Skip to content
enero 23, 2008 / Roberto Giaccaglia

Clásicos metálicos. Mayhem, De Mysteriis Dom Sathanas… o un tratado sobre arte, moral y lo que hace el crítico con todo eso

folder2.jpg

De Mysteriis Dom Sathanas, Mayhem, 46:01, 1994, Deathlike Silence Productions.

Cuando se habla de Mayhem, se habla de todo, menos de música. Por ejemplo, de asesinatos, de suicidios, de locura y depresión, de iglesias incendiadas, de gente condenada por la justicia. No es para menos, claro, porque este grupo noruego, fundado a mediados de los ochenta, ha representado para el heavy metal una especie de culebrón macabro, o al menos, esto para los detractores, un ejemplo de cuánto puede estupidizar llevar al extremo el oscuro carnaval al que son adictos muchos de los cultores del black metal, subgénero que parece basar en la controversia su razón de ser, como si la música no fuera suficiente. A veces es así, claro, pero no creo que sea el caso de De Mysteriis Dom Sathanas, primer disco de Mayhem, donde es la música lo que sobra, y no sólo las maldiciones que parecen circundarla.
Nunca se le ha encontrado a De Mysteriis Dom Sathanas una explicación satisfactoria con respecto a la veneración que provoca. Siempre ha habido un enorme hueco entre su encanto y la razón, hecho que molesta, pues todo en él, menos la música, es indefendible. Quizá jamás haya sido tan necesario prescindir del contenido para disfrutar de una obra artística, o tomarlo como lo que es, un obstáculo.
Dejando de lado entonces a la razón, y basándonos sólo en nuestra sensibilidad, en lo que creemos “sentir”, se podría zanjar el problema diciendo que se trata de un “disco maldito”, con lo cual hasta nos ahorraríamos buscar palabras más justas para describirlo —y buscar también una forma de entender todo lo que ha rodeado al grupo, al disco, al estilo, lo que no es fácil en absoluto—, pero es una etiqueta muy bastardeada la de “disco maldito”, aplicada las más de las veces sin ningún asidero a discos que en realidad no son eso, sino meramente poco comerciales, o difíciles o distintos a la producción habitual del artista que lo graba o cuando mucho un disco que costó sacar a la calle. Poca cosa para considerarse “maldito”. De Mysteriis Dom Sathanas es todo eso y mucho más, tanto que la etiqueta no le hace ninguna clase de justicia. Además, no estaríamos diciendo nada.
¿O sí?

1.jpg

El black metal noruego se propuso, desde el día en el que a alguien se le ocurrió el nombre, llevar las cosas al extremo. No estoy hablando sólo de guitarras distorsionadas a nivel de industria metalúrgica, gritos feroces, donde las vocales no se diferencian de las consonantes, baterías que salen disparadas hacia cualquier lugar, con tal de que sea rápido. No. Estoy hablando más bien de cierto apetito por el choque, la disonancia no ya instrumental, sino más bien social.
Pero siempre fue una aspiración del heavy metal ser lo más sucio y subversivo posible. Con tal de asustar, de provocar rechazo, los heavies a lo largo de su historia fueron capaces de cualquier cosa. Ya con la llegada del thrash metal, a principios de los ochenta, se pensó que se había llegado a un nivel de provocación insuperable… hasta que apareció la primera ola del black metal, que por su temática, violencia y rapidez pasó a ser lo peor imaginable… hasta que apareció el death metal, cuya brutalidad y gargantas avinagradas e imagen asesina fue de pronto la cabal idea del infierno en la tierra… hasta que apareció el black metal noruego.

2.jpg

Al parecer, todo surgió con un disco de Venom, trío inglés de fines de los setenta y principio de los ochenta cuya precariedad musical salía al frente con loas a Satanás, humo, cuero, pentagramas y velas negras. Hicieron historia con todo eso y con algo más: un segundo disco con un título sugestivo, Black Metal, de 1982, cuyos elementos distintivos pasarían a ser elementos de distinción de los grupos del norte europeo por venir, es decir de la oscuridad por venir.
El ruido aplicado al fetichismo puede también ser visionario. Algo al fin les salió bien a los Venom, porque después de todo no hacían más que un thrash metal mal tocado, que algunos, como eufemismo, llaman ruidoso, visceral, primitivo. Asustaban bastante, eso sí, por los títulos de sus canciones, por los gritos, por las letras. Se veían como el epítome de la rudeza, del descalabro del rock, el grito final del metálico más tenebroso. Pero hoy, comparados a lo que surgió en Noruega en la segunda mitad de los ochenta y a principios de los noventa, los Venom no son más que muchachos con poco gusto en el vestir que juegan a ver cuál de los tres toca peor y cuál se hace el más malo.

3.jpg

De esas tierras heladas surgieron bandas igual de frías, y tenebrosas: Burzum, Mayhem, Darkthrone, las tres proponiendo desde el comienzo un rechazo no sólo a las formas musicales aceptadas por la mayoría, sino a las costumbres, a lo políticamente correcto, a la cultura del mainstream. Era una apuesta a la oscuridad, por supuesto. Pero nunca sabremos si esa apuesta fue sólo para surgir de ella y hacerse famosos gracias a sus controversias o más bien reinar por siempre ahí dentro, que es creo yo lo que terminaron consiguiendo.
Por un lado, estaba el rechazo feroz a la cristiandad y a la religión judía, lo que se manifestaba en cruces invertidas, quema de iglesias, declaraciones que harían palidecer al presidente iraní. De todo esto surgió por supuesto toda una iconografía, simpáticos elementos que ilustraban una ideología, máscaras mortuorias por ejemplo, maquillaje cadavérico, cabezas de cerdos en picas, animales muertos en escena y músicos cortándose a sí mismos en el escenario, como para que supiéramos con quién estábamos tratando. Los muchachos ponían blanco sobre negro, lo dejaban bien en claro: había que refundar la sociedad a partir de la figura del diablo. Todo lo demás, era una patraña judeo-cristiana. La música extrema con sus letras a favor de Satán era el acompañamiento perfecto. A esto se le sumaba el racismo de la mayoría de las bandas, su desprecio por personas que no hubieran nacido en el norte de Europa, la confianza en la existencia de un hombre superior, que debía ser de determinada raza y creer en determinadas cuestiones, las que ellos propagaban. Todo esto viene a completar un carnaval mórbido y fétido dentro del cual se festejaban a sí mismos, una total estupidez que, repito, no siempre se condecía con el nivel musical y compositivo alcanzado por muchos de ellos.

4.jpg

Por eso, para apreciar a Mayhem hay que dejar ciertas cosas de lado. Siempre fue así, en realidad. O mejor dicho, siempre tuvo que ser así. Existe la forma y existe el contenido, y no todos los artistas se destacan por las dos cosas juntas, o son capaces de crear sin que alguna de las dos prevalezca sobre la otra o una de ellas se vea disminuida por culpa de que hay algo que se hace notar más, aunque no lo merezca. La discusión acerca de la moralidad en el arte obtuvo su certificado de defunción hace mucho, pero sin embargo hay quienes se empeñan en hacer que el muerto respire. Pero por más que los moralistas alcen su dedo acusador, una cosa es una cosa y otra es otra: puede haber buen arte cuyas intenciones sean terribles, y un arte pésimo bien intencionado. O no hablemos de intención en el arte, sino más bien de la intención de quien lo produce, porque al final obra y artista terminan separándose, por culpa de las interpretaciones, o del tiempo transcurrido o por vaya a saber qué contingencias.

Aunque haya contingencias que se hagan notar bastante: asesinatos, suicidios, locura, incendios, prisión.

Mayhem se formó en 1984 en Oslo. Sacaron el nombre de una canción de Venom, cuándo no, “Mayhem with Mercy”. Desde temprano los rodeó el mito, pero no sólo el mito, claro, sino también muertes, suicidios y varias formas de violencia, es decir, formas de alimentarlo.
La banda fue fundada por el guitarrista y cantante Euronymous (“Príncipe de la muerte”, en griego. Los nombres de fantasía de la banda, como en los alemanes Sodom, ayudan a hacerse una pintura acerca de ellos), el bajista Necrobutcher y el baterista Manheim. Para que Euronymous se concentrara sólo en la guitarra (Øystein Aarseth, su nombre real), cosa que vino muy bien, el vocalista Messiah entra a la banda en 1985, luego otro de nombre también sugerente, Maniac. Con esta formación fundan un sello, Posercorpse Music, con el cual lanzan el demo Deathcrush, el tercero, que rápidamente vende las mil copias que se habían hecho de él —luego, en 1993, el sello pasaría a llamarse Deathlike Silence Productions, un sello, sumado a una disquería, del cual el guitarrista quería hacer en el futuro algo así como una “iglesia negra”, donde los fanáticos entraran con antorchas a comprar los discos.
En el 88 empezaron los problemas: el baterista se va del grupo, abrumado, buscando un trabajo normal, lejos de los ritos satánicos, y Maniac, el cantante, después de una crisis depresiva y de un fallido intento de suicidio, deja la banda y se recluye en una institución mental, de la cual tardaría en salir. El cantante es reemplazado por Dead (llamado en realidad Per Yngve Ohlin), un hombre que arrastraba problemas de melancolía, fascinación por las escenas de muerte y por la oscuridad. Decía no pertenecer a este mundo y vivía amargado por regresar a ese lugar del que había sido extirpado. O sea, el tipo les venía como anillo al dedo a los Mayhem.
La idea de Per Yngve Ohlin de regresar a su mundo pronto se haría realidad: fue encontrado muerto un par de años después de unirse al grupo, con cortes en las muñecas y un disparo de escopeta en la cabeza. Todo hecho por él mismo. Como la casa donde se mató era alquilada y la compartía con los otros miembros de la banda, dejó una nota: “Perdón por la sangre”. Tenía 22 años. Lo encontraron los miembros del grupo, quienes ni lerdos ni perezosos le tomaron un par de fotos, que usaron como portada del disco Dawn of the Black Hearts, una recopilación en vivo, que salió en 1991, antes de que su primer disco oficial, De Mysteriis Dom Sathanas, tuviera forma completa —lo habían empezado a grabar después de una gira, a comienzos del 91. Con los pedacitos de cráneo que encontraron por los rincones, se hicieron collares, souvenirs de una fiesta que recién comenzaba.

7.jpg

Al parecer, la muerte de Dead afectó tanto a Necrobutcher que éste dejó la banda. Ahora, Mayhem eran sólo dos, el guitarrista Euronymous y el baterista Hellhammer, que había entrado en el 88, en reemplazo del agotado Messiah. Se necesitaban entonces un bajista y un cantante. Para lo primero, se reclutó a Varg Vikernes (también llamado Count Grishnackh, como uno de los orcos del libro El señor de los anillos), un viejo conocido del grupo, ex miembro de la banda Old Funeral, único miembro de la banda Burzum, portavoz de un movimiento nacionalista y pagano-religioso teutónico, adorador de Hitler y el supuesto vendedor de los cartuchos con los que Dead alimentaba su escopeta. Alguien muy confiable, por supuesto. Para la voz, Mayhem sumó a Attila Csihar, cantante húngaro de la banda Tormentor —un cantante, cabe aclarar, único en el género, con un estilo más cercano al operístico que al propiamente metálico.
Por esa época, comienzan los incendios en viejas iglesias noruegas. La foto de los restos de una de ellas es usada como portada de un ep del recién contratado Varg Vikernes. Además, con días de diferencia, tres jóvenes son asesinados en forma espantosa. La prensa enseguida vincula la quema de iglesias y las muertes al creciente culto al satanismo que se da entre los jóvenes noruegos. El black metal de pronto se transforma en un asunto nacional. Un folklore no querido.
Con demasiada atención encima de la policía y de los medios, Euronymous, principal referente de Mayhem y del black metal noruego, decide recluirse por un tiempo y se ocupa de su sello discográfico y de su disquería, Helvete, algo así como “castigo del infierno”. El sótano de la disquería era un centro de reunión importante, donde los muchachos no se daban cita para el té de las cinco precisamente. Se dice que allí se constituyó el llamado “Inner Circle”, especie de sociedad, basada en el odio al cristianismo, desde la cual se habría organizado la sucesión de quema de iglesias. El “círculo interno” nunca reconoció la autoría o haber inspirado estas quemas, pero jamás negó su satisfacción por estos hechos, sino todo lo contrario.

8.jpg

En agosto de 1993, Vikernes y un amigo visitan a Euronymous. Al llegar al lugar, Vikernes le pide a su amigo que espere afuera. Entra solo a ver a Euronymous y le deja de regalo 23 puñaladas. El porqué del crimen nunca estuvo del todo claro, aunque según dicen pudo tratarse de una lucha de poder dentro de la escena black noruega o bien por una diferencia económica nunca resuelta de los beneficios de los discos que Vikernes había grabado en el sello de Euronymous. Vikernes alegó defensa propia, ya que según él Euronymous planeaba matarlo. No sé qué valor habrá tenido la vida de Euronymous para quienes juzgaron a Vikernes (quien durante el juicio se la pasó sonriendo de lo más feliz, como si le estuvieran por regalar un hacha nueva), porque a la condena por esa muerte se le sumó la que recibió por quemar iglesias, hecho del que se declaró orgullosamente culpable. Le dieron 21 años de prisión, por buena conducta le redujeron la pena, pero en el año 2003 intentó escaparse, así que el número de años a cumplir volvió a ser 21 —habrá querido salir para ver cómo andaban sus discos, supongo, dos de los cuales grabó en prisión, utilizando para ello nada más que un sintetizador, único instrumento que se le permite tener ahí dentro: Dauði Baldrs, en el 97, y Hliðskjálf, en el 99, discos que van desde el ambient al neo-clásico. (Previamente a su entrada en prisión había grabado Filosofem, disco de relativo éxito, una de cuyas canciones forma parte de la banda de sonido de la película Gummo, de Harmony Korine, film tan raro y excéntricamente disfrutable como el disco de Vikernes).

9.jpg

De Mayhem ya quedaba bien poco, pero, igualmente, en 1994, por fin, aparece de una vez por todas De Mysteriis Dom Sathanas (algo así como “De los misterios del señor Satanás”), dedicado a Euronymous, como no podía ser de otra manera. El disco estaba listo desde mucho antes, por la época de la muerte de Euronymous, pero la familia de éste impedía legalmente la salida del disco, ya que no quería que se incluyeran las partes de bajo grabadas por Vikernes. Hellhammer, el miembro más viejo que quedaba de Mayhem y el único responsable por lo que hiciera Mayhem de ahí en más, y ganador dos veces del Grammy al mejor baterista metálico, ya que estamos, había accedido al pedido de los padres de Euronymous de quitar las partes de bajo grabadas por el asesino de su hijo, pero después lo pensó mejor y sólo las maquilló un poco en la mezcla final, bajándoles el tono, transformando al bajo en un instrumento acuático, compañero ideal para una batería que parece fluir más que ser tocada, fluir o nadar, libre, por un mar oscuro, eso sí. Al parecer, a Hellhammer le gustó la idea de que asesino y víctima convivieran en el mismo álbum.
El disco está considerado una obra maestra, un pilar del género, su aclamación trasciende el título de black metal y es una de las citas obligadas de todo metálico que se precie, para ver cómo es un disco donde potencia, musicalidad, sonido y extrañeza se conjugan de una manera pocas veces vista. Las letras son inapreciables, por la cadencia de la voz, pero, igualmente, el estilo único de Attila las hace innecesarias, se disfruta simplemente con su registro planeando por encima de la brutalidad de los instrumentos, de los cambios de ritmo continuos y precisos, de las guitarras que susurran alguna maldición, siempre algo inquietante en todo caso, todo muy hipnótico y misterioso, de aires complejos, cargados, tal vez por esa manera de cantar de Attila, repito, operística, como le llamó alguien, o gregoriana quizá, a la que la profundidad de todo lo demás le queda muy bien, lo ampara en su oscuridad, en esa caverna a la cual se teme y de la cual una vez dentro es difícil salir.
Es uno de esos discos que requieren tiempo, pero que no tardan en hacerse indispensables, una de esas fuentes después de la cual todo parte, un disco que sirve para comparar a los demás, sólo a los buenos en serio, en furia y en calidad, pero también en melancolía… tierras que se perdieron quizá, épocas lejanas, cuestiones vikingas supongo.
Hay quien dice que después de De Mysteriis Dom Sathanas se acabó el black metal. Afirmación a la que no le falta sensatez, porque comparado con este cualquier intento palidece, se pierde entre la niebla, algo que el mismísimo De Mysteriis Dom Sathanas provoca, creando por sí solo las condiciones climáticas necesarias, niebla y depresión, el mal rodeándolo todo.

10.jpg

Muchas cosas en el mundo carecen de nombre, y hay muchas cosas que aun cuando posean nombre nunca han sido descritas. Esto lo escribió Susan Sontag en 1964, para hablar sobre el camp, tendencia artística desaforada para la que no existían ni creo que existan palabras que la describan o ejemplifiquen o expliquen. Siempre hay formas artísticas que escapan a las palabras. Yo escribo esa frase de Sontag para hablar de De Mysteriis Dom Sathanas, un disco tal vez innombrable, desde todo punto de vista: por lo que posee en su interior, por la historia que lo precede, por las raras sensaciones que provoca. Olvídense de lo que dije en un comienzo, aquello de que cuando se habla de Mayhem se habla de todo, menos de música, y de que eso es injusto. O de que debemos prestar atención a la música, más que a la controversia que ciertas cuestiones poco ligadas a ella suscitan. Ya no estoy hablando sólo de música. Sino de algo más, que no sé cómo nombrar.
Si hay un disco maldito en la historia del rock, es este.

8 comentarios

Dejar un comentario
  1. alejandro morales / Nov 28 2008 3:33 pm

    saludos!

    bueno el articulo sobre De Mysteriis Dom Sathanas, aunque difiero sobre la idea de que Venom tocaba un mal Thrash…

  2. ANTI / Abr 10 2009 2:04 am

    En primera ……que gran post¡¡¡¡
    En segunda ……hablas mucho y te enredas con tantas palabras que ala final llegas al mismo punto. desubicacion¡¡¡¡
    Para no más de expresar y decir que el pan se hace con harina, agua y levadura,
    Hablas, como que fueses un dios y amigo intimo de mayhem, venom, y seguidor absoluto del thrash y black metal.

    No te critico…..ya que abecés yo también soy asi¡¡¡…….pero tu sabes que al poner este post así tan largo pocos se atreven a leer y muy pocos lo llegamos a comprender.
    Mejor dicho, comprendemos lo que tus ideas sobre la música que tu conoces. Y quieres hacer saber..
    Pero yo te digo algo¡¡¡….tu sales de tu casa….por que te recomendaría que salieras un poco y dejes de estar enserado en un mundo en el que solo tu vives eso.
    Ya que no fue solo en noruega donde nació parte de lo que ahora lo conocemos como black metal.
    Yo comprendo que ese sea tu manera de pensar y de hacer ver al mundo tu opinión y criterio. Pero no crees que otros no pensamos lo que tu piensas o que a otros también no nos a llegado esas conclusiones ala mente.
    Pero mira cuando uno tiene dudas. Investigando se las aclara. No inventándose cosas sin sentido y postear tu opinión y criterio.

    Mira como veo estoy hablando mucho, ya voy casi como tu
    Pero dejémoslo en algo OK
    El black metal es un género que nació en la oscuridad y punto.
    Es un género único en toda la música al que muchos pueden entrar y pocos lo pueden resistir. Solo fijate en oras bandas
    Y te lo recalco….BANDAS
    Mira siendo bandas buenas decaen por el simple hecho de ganar dinero. Y eso es lo que a llevado al black metal a ser tan conocido y que como veo lo has llegado a oír tu.

    Jajaja……venos, niños
    Mayhem…..criminales de los que solo nos gusta escuchar sobre sus muertes y locuras

    Que en definición eso intentas explicar en este post.

    Pero fuuu¡¡¡……..el sonido mitico de la musica oscura. Jamas dependio solo de ellos
    Y el disco DE MYSTERIIS DOM SATHANAS el nombre ya estaba sacado en otra portada de mayhem y con una iglesia mas vieja que la moderna que te llego a tus manos al comprar.

    Saludos¡¡¡¡¡¡ y yaaaaa entierren a los muertos en sus tumbas para que los profanen con hechos no con palabras¡¡¡¡

  3. Anónimo / Jul 22 2009 6:45 pm

    siendo honesto pienso que en realidad este albun es uno de los mejores creados y ademas entrega una fuente poderosa para el entendimiento de las creencias del black metal solo por eso apoyo de manera veridica su reproduccion unicamente para mentes prodijiosas que encuentran en el black metal la razon de la existencia. MICHAEL MYERS

  4. Caca / Ago 5 2009 12:41 am

    Hay que ser muy imbécil y corto de mente para no apreciar lo que éste grupo ha grabado, por mucho que uno difiera de sus letras o temáticas extremistas y “enfermas”, no se puede negar lo que está bien hecho, y considero que éste es uno de los mejores discos del Black Metal.

  5. Norwegian / Ago 6 2009 8:31 pm

    Ostias, qué pedorreo de fans: tanto black les quemó el cerebro, no saben ni leer ya. Es la pintura, muchos químicos cerca de las fosas nasales. Escuchen otra cosa, que no pueden expresarse.

  6. Juan / Oct 2 2010 9:23 pm

    Excelente post!, lo leí mientras divagaba entre Tormentor, Mayhem, Darkthrone y Burzum.

    Gracias.

  7. ronnie f. / Nov 16 2010 12:38 am

    hola como estan saludos para aquellos que se dieron la molestia de leer aquella pequeña reseña sobre lo que acontecio hace mucho tiempo ya en la escena black metal noruego, no hay mas que decir creo yo, lo que prima es el respeto. saludos para aquellos que valoran la buena musica, y mas aun el metal oscuro de su propia tierra…desde moquegua peru.

Trackbacks

  1. Crítica creación: Un año al pedo « Crítica creación

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: