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julio 23, 2008 / Roberto Giaccaglia

Clásicos metálicos. Slayer, South of Heaven

South of Heaven, Slayer, 36:45, 1988, Def Jam Recordings.

Tal vez sea cierto y no una mera excusa cristiana eso de que el infierno existe. Al menos convendría creer que es así para tener cómo explicarse ciertas cosas, esas que creemos imposibles de haber sido concebidas a partir de la simple imaginación humana. La divina comedia, por caso, o South of Heaven, cuarto disco de Slayer, que al igual que la mejor parte de la obra del Dante transcurre en el infierno, ese lugar sagrado donde debe de acudir tanta gente.

Me digo todo esto justo cuando estoy leyendo Dios no es bueno, último libro de Christopher Hitchens, ensayo que puede contagiar el ateísmo hasta al Papa, que tarde o temprano comentaré por aquí, y que sirve no sé si como fondo o como plato principal si lo que suena es South of Heaven. Es una combinación justa y exquisita, por lo contradictoria. El disco de Slayer nos dice que sí, que abajo de nosotros en este preciso momento hay almas derritiéndose, sangrando por toda la eternidad, dando alaridos, mientras que el libro de Hitchens nos dice que ni para la poesía es útil la idea del infierno, que fue una paparruchada desde el primer momento, una forma cruel de contener los impulsos terrenales.

En otra cosa que se diferencian el libro de Hitchens y el disco de Slayer es en la ideología. No quería entrar en este tema. Pero es inevitable: Hitchens es un hombre de izquierda. Slayer es un grupo que no. Es más, a Slayer se lo ha acusado de ser pro Nazi, cosa a la que ellos no dijeron ni que sí ni que no. Se los ha acusado de ser anti-abortistas, cosa a la que ellos no dijeron ni que sí ni que no. Se los ha acusado de ser los anticristos. Cosa que quizá sea cierta.

South of Heaven salió a la venta el 5 de julio de 1988, acaba de cumplir veinte años y no creo que la banda tenga en mente una edición especial conmemorando la fecha o algo por el estilo. Es que el mejor disco de Slayer es en realidad un disco odiado por Slayer y por la mayoría de sus fans (es cierto que vendió mucho en su momento, pero esto se debió más que nada al “efecto de arrastre” que produjo su disco anterior, Reign in Blood, que sí gustó mucho y sigue gustando) y por casi todos los críticos. Pero con los clásicos es así. Merecen tiempo.

Casi ninguna de las enormes canciones de South of Heaven forma parte del repertorio habitual del grupo. Sólo la propia “South of Heaven”, canción que da título al disco, ha permanecido como una especie de pequeña obligación a la hora de los bises, y ni siquiera, mientras que sólo tocan de tanto en tanto “Mandatory Suicide” y “Ghosts of War”, vaya uno a saber por qué, por compromiso hacia sí mismos quizá, porque tratan sobre una cuestión muy cara al “universo Slayer”: las guerras de exterminio. De las demás canciones del disco, ninguno de los miembros de la banda quiere saber nada. Es que South of Heaven fue una prueba, un camino tortuoso, la obra de un grupo que en su momento se arriesgó a ser otra cosa pero que no tardó en volver sobre sus pasos, asustado de sí mismo, de lo que podría lograr.

Se sabe, el camino al infierno está tapizado de buenas intenciones, y vaya si las hubo en South of Heaven: sorprender al público, darle otra cosa, mostrarle otra faceta, arruinarle la escucha, convencerlo de que el thrash metal no es mera velocidad, una batería gutural y cabelleras agitándose.

El thrash metal también puede ser puro riesgo y hasta un par de guitarras sin distorsión, abundancia de tiempos medios, solos cortos y punzantes, ráfagas hirientes, dolor en las encías, melodías notables, una voz desgarrada llevando adelante líneas vocales inspiradas y no meros gritos (uno de los guitarristas acusó al cantante de cantar “mucho” en este disco, con lo que quiso decir que, dejando un poco de lado la práctica habitual que venía sosteniendo, aquí el vocalista intentó en verdad cantar, algo que “avergonzó” al resto del grupo y a algunos fans. Es más, hasta puede decirse que el rap metal, género que ya estaba a la vuelta de la esquina, bien pudo inspirarse en alguna de las líneas vocales de este disco: por momentos el cantante y el ritmo de las canciones son una sola cosa, como si ambos, ritmo y voz, se apoyaran mutuamente, se empujaran, se dieran fuerzas, mientras que antes, simplemente, se limitaban a repelerse).
Pero Slayer no sólo demostró todo esto, que podía ser algo más que velocidad, que podía dirigirse sin guía hacia cierto lugar oscuro y lejano, por más terrible que pareciera, sino fundamentalmente que el thrash metal puede ser música y seguir sonando fiero, bien fiero, sin melodrama, sin ablandarse, sin lloriquear, sin dejar de apretar los dientes.

Pero no es tan fácil. Al menos es lo que demuestran tanto los temores del grupo como el pudor de adentrarse en terrenos donde no son llamados.

El disco representó la segunda colaboración entre la banda y el productor estrella Rick Rubin, patrón de muchos logros metálicos de los ochenta y uno de los responsables de esa ya entonces marca de fábrica que es el “sonido Slayer”, marca conseguida en el disco anterior, Reign in Blood, que como ya dije sí es uno de los preferidos (si no el favorito) de banda, crítica y público.

Pero South of Heaven es el mejor. No en otro disco se siente de verdad esa presencia oscura que la banda tanto luchó desde siempre por conseguir. Pero ya lo dije, cuando se va muy lejos, a veces uno se asusta, teme perderse, no regresar, o encontrar justamente eso que estuvo buscando.

Y como no es tan fácil seguir adelante, uno vuelve para atrás y sucede lo previsible: se vuelve conservador. Entonces en los discos que vienen el estilo del cantante vuelve a ser el que era, los guitarristas a pelearse entre sí, la batería a tocarse como se toca una batería en el thrash, y el público vuelve a alardear de sus cabelleras al viento, sin que importe nada más.

Slayer nació para demostrar que los demás grupos thrash eran unas señoritas, Metallica, Anthrax, Megadeth, por ejemplo, o sea los restantes integrantes de ese colectivo conocido como los “Big Four”, o sea lo más representativo y trascendente de la historia del género. Con ninguno de ellos quiso compararse Slayer y a todos en su momento los pasó por encima, digan lo que digan: nadie sonaba con tanta fiereza y convicción. Si cualquiera de los otros era una aplanadora en escena, Slayer se proponía ser un gigante que usa a las aplanadoras como juguetes o autitos de colección.

Pero no sólo eso. También fue un grupo que siempre se destacó por sus controversias. La muerte, el genocidio, la idea de Dios, sobre todo la idea de Dios, pero también la locura, el suicidio, el asesinato, la guerra y la idea del Diablo, sobre todo la idea del Diablo, fueron los tópicos preferidos y casi sobre lo único que hablan las canciones de Slayer, para que se enojen los sacerdotes de todas las religiones, los cristianos y los no cristianos. Slayer ha recibido demandas de varios, no importa a quiénes les recen los que han sabido esgrimir espadas morales contra ellos o intentar prohibirlos en tal o cual ciudad. Desde los Estados Unidos hasta en la India, donde una ley mandó a destruir copias de uno de sus discos, Slayer ha tenido sus problemas. ¿Qué sería si hubieran persistido en el camino que amagaron iniciar en South of Heaven? No lo sé, nadie lo sabe, pero me late que al menos habrían estado bien espoleados y cubiertos, alejados de los mortales tras esa puerta cuyo dintel dice: Por mí se va a la ciudad del llanto, por mí se va al eterno dolor, por mí se va hacia la raza condenada… ¡Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!

La banda se formó en 1981, en California, cuando el guitarrista Kerry King conoció a Jeff Hanneman. A ellos se les sumó el bajista Tom Araya (que estaba aprendiendo a cantar), de padres chilenos según creo y si es así otro orgullo para el alargado país, sumado al pisco y al curanto y a… bueno, no conozco mucho más de Chile. Luego apareció el baterista Dave Lombardo, el único miembro que fue y vino de la banda varias veces y, si me preguntan, uno de los mejores de su generación en su instrumento, ayudó como ningún otro a dar forma al género y hacer ver que la batería podía sonar por encima del ruido general como algo digno de mérito propio.

Se cuenta que dos periodistas musicales andaban por Estados Unidos con una apuesta en mente: encontrar la banda más pesada que se pudiera encontrar. El primero de ellos, que no pasó a la historia, descubrió a unos tal Metallica, y pensó que había ganado la apuesta. Pero el segundo periodista, que al parecer ya se había dado por vencido y había pagado lo que debía, una noche concurrió a un ignoto barzucho de Los Angeles, justo cuando estaba tocando Slayer. Después de recuperar la mandíbula, que se le había caído entre las mesas, llamó al otro periodista. Este le devolvió el dinero. Con el ánimo recobrado, el segundo periodista fundó un sello, Metal Blade Records, tal vez con la sola intención de convencer a ese grupo que le había hecho ganar la apuesta de que tenían que grabar un disco sí o sí. Al menos para que nadie saliera a decir barbaridades como que Metallica era lo más sorprendente y bestial que andaba por ahí.

La banda se financió a sí misma el primer disco, Show No Mercy (1983), porque se ve que al periodista ahora dueño de un sello la paga de la apuesta no le había alcanzado para mucho. El disco sólo causó sensación entre el resabio de muchachos que venían del semi difunto hardcore, todos un poco sordos a esa altura.
Luego vendría el EP Haunting the Chapel, apenitas más elaborado, quiero decir más audible.
Después de ello, la banda se embarca en un tour con Venom y Exodus, de donde sale un álbum en vivo: Live Undead. Fue el primer disco de Slayer que compré (en vinilo, por correo) y por no tener todavía un oído acostumbrado me sonó simplemente a ruido, una bola de estruendo inclasificable, público y músicos y gritos del más allá y acoples como si fueran una sola cosa (creo que en realidad sigo pensando lo mismo). Servía para diferenciarme de mis amigos, eso sí, o para alejarlos cuando se empezaban a poner pesados. Siempre pasa. En algún momento eso pasa. La mayoría de las veces es culpa del alcohol, pero creo que en esa época todavía no tomábamos. Cuando ocurría, cuando el ambiente se caldeaba, ponía Live Undead. Me quedaba solo, apagaba el equipo y me iba a dormir.
Luego, en 1985, Slayer editó Hell Awaits, las canciones se alargaron un poco, los guitarristas ya parecían tocar. Tal vez debería haber empezado por allí y después comprar Live Undead, pero qué sabía yo entonces.
En 1986 llegó Reign in Blood, el preferido de la mayoría. Slayer abandona el sello que lo vio nacer y firma con Def Jam Records, un sello que por entonces editaba más que nada rap. Por fin, de una buena vez por todas, los instrumentos se diferencian, o al menos toman mayor claridad. Hay más dinero y experiencia, el productor sabe lo que hace, pero sin embargo, en vez de aprovechar todo esto, Slayer, que todavía hacía lo contrario de lo que se esperaba de ellos, graba canciones más rápidas, más cortas, más parecidas al hardcore que a otra cosa. Y el disco se convierte en su primer éxito, lo que no es una sorpresa menor. (Do only what is expected of me/With no emotions my feelings suppressed/Blind obedience carries me through it all/Conscience a word I learned to forget… cantarían en “Behind The Crooked Cross”, una de las mejores canciones de South of Heaven y una de las mejores de toda la década del ochenta, que por estos días se me ha pegado creo yo demasiado. A propósito: creo que nunca la tocaron en vivo… los malditos.)

En el medio, es decir entre ese éxito tan querido que fue Reign in Blood, y el éxito que vendría, South of Heaven, poco querido, Slayer graba una canción extraña, extraña para ellos: “In-A-Gadda-Da-Vida”, de Iron Butterfly. La versión es sorprendente, extraordinaria, palabras que harían, de escucharlas ellos, que me empalaran con alguna de sus guitarras. De hecho, King dijo que la versión que hicieron es una reverenda mierda o algo así —desconozco la correcta traducción al inglés. Hanneman, el otro guitarrista (ambos son rivales tácitos entre sí), se conformó con decir que la versión de esa canción no es más que una pobrísima muestra de Slayer. Y bueno, después de todo es una locura que semejante banda se descoloque con semejante canción, más propia de rockeros finos que de la banda más sucia del planeta. Pero así son las cosas. La grabaron para la película Less Than Zero, otra locura. Y algo más: fue la canción tocada por Slayer que más se pasó por la radio. O tal vez la única.

Y pronto vendría lo mejor: South of Heaven (1988), y que ellos digan lo que digan.

Habría más discos de Slayer, uno muy bueno incluso, el siguiente, Seasons in the Abyss (1990), mi tercera adquisición de ellos, pero, como clásico, me detengo en South of Heaven, el más especial, mortífero, terrible, agónico y maldito de cuantos grabaron.

Vi de improviso aparecer tres furias infernales, tintas en sangre… escribe el Dante paseando por uno de los círculos del infierno, el quinto, triste abismo donde toda esperanza está perdida y donde no cualquier espíritu se animaría a poner un solo pie. El poeta dice que las furias se desgarraban, se golpeaban, daban fuertes gritos, que eran feroces, horribles y que por cabellos llevaban serpientes pequeñas, tan enfurecidas como ellas y que tuvo miedo, mucho. Eran las diosas de la venganza, hijas de la noche y del propio infierno.
Hace veinte años aparecieron furias semejantes, pero no eran diosas de la venganza, sino meros trabajadores, y no eran tres, sino cuatro. Creo que la diferencia termina allí. Luego corrieron hacia arriba de nuevo, pensando tal vez que ya era demasiado. Allá abajo ya habían hecho lo suyo, lo más que pudieron, y ahora, simplemente, volvían a mezclarse entre los humanos, su público de siempre.

9 comentarios

Dejar un comentario
  1. joseph / Jun 13 2009 11:48 pm

    cual pisco oe reconxatumadre , acaso el pisco es chileno ? lo unico q chile tiene es arena solo eso pobre y tristes babosasos copiones . x cierto buen review de ste disco de slayer .

  2. Roberto Giaccaglia / Jun 14 2009 8:25 pm

    Bien, bien, algunos dicen que el pisco es peruano, es más: así se llama una ciudad del centro-sur del país, capital de la Provincia de Piscopero, ¿no? Pero ciertamente la fama de la bebida, con todo perdón, viene de Chile. A propósito, nunca probé el pisco peruano, pero sí el chileno. Qué se le va hacer.

  3. Peter / May 22 2010 3:11 pm

    muy buen review amigo, es interesante pensar donde hubieran llegado si hubieran seguido por la direccion de South…de todos modos a mi me gusta el Slayer rapido, bien al palo. Por cierto el pisco es una mierda asi que a quien carajos le importa donde inventaron ese veneno

  4. Roberto Giaccaglia / May 22 2010 7:59 pm

    Ojalá hubieran seguido por la dirección de South… pero en fin, no me voy andar metiendo en los gustos de estos muchachos.
    El pisco solo tiene sabor a poco, es cierto, a lo mejor de hecho es un veneno, pero el pisco sour no está nada mal. Creo que en Perú tienen todo un ministerio alrededor de ese trago, no sé si tomándolo todo el tiempo… je, o trabajando para promocionarlo…
    Saludos.

  5. ronnie / Nov 3 2010 5:50 pm

    Primero: A quien putas le importa el pizco y toda esa mierda si lo que interesa es Slayer, yo me quedo con Reign in Blood, ese disco es la escencia de Slayer una cancion lenta no es para metalero solo es una valada aunque no hable de amor sino solo de aburrimiento no hay solos facinantes ni letras que cabalguen con el ritmo una cancion lenta es una vieja en un Ferrari

  6. Caturrock / Jun 1 2011 10:41 pm

    Da los mismo lo del Pisco, lo cierto es que Tom Araya es chileno, pues nació y vivió con sus padres en Viña del Mar hasta los 5 años, luego emigraron a yankilandia. Ahora, con motivo de su cuarta visita al país, lo declararon Hijo Illustre de Viña del Mar y me estoy preparando para verlos este viernes en la ciudad natal de Tom Araya, ya que tocarán en el Polideportivo. Por cierto, soy chileno, de Valparaíso, ciudad vecina a Viña y reventaremos ese gimnasio. Ojalá toquen varios temas del South of Heaven, porque también creo que es el mejor álbum de Slayer (y espero que no toquen nada del Diabolus in Musica ni del God Hates us All, unas auténticas mierdas, sobre todo el insufrible Diabolus in Musica, donde Aaraya simpelemente dejó de cantar y se puso a chillar como barraco).

  7. El empalador de emos / Abr 9 2012 4:31 pm

    Pocos discos, realmente muy escasos, se han hecho con la factura del corazón como South Of Heaven, Leprosy (Death), Sons Of Norther Darkness (Immortal), The Ethereal Mirror (Cathedral) y otros que quizá olvide. El resto se producen en masa como los artilugios que hay que conseguir en esta etapa consumista día a día.

  8. Julen / Ago 12 2012 7:18 am

    No digas tonterías anda, a Slayer se los acusó de ser nazis en su día especialmente por el “Angel of death” y ellos mismos dijeron que no son para nada nazis, no dicen nada tipo “viva la raza aria o viva el tercer Reich”. Puede que en los 80 no dijeran ni que si ni que no (cosa que dudo, pero bueno), pero eso seria puro marketing: “unos jóvenes triunfan con una musíca que nadie antes hizo y acojona por su sonido, vamos a venderles de satánicos y nazis”,vamos lo que sería vender un producto como Dover pero con greñas y más oscuros.
    Una banda de su peso no aguanta tantos años diciendo que pueden ser nazis, ellos yablo desmintieron.

  9. Augusto Iturre / Ene 24 2013 8:21 pm

    slayer lo dije antes lo digo ahora en materia de hevi metal (hablando de pesados) es la mejor banda del mundo sencillamente, puede que existan otras tantas que tengan argumentos musicales suficientes para ser llamados genios (iron maiden, judas priest, dream theather, por ejemplo) pero carecen de esa agresividad y furia que caracterizan a slayer. habra otros tambien que tengan ese espíritu negro de destrucción y ferocidad que tiene slayer, pero no tienen su anima y por mucho que la persigan pero no la tendran. slayer es unica en su clase. south of heven es un perla sin duda al igual que raining blood pero no creo que el resto de las obras sean tampoco meritorias de descalificacion en exeso god heath us all es la velocidad y ferocidad del thrash con la contundencias del hard core y eso tambien es digno de admirar. muy buena nota por cierto.

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