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abril 15, 2008 / Roberto Giaccaglia

Medios y periodismo, mafia y censura, propaganda y obsecuencia

El 1 de abril, cuando la rebelión agraria estaba a punto de pasar a un cuarto intermedio, se dio a conocer una declaración de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, declaración consensuada por unanimidad por su consejo directivo, que decía entre otras cosas que había existido una campaña de desinformación durante el conflicto entre el campo y el Gobierno, y que además se habían vertido expresiones racistas y clasistas. Esta declaración le sirvió a la Presidenta de Argentina para reforzar sus críticas a los medios, ya que luego de conocida invitó a su despacho a quienes la redactaron, para dialogar. La Presidenta no invita a cualquiera: ni ella ni su marido brindaron nunca una conferencia de prensa, por ejemplo. Pero los “académicos” parecían respaldarla en sus diatribas contra la prensa, así que allá fueron, a acercarle argumentos. Al menos así lo vio ella y así lo hizo sentir cuando volvió a subirse al atril.
Luego de emitida dicha declaración, a las autoridades de la Facultad les llovieron críticas, tildándolas de obsecuentes, por decir lo menos. Con motivo de esas críticas, la Facultad lanzó una especie de descargo, o de pronunciamiento, como lo llaman ellos. Me parece que esta aclaración acerca de su actuación es peor que el primer documento. Seguidamente, lo copio tal cual se dio a conocer, sin correcciones de ningún tipo pero con algunas anotaciones propias al margen, en negrita, cuestiones que se me fueron ocurriendo a medida que leía este “pronunciamiento”.

Pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales

Jueves 10 de abril de 2008
La Facultad de Ciencias Sociales sólo cumplió con su obligación
El martes 1 de abril el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires se pronunció (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/medios.doc) Y lo hizo con la misma responsabilidad, autoridad, conocimiento y pertinencia que lo ha hecho en cientos de oportunidades anteriores.

Nuestro pronunciamiento provocó una desmedida, llamativa y por momentos insultante y hasta ofensiva respuesta de parte de algunos medios de prensa, a tal punto que se puso en cuestión y en duda no sólo la pertinencia de nuestra declaración, sino la seriedad académica de nuestra Facultad.

Uno)

Es cierto lo de “algunos medios de prensa”. Vale decir que no todos cuestionaron aquella primera declaración. Por ejemplo, nada malo dijeron el diario Página 12, el canal C5N, el sitio Infobae.com, y las radios 10 y Mega, tal vez porque todos ellos no sufrieron críticas de la Facultad, sino todo lo contrario: se los estimó, sobre todo a Página 12, como medios preocupados por “preguntar y averiguar”.
Pero nos estamos olvidando de algo.
En aquella declaración los académicos habían dicho: “Que la gran bonanza económica que vive la producción agropecuaria pos devaluación ha generado un mercado publicitario extraordinario para los medios de comunicación, verificada por la proliferación de espacios dedicados a la información rural, no debería influir explícitamente en la línea editorial de los distintos medios, sin perjuicio de que sería hacer conocer al público de modo ostensible el listado y compromiso económico aportado por los anunciantes”. O sea, los académicos dicen que la publicidad rural de la que gozan algunos medios influyó en el apoyo que éstos le dieron al campo, pero nada dicen de la publicidad oficial de la que goza Página 12, como si esto no “influyera” para que dicho medio informara según la conveniencia del Gobierno.

El Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales (órgano máximo y soberano de gobierno de una Facultad, ante el cual el Decano no puede sino hacer lo que dicho órgano le encomienda) emitió una resolución criticando lo que considera un manejo cuestionable de la información. Su pronunciamiento fue, por algunos, tildado de “obsecuente” con el oficialismo. Pero lo que no se tiene en cuenta, es que con este tipo de acusaciones a la Facultad se cae en un contrasentido, rayano en el absurdo: en nombre de la libertad de prensa de las empresas privadas, se cuestiona la libertad de opinión de una institución pública.

Dos)

Es cierto, una institución pública puede opinar lo que quiera. Por ejemplo, a favor del Gobierno. Tácitamente o no. De igual manera, las instituciones privadas pueden opinar en contra de esta institución pública, tácitamente o no.
Lo que llama la atención es que una institución que supuestamente forma a futuros periodistas parezca, destaco el “parezca”, inclinarse a favor de un gobierno o de medios que son afines a un gobierno. Yo creía, tal vez inocentemente, que una cosa es la propaganda y otra el periodismo. Pero claro, ambas cosas se pueden aprender en dicha Facultad.

El desatino ideológico de los que levantan semejante acusación (estrechez ciertamente preocupante viniendo de quienes tienen mucho poder sobre la opinión pública) les impide siquiera creer que un Consejo Directivo académico tenga suficiente autonomía de criterio como para dar su parecer, coincida o no con la de alguna de las partes en conflicto.

Tres)

También es cierto. El Consejo Directivo puede coincidir con quien le plazca y no dejará de ser autónomo por ello. Igualmente, repitiendo lo del punto anterior, llama la atención la preferencia de la Facultad.

Para colmo de absurdo –o de, en efecto, manejo interesado de la información- se pasa por alto que se trata de la Facultad de Ciencias Sociales , una de cuyas carreras es precisamente la de Ciencias de la Comunicación. Es decir: la disciplina a la que, en principio, debe suponérsele la suficiente competencia teórica, científica y técnica como para que la suya no sea una mera “opinión” irreflexiva o caprichosa, sino el resultado de un análisis riguroso y fundado de los discursos mediáticos; y también, y sobre todo, una carrera de una universidad nacional que tiene el irrenunciable deber ético y cívico de cumplir con el mandato de la Reforma del 18: enseñar, investigar y hacer extensión. Todo ello, precisamente, porque una Facultad es un ente igualmente público, sostenido con los impuestos y el esfuerzo de toda la sociedad (y no, como se ha dicho por ahí, por un “gobierno”).

Cuatro)

Está bien, pero todos nos equivocamos, incluso los más competentes. La Facultad está pues en todo su derecho de equivocarse. Aunque eso sí: no creo que lo de “científica” sea pertinente en este caso. Vaya uno a saber por qué se sigue llamando ciencia a la comunicación, falible como es la comunicación, tan poco quieto y obediente su objeto de estudio, tan permeables sus estudiosos. O sea, me parece que el color con el que se mira la noticia, o la realidad, influye demasiado como para pretender que la comunicación sea una ciencia. ¿No enseñan eso también?

Cuestionar que la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA se pronuncie sobre la temática es desconocer -como se dijo- que cobija a una de las carrera de Ciencias de la Comunicación más importantes de Latinoamérica; es ocultar que esta misma Facultad se ha pronunciado en cientos de oportunidades con el mismo nivel de independencia y libertad que lo ha hecho siempre; es no reconocer que todos estos otros pronunciamientos no vieron la luz pública porque no fueron considerados adecuados para ser publicados por los mismos medios de comunicación que hoy acusan a la Facultad de colaborar con el cercenamiento de la libertad de expresión; es no reconocer que cada día decenas de medios de prensa buscan en esta misma Facultad de Ciencias Sociales -cuyos dichos son hoy brutalmente cuestionados- citas de autoridad y de especialistas para analizar los más variados fenómenos de la realidad nacional.

Cinco)

Repito, todos nos equivocamos. Por ejemplo, la Facultad. Con esto no quiero decir que en este tema se haya equivocado, sino que, simplemente, hasta la misma Facultad puede ser cuestionada si se cree que ha cometido algún error o, por ejemplo, ha criticado ciertas cuestiones y ha dejado otras de lado, aquellas que son justamente por las que debería velar. Por caso, la libertad de expresión. Ya que dicen tener tanta autoridad en la materia, ¿cómo es que nada han dicho acerca de la “interpretación” de la Presidenta por el dibujo de su figura que realizó Hermenegildo Sábat? Esa “interpretación” es algo más que un error grosero. Tildar en público de “mensaje cuasimafioso” a un dibujo crítico es restarle autoridad a dicha crítica, legitimidad al periodista, esquivar el bulto. O sea, no se está “callando” literalmente al dibujante, pero sí se está intentando que la opinión pública lo desprecie. Es una de las variadas formas en las que puede aparecer la censura.
Y a propósito, ¿no es esto, acaso, un “manejo interesado de la información”? Yo creo que sí, porque la Presidenta le hizo decir al dibujo otra cosa, no lo que efectivamente decía.
Y algo más: ¿no fue peligroso el acto de la Presidenta al condenar públicamente a un trabajador de prensa? ¿No es esa una de las costumbres de la mafia, decir cosas como “eso me molesta”?

Y, de paso, es esquivar el punto principal de lo que la Declaración planteaba: que se habían cometido actos de discriminación durante la cobertura del lockout agropecuario.

Seis)

Es cierto, por ejemplo este: “Los peronistas vienen de abajo. Si el peronismo nunca ‘se porta bien’ es porque representa, desde Perón y Eva, a la negritud de este país, a los cabecitas, a los grasitas, a los que les armó sindicatos, y esta gente, vea, tiene malos modales”. Comentario que no salió en La Nación, o en Clarín, o fue dicho en TN, sino en Página 12.

Entonces, cabe preguntarse, ¿por qué sólo en esta oportunidad, en que la Facultad se pronuncia sobre el comportamiento de los medios de comunicación, se reacciona con semejante irritación?

Siete)

Tal vez, arriesgo, porque los medios de comunicación, algunos, no entienden cómo es posible que una Facultad supuestamente especialista en la materia no haga con su propuesta de investigación más que reforzar las opiniones que el Gobierno tiene en contra de los medios. Sin querer, ojo, o a lo mejor sin querer, pero es lo que consigue.

Es imposible, entonces, evitar la sospecha de que en buena medida todo este debate forzado y artificioso pueda estar sirviendo de cortina de humo para evitar el verdadero debate que está en los fundamentos de la Resolución cuestionada: a saber, el de si es cierto o no que hubo un tratamiento parcial e interesado de la información, y el de si es cierto o no que dicho tratamiento incluyó un sustrato de discursos e imágenes rayano en formas explícitas e implícitas de clasismo, de racismo, de discriminación ideológica, etcétera. Esta es la discusión que debe hacerse de cara a esa sociedad de la cual -y supuestamente para la cual- viven tanto la Facultad de Ciencias Sociales como los medios masivos de comunicación. Si la Facultad está equivocada en sus análisis y sus evaluaciones, ello deberá ser demostrado independientemente de las opiniones partidarias y, por supuesto, de los agravios gratuitos.

Ocho)

Sí, formas explícitas e implícitas de clasismo, de racismo y de discriminación ideológica como esta: “Los peronistas vienen de abajo. Si el peronismo nunca ‘se porta bien’ es porque representa, desde Perón y Eva, a la negritud de este país, a los cabecitas, a los grasitas, a los que les armó sindicatos, y esta gente, vea, tiene malos modales”.
En cuanto al tratamiento parcial e interesado de la información hay que decir que, por más que no se quiera, siempre se termina beneficiando a alguien con la información que mostramos, sea por el recorte que hacemos o por la forma en que la presentamos. Ver punto 4.

Los medios, seguramente, cuentan con asesores muy idóneos en la materia: que salgan al ruedo y fundamenten, al igual que lo ha hecho la Facultad, su crítica a nuestros argumentos. Y si no lo hacemos todos así, que sea la propia sociedad la que nos pida cuentas, y no los monopolizados pools informacionales con sus diatribas infundadas o quienes defiendan sus intereses.

Nueve)

El problema ocurre cuando los “monopolizados pools informacionales” ya no se llevan bien con quienes supieron defender sus intereses. Es ahí cuando se nos hace lío. O sea, señores, partamos de lo siguiente: ¿por qué hay este distanciamiento entre el multimedios Clarín y el Gobierno? ¿Es porque a los de Clarín el campo les cae más simpático, porque les gustan las vacas, porque comen mucha soja? Creo que antes de lanzar “diatribas” contra el citado multimedio, habría que ver qué ocasionó que la buena relación entre las partes se quebrara. Porque quizá haya sido este quiebre y no otra cosa lo que provocó las “diatribas” oficiales y las “diatribas” multimediáticas.

Con nuestro pronunciamiento, no hicimos más que cumplir con la función de la universidad pública: poner todo su conocimiento crítico al servicio de la sociedad que la sostiene y aportar a la reflexión todos sus elementos teóricos, técnicos y profesionales.

En el mismo sentido y con el mismo espíritu es que nuestra Facultad se pronunció:

– en contra de la forma en que se llevaron adelante las modificaciones en el INDEC (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/INDEC.pdf )

– en contra de la extensión de las concesiones de las licencias de radiodifusión (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/decreto.pdf)

– con una carta pública para que el gobierno nacional acelerara los mecanismos para que nuestra Facultad pudiera finalizar las obras de su edificio definitivo (http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/carta.pdf) y http://www.fsoc.uba.ar/archivos/institucional/edilicio.pdf, entre otras decenas de declaraciones

La deformación del “debate” sobre la “libertad de prensa” ha alcanzado abismos verdaderamente insondables y todos ellos basados en una falacia de origen: aquellos mismos que pretenden -como es legítimo- tener las manos absolutamente libres para opinar lo que sea, pretenden atárselas a los demás.

Diez)

Está bien, por eso la Presidenta también puede, por ejemplo, criticar a un dibujante, ¿no es cierto? Pero, repito, ¿sabe la Presidenta lo peligroso que puede ser para ese dibujante una crítica suya? ¿No es ella, en cierta forma, quien “está atando las manos” del dibujante?

La Facultad quiere volver a colocar el debate que propuso en la senda original.

El 1 de abril hicimos pública una declaración en la cual repudiábamos cualquier tipo de expresión discriminatoria, tanto por las referencias de clase o por invocar el color de la piel o la situación social.

Once)

Esto ya lo comenté en los puntos 6 y 8.

Exhortábamos al Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) para que en el ámbito de sus facultades: pusiera en conocimiento de la comunidad argentina la existencia de reglas antidiscriminatorias; realizara actividades a través del Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, hiciera las investigaciones correspondientes a fin de dirimir si se habían dado a la difusión pública expresiones de contenido antidemocrático o de cuestionamiento a la vigencia del estado de derecho.

Dábamos cuenta de la necesidad de la sanción de una ley democrática de radiodifusión. Invitábamos a la distintas organizaciones de periodistas profesionales a que realizaran un llamado de atención a sus afiliados y socios respecto de faltas éticas graves.

Cuando hablábamos de actitudes discriminatorias nos referíamos a lo que la Facultad observó durante la cobertura y esto fue:

Se diferenció ente “gente” y “piqueteros”.

Doce)

La explicación que se me ocurre es la siguiente, a ver si a alguien se le ocurre otra. No estoy haciendo otra cosa más que intentar una interpretación del uso de ciertos términos por parte de los medios.
Bien. El término “piquetero” antes de la asunción de Néstor Kirchner a la Presidencia de la Nación significaba algo así como “persona sin trabajo que reclama por uno”. O sea, se trataba de gente a la que el modelo neoliberal había dejado en la calle y que no tenía otra herramienta más que la protesta para reclamar atención. Luego de la asunción de Kirchner ya no se vio así a los “piqueteros”, o sea “gente sin trabajo que reclama por uno”, sino como “gente empleada del Gobierno que sale en su defensa”, ya que el Gobierno había conseguido para ellos unas cuantas cosas, varios planes sociales por ejemplo, o puestos en el mismo seno del Gobierno. Es decir, a partir de allí un “piquetero” es visto como un “empleado” del Gobierno, un defensor a ultranza, alguien pagado que sale a respaldar sus decisiones. En cambio el término “gente” ya es más general, más extensivo, abarcativo, inclusivo. De hecho, “gente” son todos los demás. Es decir, los que no trabajan para el Gobierno (tampoco lo son, aclaremos, aquellos identificados con la oposición. La Coalición Cívica, por caso, cuando sale a criticar al Gobierno no es “gente”, es oposición).
Pero atención, tampoco es que, por ejemplo, los ministros de la Presidenta no sean gente, lo que ocurre es que si salen a defender al Gobierno nadie puede decir que salió la “gente” a defenderlo, sino sus empleados. Lo mismo se dice pues de los piqueteros. Cuando un piquetero defiende al Gobierno no lo hace la “gente”, sino uno de sus empleados.
Aunque hay que decir que los medios, en vez de “piqueteros”, bien pudieron haber usado la expresión “gente que apoya al Gobierno”. O sea, la batalla en Plaza de Mayo pudo haber sido cronicada como “disturbios entre gente en contra de la soberbia presidencial y gente a favor de cualquier cosa que diga el Gobierno”. Ahora que lo pienso eso me parece mejor que “gente” versus “piqueteros”.
En esto quizá tengan razón los académicos.
Se me ocurre esta explicación pero puedo equivocarme. Estoy en mi derecho, por supuesto.

A quienes manifestaban durante el cacerolazo se los llamó “vecinos autoconvocados” y a quienes manifestaban a favor del gobierno “piqueteros pagados por el gobierno”.

Trece)

Intenté explicar esto recién. Poco importa que durante el cacerolazo se haya visto por ejemplo a Cecilia Pando batir ollitas. Pero Cecilia Pando, supongo, no entraría en el calificativo de “gente” ya que es oposición, parte interesada. A lo sumo la Pando puede ser “gente de mierda”, eso sí, pero eso es otra cosa.
Pero el descargo académico tiene razón. Yo también escuché distinciones de ese tipo. Quienes estuvieron en contra de las políticas del Gobierno fueron “oligarcas”, “golpistas”, “generales mediáticos” y cosas por el estilo. Como si el reclamo del campo no fuera justo o, por caso, los reclamos de las personas hartas de la soberbia presidencial tampoco merecieran escucharse. Acá, me parece, la distinción entre “autoconvocados” y “pagados” la está haciendo el Gobierno y su prensa dócil: los que protestan a favor del campo son “pagados” por los “generales mediáticos”. Y los que salen a golpear a los que protestan a favor del campo son “autoconvocados”, también los que vivan a la Presidenta o los que llevan carteles en contra de ciertos canales de televisión. A esos sí hay que escuchar.

Se dio por supuesto que la vestimenta y el color de la piel de las personas determinaban si éstos eran o no violentos.

Catorce)

Tienen razón los académicos. El propio José Pablo Feinmann lo hizo, dijo que el color y la vestimenta determinan cierto grado de violencia, como cité en los puntos 6 y 8 y recordé en el 11.

Se estableció una falsa dicotomía a través de la cual se planteó que quienes manifestaban en contra del gobierno eran “vecinos autoconvocados” o “ciudadanos que se manifiestan espontáneamente” y quienes lo hacían a favor, eran “piqueteros violentos” o “personas arriadas”.

Quince)

Esto ya intenté explicarlo más arriba.

Cuando hicimos mención al Observatrorio de la discriminación -un organismo que, dicho sea de paso, no prevé sanción alguna para quienes pudieran incurrir en actos de discriminación, sino la invitación a retractarse o a corregir- no hicimos otra cosa que remitirnos al organismo nacional correspondiente y propusimos que esta entidad -creada en 2006 y no ahora como se dijo por estos días, y que no había recibido objeciones anteriores ni en su creación ni en su accionar- tomara cartas en el asunto. Es decir, pedimos que se cumplieran las funciones para las cuales ambos organismos habían sido creados. Para decirlo de otro modo, exhortamos al Estado nacional (y no al gobierno) -garante de todos los derechos humanos, incluido el de la ciudadanía a informarse correctamente y a que no se cometan actos de discriminación- a que actuara como tal.

Cuando dijimos que la Argentina necesita una nueva ley de radiodifusión, lo que estábamos indicando es que nuestro país merece salir de la oscuridad de una reglamentación de la dictadura que sujeta los servicios a la seguridad nacional (inspiradda en la “Doctrina de la seguridad nacional”).

Cuando proponemos que un organismo como el Observatorio actúe -como saben todos quienes tienen algún tipo de relación con los medios de comunicación, incluidos quienes más fuertemente nos cuestionaron- no estamos haciendo otra cosa que poner en evidencia que los medios de radiodifusión utilizan un recurso escaso como el espectro radioeléctrico, administrado por el Estado Nacional y concesionado, dentro de ciertas reglamentaciones, para su explotación privada y comercial.

Cuando invitamos a la distintas organizaciones de periodistas profesionales a debatir lo hicimos con la intención de que éstas entidades aceptaran nuestra propuesta para ser discutida los ámbitos que creyeran convenientes y con las reglas de cada una de estas entidades. Sin embargo entre la tarde del martes 1 de abril y el mediodía del viernes 4, cuando tuvo lugar la reunión la Presidenta de la Nación, no sólo ninguna de estas entidades tomó contacto con nosotros, sino que ninguno de los medios que hoy cuestionan nuestra actitud se acercó para hacernos mención al tema.

Dieciséis)

Exactamente lo mismo, o muy parecido, dijo la Presidenta acerca de esta decisión suya, y de su ministro de Economía, de elevar las retenciones a ciertas exportaciones del agro: que invitó a las partes a hablar y que estas no respondieron. No quiero decir con esto que el descargo de la Facultad mienta. Me hizo acordar, nada más.

La Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en definitiva y por todo lo que aquí se explica, no hizo más que cumplir con su obligación.

Ojalá. Pero no puedo dejar de preguntarme si estará entre las “obligaciones” de esta Facultad oficiar de buchones. Buchones selectivos, claro.

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