Skip to content
marzo 15, 2008 / Roberto Giaccaglia

Perro atado reloaded

Desde hace algo más de una semana, las visitas a este blog se han triplicado. Pero los visitantes sólo buscan una nota, aquella que escribí acerca de la instalación del artista costarricense Guillermo Vargas Habacuc, donde entre otras cosas, como una inscripción hecha con comida de perro en una pared, “Eres lo que lees”, el himno sandinista al revés y 175 piedras de crack y un poco de marihuana, se mostraba a un perro de la calle atado a una pared con una pequeña soga. Fue en la galería Códice, de Managua, Nicaragua, en agosto del año pasado. Para fortuna del artista, luego de la muestra no se supo más del perro. Algunos dicen que murió, otros que se escapó, como asegura la directora de la galería, quien dijo que el perro huyó por las verjas de hierro de la entrada de la galería, luego de que la muestra terminara. Digo “por fortuna para el artista”, porque la desaparición del perro no sólo alimentó mentiras y barbaridades de todo tipo, sino la fama del propio Vargas, de quien hasta el momento poca cosa se sabía.

Ahora, ante la posibilidad de que Vargas participe de la Bienal Centroamericana de Honduras de este año, invitado especialmente, según el jurado, no sólo por la gran calidad de sus obras, sino también por la excelente coherencia entre idea y ejecución, los defensores de los animales han puesto el grito en el cielo. O de las buenas costumbres.
Algunos han visitado este blog y han dejado sus comentarios. He borrado la enorme mayoría de ellos, por alentar fantasías criminales contra Vargas. Y los que he dejado no han sido permitidos por gustarme lo que dicen, sino como una pequeña muestra de la locura desatada en torno a la instalación de este artista. O sea, los comentarios que han quedado, crudos, santurrones, bobos, son apenas un botón del resto del traje, una ropa que sólo puede quedarle bien a un fascista… o a alguien con buenas intenciones. Ya se sabe, el camino al Infierno está pavimentado de ellas.

Al parecer, el interés renacido en este tema es gracias a un nuevo y masivo mail que anda circulando por ahí, en el que se pide una junta de firmas para que el artista no participe de la bienal citada. Eso lo leí en el blog de Guillermo Piro, quien por otro lado ya dijo bastante acerca del tema.

La verdad, a mí la idea de Vargas no me entusiasmó demasiado. Cierto director de cine dijo alguna vez que nunca pondría un niño llorando en sus películas, porque antes debería hacer llorar al niño. Hay ahí la autoimposición de un límite moral, ético, humano, la decisión de un tipo que descree que el arte sea más grande que la vida, como afirman muchos, yo mismo a veces, así que no va andar usando para lo que se le ocurra a seres que no entienden lo que están haciendo con ellos, nada más que para demostrar algo, por ejemplo, que los hombres solemos ser inmunes ante el dolor de los demás, que no queremos comprometernos, que pasamos de largo ante las necesidades ajenas. Y es en cierta medida lo que Vargas logró. A lo que voy: en la galería donde la obra se presentó, nadie desató al perro. El artista no sólo dijo en una pared “Eres lo que lees”, sino también que demostró que uno es las decisiones que toma.

Diariamente vemos a chicos de la calle, a gente durmiendo en el suelo y simplemente pasamos, hasta que se nos hacen costumbre, se naturaliza el hambre, se naturaliza la miseria, se naturaliza el dolor. Hace falta el ojo del artista para que nos demos cuenta de ciertas cosas. Por ejemplo, en qué nos estamos convirtiendo: en naturalizadores de la desgracia. Nada nos toca.

También pasa en otros ámbitos. Los canales de noticias han naturalizado el dolor frente a los accidentes de tráfico y hoy son un espectáculo más, algo de sangre de la que hablar al momento de la cena. Ahora, si un artista exhibiera en una galería, con lujo de detalles, una instalación compuesta por los restos de un accidente, con gente retorcida entre los hierros, el público pondría el grito en el cielo, se alarmaría de tanto sadismo.

A mí, por mi parte, me alarman dos cosas: primero, y principal, el odio, la sinrazón, la desmesura, el fanatismo y la violencia con la que se ha respondido al artista costarricense. Un ejemplo de esto es uno de los mensajes borrados, dejado por una tal Pilar, al que pego aquí tal como lo escribió ella:

me dan asco los humanos, no tiene un gramo de verguenza por dios!!!!!! la verdad ojala q lo aten a el asi como el ato al perro y que muera de hambre a ver si le gusta ;) intentenlo, “TOTAL, ES ARTE”

Y hubo otros peores.

Por otro lado, me alarma, aunque bastante menos, la falta de capacidad de algunos artistas para demostrar lo que quieren demostrar usando su talento en vez de sus ganas de trascendencia a cualquier precio. No digamos ya los que emplean perros atados, sino simplemente los que convocan a la fealdad, al choque directo, para enfrentarse al público, como si éste no pudiera ser sacudido en sus cimientos con armas más nobles, menos efectistas, armas que aspiraran a la confrontación sana, no al palabrerío viril y asesino de los comentarios que han dejado en este blog, que es, por lo general, lo que sucede cuando el artista se vale de provocaciones sin más.

La gente se ciega un poco, ¿no? Se pone como loca quiero decir, y, al final, aquello que el artista quiso decir con su obra se desdibuja, se pierde. Si lo más importante para estos artistas es el contenido, una decisión que están en todo su derecho de tomar, porque convengamos que después de todo nadie puede abogar hoy en día por un arte que sólo pretenda ser colgado en una pared, para contemplarlo a lo burgués (el arte tratado de “lindo” es casi un insulto para el artista que se precie), sería bueno que la forma elegida para mostrar ese contenido dejara volar un poco la imaginación, en vez de empantanarla. El camino elegido por Vargas me parece fácil, un poco ridículo, bastante feo, pero sobre todo trillado: no quiso hacer otra cosa más que espantar el alma burguesa.
Inicuamente, además, porque después de lo que hizo, tanto los burgueses espantados, como los que quieren a los animales y desprecian el arte, como los religiosos compungidos que odian a la humanidad (todos los cuales llenaron este blog con sus mensajes criminales), van a seguir siendo como son: estúpidos.
Sería fantástico que el arte que pretendiera “abrirles” la cabeza no los imitara en su estupidez.

Me parece que se está desaprovechando algo… Unos y otros digo… Por un lado, el público susceptible e ignorante y, por el otro, los artistas mediocres, están desaprovechando algo: la capacidad del arte para enfrentarnos a nosotros mismos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: