notas al pie en una traducción sea impugnada: nos recuerda constantemente que lo que leemos no es el original. Barthes explica que es difícil adjudicarle un origen a la voz que habla en un texto, pero que el lector no debe poner esa voz afuera de él. La voz está en el mismo texto. La escritura es un lugar neutro donde acaba por perderse toda identidad, incluso la del propio autor. El autor es sustituido por el lenguaje. Según Barthes, es el lenguaje el que habla: “(…) Escribir consiste en alcanzar a través de una previa impersonalidad ese punto en el cual sólo el lenguaje actúa…”. Se trata de suprimir al autor o al escritor en beneficio de la escritura.
Darle importancia al texto y a la escritura es darle importancia al lector: lo que el texto produce está en el lector. Esto quita la idea de que el texto tiene un sentido único, porque si todo el sentido de un texto depende de una instancia que es previa, al correr a la figura del autor también se corre esa idea de un único sentido. En “Nota al pie” esta idea está desarrollada en el cambio interno que experimenta León: “(…) Ellos prestaban sus manos, yo alquilaba el alma…”. La figura de León de Sanctis se va desdibujando (“(…) Una dejadez, un desgano me invadían insidiosamente…”) hasta alcanzar su punto máximo cuando realiza un acto de creación completa: “(…) Un día extravié medio pliego de una novela de Asimov. ¿Sabe qué hice? Lo inventé de pies a cabeza…”. Incluso contempla la idea de dedicarse a la escritura. Es en ese momento que tiene lugar su suicidio.

Foucault en ¿Qué es un autor? desarrolla el tema del nombre propio y dice que éste no sólo tiene funciones indicadoras, más bien equivale a una descripción: “…Cuando se dice ‘Aristóteles’ se emplea una palabra que es el equivalente de una o de una serie de descripciones definidas del tipo de ‘el autor de Los Analíticos’…”.
Foucault ahonda más en el tema del nombre propio, diferenciándolo del nombre del autor. Si se descubren cambios en la persona designada por un nombre propio, éste no sufriría ninguna modificación con respecto al vínculo de designación. No sucede lo mismo con el nombre de autor. Si se descubriera que Shakespeare no es autor de los sonetos que son considerados suyos, se produciría un cambio que alteraría el funcionamiento del nombre propio. El nombre del autor no es un nombre propio como los otros. De aquí se desprende que León no comprenda del todo su tarea como traductor, ya que considera esas iniciales simplemente como indicadoras de su persona. De Sanctis no tiene en cuenta que el nombre de autor funciona para caracterizar a un cierto modo de ser del discurso. Decir “esto fue escrito por alguien” indica que no es una palabra cotidiana o indiferente, sino que se trata de un discurso que debe ser recibido de cierta manera y obtener cierto estatuto. De Sanctis otorga ese estatuto cuando se compara con otros traductores: “(…) Me comparaba con otros traductores, los leía con ojo insomne, averiguaba sus edades, número de obras… Si eran peores que yo, los desestimaba para siempre. A los otros me prometía superarlos…”.
La traducción es una cuestión estética cuya principal característica es crear una realidad nueva basada en el texto original. De allí que el traductor no sea un mero mediador entre ambos textos. El traductor, salvo en el caso de traducciones literales, toma decisiones. Acerca de las versiones sobre los textos homéricos, dice Borges: “(…) Butler demuestra su determinación de eludir todas las oportunidades visuales y de resolver el texto de Homero en una serie de noticias tranquilas…”.
Agrega luego que no es imposible que esta versión sea la más fiel.

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. alicia plante / Abr 15 2009 9:44 pm

    Interesantísima nota sobre la traducción. Desearía tener una copia pues yo también soy traductora. Gracias

  2. alba estrella gutiérrez / Abr 28 2010 6:13 pm

    mi nombre es alba estrella gutiérrez
    encontré este comentario de Alicia Plante
    y como hace muchos años que no la veo
    me gustaría saber su mail
    cordialmente
    alba estrella gutiérrez

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