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febrero 11, 2008 / Roberto Giaccaglia

Nirvana hubo uno solo, a lo sumo dos

2002.jpg

Nirvana 2002, 1987-1992, Suecia.

En el feo logo que hay encima de estas líneas se puede leer, con dificultad, la palabra “Nirvana”, y debajo de ella un número, “2002” —me gustaría que alguien explicara alguna vez por qué los grupos death escriben sus nombres con tanto ahínco por que no se entiendan.
El número fue un agregado obligatorio que el trío sueco de nombre Nirvana tuvo que hacer para que se los dejara de confundir con otro trío de nombre Nirvana, este de Seattle, del cual todo el mundo empezó a hablar más o menos enseguida. En realidad, no hizo mucha falta el agregado “2002”, porque nadie le prestó atención a Nirvana 2002, sino a Nirvana.
Tal vez Nirvana 2002 debería haber mantenido su nombre original, que no era Nirvana, después de todo, sino Prophet 2002, aunque no sé si tal cosa habría bastado para que la suerte de Nirvana 2002 fuese distinta. Bah, al menos tendrían un nombre que nadie confundiría con el del trío de Seattle, un cachitín más famoso.

Prophet 2002, o Nirvana, o Nirvana 2002, nació en Suecia, a fines de la década del ochenta. La banda estaba formada por Orvar Säfström, en guitarra y voz, Eric Qvick en batería y Lars Henriksson en bajo. El primero de ellos, Orvar, fue durante un tiempo el cantante de Entombed, grabó un ep con ellos y dio un par de conciertos. Pero Orvar es conocido en su país por otra cosa. Es uno de los más afamados críticos cinematográficos del norte europeo. Tuvo un programa de
televisión, Filmkrönikan, en la televisión estatal sueca desde el año 2003 al año 2006, luego pasó a otro canal y actualmente está escribiendo su primer libro, que ha de tratar, me imagino, acerca de la crítica cinematográfica, vaya uno a saber de qué manera (espero que una distinta a la empleada en El Amante, prestigiosa revista argentina de crítica cinematográfica, muy leída por gente que quiere ser prestigiosa con lecturas de prestigio. Bueno, la verdad que a mí supo encantarme esa revista).
Así que de cantar ni hablar. En cierta manera es una pena, porque la música de Prophet 2002, o Nirvana (el primer Nirvana, al parecer), o Nirvana 2002, tenía su encanto, un encanto aguerrido, machacante, filoso, algo destructivo, siempre al borde del desastre general, con algún que otro cambio de ritmo interesante entre compás y compás y una guitarra de sonido aserrado, más o menos parecido al de sus otrora compañeros de Entombed, banda sueca caracterizada por tener los mismos elementos, tal vez todos ellos un poco más trabajados, sobre todo las guitarras, una marca distintiva para Entombed, en parte porque sus integrantes sí habrán querido dedicarse por entero a la música —cosa que no pasó con Nirvana 2002: el baterista es ahora profesor en una universidad de Islandia, ya sabemos en qué se convirtió el cantante y guitarrista, y el bajista… pues nada sé de él.

Nirvana 2002 grabó únicamente demos: Truth & Beauty, 1989; Excursion in 2002 (No Dimension), 1989; Split EP, 1990; Disembodied Spirits, 1990 y Promo 91, 1991.
O sea, Nirvana 2002 nunca grabó un disco, a pesar de los años que estuvieron juntos, la fama de culto y lo buenos que eran.
Los artistas que simplemente desaparecen, sin dejar mayores registros, al menos los buenos artistas, siempre me han resultado simpáticos. Quemarse en un soplo antes que pudrirse de a poco. Tal vez les haya faltado perseverancia, o tal vez les haya faltado ganas, que en todo caso es mucho mejor, tomar la música como una aventura pasajera, aventura de la que no se pretende nada, a no ser mover un poco el aire, agitarse, dejar que las cosas sigan su rumbo, por más que ese rumbo sea el del olvido, no forzar nada, dejar que sea, disfrutar el momento.
Hay cierto encanto en el amateurismo artístico, digan lo que digan, siempre y cuando sea un amateurismo sin pretensiones. Y ese encanto tiene que ver, presumo, más con lo moral que con la calidad lograda al final, por más que a veces sea, como en el caso de Nirvana 2002, bastante notable, lo que nos lleva a otro punto interesante del artista como la gente: ser el propio saboteador de su futuro.

De la pequeña producción de Nirvana 2002, sólo tengo en mi poder el disquito de 1990, bah, en realidad es un cassette. La tapa es más que pobre, pobrísima, sólo el logo del grupo sobre un fondo blanco, una típica maqueta, digamos. Son tres canciones, auto producidas, todas alrededor de los tres minutos, filosas, potentes, rápidas, guturales, y encantadoras como sólo pueden serlo las canciones “self produced”.

Este demo constituye un muy buen ejemplo del death metal del norte de Europa, al menos del mejor de ellos. Después de todo, los avances en este campo musical no fueron mucho más lejos que lo que puede escucharse en las tres canciones de Disembodied Spirits, más tecnicismo quizá, eso sí, una mayor preocupación por dónde poner los dedos y a qué velocidad, pero ese death técnico deja mucho que desear en otros aspectos, cosa que no ocurre con el death más directo de Nirvana 2002, mucho más disfrutable, agónicamente disfrutable.
Con la música le fue mal al bueno de Orvar —bueno, quizá ni haya intentado que le fuera bien—, a pesar de que sus canciones no eran nada malas. Vamos a ver qué tal le va con el libro.

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