Skip to content
mayo 10, 2008 / Roberto Giaccaglia

El periodismo de fútbol como imagen del mundo

El problema del fútbol en Argentina es, básicamente, que aquí pocos se han dado cuenta de que el fútbol es un espectáculo, una forma más de entretenimiento, una de las tantas variantes que los hombres han inventado para gozar, divertirse, pasarla bien un rato. Algunos dirán que en realidad se trata de “pasión”, no de “espectáculo”. Lo de la “pasión” es aceptable, pero si eliminamos la noción de “espectáculo” todo lo que genera el fútbol se sale de contexto, se pierde, comienza a mal interpretarse. Y con ello, algo tan necesario como la “pasión” puede tornarse peligroso. Se puede sentir pasión por un espectáculo, es más, conviene que así sea, y si no, mirar para otro lado, buscar otra diversión, pero si llegáramos a creer que esa pasión tiene que ver con algo más que el placer que es capaz de brindar un espectáculo las cosas pueden empezar a volverse riesgosas. Por ejemplo, si llegáramos a creer que el equipo que vamos a ver puede generarnos algo como “vergüenza”.
No podemos sentir “vergüenza” por el que nos brinda su show, enojarnos porque no resultó de nuestro agrado lo que fuimos a ver y gritarle cosas al artista en la cara por el momento que nos hizo pasar. La sensación de vergüenza hay que dejarla para otras cuestiones, no para experimentarla frente a un tipo que mal o bien hace lo que puede para entretenernos un rato. Si lo que fuimos a ver no nos gusta, hay que levantarse de la butaca y arrancar hacia la puerta de salida, listo, dejar de mirar, dejar de escuchar, y en todo caso, porque hay algunos que trabajan de eso, escribir un par de renglones acerca de lo que nos pareció la obra que fuimos a ver, mala, buena, aburrida, pobre, etc. Listo. El periodismo de fútbol debería operar de esta manera, o sea, criticar lo actuado por un equipo como si estuviera viendo un espectáculo. Con ello se ahorrarían muchos problemas, entre ellos el del incentivo de la violencia, pero el periodista argentino de fútbol suele actuar de otra manera: como si el equipo que fue a ver definiera frente a su mirada de pro hombre un compromiso moral o algo por el estilo.

Evaluando al fútbol como un espectáculo se le empezaría a enseñar al espectador de fútbol a ser más espectador y menos hincha, porque un hincha que es sólo eso, un hincha, no va a ver un espectáculo, sino una reproducción de carácter moral, muchas veces con tintes trágicos. Lo que busca el hincha es algo así como un ejemplo “deportivo” de lo que él como hombre de fe sería capaz de hacer en la vida diaria si tuviera la oportunidad. De ahí que le importe tanto el resultado, la “entrega” de sus actores favoritos —palabra esta, “entrega”, que las más de las veces sólo quiere decir si se tuvo o no el coraje de pegarle al delantero contrario para que no cometa la inmoralidad de hacernos un gol y después festejarlo—, porque el hombre de fe quiere llegar a buen puerto, siempre, quiere hacerse valer, predicar, demostrar de qué está hecho un hombre de verdad. O sea, lo que menos le importa al hincha que es sólo hincha es el juego en sí, el espectáculo, la diversión, pasarla bien un rato. Y ni hablar de que los “actores” la pasen bien en el escenario. No, para nada, en absoluto, deben sufrir, entregarse, dejar la piel, desangrarse. La mirada del hincha que es sólo hincha es la de un religioso con demasiado fervor: tiene mucha confianza en el flagelo como purificador de todos los males y eso pide, flagelo, para los demás, para sus representantes allí en el campo, para sí, para todos. Eso quiere decir “aguante”, o “tener huevos”, categorías trágicas del fútbol argentino. Sin aguante, sin huevos, no se puede imponer condiciones, adoctrinar, demostrar cosas. Es decir, ganar, lo único que cuenta. El fútbol es para ellos una cruzada, no algo estético, no un gozo. Es algo de carácter moral, represivo, astringente.
Entendiendo al fútbol de esta manera es obvio que cada vez se va a jugar peor, hay mucho en juego, demasiado, la valía del hombre como tal, nada menos, y es obvio que cada vez habrá más violencia, porque el hincha que es sólo hincha no tolera que alguien se “imponga” en el paso de su cruzada, de su arremetida, de su prédica sorda y ciega. O sea, el hincha que es sólo hincha no tolera que sea otro el que gane. Eso da “vergüenza”.
Nada de espectáculo entonces, nada de juego, sino otra cosa, una validación de la utilidad del hombre: si no ganás, no servís. Si no ganás, das vergüenza.

Para que continuamente nos estemos creyendo estas cosas no ayudan sólo los hinchas que son sólo hinchas y sus demostraciones lamentables de violencia, sus pruebas tajantes de lo hombres que son, sino también algunos periodistas, personas no con una piedra en la mano, o un palo, sino una birome o un micrófono.

Hoy vi Estudio Fútbol, programa del canal TyC Sports basado en las discusiones de un grupo de periodistas en torno a cuestiones que de vez en cuando tienen que ver con el fútbol. En un momento, el programa dejó de mostrar a los discutidores para pasar a una rueda de prensa donde acababa de participar el Loco Abreu, notable futbolista uruguayo que juega para River. Las preguntas de quienes sostenían micrófonos y celulares frente a su cara apuntaban a que Abreu se viera lastimado por la eliminación de su equipo frente a San Lorenzo, querían sí o sí que eso saliera a flote, que al futbolista le brotaran lágrimas y de ser posible sangre. Pero Abreu dijo que más preocupantes eran cosas como las víctimas del último huracán. Después alguien le cuestionó que gritara el gol de River siendo que él había jugado años atrás para San Lorenzo. ¿Violé a alguien?, preguntó Abreu, ¿soy por gritar un gol un criminal? ¿Debo sentirme mal por eso? Como los periodistas seguían indignados porque el tipo no parecía estar sufriendo, ni tampoco se sentía culpable por haber disfrutado un gol la última noche, siguieron insistiendo, así que Abreu les dijo directamente que se preocuparan por cosas más importantes, que eso que acababa de suceder, la eliminación de un equipo de fútbol de un campeonato, era eso, la eliminación de un equipo de fútbol de un campeonato.
Cuando la imagen volvió al estudio, el periodista Leo Farinella dijo, dolido, como un padre postrado ante la consumación del pecado de uno de sus hijos, que Abreu no podía contestar así, con tanta liviandad, que lo de River había sido una “vergüenza”. Varias veces dijo esa palabra. Farinella estaba molesto porque Abreu no estaba sufriendo como hombre réprobo que es por haber perdido… o por no haberse “entregado” lo suficiente, o por no estar “flagelándose” en público.

Expresiones como las de Leo Farinella son habituales, no sólo en él, sino en cientos de periodistas de fútbol argentinos. Parece que les importara mucho el fútbol, pero no, lo que les importa en realidad es no sentirse “representados” por los once hombres que salen a brindar lo suyo cada vez que juegan. Cuando en esos hombres no ven “entrega”, “flagelo”, “dolor”, “moral”, y al fin y al cabo “triunfo” sienten un dolor en el pecho que los hace despotricar contra esos hombres —quienes para colmo a veces ni quieren hincarse de rodillas por el pecado cometido: haber perdido.

Fernando Niembro es otro caso. Lo nombro a él porque es de los más famosos, pero podría seguir toda la noche escribiendo nombres. Niembro no deja de inculcarnos, como Farinella hoy en Estudio Fútbol, que el fútbol no es un solaz, un breve espacio que los hombres se regalan para gozar, una distracción creativa en contra de la sistematización del hombre, una revancha lúdica contra el sistema, sino una posibilidad más de satisfacer la voracidad humana por el triunfo, el éxito, la imposición de cierta moral… Para esta gente el fútbol es un engranaje más dentro de la sistematización a la que obligan el capitalismo y las buenas costumbres de la religión. No creen que el fútbol deba escapar a las generales de la ley que dicta que ganarás el pan sudando y ocupando tu puesto en la cadena de producción. Por eso les gustan los jugadores que agachan la cabeza y corren y corren, de aquí para allá, y tiran pelotazos a la bartola. Para ellos, como para todos los hinchas que son sólo hinchas, y son muchos, la cuestión no es jugar, sino que la pelota entre en el arco ajeno y no en el propio. A la fuerza. Esto hace que desprecien al jugador que se toma su tiempo, que piensa, que levanta la cabeza y arma una jugada, o al que tira un caño, o al que se florea en la propia área en vez de pegarle un zapatazo para adelante o enviarla al córner con tal de salvar el arco propio.
Hoy en Estudio Fútbol Farinella se quejaba de las pretensiones de Carrizo, el arquero de River, de hacer jueguito con la pelota, de arriesgar, porque cosas así suelen costar un gol en contra. O sea, se quejaba de que Carrizo jugara, se divirtiera, gozara.

Jugadores como Higuita, el desaparecido Garrafa Sánchez, o Zidane, que disfrutaban jugando, que se demoraban en el placer de hacer con la pelota lo que les viniera en gana, son para los Niembro o Farinellas de este mundo un ejemplo de subversión a desterrar, siendo que en realidad son quienes verdaderamente le dan sentido a este juego, a este espectáculo, o sea el gozo, puro y simple.

Después de una derrota argentina frente a Brasil, un Niembro muy dolido le pidió públicamente a Basile que la próxima vez convocara a laburantes del fútbol y no a estrellas, que piensan sólo en ellas y en jugar lindo… porque lo que se necesita es ganar, no hacer pases bonitos o llegar mareando jugadores rivales al área. Es el fordismo aplicado al fútbol, palabra que rima peligrosamente con feísmo. Los hombres de negocios quieren estabilidad, organización del factor trabajo, tener conflictos laborales resueltos de antemano, mecanización, aplicación de una política laboral símil a la de “cadena de montaje”, hombres que no se destaquen del resto, administración científica de las variables, alienación… en suma, pretensiones que en los 70’s los militares argentinos trataron de poner en práctica con una “solución final” para todo obrero disidente de esta política y para todos aquellos que los defendieran. Las ideas sobre fútbol son, también, claramente ideológicas.

El flagelo pregonado por los Niembro y Farinellas es útil pues al Estado del hombre-máquina, vivir para trabajar, engendrar hijos que hagan lo mismo, que el sistema se mantenga, que los engranajes se aceiten con el sudor del ir y venir, del correr continuo, para que la máquina siga andando…
Esta idea del correr y el correr nos pide que no pensemos en el otro, que no nos detengamos en el otro, que si se cayó del sistema por algo será. No recuerdo en qué partido (tal vez alguno por la Copa Libertadores), Niembro, ante el consuelo que brindaban los compañeros de un jugador que había cometido un pifie que había permitido el gol del rival, dijo muy suelto de cuerpo “Para qué lo consuelan, no entiendo, si se equivocó”. Ni amistad, ni caballerosidad, ni belleza, ni elegancia, ni mucho menos espectáculo, el fútbol es victoria o no es nada.

Los Higuitas o Garrafas Sánchez o Zinedines son los que entienden la esencia vitalmente lúdica del fútbol, el jugar por jugar, que es la misma esencia del amar por amar, o la del comer por comer. Para algunos, comer, amar y jugar al fútbol no son más que medios para alcanzar un fin. Si algo existe, piensan, en sus cabecitas teleológicas, finalistas, burocráticas y capitalistas, existe porque sirve para algo, no porque sí. Es lo mismo que tienen en la cabeza ciertos críticos de cine, por ejemplo (Carnevale, Sirvén, tantos más), para quienes una obra cinematográfica debe contar una historia, educar, ser útil de alguna manera, ofrecerse como materia pedagógica, moral o social, no simplemente existir porque sí, ser porque es, como las películas de Lisandro Alonso, películas que desprecian todos los críticos para quienes el cine es, como para Niembro el fútbol, no arte, no creatividad, sino la posibilidad de lograr algo útil y productivo. (El fútbol, como lo entendían Higuita, Garrafa Sánchez, Zinedine, debería aspirar a lo que aspiran las películas de Lisandro Alonso: ser música, un arte del porque sí, un juego del porque sí).

Como decía Paul Klee, el arte no está para reproducir lo visible, sino para hacer visible lo que no se ve. Lisandro Alonso, sin querer, nos muestra muchas cosas… como nos mostraban Higuita, Garrafa Sánchez o Zidane mientras hacían otra cosa: jugar al fútbol. En cambio, el fútbol defendido por Niembro o las películas defendidas por Carnevale no hacen más que reproducir el mundo pragmático, aburrido, mecanizado en el que vivimos.

El único arte decadente es el arte contagiado de mundo. También le pasa al fútbol. No consolar al compañero que se equivoca, patear para atrás en vez de tirar un caño, tirar un centro a la buena de dios en vez de florearse en el área también tienen que ver mucho con el pragmatismo, lo aburrido, la cadena de montaje, la producción de resultados en vez de la intentona de juego… del mero juego.

El ejercicio del periodismo de fútbol, por supuesto, también puede “contagiarse de mundo”. Por eso en él las palabras tienen un fin que excluye al gozo, a la charla amena, a la pausa inteligente, a la pregunta que mejore al que va a escuchar la respuesta. El periodista argentino de fútbol, como los que apuntaban hoy al Loco Abreu, quiere mayormente que el entrevistado llore y se desangre… de ahí el famoso “matalo” de Niembro que salió al aire sin que él quisiera cuando ordenó a uno de sus esclavos que presionara de la peor manera a un técnico en una conferencia de prensa.

En fin, para estos hombres comer, amar, jugar son una actividad fisiológica necesaria y productiva, útil, que viene bien hacer porque así está escrito, no que viene bien hacer para poder disfrutar un poco de la vida… para que nuestro paso por este mundo tenga momentos de placer, de dicha, de jolgorio, de alegría.

Repito, Niembro o Farinella no son los únicos que piensan así, por supuesto, pero sí puede vérselos como los abanderados con mejores notas que han pasado por esa escuela donde todos estamos siendo forzados a educarnos.
Vamos para la mierda, vamos.

Anuncios

2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Aqueos / Sep 11 2009 1:02 pm

    Interesante artículo, tal vez único en cuanto a lo que afirma.
    Recuerdo cómo lo maltrataron a Abreu, y pensé lo que en esta página se expresa…
    El fútbol hace mucho tiempo que dejó de ser un juego, un deporte, un espectáculo.
    Qué lastima.
    Saludos.
    Aqueos

  2. Roberto Giaccaglia / Sep 11 2009 5:36 pm

    El artículo tiene ya algún tiempo. Pero frente a lo que se dice hoy por hoy, por ejemplo, acerca de nuestra triste selección, se renueva solito. Se exigen “huevos”, que Messi, por caso, demuestre que es hombre pegando aunque sea una patada al rival. Suena terrible, pero es así.
    ¿Por qué no se exige “fútbol”, simplemente?
    Un abrazo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: