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marzo 26, 2008 / Roberto Giaccaglia

Luis D’Elía: El empleado del mes

La sensación que le queda a la mayoría de los argentinos, luego de escuchar y ver las últimas noticias, es que la estrategia del Gobierno es muy inteligente: en vez de usar a la policía para reprimir las protestas en su contra, lo que le reportaría críticas por todos lados, usa a sus propios piqueteros, una suerte de fuerza policial propia, paragubernamental, una organización con una estructura y disciplina similar a la de un ejército privado, que sirve a los intereses de la Presidenta sin que ésta los reconozca abiertamente.

Lo que se vio anoche en las calles de Buenos Aires, la arremetida de esta fuerza contra la gente que había salido a manifestarse en contra del discurso oficial, es propio de un rejunte de mercenarios, verdaderos grupos de seguridad privados que actuaron como escuadrones de asalto.
Al grito de “Piqueteros carajo”, viejo cantito combativo que años atrás significaba “Queremos trabajo” y que ahora significa “No se metan con los Kirchner”, este grupo con carácter de tropa irregular impidió que la protesta pacífica, de gente harta de soportar la arrogancia presidencial, se llevara a cabo.
Los golpes que se les vio lanzar a los piqueteros oficiales no parecen estar regidos por las convenciones que el Estado utiliza para el ejercicio de la represión, cosa que les permitió el libre uso de la violencia. Total, al no ser parte de las fuerzas “aceptadas” por el Estado, aceptadas puertas afuera quiero decir, no se puede culpar al Gobierno por esa violencia.

Un famoso grupo de estas características es el que se conoció con el nombre de Camisas Negras, una organización que apoyaba el régimen fascista de Benito Mussolini. En Argentina ya tuvimos cosas parecidas, con varios nombres. Por ejemplo, Grupo de Tareas. Ahora hay uno nuevo, con una cara visible, una voz chillona y el puño siempre listo: Luis D’Elía, otrora supuesto defensor de los trabajadores y hoy un empleado a sueldo para el sostenimiento moral del Gobierno argentino, que por estos días parece ser que precisa bastante de ese sostenimiento.
Este sostenimiento tiene sus bemoles, claro. Por ejemplo, la sangre. Por ahora es “nada más” que un cachito de sangre en los rostros, fruto de la agresión de la soldadesca de D’Elía y del propio D’Elía, quienes valientemente agarraron a un solo tipo entre varios, como pudieron mostrar las cámaras de televisión anoche, para darle puñetes, patadas y lo que tuvieran a mano. Veremos hasta dónde fuerza estos bemoles la prepotencia oficial.

Hay algunos que quieren desautorizar la protesta del campo, el Gobierno incluido, y la protesta que se sumó luego del discurso de la Presidenta, en las calles de las principales ciudades del país, diciendo que en realidad se trata de gente con plata, que llora por más, porque nunca le es suficiente. En una buena cantidad de blogs se discute a partir de apreciaciones como ésta —por caso, La lectora provisoria—, dándole a lo mejor sin querer la razón al Gobierno. De similares críticas estuvo empañada aquella protesta de diciembre del año 2001, luego de que todo concluyera con varios muertos y el presidente fugándose en helicóptero: se dijo entonces que era una protesta de la clase media con el dinero atrapado en los bancos, personas que no podían irse de vacaciones y que entonces se pusieron a batir ollas. O sea, se desestimó la protesta por tratarse de gente que nunca había pasado hambre, como sí lo pasaban aquellos piqueteros que supo defender D’Elía y demás seudo dirigentes, que cortaban calles y rutas con palos y le daban al bombo en vez de a la cacerola. Parece ser entonces que la única protesta que vale es aquella que parte de personas en la absoluta miseria. Los demás no cuentan, los que quieren defender el trabajo que ya tienen por ejemplo. No son merecedores de atención. No son argentinos. Son oligarcas, son aprovechadores, son golpistas.
Pero muchos de los que así hablan lo hacen desde la ignorancia. Ni idea tienen de lo que es el campo. Ni idea tienen de lo que representa para el país. Ni idea tienen de lo que significa para los pueblos del interior. Ni idea tienen de lo que vale el campo para las pequeñas y medianas empresas o para las fábricas que hay en los pueblos y que sólo tendrán producción si el campo las necesita. Un campo detenido, un campo cuyos trabajadores no vean rentable su negocio, hace que todo lo demás se caiga. Vengo de una zona en la que hay varias empresas metalúrgicas, no demasiado grandes, por otro lado, en las cuales se emplea la mayoría de la población —no estoy hablando de un solo pueblo, sino de varios. Antes del repunte del campo, esas fábricas estaban paradas o semiparadas, la gente estaba en la calle, los negocios se cerraban porque no había nadie que comprara en ellos. Cuando el campo empezó a andar bien, empezó a reclamar maquinarias de todo tipo, las fábricas reabrieron, tomaron gente, pudieron pagar buenos sueldos y esos sueldos se empezaron a gastar en los pueblos, que vieron volver a muchos de sus hijos, quienes se habían marchado porque no veían oportunidad alguna en ellos. No se trata sólo de gringos hacendados que gastan en 4×4. Es más, lo que dijo anoche la Presidenta, acerca del sueldo de los peones, no es del todo cierto. Conozco a muchos jornaleros, muchos de ellos venidos de provincias del norte, que ganan muy bien, que han logrado incluso traer a vivir a toda su familia con ellos, algo que ni en sueños consiguen los obreros de la construcción de las grandes ciudades, que también vienen de provincias del norte y que tienen que conformarse con vivir en obradores. Estos jornaleros también están en las rutas protestando.
El campo ya está derramando riqueza. O estaba. No hacen falta retenciones de ningún tipo para que esto se produzca. Al contrario, si lo de las retenciones prospera, habrá muchos a quienes no les va a sobrar mucho para gastar. Esto significará menos dinero en los pueblos, más negocios cerrados y todo volverá a empezar. La ecuación es bastante simple.
Por otro lado, habría que ver si lo de las retenciones ayuda verdaderamente a la “redistribución” de la riqueza, como afirma la Presidenta. A no ser, claro, que sólo haya que redistribuir a los buenos empleados, a los que se destacan de verdad, por ejemplo Luis D’Elía… o a lo mejor estaba hablando de los subsidios que ya dio a los molinos, olvidándose de los productores trigueros, por supuesto… o a los supermercados, olvidándose de las carnicerías y de los productores ganaderos… o a las usinas lácteas, olvidándose de los tamberos… Y hablando de redistribución, la Presidenta haría bien en redistribuir aquellos fondos de Santa Cruz, expatriados, de los que no parece acordarse, o, ¿por qué no?, proponerle al poder legislativo y al ejecutivo una quita del 44% en sus sueldos, como para ir equilibrando de a poquito a esos “trabajadores” con el resto de la población.

Los que protestan no son los grandes terratenientes, no son los de “la puta oligarquía”, a los que Luis D’Elía pedía anoche que “les dieran y les dieran (palos)”. Esos ya tienen reservado un sillón cómodo en la quintita de Olivos, para negociar sin necesidad de cortar rutas. Los que protestan, los que cortan rutas, son los que viven del campo, léase los que trabajan en él —muchos de ellos con 4×4, sí, efectivamente, en parte porque el caballo ya se dejó de usar en muchos lados y porque los autos más finos, de esos que usa la Presidenta y sus ministros, no sirven para el campo.

En realidad, este empleado del Gobierno, el señor D’Elía, está siendo de utilidad no sólo a su patrona, sino también a esos “oligarcas” que tanto dice odiar. Porque los verdaderos “oligarcas”, quienes viven realmente en la abundancia, están esperando que las medidas del Gobierno prosperen, para quedarse con lo que les falta: lo que aún está en poder de los pequeños y medianos productores, aquellos que con su trabajo hicieron que el país se levantara y que Luis D’Elía pudiera cobrar un sueldo como la gente.

Hablando de gente.

Un ignorante dejó un comentario en la nota anterior, diciendo que cuando yo digo GENTE hablo de la revista Gente. Muy gracioso, en serio. Pero estúpido. Creer que la protesta del campo es una protesta de ricachones banales, que no saben lo que es el trabajo, es parte de la ignorancia detallada más arriba. Además, no se puede meter a todos en la misma bolsa. No es lo mismo tener cincuenta hectáreas o alquilarlas para trabajarlas todo el año, que tener cien mil o un millón. Y tanto el Gobierno, como los que hablan sin saber, como los camisas negras de D’Elía, hablan de todos ellos en los mismos términos.

Yo creo, en cambio, que no es del todo “gente” la que se permite fustigar al país entero, creando odios, ampliando las distancias, y que emplea a hordas de violentos para resguardar lo que le queda de vergüenza.

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. hector / Ene 25 2009 8:57 am

    hola. soy un ignorante, otro, que cree en delia, y en los kirchner, antes de olvidarme de este lugar quiero decirlo, porque me enorgullecio el acto de delia cuando entro por la fuerza al campo del yanki, tomkins. se escribe asi?. y dijo que queria vender el agua (tomkins. se escribe asi?). y claro, muchos se rieron y lo ridiculizaron, pero bue,,, parece que si, el tomkins (se escribe asi?) era nada mas que una marioneta que tomaba recursos estrategicos, un buen ajedrez, eso es lo que pasa en este tablero que es argentina; los peones son lo pel0tudos que corren por el campo, queriendo salvar a gente que no los necesita. y claro, ni saltan para defender al peon que labura en serio, antes derraman lagrimas sobre los millonarios… claaaaro, cierto que hay gente muy humilde que solo tiene unas pocas hectareas, (cientos). y que la laburan (ellos solos, no tienen gente en negro a los que explotan, ellos son ARGENTINOS, gente de campo, y los peones son esclavos.) pero de que hablo?… aaa, debe ser que no se un carajo, mejor me informo con clarin. claaaaro, en que perjudico el gobierno a clarin?…. la critica es desconfiar de todos los que hablan, pero buscando la verdad… porque? porque va a hacer de este pais uno que valga la pena. che, dejense de joder con delia, acaso franco macri no hiso nada malo en los ultimos 40 años… aahh… tendria que buscar mas informacion, pero tengo que laburar, son las 4 de la mañana, esta noche cuando termine de sembrar para la gente del campo, a eso de las 8 de la noche, sigo diciendo…

  2. ELCOLECTOR / Nov 16 2009 6:20 pm

    HECTOR, SOS UN INFELIZ..SE TE NOTA QUE NO LABURASTE EN TU VIDA. O BIEN DELIA TE PAGA ALGUNA PLATITA.

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