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abril 1, 2008 / Roberto Giaccaglia

El campo como estímulo literario

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Acabo de visitar el blog de un escritor interesante, Gustavo Nielsen. Llevaba bastante sin actualizarlo. Sólo el conflicto entre el campo y el Gobierno lo movió a subir un par de posts nuevos: LOS GOLPISTAS ME LLENAN LOS HUEVOS es el título de uno, y ADEMÁS, ME HICE UNA PARRILLA es el título del otro. El segundo es bastante escueto, sólo pide que el paro del campo finalice para que él pueda estrenar la parrilla que se hizo. El primero de los posts dedicados al conflicto es más largo, lleva la firma de mucha gente y pide por lo mismo que el segundo, el fin del paro agropecuario. Considera a la medida de los ruralistas desproporcionada, innecesaria.
La opinión de la Presidenta y de sus ministros es bastante parecida.
En otro blog, linkeado por Nielsen, hay una poesía dedicada al asunto. Aunque el blog no es de él, se sindica como autor de la poesía a Esteban Nicotra. Conocí alguna vez a Esteban, trabajaba para la editorial Brujas, de la ciudad de Córdoba. Me pareció buen tipo. Fui a dejarle una novela inédita y un ensayo, en cd rom. Volví al mes, no habían leído nada, no me devolvieron el cd y me dijeron que si quería que leyeran el “material” debía pagar. En fin. La poesía de Esteban dice así:

Al capitalista rural

Trabajaste el campo como un buey,
es cierto, y ahorraste como una hormiga
-como te enseñó el rabioso
hambre de tus abuelos inmigrantes-.
Pero no pensando en tu comunidad,
como aquellos pequeños animales,
sino para ti mismo
y tu familia.
Ahora, cuando te piden que compartas,
empacado como una mula,
cortás las rutas,
igual que esos desesperados
que mezquinamente tanto criticaste…
¿Cuándo llegarán, País,
Latinoamérica,
aquellos tiempos dorados
(que aquí nunca existieron)
“dichosa edad y siglos dichosos aquellos…
porque entonces los que en ella vivían ignoraban
estas dos palabras de tuyo y mío”,
como dice, aún hoy sabiamente,
ese Quijote subversivo?

La poesía me parece malísima, pero sirve para ejemplificar lo que me dispongo a decir.

Esto es una pequeña muestra, claro, pero parecería que todos los que escriben quieren decir algo acerca del campo y del Gobierno. A esto se le suma la actividad de varios blogs, como Nación Apache, por ejemplo, a mi parecer un blog esencialmente literario, donde sobre el conflicto han escrito ya desde Adolfo Pérez Esquivel hasta Fernando Peña, pasando por Beatriz Sarlo y otros.
A mí también me pasa. En vez de ponerme a criticar un libro, una película, o un disco o revisar mi colección de clásicos del heavy metal, para ver qué tengo para decir, me pongo a buscar como loco palabras y palabras acerca del tema, me prendo a la televisión para verlo gritar desesperado al líder rural De Angelis, no me pierdo discursos de la Presidenta, evaluaciones de los periodistas de opinión, entrevistas a diputados oficialistas y de la oposición. Y no sólo eso. Mantengo conversaciones con gente que vive el conflicto. Unos dicen una cosa, otros otra. Algunos aceptan que deberían aflojar, que igual ganarían bastante bien, y otros que si aflojan los terminan pasando por arriba y los pueblos del interior no se levantan más.

Pero quiero volver a esta supuesta labor social del escritor que parece que nos ha agarrado un poquito a todos.
Lo que debe de estar pasando es que en alguna parte de nuestra conciencia nos ha aparecido algo como el sentido de la responsabilidad, hacerse cargo de las cosas, enfrentarse a cuestiones que nos parecen, por lo virulentas que están pasando a ser, de vital importancia, imposibles de eludir. Uno no puede, entonces, ponerse a corregir esa novelita que dejó olvidada o escribir una crítica acerca del libro de Fabián Casas sin sentir un poco de culpa. El país se está incendiando y miralo al escritor, preocupado por la estética. A uno le parece que de seguir esos pasos se está metiendo en esa bendita torre de marfil que según dicen no se hizo más que para el escritor que no se compromete, el que vive sólo pendiente de su nombre y de su lírica y nada más. Y nadie quiere ser un escritor así. Uno quiere salir a decir cosas, que las partes del conflicto tambaleen al ver lo que tenemos para decir.
Roberto Bolaño dijo alguna vez que siempre quiso ser un escritor político. Y bueno, esta es nuestra oportunidad para serlo, sin necesidad de componer una novelita criticona de la realidad pasada o algo por el estilo, es decir cosas que abundan. No, no hace falta. Esta es nuestra oportunidad para ser políticos, como decía Bolaño, y de paso escritores… sólo que él hizo algo más importante al respecto y sin necesidad de escribir: apenas supo del golpe de estado en su país se vino de donde estaba y trató de empuñar algo más que un lápiz o una pluma fuente. Le fue mejor como escritor, es cierto.

Pero a veces me pregunto si no nos estaremos apresurando demasiado. O sea, mi temor es que por querer participar terminemos diciendo cualquier barbaridad, como la tristeza de Nielsen, que no puede comer carne, o la poesía de Nicotra, seguramente escrita a los apurones. Es que no creo que haya uno solo de quienes nos ponemos a escribir sobre estas cuestiones que sepa fehacientemente qué es una cosa y qué es la otra. O sea, qué son las retenciones y qué es el campo. A lo sumo, podemos saber sólo de una de las dos cuestiones, sin tampoco ser especialistas en ella.
Ojo, tampoco me parece sano que nos llamemos al silencio. Ante barbaridades como la de D’Elía, y barbaridades peores, como el respaldo tácito del Gobierno, por ejemplo, algo hay que decir. Y justamente para eso muy sabio no hay que ser. Creo que es algo en lo que más o menos todos podemos concordar. En el resto, no parece. Al menos por esos posts de Nielsen que comenté más arriba, uno de ellos avalado por varias firmas, y la poesía social de Nicotra.

Hoy la Presidenta estuvo conciliadora. Hasta pidió por favor. Y a mí me pareció que alguito estaba aflojando, lo mismo vi en el ministro de Economía. No tenían buena cara ninguno de los dos, las cosas que dijeron las dijeron con los dientes apretados, pero confieso que creí que después de esas palabras los del campo arrearían a la tropa tranqueras adentro, a pensarlo mejor, dejar de cortar rutas, desensillar hasta que aclare.
No fue así. Ellos no le creyeron ni un poquito al ablande del Gobierno. Y bueno, yo no me lleno los pies de bosta ni pongo mi espalda al sol para ganarme la vida, así que, pienso, tanto enojo todavía encendido es probable que se deba a que algo no es como insiste la Presidenta…
¿Será que despotricó contra la soja, algo que supo ser alentado por el mismo Gobierno? ¿Será que dijo que la soja es un yuyo fácil de criar? ¿Será que dijo que el Gobierno invitó a los ruralistas a charlar, mientras que estos siguen diciendo que eso es mentira? ¿Será que se le escapó hablar acerca de los insumos que necesita el campo, todos ellos a precio dólar? ¿Será que nunca se supo en qué coño se usan (o usaron) las retenciones que ya se venían aplicando? No sé. Pero juro que pensé que los ruralistas, viendo la imposibilidad de que el Gobierno ceda más terreno, iban a aceptar las propuestas de la Presidenta y de su ministro, que tampoco me parecieron tan mal, vuelvo a confesar, pero, como ya dije, habría que estar ahí, en el campo, para ver qué es eso realmente.

Por lo pronto, lo único que parece seguro es que la parrilla de Nielsen va a seguir sin estrenarse.

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