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junio 3, 2008 / Roberto Giaccaglia

Recuerdos entubados

Hace unos días murió un tal Fredric J. Baur, a los 89 años de edad. Tenía un último deseo, que se lo cremara y que sus cenizas fueran metidas en un tubo de papas fritas Pringles.
Mi madre adoraba las papas fritas Pringles, pero no era para tanto. Su amor llegaba hasta pelearse con mi viejo por ellas, lo cual después de todo es bastante amor. Nunca supe si era porque gastaba un montón de plata en esas papas o porque supuestamente las papas fritas hacen mal, pero la cuestión es que mi padre le recriminaba esa pulsión suya, así que por el tema siempre había conflictos. Son papas caras, se sabe, pero ahora que lo pienso mi viejo nunca fue un agarrado. Habrá sido por su salud nomás.
Si ella hubiera vivido lo suficiente como para saber que un tipo había elegido como reposo final el envase tubular de su alimento favorito, habría recortado la noticia y la habría guardado en su cartera, para leerla en momentos difíciles y cagarse de risa, o al menos para saber que no estaba sola en el mundo. Un momento difícil para ella podría haber sido aquél en el que no podía contar con sus Pringles, por ejemplo.
Me pregunto de qué sabor habrán sido las papas del tubo elegido por los familiares de Fredric. Y también quién se las habrá comido.
Mi madre prefería las de sabor original, no las “saborizadas”. Pero las Pringles son especiales, carecen de eso que se conoce como “sabor original”. Son papas fritas que exceden ampliamente el sabor de las papas fritas. Saben a otra cosa.
Y no es para menos. Son papas de fantasía, en serio. La máquina que las cocina es un desarrollo del autor de ciencia ficción Gene Wolfe. No sé de qué manera este escritor llegó a las industrias Procter & Gamble, en Cincinnati, donde se hacen las Pringles, o qué hacía ahí, pero la cuestión es que a partir de la idea de un alemán empleado de la fábrica, que inventó la manera de darle esa forma que tienen las Pringles, una concavidad hecha a presión desde una especie de puré, Wolfe aportó lo suyo para que el puré aplastado y curvo se cortara en láminas, se cociera en aceite caliente y se salara y eventualmente se condimentara en forma artificial.
Pero quizá nada de esto tenga la importancia que tiene el “packaging” de las Pringles, ese tubo de cartón con colores brillantes, con un interior plateado, inodoro, resistente, y esa tapa de plástico con el logo de la marca, el bigotudo y simpático Julius Pringles, amante en secreto, apuesto, de más de un compulsivo de las frituras y la sal.
Todo eso junto era el orgullo de Fredric J. Baur, el tipo que días a atrás pasó a morar oficial y definitivamente en uno de estos recipientes. Es que era su invento, un lugarcito cómodo para las mejores papas del mundo, donde no se mueven ni se rompen ni terminan hechas migas, como pasa en las bolsas, de la marca que sean. Cada Pringles que se coloca en el interior del tubo inventado por Baur sale con la misma forma e igual volumen antes de llegar a la boca del afortunado consumidor, haya recorrido el tubo la distancia que haya recorrido. Debe de ser pues un buen lugar para descansar. Y en todo caso más barato y menos solemne que esas horribles urnas funerarias.
Fredric era un químico orgánico que trabajaba para la industria alimenticia. Y en 1966 presentó la patente de su tubo contenedor de frituras. La fábrica Procter & Gamble la emplearía un par de años después para enlatar las primeras Pringles, exactamente en octubre de 1968.
A mí me gustan las de queso y creo que las de cebolla no están mal. Pero hace desde el fin de la convertibilidad que no pruebo una.
Creo que el último deseo de mi madre no habría sido ser enterrada en uno de esos tubos, pero apuesto que no le habrían molestado unas cuantas Pringles como última comida.

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4 comentarios

Dejar un comentario
  1. Anónimo / Jun 26 2009 10:51 pm

    love pringles love

  2. Anónimo / Jun 26 2009 10:52 pm

    amo esas papas ya no las puedo conseguir mas :(

  3. es TOP SECRET viste / Oct 31 2010 10:58 am

    jajajaja desde el fin de la convertibilidad, mira tnia 9 años y casi lloro cuando sacaron la convertibilidad xD, un año antes me habia hecho una coleccion de los tubos de pringles, las sabor pizza, ridges o algo asi, queso, jamon, cebolla, todos del tubo grande, me alegro de haber sido gordo y gloton en esa epoca aproveche muy bien la economia, si me bajaba las papas con ades ja

  4. Roberto Giaccaglia / Nov 1 2010 2:22 pm

    Con Ades me parece que pierden bastante su gracia, ¿no? Pero bueno, eras joven. Lo mejor para las Pringles sigue siendo la cerveza. Y no hace falta que sea importada.

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