Skip to content
marzo 11, 2008 / Roberto Giaccaglia

La droga perfecta

nine.jpg

Ghosts I-IV, Nine Inch Nails, 110:08, 2008, The Null Corporation.

Year Zero (2007), el anterior disco de Nine Inch Nails, o de Trent Reznor, como uno prefiera llamar al proyecto yoguístico que se lanzó hace unos veinte años y que no deja de superase a sí mismo, era una distopía social, una confrontación política, una parábola literaria y un rejunte un poco enclenque de sus anteriores trabajos, esto último ya musicalmente hablando, aspecto, el de la música, al que un artista que aspira a la completud como Trent Reznor bien puede hacer un poco al lado de vez en cuando, está en su derecho, siempre nos está brindando algo más que música, por más que su tarea principal sea la de lanzar de discos.
Aquella distopía, entonces, que fue el disco Year Zero, que descuidaba el medio, la música, para focalizarse en un mensaje bien dotado literariamente, en el cual se describía un mundo no por estremecedor poco plausible, como aquel de Orwell en 1984, ha tornado apenas meses después, en marzo de 2008, en un sueño etílico, pacífico y esta vez utópico, por lo ideal, el resultado de una borrachera a la que se sucumbe después de beberse de a sorbos el mejor licor, el que anestesia los músculos y descansa los huesos y despierta la conciencia.
O sea, la droga perfecta, cosa a la que Reznor ya le cantó o gritó allá por el 97, cuando un tal David Lynch le pidió alguna canción para una tal Lost Highway. La película de Lycnh y la canción que compuso Reznor para ella, “The Perfect Drug”, se llevan muy bien juntas. Ambas son un viaje desaforado, un viaje quizá hacia ningún lado, poco ameno y para nada tranquilizador:

I got my head, but my head is unraveling
Can’t keep control, can’t keep track of where it’s traveling
I got my heart but my heart is no good
And you’re the only one that’s understood

O sea, no sé si efectivamente aquella era la droga perfecta, una canción que después de todo nunca fue tocada en vivo por Nine Inch Nails, en parte, según parece, porque reproducir las partes de batería en vivo es imposible.
Y tal vez no fuera la “droga perfecta” porque la canción denuncia cierta excesiva demanda por parte de “eso” que Reznor llama su droga perfecta, una exigencia letal, una dependencia que pide más de lo que el cuerpo puede dar, algo que ata nuestras amarras, no algo que las suelta:

My blood wants to say hello to you
My feelings want to get inside of you
My soul is so afraid to realize
How very little theres left of me

Pero ahora, me parece, las cosas son bien distintas. La droga perfecta existe, y no pide más que un poco de atención. Cerrar los ojos quizás, aspirar a un estado entre ensoñador, nebuloso y, sí, utópico de tan perfecto.

Ghosts I-IV es el sexto disco de estudio de Nine Inch Nails, o de Reznor y compañía, o de esa plaga de avispas que no dejan de zumbarnos en los oídos, y es además su lanzamiento número 26, si contamos esos discos de “rarezas”, o de tomas en vivo, o de remixes hechos por el propio Reznor o encargados a grupos de los que él disfruta. Es alguien prolífico, melómano, egocéntrico, perfeccionista, infernal, al que por momentos resulta imposible seguir, a no ser que uno disponga de todo el dinero, la paciencia y el tiempo de los que seguramente él dispone. No cualquier discípulo es capaz de seguirle el ritmo a su maestro zen, por más empeño que ponga en la tarea.
El disco fue grabado durante diez semanas en otoño del año pasado. O sea, fue grabado durante la más conveniente de las estaciones, porque el clima otoñal, o mejor dicho esa sensación, esa atmósfera de lo que está dejando de ser para transformarse en algo gris, calmo, le viene más que bien a las melodías y paisajes que se desprenden de este disco, o de estos cuatro discos en realidad, porque Ghosts I-IV es cuádruple.
Ya lo dije, Reznor es prolífico… y melómano… y un montón de cosas más. Entre ellas, infernal.

Infernal a veces quiere decir frío,
que su vez a veces quiere decir paciente,
que a su vez a veces quiere decir calculador,
que a su vez a veces quiere decir preciso,
que a su vez a veces quiere decir seguro,
que a su vez a veces quiere decir necesario,
que a su vez a veces quiere decir tiránico,
que a su vez a veces quiere decir fuerte,
que a su vez a veces quiere decir vital,
que a su vez a veces quiere decir cálido…

como debe de ser el corazón de los dioses,
pacientes, calculadores, precisos, seguros,
necesarios, tiránicos, fuertes, vitales, cálidos…

un poco de luz acogedora,
y mucha oscuridad turbándolo todo.

De otra forma no se puede explicar tanta música, repartida en 36 piezas instrumentales, cada una de ellas titulada con el número correspondiente seguido de la palabra que da título al disco, una palabra, “fantasma”, que ayuda a describir muy bien el clima otoñal, de desprendimiento, de pasmosa tranquilidad de cuerpo y mente que circunda a cada una de las piezas, a las que es mejor, mucho mejor, escuchar una tras otra, en el orden en el que fueron pensadas —o no-pensadas. Así, también servirá como un repaso tal vez fortuito de la carrera de Reznor, pues en cada una de estas piezas, o “tracks”, ya que eso son, se pueden percibir momentos de uno y otro disco, pero, al contrario de lo que sucedía con el disco anterior Year Zero, aquí están los momentos selectos de esos discos, que si me apuran digo que abundaban sobre todo en los primeros, notoriamente en su tercero, The Downward Spiral, elegido por muchos como el disco más hermosamente depresivo de cuantos se hayan grabado con una aguja apuntando al brazo, amenazando si seguir su camino o no.

Pero la grabación de Ghosts no tuvo nada de amenazante, sino todo lo contrario. Respiración plena, relajación, calma zen, mientras el maestro miraba y los demás hacían de las suyas, con absoluta libertad: la música, cuenta el propio Reznor, arribó de forma inesperada, como resultado de esas diez semanas donde no se hizo más que experimentar, siguiendo eso sí reglas simples: no pensar demasiado, guiarse por el impulso. Pero ojo, que todo lo que resultara terminaría grabándose. Sigue diciendo Reznor que dejaron que la música fuera la guía. Con los ojos cerrados y las manos lo más sueltas posible, de pronto, la música apareció. ¿Tendrá algo que ver con esas revelaciones místicas que “sufren” algunos brujos inducidos por el consumo de hongos libertarios?

Y hablando de libertad, este disco es lanzado de la mejor manera posible, sin una empresa discográfica detrás diciendo cómo deben hacerse las cosas (lo aclara Reznor: The end result is a wildly varied body of music that we’re able to present to the world in ways the confines of a major record label would never have allowed). Es que tanto ensueño no pude ser soñado de otra manera. O sea, al igual que el último disco de Radiohead, al que Ghosts supera con creces, Reznor ha elegido grabar, empaquetar a su gusto y lanzar su obra desde su sitio web, sin contrato, sin presiones, para satisfacer sus ganas nomás:

I’ve been considering and wanting to make this kind of record for years, but by its very nature it wouldn’t have made sense until this point. This collection of music is the result of working from a very visual perspective – dressing imagined locations and scenarios with sound and texture; a soundtrack for daydreams. I’m very pleased with the result and the ability to present it directly to you without interference. I hope you enjoy the first four volumes of Ghosts.

Y encima, tuvo éxito: se necesitó de servidores extra para soportar el tráfico que demandaron los ansiosos de escuchar la nueva música de la que eran capaces Reznor y los suyos, muchachos entre los que se encuentra por ejemplo Adrian Belew, aportando su guitarra en la mayoría de las composiciones, y el productor Alan Moulder, que trabajó para gente más o menos conocida: Depeche Mode, The Jesus and Mary Chain, Ride, My Bloody Valentine, The Smashing Pumpkins y así.

Me pregunto en qué parte del mundo estarán ahora. Los oyentes que se bajaron el disco, digo. En qué parte del espacio, digo. O de la conciencia.

Anuncios

One Comment

Dejar un comentario
  1. Leonardo / Nov 4 2010 1:40 am

    Muy bueno Roberto, como siempre. Ése disco lo oí algunas veces hace unos dos años. Casi que enseguida del Year Zero, y simultaneamente con The Slip. Cuando quise actualizarme con la música de NIN, no dejaron de llegarme novedades, y unos discos no tenían nada que ver con los otros, ¡fabuloso! Al estilo de Zappa. No pude escribir un artículo sobre los tres, pero sí sobre el Year Zero. Acá te dejo el link: Nine Inch Nails: Year Zero (2007). No sabía que Adrian Belew hacía las guitarras en Ghosts. No lo había imaginado. ¡Excelente! Es un guitarrista que me encanta.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: