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abril 10, 2008 / Roberto Giaccaglia

Clásicos metálicos (¿y en un futuro del cine?). Queensrÿche, Operation: Mindcrime

Operation: Mindcrime, Queensrÿche, 59:04, 1988, EMI.

Cuando salió Operation: Mindcrime, el 3 de mayo del 88, el mundo se vino abajo.
Bueno, en realidad no fue para tanto, pero tendría que haber sido.
Quizá el mundo de la música sí se haya venido abajo. Bueno, tampoco, pero sí al menos sintió el sacudón, o por lo menos una parte del mundo de la música, una parte bien chiquita, pero no irrelevante, aquella donde habitan dándose de narices los progresivos y los metálicos.
Pero la pelea en este caso era innecesaria: ambos estaban de parabienes, porque esta operación de Queensrÿche unía lo mejor de los dos géneros en una sola cosa. Lo progresivo y lo metálico eran primero retorcidos, calentados y luego amalgamados en un disco no sólo bien redondo, o redondito, como dicen los que gustan de catalogar algo de bueno con una circunferencia de sus dedos, sino también sólido. El disco era una muralla inamovible, y también maravillosa, aún más que la soporífera canción de Oasis que creo que se llama así y que en este contexto no tiene absolutamente nada que ver, no es ni progresiva ni metálica… pero me acordé de ella, con algo de culpa quizá, porque bien que solía canturrearla cuando caminaba solo por ahí, esperando algo.

Bueno, a lo que iba. Queensrÿche y su operación mental. O su crimen, ya no sé.

El disco es especial por algo más: es conceptual, algo con lo que los heavys y los progresivos, cada uno por su lado, no se encontraban desde hacía rato. Al menos con algo de renombre y tan redondo y sólido como el disco de Queensrÿche. No sé, pero los progresivos tenían que remontarse por lo menos a lo mejor de Pink Floyd para encontrar algo conceptual que valiera la pena y los demás, los heavys… bah, no recuerdo un disco heavy conceptual que me haya gustado antes de este, así que no voy a mencionar a ninguno. A veces los heavys no pueden mirar atrás.
Bien, Operation: Mindcrime, aparte de toda su parafernalia instrumental, que no es lo mismo que decir vacío, porque los adornos de las guitarras y de los teclados son algo más que ornamento, algo donde esconderse porque no hay nada detrás, tiene una agudísima pluma encargándose de las letras. En el disco se cuenta la vida de un hombre desilusionado con la sociedad americana, como casi todo el que tenga dos dedos de frente, que se embarca en esa tarea varias veces intentada por cientos de antihéroes: asesinar a algún líder corrupto de su sociedad. Cosa que intenta, por ejemplo, el taxista de Taxi Driver, un hombre antisistema, loco, solitario, con un peinado raro, con varios fracasos en la espalda y otros tantos delante de sus ojos. Hombres que sí o sí terminan mal. Hombres a los que les llega su día de furia, digamos. No hace mucho vi una película con Sean Penn donde el protagonista, el propio Sean, intentaba algo parecido, matar a un presidente corrupto. No recuerdo más que eso. Al parecer está basada en un caso real. También está la de Michael Douglas, que justamente se llama Un día de furia (bueno, su título original es Falling Down), pero creo que en realidad se trataba de un tipo harto de todo, no de los líderes corruptos solamente.

Una digresión.
Un día de furia cuenta con algo de lo que subrepticiamente habla Operation: Mindcrime: la furia que puede desatarse en el seno de una sociedad por la acumulación de actos de injusticia en su contra. Y para ello, Un día de furia se aprovecha de un hecho histórico. Durante la filmación de Falling Down sucedieron los hechos de Los Angeles (o la llamada Batalla de Los Angeles), aquellos en los que las tensiones raciales, sociales y económicas hicieron explosión cuando se supo de la golpiza que había sufrido el negro Rodney King a manos (y pies) de cuatro policías blancos. Ese clima está presente en la película protagonizada por Michael Douglas, porque es contemporánea a los hechos y trata sobre cosas parecidas: el hartazgo.
Cuando Queensrÿche grabó su mejor disco faltaba bastante para que esos hechos tuvieran lugar. Pero las semillas, como quien dice, ya estaban plantadas. Y el disco da cuenta de esa furia contenida. También del miedo y de la locura que pueden un buen día desatarse.

Pero volvamos a Queensrÿche y a su obra cumbre, tercer disco de su carrera, ya que estamos.

Según parece, el disco, como venía diciendo, es el primero en su género, es decir en habitar esa pequeña región del mundo musical donde se dan de cabeza progresivos y metálicos, lo que barrería de incordiosos cascotes el camino para bandas como Dream Theater, por ejemplo, una excelente banda también, aunque con un sonido que nunca terminó de convencerme. Un sonido empalagoso, me parece, como esta bendita granadina que tengo al frente y que no puedo terminar.
Pero Operation: Mindcrime sí me convence, y mucho. No es granadina. Es más bien un gin tonic con una pizca de limón. Algo difícil de disfrutar al principio pero muy bueno si te servís más.
La audiencia de Estados Unidos, hablando de lo difícil que puede resultar un buen disco al principio, lo hizo disco de oro recién un año después de su salida. Para ser un clásico tardó, es cierto, pero digo “tardó” porque estamos acostumbrados a los éxitos ligeros, fáciles, pasajeros. Operation: Mindrime no es nada de eso, sino justamente lo contrario. Es más, con el disco sucedió algo impensable, porque ni siquiera los más positivos de la discográfica esperaban que un disco tan difícil como este, al que hay que prestarle toda la atención del mundo, y más, si es posible, para lograr apreciar todo lo que guarda, lograra pasar a la historia no sólo como una pieza única artísticamente hablando, sino también por las ventas.
¿Y qué guarda Operation: Mindcrime?
Una historia increíble, por empezar, sentimientos encontrados, pena, desazón, rabia, sed de venganza, más o menos todo con lo que se encuentra una persona normal cada vez que cruza la puerta de su casa, dentro de un mundo que no pretende más que volverlo loco o al menos anestesiarlo, hacerlo vivir dormido hasta el fin de sus días. Ah, pero nutriendo a todo eso está la música, grandilocuente, pero no asfixiante, intelectual, pero no pedante, plena y extasiante, sin necesidad de artilugio alguno.
Los responsables de esta pieza, una verdadera ópera moderna, una ópera para los tiempos que corren, fueron Geoff Tate en voces, Chris DeGarmo en guitarra, Eddie Jackson en bajo, Michael Wilton en guitarra y Scott Rockenfield en batería y teclados, más las voces invitadas, que dialogan entre canción y canción, uniéndolas, y que representan a la prostituta y sanadora Mary, al temible Dr. X, al cura, a la enfermera… personajes de un mundo minúsculo, al parecer cerrado en sí mismo, dentro de una obra de arte, pero que sin embargo tiene que ver demasiado con el nuestro. O demasiado no, sino mucho, desgraciadamente.

Algo más. Hace un par de años, en 2006 para ser exactos, hubo una secuela del disco, la segunda parte, como si de una película exitosa se tratara. El resultado no fue el mismo. Tal vez por aquello de que segundas partes blah blah blah. O tal vez porque dieciocho años después es demasiado tiempo como para que aquella inspiración del 88 no haya mutado ahora en otra cosa.
Y hablando de películas, el cantante Geoff Tate anunció en algún lado que se estaba preparando una película de ficción a partir del disco. Pero nada más se supo del tema, a no ser el hecho de que Tate siguió afirmando en cada entrevista que le hicieron desde entonces que incluso estaba trabajando en el guión, o que ya tenía el guión listo, o que lo estaba presentando en varios estudios de Hollywood.
Sólo espero que no le den la historia a Darren Aronofsky o a alguien parecido.

3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Anónimo / Ago 15 2012 11:27 pm

    Uno de los mejores discos de la Historia sin dudas, Saludos!!

  2. Marcelius / Ago 15 2012 11:28 pm

    Uno de los mejores discos de la Historia sin dudas, Saludos!!

  3. pitu willis / Oct 26 2012 10:01 am

    Es el mejor disco de metal de la galaxia

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