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marzo 13, 2008 / Roberto Giaccaglia

Su mundo privado

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The Darjeeling Limited, Wes Anderson, 91:00, 2007, Estados Unidos.

De la nueva película de Wes Anderson se dicen muchas cosas, que no es buena, que es autoindulgente, narcisista y unas cuantas cosas más, todas por el estilo. Se dicen cosas incluso peores de lo que se decía de la anterior, The Life Aquatic with Steve Zissou (2004), que al parecer no le cayó bien a nadie pero que frente a esta tendría al menos con quién pelear.
Para algunos, los críticos demasiado críticos, esos que se meten dentro de rubros técnicos donde no terminan de salir nunca, o se la pasan hablando de la humanidad de los personajes, que si les sobra, que si les falta, o que la “poética” del autor tal cosa y tal otra, o que citan al plano, al contraplano, al fuera de campo, o hablan de la precisión o no de la “maquinaria argumental”, o de la influencia de la superestructura económica en el momento histórico de tal o cual película, que si el director la acepta, que si el director la niega, la carrera de Wes Anderson empezó más o menos con Bottle Rocket (del 96), siguió muy bien con Rushmore (dos años más tarde) y terminó espléndidamente con The Royal Tenenbaums (2001). Y paremos de contar. No parecen soportar el hecho de que un artista, con variaciones mínimas, nos invite una y otra vez, si es que queremos, si tenemos ganas, porque tampoco estamos obligados, a echar una ojeada a un mundo donde, sí, en efecto, vamos a hallar lo de siempre, colores llamativos, relaciones imposibles, situaciones inverosímiles, miradas y parlamentos que no denotan otra cosa más que melancolía, pero no cualquiera, que sería fácil, sino una de un talante gracioso, volátil, etéreo: “comedia dramática” sería la etiqueta o mero palabrerío.
Pero los críticos se enojan. Dicen que se cansan de ver siempre lo mismo. Encuentran sólo vanidad, la obra de un artista que no hace más que centrarse en él, en su propio, pequeño y ya recontrasabido universo.
Pero no hay que hacer caso. Es una película de Wes Anderson y listo.
La de un mundo privado, un mundo caricaturesco, un poco infantil, donde uno, repito, sabe lo que va a encontrar, soluciones ridículas a problemas ridículos. Y si los problemas no lo son, quienes los sufren los hacen ver así, ridículos, como por otro lado son los propios personajes, aunque eso sí, su ridiculez es altanera, orgullosa, feliz, como si en realidad no fuera lo que estamos viendo lo extraño, sino nosotros mismos, los espectadores, seres urbanizados, racionales y aburridos.
Aquí, por ejemplo, hablando de personajes ridículos, y de problemas mínimos enfatizados, tres hermanos absolutamente lunáticos, que se llevan muy mal y que en manos de otro tal vez nos harían llorar (porque se remarcaría el aspecto desgraciado del trío), interpretados por los habituales (para el cine de Wes Anderson) Owen Wilson y Jason Schwartzman y por Adrien Brody, emprenden un viaje a la India para conocerse mejor, llevarse bien, hacer las paces, encontrarse a sí mismos, “recuperar” a su madre, perdida en algún convento. Y nada mejor que un tren (bautizado con el nombre que da título a la película), lugar extraño si los hay, porque nada más ridículo que en un “lugar” en movimiento, para que estos tres seres se encuentren, intercambien palabras sobre asuntos mínimos, comparen sus diferencias, exploten.
Wes Anderson es uno de esos directores cuyas películas no pueden ser hechas por otro. Hay un trazo, una mirada, cierta construcción (o “composición de lugar”, tomá), para no hablar de la manera en la que viven e interactúan los personajes, que hacen inconfundibles a sus películas. Si nos llevan con los ojos tapados a un cine, nos sientan y nos sacan la venda cuando la película ya empezó, sabremos que se trata de una de Wes Anderson. Que estamos ante una de esas películas que sólo puede hacer él y si acaso disfrutar sus fans, entre los que me incluyo, así que haría bien en no decir una palabra más de The Darjeeling Limited, para no pecar de obsecuente.
Y bueno, no la digo.

2 comentarios

Dejar un comentario
  1. lanoviadetroll / Abr 6 2011 10:41 am

    Sí se puede pecar de obsecuente…no recuerdo dónde leí que “Francis”, “Peter” y “Jack” referenciaban las epocas de hanging out Coppola, Bogdanovich y Nicholson -el tipo de guiño canchero que quiza jode pero despues de “Mr. Fox” renovamos el voto de obsecuencia… :)

    En estos día ando investigando al primo lejano (que ya le viene tirando letra con los guiones) -lo tenía medio fuera de radar: Noah Baumbach. Tiene onda -me faltan un par, me reservo la dosis de chatarra Stiller (Greenberg) pal final -, creo que la que más me gusta por ahora es “The Squid and the Whale” pero no sé si es el lugar para empezar…

    Salú

  2. lanoviadetroll / Abr 9 2011 5:21 pm

    Actualizo “The Baumbach File”: sí finalmente “Squid and Whale” es la peli que informa, pa atrás y pa adelante, el laburo del pibe…

    Despues de jugarsela ahí, quizo ir por algo más arriesgado, abstracto casi teatral strindbergesco (Kidman, “Margot en la boda”) y ahora retrocede un poco con el filisteo Stiller (“Greenberg”), pas mal pero rara en la “progresión” tiene un par de películas más para desbarrancar u ocupar su lugar como un hombre… -je

    Al menos uno no siente que pierde completamente el tiempo en compañia del señor B, algo es algo…

    Salú

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