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junio 16, 2008 / Roberto Giaccaglia

Homo stupidus

Sobre la televisión argentina y algunos hechos recientes

Además de abrumarse diariamente con el tire y afloje entre el campo y el Gobierno (la detención de De Angeli, la liberación de De Angeli, las proclamas de De Angeli, los cruces de De Angeli con los varios Fernández de la presidencia), la opinión pública argentina tuvo algo con lo que entretenerse, separar un rato ojos y oídos del eternizado conflicto: la muerte de Bernardo Neustadt y el ataque de esquizofrenia de Charly García. Ambas noticias tuvieron un abordaje fácil y sirvieron para distender un poco el panorama informativo nacional, condimentado de paso con varios asaltos que terminaron mal —fuera ahora de la agenda mediática las peleas entre estudiantes, le toca el turno a los asaltos que terminan mal.
Así es con la muerte y con la locura en los medios, no sirven para otra cosa, nos evaden de la responsabilidad de seguir pensando, de seguir preocupados, de tratar de hacer algo, de participar. Tarde o temprano, al conflicto agropecuario le sucederá lo mismo: nos cansará, será parte de nuestra simpática historia nacional, nada sacaremos en claro, hartos de ver y de escuchar al ruralista De Angeli y a los Fernández propinarse culpas mutuamente. Así, cambiaremos de canal y pasaremos a otra cosa, esperando quizá a un Felipe Pigna del futuro que dentro de unos cuantos años nos explique qué pasó, por qué, cómo es que tantos personajes se encolumnaron de un lado y del otro, cómo es que dinosaurios pro dictadura como Cecilia Pando y opositores que hace rato que esperan tener algo para decir, como Elisa Carrió, “apoyan” al campo, por un lado, y por el otro se juntan un montón de intelectuales y de artistas y de escritores jóvenes, las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas y el boxeador callejero Luis D’Elía en “apoyo” al Gobierno.
Tantas voces, tantas caras, tanta chatura y tanto más de lo mismo cansa. A la larga, esta supuesta información también nos evade de nuestras responsabilidades. Giovanni Sartori, autor de Homo Videns: La sociedad teledirigida (1997), lo dice así: “Corremos el riesgo de asfixiarnos en una exageración de la que nos defendemos con el rechazo; lo que nos deja entre la exageración y la nada. El exceso de bombardeo nos lleva a la atonía, a la anomia, al rechazo de la indigestión: y de este modo, todo termina, en concreto, en una nimiedad”.
Es mucha información: un exceso que, paradójicamente, conduce al rechazo de la misma información, pues al haber tanto de lo mismo se nos quita la capacidad racional de elegir. Habrá que esperar.
Alejandro Dolina dijo hace poco que el conflicto del campo se ha “sobredimensionado”. Al principio me chocaron esas palabras, pero no hay que creer que lo dijo como si el campo no mereciera atención. Son las palabras de alguien que entiende que el conflicto ha mutado de un reclamo a una fuente de donde beben y sacan fuerzas sectores que poco y nada tienen que ver con el campo. Ver a De Angeli hasta en la sopa tiene que ver con la cuestión, dijo Dolina. Y sí. Muchos de los que tienen sus pujas o rencores con el Gobierno se ven en el espejo y ven a De Angeli, están transformados. Dolina leyó a Sartori, claro, sabe que la sociedad puede teledirigirse: “Iyengar y Kinder distinguen entre el poder de los noticiarios televisivos para «dirigir la atención del público (agenda setting)» y el poder de «definir los criterios que informan la capacidad de enjuiciar (priming)» y para ambos casos concluyen que «las noticias televisivas influyen de un modo decisivo en las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales y las consideraciones según las cuales valoran a los dirigentes políticos»”.
Uno siente, como público, como persona informada, que está trabajando para ellos, opine lo que opine.
Pero, repito, por suerte tuvimos dos noticias con las cuales se nos entretuvo. La muerte de un famoso poco querido, y el ataque de locura de un famoso del que se dice quererlo.
De Bernardo Neustadt, hombre que se presumía periodista, que para mí siempre fue un viejo aburrido, un viejo que la única vez que me divirtió fue cuando la revista Caras lo fotografió con un huevo afuera, un hombre siempre viejo y siempre solo y siempre aburrido que mi padre miraba para después tener de qué hablar en el boliche, se habló mucho, demasiado, y siempre desde el lugar común, el reclamo de siempre y el chiste fácil, se mostró sus métodos propagandísticos en favor de quien estuviera gobernando, fueran dictadores o presidentes que regalaron empresas del Estado, sus agachadas, su amiguismo con el poder y cosas así. Nada nuevo. Todo es de un tiempo viejo. La práctica usual de hacer fuego de lo que ya es leña seca y arrinconada, como para calentar este invierno más frío que muchos de los que pasaron.
De Charly también se mostró más o menos lo mismo que se viene mostrando desde que al músico la música empezó a serle más esquiva que las cámaras de televisión, hambrientas no de música, sino de lo de siempre: escándalo, bajeza, hombres caídos, leña seca y arrinconada. No existe ni creo que debiera existir ninguna clase de instituto de moderación del morbo en los medios de comunicación o algo por el estilo, pero si tal organismo existiera se habría hecho el plato con todo lo que pasaron los noticieros y los programas de chimentos acerca del ataque de locura de Charly. El tipo con las manos atadas, desnutrido, gritando, acostado en una camilla, diciendo cualquier cosa, enfermo, deteriorado, su hijo pidiendo por él, etc. Y un montón de gente que no sabe de lo que habla opinando sobre el tema, haciéndose vagamente los compungidos.
La televisión nos acostumbró hace rato a estas cosas, pero igualmente nos sigue sorprendiendo, como nos sorprendió con la internación de Maradona tiempo atrás y la muerte de Jorge Guinzburg hace poco, otra muerte exprimida, otra vida que al venirse abajo o desaparecer daba que hablar y siempre sin el menor decoro o pudor o inteligencia.
El tratamiento de estas noticias, no muy relevante ninguna de ellas, porque la importancia de Neustadt hoy era mínima, insignificante, un dinosaurio más, polvo en el viento, y el ataque de Charly un hecho que no agrega ni quita nada a lo único que importa de él, su historia como músico, son un par de botones interesantes que muestran la clase de traje con que se viste nuestra televisión hoy en día: el de la estupidez, la facilidad, el morbo, el achatamiento, la simple y llana tarea de llenar de mierda el hueco en el que hemos caído, los mismos elementos y prácticas que nos llevan a no entender prácticamente nada de esta crisis que por momentos se parece demasiado a una pantalla sin señal, donde priman el ruido monocorde y ráfagas grises enturbiándolo todo.

Escultura de Horacio Dowbley
Homo Videns
2006

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Anónimo / Ene 13 2010 4:39 pm

    olaa..!

  2. ezz..! / Ene 13 2010 4:40 pm

    een kompu kon izz..!

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