Skip to content
marzo 23, 2008 / Roberto Giaccaglia

Estas zapatillas tienen mal olor

caca.jpg

Hay una canción notable de un grupo punk argentino que dice así:

Todos los chicos tienen remeras rockeras
Yo sólo tengo una remera toda negra
Desesperado voy buscando en las vidrieras
Voy preguntando ¿tiene remeras rockeras?

La canción se llama “Remeras rockeras” y es de Superuva, conjunto que con su nombre le hace honor a una marca de vino de cartón, barato, un vino poco fashion, de linyera, que según creo luego se llamó Uvita y que no estaba tan mal, sobre todo el blanco, dulzón y entrador.
Esta canción le habría encantado a Luca Prodan, que usaba remeras grandes, manchadas, pintarrajeadas, musculosas con agujeros. Luca parecía vestirse con lo que podía, con lo que encontraba a mano, con lo que se sentía cómodo. No lucía como la mayoría de los rockeros que posan para las fotos: producido, enriquecido por las circunstancias, adornado para la ocasión, hermoseado. O como esa parte del público que piensa antes en cómo verse y después en qué escuchar, si es que esto último le importa.
Hay algo demasiado feo en la producción rockera, en la construcción de una imagen: se notan las costuras por todos lados, los remiendos, el aprovechamiento, la ganancia del marketing resultante. Hace poco vi en una disquería, bonitamente empaquetado, un box set con discos de Bersuit Vergarabat más un pijama igualito a los que la banda usa en escena. Lo del pijama nació a partir de un supuesto homenaje a los internos de un hospital psiquiátrico de Buenos Aires. Algunos dicen que el cantante pasó un tiempo allí internado. En todo caso, que ahora el piyama sea un souvenir le quita todo lo que alguna vez quiso significar. A no ser que estemos hablando de un “homenaje” a la locura o a la marginalidad, lo que vendría a ser peor, porque nos estaría diciendo que la locura es un mero “look”, no una enfermedad, o que está bien verse como un loco, o parecer un marginal, como si la entrada al mundo de la locura o de la marginalidad no dependiera de otras cosas, mucho más complicadas que la elección de la ropa a usar. La locura y la marginalidad no vienen en una caja.
La “producción” de una imagen es ostentación de lo que no se es. En el rock pasa mucho, por el lado de los artistas y por el lado del público, tanto o más que en los boliches caretas que denigran los rockeros.
Por eso me encanta la ironía de la canción de Superuva, por eso me gustan las fotos de Luca Prodan, también las de Nirvana, gente que parecía vivir conforme a esa ideología que encierra la palabra japonesa wabi: vivir sin demostrar nada.
Conocí esa palabra leyendo el libro de Fabián Casas, Ensayos bonsai, que tarde o temprano comentaré por aquí.
Wabi quiere decir algo así como pobreza por elección, la pobreza de quien pudiendo demostrar cuánto posee elige precisamente lo contrario. Es lo que nos dice, justamente, un arbolito bonsai: en realidad, mis raíces podrían ser más grandes, mis ramas tocar el cielo, mis hojas dar más sombra, imponerse, pero mirá qué bien me veo sin ostentar nada de eso. Lo justo y necesario.
Es un concepto que habla de la modestia, de la discreción, de la no ostentación. Tiene que ver con un desapego, no enamorarse de las cosas materiales al punto de vivir sólo para conseguirlas, o vivir sólo para mostrar que se las consiguió. Este desapego nos remite a un desprecio por la pomposidad, nos remite a la simpleza, a la austeridad.
De la palabra wabi se desprende pues toda una ideología. Y como toda ideología puede representarse a través de una estética, hay que decir que la forma en la que uno se presenta ante los demás dice muchas cosas de uno. Pero esto puede hacer que a veces confundamos las cosas. Al ser una pobreza por elección, o una pobreza supuesta, la pobreza wabi podría confundirse con algo así como una “pátina de pobreza”, lo que tendría más que ver con vestirse de forma andrajosa a propósito, por ejemplo, o sea, la pobreza como moda. Pero yo creo que, simplemente, la pobreza por elección tiene que ver con usar a las cosas sin que las cosas nos usen a nosotros. Nada más. Es un concepto inspirador, que permite acercarse a ese ideal zen de disfrutar de lo que está al alcance de la mano. Vale decir, no comprar de más. No mostrar de más. No usar de más. No depender de nada. No deberle a nadie más que a nosotros mismos. No construir alrededor nuestro nada de lo que no podamos responder luego.
La estética, o la forma en la que uno se muestra, no es un tema menor desde que el divismo empezó a importarnos tanto. No ha hecho mella sólo en vedettes, en modelos o en actores o actrices de cuarta, sino en personas de todos los ámbitos. Incluso en aquellos de los cuales se supone que debería estar más alejado, por ejemplo en los rockeros.
Pero ojo, que el divismo no sólo tiene que ver con luces de colores, plumas, lentejuelas y carteras de Christian Dior. El divismo también puede estar representado en un piyama… o en una remera del Che Guevara. Vale decir, es divo aquél que se muestra por conveniencia, el que posa, el que muestra ante las cámaras su soberbia, su arrogancia, algo que a veces se evidencia con una cartera de Christian Dior, o con un auto caro, con la ya citada remera del Che o con un par de Ray Ban, como bien demuestra con inteligencia suprema el “ídolo” de la juventud con problemas, el rockero Pomelo, personaje de Capusotto que se ríe de la figura rocker impuesta por el mercado y las costumbres.
A veces importa más la forma en la que el artista se muestra que lo que éste tiene para ofrecer. ¿Cuál es la pose que debo poner para vender más o ser identificado?, parecen decir algunos artistas. ¿Me hago el lindo, me hago el rebelde? Hay veces que es muy difícil escapar de eso. El artista queda preso de sus propias morisquetas ante las cámaras. Y también el público, que ya no escucha la música, sino que apenas la oye, embobado por la “imagen” del artista, por lo que éste quiere ser o parecer. O representar. Así, la “facha” pasa a ser primordial, opaca todo lo demás.
Hace unos años, cuando presenté mi tesis de licenciatura en la Escuela de Ciencias de la Información, en Córdoba, el director de la escuela, parte del tribunal examinador, un ignorante irrespetuoso que en medio de una pregunta que él mismo me había hecho se levantó a buscar un café, para volver a la media hora, como no tenía la menor idea de lo que yo estaba exponiendo me preguntó como debía tomar un crítico de rock el hecho de que un grupo como La Renga luciera estrellas rojas y la cara del Che Guevara y sin embargo firmara con una multinacional. Yo le contesté que el crítico haría bien antes que nada en fijarse en la música, en la lírica, en el arte que el grupo propone. Lo demás, es harina de otro costal. Allá ellos. Allá su público. La cuestión de la “autenticidad” ideológica no es una cuestión artística, como no lo es el compromiso. Está bien hablar de esas cosas, y discutirlas, pero no hacen a la cuestión principal si de lo que estamos hablando es de música, cosa de la que por lo general se encarga un crítico de rock en sus reseñas. A no ser que nos pongamos a hablar de moda, por ejemplo, cuestión, después de todo, como ya dije, a la que los rockeros suelen ser tan adeptos, tanto o más que las vedettes.
Y bueno, pongámonos a hablar de moda. Hablemos de zapatillas, ¿qué les parece?
La marca Converse está por sacar al mercado unas bonitas zapatillas de tela adornadas con partes del diario de Kurt Cobain. Creo que es para conmemorar el centenario de la marca, cosa que no sé qué tiene que ver con los dibujos y las frases que Kurt Cobain garabateaba en su diario íntimo, como si esas ocurrencias momentáneas del guitarrista y cantante algo tuvieran que ver con la moda, o la forma que uno elige para vestirse… o con la marca de la estrellita en un círculo. Sin contar el hecho de que el diario de Cobain era eso, precisamente, un diario, nada más, algo en todo caso íntimo, cosa a la que nadie parece importarle, mucho menos a Courtney Love, especie de María Kodama del rock, y no de Yoko Ono, que sí tiene talento. No creo que a Cobain le hubiese interesado nunca publicar esos escritos y dibujos, más parecidos a un ejercicio contra el aburrimiento que al arte del que era capaz, pero es que al lado tenía a esta buena mujer, la Courtney, incapaz de hacer algo bueno por sí misma pero sí de aprovecharse de una gallina que aun muerta sigue poniendo huevos de oro. Es decir, ese diario era la basura de Cobain, sus excrementos, la caca impublicable de un artista genial, la parte que él no quería compartir con nadie, su catarsis, el verdadero mal olor de su espíritu. O sea, su diario era “la mierda de artista” que ese italiano avanzado, Piero Manzoni, supo empaquetar y vender a buen precio, demostrando que el público puede ser igual de bobo que cualquiera. La “mierda de artista” de Manzoni era una “obra” contenida en una lata de metal de 5 cm de alto, con un diámetro de 6,5 cm. Bueno, en realidad creo que fueron varias latas. Parece que Manzoni tenía mucho para decir. Por ejemplo, criticar la valoración de las obras de arte en función del aprecio mercantil de la firma del artista. La compra por parte del público del diario de Cobain, tanto en papel como en la lona de una zapatilla, demuestra más o menos lo mismo, con la particularidad de que Cobain nunca quiso demostrar nada.
Ahora, parece que esa mierda va a adornar los pies de quienes compren el nuevo modelito lanzado por Converse.
Lo privado se vuelve público, se luce, se pisa, se usa para caminar sobre él, el olor de la producción estomacal de Cobain pasa a ser comprado, mostrado, usado, compartido, expuesto a consideración general. Poco importan sus canciones, sus guitarrazos, sus letras, que trataban exactamente de todo lo contrario a lo que el uso de esta prenda de Converse sí impulsa y aprecia: la mitificación porque sí hasta las últimas consecuencias. La mera apariencia.
Seguramente, la albacea Courtney Love, albacea no del arte, sino de la caca, editora del inodoro de su marido, hará mucho dinero con estas zapatillas rockeras, depresivas, lastimosas, rebeldes, adornadas para la ocasión con las ocurrencias menos publicables de un hombre que apuesto que lo que menos quería era que los dolores de su alma, o de su intestino, pasaran a adornar los pies de jóvenes tuneados que lo que menos tendrán en su vida es rock, rebeldía, verdadera experiencia, wabi. Esas cosas no vienen con un par de zapatillas.

Anuncios

One Comment

Dejar un comentario
  1. es TOP SECRET viste / Oct 31 2010 10:45 am

    CAPO no puedo creerlo que yo soy WABI, pobre por eleccion, no solo en la manera de vestir y ostentar, sino en mi comportamiento, en lugares donde yo podria “repimpolotear”, prefiero quedarme quieto no porq me obliguen tampoco se si me guste sino por comodidad, tal vez me aburra, tal vez junte energia para algo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: