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marzo 26, 2008 / Roberto Giaccaglia

Este blog está en contra del discurso prepotente, autoritario, ignorante y mentiroso de la Presidenta de Argentina

De todos los gobiernos democráticos argentinos, el actual es el que más reniega de la democracia. Ni siquiera Menem y sus ministros cometían la torpeza de salir a decir las cosas que dice el gobierno de la señora de Kirchner cuando aparece un problema en el horizonte.
Hoy, es el sector agropecuario quejándose de las absurdas retenciones que imponen ella y su ministro de Economía. Quince días de paro, cortes en las rutas, desabastecimiento de productos básicos y recién hoy, después de haberse tomado unas mini vacaciones en el medio, como si no tuviera nada que hacer, se digna a dar la cara. Con lo que dijo, con lo violenta e insensible que fue, mejor hubiera hecho en permanecer en las sombras.
La soberbia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es palpable hasta cuando se ríe. Lo es también su intolerancia, su falta de sentido común, la impertinencia con la que se dirige, su ampulosidad, sus gestos más propios de un presidente de facto que de uno democrático, esos gestos siempre a la defensiva, del que cree que viven atacándolo.
Ahora, acaba de criminalizar al campo argentino, haciéndolo culpable de los males que se están viviendo en Argentina, como si no hubiera salido precisamente del trabajo del campo la bonanza que le ha permitido a ella misma ganar las elecciones.
Me parece absolutamente increíble que el primer mandatario de un país haga de todo para que el pueblo se ponga en contra del pueblo. Nunca había escuchado eso: que el que debe velar por la seguridad y armonía de una población cree odios y rencores en su seno.
Es que no ya el sector agropecuario, sino ni siquiera el índice de inflación puede estar en contra de lo que dice el gobierno. Al índice tal vez pueda hacerle decir otra cosa, manipulando un numerito aquí y otro más allá, de manera tal de intentar que la realidad no se note, pero no se lo puede hacer decir a las góndolas de los supermercados, ni al ánimo de la gente, ni a los que salen a protestar, como están saliendo ahora, en su cara.
Si no pusiéramos retenciones al agro, dijo la Presidenta, al pollo y a la leche y a la carne los verían por televisión. Parece no haberse enterado de que es esa precisamente la única manera en que muchos ven al pollo, a la leche, a la carne. Haría bien en darse una vueltita por el país entero, no por ese pedacito que alcanza a ver desde la ventana de su oficina.
Como una dictadora, la Presidenta no es capaz siquiera de aceptar lo que todos podemos ver, así que se pone a gritar que si vemos “eso” es porque algún mal intencionado nos lo hace ver así, para perjudicarla.

¿No nota la Presidenta que “su” realidad poco y nada tiene que ver con la de la gente?

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