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julio 26, 2008 / Roberto Giaccaglia

Un blog como la gente

Todos gronchos: todosgronchos.blogspot.com


Todos gronchos, que se presenta en sociedad como una “asociación civil sin fines de locro”, es un blog de crítica política y de crítica social, irreverente, sarcástico, sin pudores de ningún tipo ni bondad alguna, mal hablado, inteligentemente mal hablado, corrosivo, por momentos pedante y por momentos demasiado irreverente, sarcástico y corrosivo, trata de “perra” a la Presidenta sin empacho, no deja títere con cabeza y todo el tiempo parece tener muy en claro de qué está hablando y cuál es la forma correcta de decirlo, sobre todo esto último.
Es tan certero que hasta parece ser escrito desde alguno de los riñones del poder oficial, que no sé cuántos tiene a esta altura del partido.
Es más, tal vez el que se esconda tras esa bolsa de papel madera con ojitos sea alguno de los Fernández, el recientemente renunciado, por ejemplo, o sea un ministro o ex ministro puesto a hacer catarsis desde un blog, para desquitarse de lo que le hacen, o de lo que le hacen hacer, y que los demás, los votantes traicionados, los votantes desilusionados, que con algo tienen que desquitarse, se caguen de risa.
Bueno, no todos, porque el blog, así como sus adoradores, tiene sus detractores, que practican entre sí peleas de todo tipo, siempre ancladas en alguna de las punzantes notas que publica el Groncho, o sea el tipo que se esconde tras la bolsita de papel madera donde debería ir la foto del autor del blog. El perfil es incuestionable: dice estar al pedo en la vida y que su blog lo hacen él mismo, Mr. Groncho, y “los testigos de la decadencia que postean sus comentarios”. Y comentarios hay a patadas, como mínimo unos doscientos (200) por post.

Pero Todos gronchos es más que eso. Es la puesta en alza de una estética bastardeada, esa que creíamos propia de la década pasada, la maldita, pero que si miramos bien hoy está más presente que nunca, solapada y con otros ropajes eso sí.
El Groncho pone en evidencia la falta de clase —o de elegancia, mejor decir, porque después de todo este es un blog clasista (clasista y combativo)— de las carteras Louis Vuitton, los relojes Cartier, las toallas de lino egipcio, los autos Mini Cooper, todo lo cual, sin el velo que el Groncho les quita con altivez, pasan a tener la finura de un vino Resero con soda en un vaso de vidrio grueso, y de ser posible a colores.

Por lo general, palabras como “grasa”, “mersa”, o “groncho”, que es la mejor, se han usado contra el pobre y el desposeído (los otrora “cabecitas”, designación gorila). Es decir, son palabras o adjetivos que han bajado con violencia retórica desde ciertos sectores sociales (encumbrados por prosapia o herencia, es decir sin mérito alguno, o porque el lugarcito “les vino de golpe”, como dice el Groncho) hacia las clases bajas, las que hasta la aparición de este Groncho oculto carecían de posibilidad de defensa.
El Groncho se transforma en un abanderado, en el portavoz de miles de palabras atrapadas en gargantas ninguneadas por el poder mediático, que no hace más que negrearlos, o sea usarlos, exprimirlos. Haciendo uso de un poder dialéctico que ya querrían para sí muchos burgueses ignorantes, el Groncho les enrostra esas palabritas a los poderosos en la jeta. Y lo bien que hace. Porque el Groncho sabe: en realidad, los grasa son los otros, los de trajecito y peinado emo y micrófono en mano, un micrófono largo, encima, que babean y ríen acompañando risas de ocasión mientras el culo recién hecho de la última modelo se franelea contra un caño bien dispuesto.

Si Evita viviera, ¿sería bloguera?

Al blog Todos gronchos no lo lee gente como uno. En parte porque la gente como uno lee la revista Caras, o Gente (ojo, también Noticias y el diario Perfil), pero sobre todo porque la gente como uno es aburrida, insulsa, puro gesto y alardeo y suele pasar de largo de los asuntos inteligentes, como este blog mersa que chorrea grasa por todos lados y que es pura felicidad, mordacidad e inteligencia. Es el agarrate catalina de los poderosos, de los mediáticos, de los encumbrados.
En la grasa que destila el blog hay muchos que se cuecen a fuego vivo.

¿Y quién lo lee entonces al blog Todos gronchos?
Gente que simplemente se quiere cagar de risa, o, mejor dicho, que opta por cagarse de risa en vez de amargarse o hacerse mala sangre por el gobierno que tenemos y los personajes que lo circundan, todos gronchos. Peronistas somos todos, me cago en Satanás, dice el Groncho que se encarga de escribir el blog al final de una de sus notas, una que traza un dibujo a mano alzada pero no menos preciso del peronista pasado, del peronista presente y del peronista futuro, los que vivaban a Perón, los que no mencionan a Isabel, los que vivan a Kirchner hoy, los que vivarán quién sabe qué engendro mersa mañana.
El Groncho escribe desde la vulgaridad y desde el mal gusto, elevando a la vulgaridad y al mal gusto a una cuestión no estética, sino moral, una elección que le permite desde ahí dar por tierra con todo aquel que pretenda distinguirse por ostentar lo contrario, que por intentarlo queda más groncho que el propio autor del blog.

¿Será el Groncho un tipo íntegro, confiable, y no meramente un gracioso o un cobarde que tira pedradas detrás de una bolsa de cartón? No lo sé, y no sé si importa. Vaya uno a saber si después de todo se necesita algo como “altura moral” para criticar como critica él o llamar “perra” a la Presidenta —la “altura moral” no deja de ser una pretensión burguesa, o al menos de clase mediática. Lo único que sé es que al menos no es un gracioso de cuarta. Repito, sabe de lo que habla y cómo decirlo, mejor que nadie. Todos gronchos es un blog que desacredita a la monada intelectual y que de paso se le ríe en la cara al progresismo bien pensante, ese que se permite armar y desarmar a diario la vida cotidiana de la Argentina y las pretensiones de quienes viven en ella. Todos gronchos es un blog que se lee tomando champán y masticando pizza, mofándose de toda pretensión, pasándole un trapo a cosas como el menemismo, el tinellismo, el kirchnerismo, el feinmannismo y el luisdelismo, que brillan por sí solos de tan grasientos.

Pero ojo, no sólo a esa clase de política y de visión del mundo les pasa un trapo el Groncho, sino también a quienes lo ven como mersa a él, sobre todo a estos últimos: a los que se creen superiores y no paran de fallar con algún manual ético o intelectual en la mano.
Todos gronchos es una especie de parodia al revés, que funciona de rebote, con un impulso renovado. Y son varios los muñecos que voltea, los que vienen vestidos con las mejores galas o que hacen gala de lo peor de cada uno. Es fácil imaginarse a seres como Marcelo Tinelli, Guillermo Cherasny, José Alberto Samid, Mauricio Macri, Baby Etchecopar, Luis D’Elía y Doña Rosa tocados por el amor groncho y bajados a choripán limpio de sus pedestales. Más soberbio el personaje, más fuerte el piedrazo. En algún lado, grasa, seguramente, leí eso.

Todos gronchos es un blog que describe al argentino promedio, por parecerse o por querer no parecerse, es lo mismo, todos terminamos en la misma bolsa, una bolsa mersa, cumbiera, una bolsa de viejita. El Groncho lo dice así: “El groncherío garca, paradójicamente, tiene el mismo nivel cívico que el Groncho CC. No sabe/No contesta; no vota, no opina. Saben que nada que se defina políticamente podrá afectarlos y nadie los representará mejor que ellos mismos en las cosas que les interesan. Sin embargo tiene una especial predilección por ayudar o participar de organizaciones que dicen ayudar a pobres específicos: con alguna rara enfermedad, a un pibe de la Villa 21 que toca el violín o a entidades que combinen solidaridad con una buena estética”.
Antes era el menemismo lo que distinguía a unos y a otros, según se encontraran en un lado o el otro, ahora es el kirchnerismo, dos cosas muy parecidas que apelan a lo mismo, fantochadas. Por eso los héroes del blog son Perón y la patria sindical. Las dotes del Groncho son la superficialidad y la incultura, pero las revuelca con estilo, haciendo sublime las faltas de mérito, volviendo a la grasitud un elogio. Peter Capusotto, el rockero peronista, hace algo muy parecido desde la televisión. Encima en un canal estatal.

Hay una cuestión de clase de por medio. Ya dije que el blog es clasista, pero ahora con lo de “clase” quiero significar otra cosa: lo de clase esta vez pasa por dos tipos de hombres: los que se pueden reír de sí mismos y los que no. No importa si uno es un burgués tipo Macri, o un trabajador redimido tipo Moyano, el patrón de los camiones. Sea uno funcionario, académico, periodista, conductor televisivo o escritor se puede encontrar parodiado en Todos gronchos.

Blogs de crítica social o de crítica política hay muchos, pero ninguno como este.
Es que Todos gronchos carece de las sonrisas cancheras y de la pose finoli de trajes y anteojos negros que caracteriza a pavotes tipo Pergolini, la gente cool, o sea cosas de las que desgraciadamente se contagian montones de blogs, que hablan sin gracia y con la vista opacada por tener los Ray-Ban sucios, viste.
Todos gronchos no hace periodismo de ningún tipo, ni tampoco moralismo, que es más o menos lo mismo. No denuncia, no botonea, se caga de risa, nada más: Tinelli vale lo que un Pergolini y un Pergolini no vale nada, porque el Groncho entiende cuál es la posta: la mersada está en esos tipejos que lloran y ríen cuando les conviene, cuando el humor social se los señala. Es en cosas así donde se demuestra la vulgaridad, en esa clase de éxito comprado a la decadencia, un éxito cheto, que se aprovecha del que menos tiene, del que menos desea, del que menos sabe, del que menos mira.

Todos gronchos es un conglomerado de descaros varios, políticos, culturales, sociales, hasta económicos y por qué no antropológicos: su análisis se da solo, por la risa, como debe ser.
Todos gronchos tiene un poder que sólo la risa inteligente puede ofrecer: detiene la imagen de esta realidad fugaz y nos permite verla en profundidad, declama de rebote, sin querer. El humor inteligente opera así, hace que uno levante la vista, deje de reírse y empiece a pensar.

Muchas de las notas están escritas a base de clichés, claro (como el retrato que el Groncho hace de la clase media: “Adhiere fervientemente a la visión antropológica de cultura. Por eso se jacta de contestar más de la mitad de las preguntas de Susana Giménez en el Imbatible, o saber la delantera de River del 75. Cualquier intento de excelencia es atacado bajo la condena de aburrido, inútil y sin sentido. Cree que El Principito es una joya de la literatura universal y Juan Salvador Gaviota está a la altura de Por quién doblan las campanas”), pero no cualquier cliché. Son clichés grasosos, sí, pero con conciencia de clase: y chorrean, sí, pero salpican donde deben, no como los de los otros, que ensucian para que no veamos.

Lo que no sé es de dónde saca esas fotos maravillosas, sagaces y oportunas que tan bien ilustran sus notas y sirven como vital ejemplo del variopinto gronchaje argento. Digo, por más que un “aviso legal” nos informe que “Salvo que se indique lo contrario, todas las fotos, todas las ideas, todos los textos con entrecomillado, como los que no están entrecomillados son, o pueden ser, choreados de internet, libros, folletines y conversaciones”, el asunto no queda muy claro. Es que el diseño del sitio, sus adornos, por decirlo así, merece varios párrafos aparte, que no me voy a poner a escribir aquí porque alabar demasiado es medio grasa.

Una cosa más: un blog con un lema como “Cuando la conciencia es un estado antikirchnerista” merece todo nuestro respeto. La web es un campo de batalla, es.

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Todos Gronchos / Dic 17 2009 3:13 am

    Roberto, recién descubro tu comentario. Ni mi mamá me ha dicho cosas tan lindas en toda mi puta vida. Gracias, gracias, gracias. Me lo llevo de recuerdo y para mostrárselo a mi mujer cuando me trate de parásito juntahongos de la vida.

  2. Roberto Giaccaglia / Dic 17 2009 3:42 pm

    Faltaba más, Mr. Groncho. Y lleve tranquilo, un placer tenerlo por aquí.

  3. Solid Cupper / Jul 27 2011 7:51 pm

    Roberto, creo que sobran las palabras para agradecer tantos comentarios inteligentes como el que pusiste acerca de Mr. Groncho. Todos gronchos y todos chorros son lo mejor que le ha pasado a la web aquí en Argentina. Nos pone elegantemente ante un espejo raramente inconseguible que es el de la verdad para saber si somo realmente grasas o no, y si es que lo somos saber en que grado de grasitud nos encontramos. lejos, junto a Todos chorros, lo mejor que le ha pasado a le web. Y conste que fui comunista. y ahora de centroizquierda

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