Skip to content
agosto 6, 2008 / Roberto Giaccaglia

Páginas de gloria

Flogging a Dead Horse, Sex Pistols, 48:02, 1980, Virgin Records.

A Gloria Guerrero, periodista musical de amplia carrera que yo leía en la revista Humor, no le gustó Instinct, el disco de Iggy Pop, uno de los primeros que compré —lo compré en cassette en realidad—, un disco para mí definitivo, que me dio vuelta como un guante y cuyos efectos perduran aún en algún sector de mi páncreas, por lo que sé que de eso no me voy a morir.
No recuerdo qué tenía en la tapa ese número de Humor, pero sí que lo leí en casa de un amigo, a la siesta, huyendo de las obligaciones del colegio secundario. Yo ya era un lector consumado de la revista y no hacía falta que me la prestaran, yo mismo la vendía en el kiosko de mi viejo, pero la revista estaba bajo el televisor, en el soporte donde debía estar la videocasetera, así que la agarré para ojearla un rato. Me reí hasta llegar a las páginas de la Guerrero. Ahí la comisura de mis labios tornó hacia abajo.
Igual, la crítica de la Gloria fue reveladora, como toda buena crítica termina siendo. Gracias a ella me enteré de algo fundamental.
La Gloria decía que en el disco de Iggy tocaba la guitarra un tal Steve Jones, el nombre no me sonaba de ningún lado. La Gloria decía que el tal Steve todavía no había aprendido a tocar la guitarra, a pesar de los años que llevaba intentándolo. Ah, pero ese viejo sentimiento, terminaba la Gloria, sarcástica, haciéndome notar que tras la supuesta pasión desplegada, el Jones este ocultaba sus falencias como músico. La desprecié a la Gloria, ¿cómo iba a decir eso de ese fantástico cassette que me esperaba en casa para que lo escuchara por enésima vez? Qué sabía, esa teñida.
Pero, repito, la Gloria había escrito algo fundamental: dos palabras: Steve Jones. Ya había leído ese apellido en los créditos de las canciones de Iggy, pero no sabía de quién se trataba ni qué historia tenía atrás, por lo que no le había prestado mayor atención.
Cuando volví a la ciudad donde compré el disco de Iggy, San Francisco, pedí en la disquería algo de los Sex Pistols: me había enterado no recuerdo cómo que ese tipo cuya guitarra me encantaba, Steve Jones, y que la Gloria despreciaba, había tocado ahí.
La tapa del cassette que el vendedor extrajo de no sé dónde, posiblemente acabara de materializarse sólo para mí, era realmente fea, pero el nombre del disco me resultó simpático: Castigando un caballo muerto. ¿A quién se le podía ocurrir semejante cosa? Tiempo después, un amigo me diría que la versión en vinilo de Castigando un caballo muerto tenía algo en la contratapa de lo que yo recién entonces me enteraría: un disco de oro con un sorete encima. Muy bien, eso era como decir nosotros los Sex Pistols nos cagamos en la popularidad, el éxito y cosas como esas, que no le hacen bien al rock. Pero la ilusión duraría poco, porque con los años un buen día los Pistols volvieron y consumaron la estafa que venían prometiendo medio en broma y bastante en serio desde que nacieron como grupo.
El cassette que yo me había comprado en parte lo presagiaba: los Sex Pistols no eran más que una ilusión, pero había que mirar muy bien para darse cuenta. Para mí, simplemente, se trataba de un paso más en mi definición del rock como algo marginal, y eso era fantástico. Pero lo cierto es que cuando el disco Castigando un caballo muerto salió a la venta, los Sex Pistols consistían en un manager y un diseñador, un par de tipos visionarios, de la clase que no suele tomarse las cosas muy en serio a no ser que reporten algo de dinero. O sea, gente de confianza: Malcolm McLaren y Jamie Reid. Al parecer, la tapa del disco, más famosa que la colección de canciones contenida, fue una parodia hacia la compañía, Virgin Records, una parodia que intentaba de alguna manera hacer que el disco se vendiera menos, total la colección de canciones no estaba haciendo otra cosa que cumplir con un contrato que los músicos, por llamarlos de alguna manera, no podían cumplir de otra forma, ya que el grupo se había terminado hacía rato, si es que, en realidad, alguna vez existió.
Pero tampoco es que esas canciones no merecieran escucharse (canciones que van del punk hasta el rockabilly, pasando por el rock de garage, el vodevil y el power pop seminal), sólo que ya venían circulando desde hacía rato en otros formatos, principalmente como singles, cosa que los Pistols sacaron a montones, exprimiendo al máximo el único disco que grabaron, Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols —tal vez y sin quererlo en absoluto el mejor disco de rock de todos los tiempos, al menos del rock entendido como lo entendían los Pistols—, y el recopilatorio Great Rock ‘n’ Roll Swindle, que salió a propósito de la película del mismo nombre.
De Castigando un caballo muerto participan varios cantantes, si es que la palabra no ofende a nadie. Está Johnny “Rotten” Lydon, por supuesto, quien se encarga de la mayoría de las canciones, las consideradas “éxitos”, las más conocidas, los himnos que pedían anarquía en el Reino Unido y que Dios salvara a la reina, un poco en broma. Hay una canción, muy bien llamada “No One is Innocent”, cantada por el ladrón de trenes Ronnie Biggs, quien grabó de incógnito, por obvias razones: cuando los Pistols lo invitaron a grabar, principios del 78, Biggs se encontraba prófugo de la justicia británica, que lo había encarcelado en el 63 por el robo de dos millones y medio de libras a un tren del correo. Biggs escapó de la cárcel en el 65, se refugió en Brasil y desde allí, merced a que los cariocas, gente alegre, denegaron su extradición, burló varios años a los policías de la reina —Phil Collins personificó a Buster Edwards, uno de los camaradas de Biggs en el robo del tren, en la película Buster, de 1988. Hay canciones cantadas por Sid Vicious, tres, canciones que demuestran que Sid no sólo podía destruir el concepto de música con su bajo, sino también con su voz. Hay una cantada por varios tipos a la vez, un mejunje en el que ninguno se destaca: los “cantantes” habían ido a una audición para ser la nueva voz de la banda, porque Rotten, en el 78, había decidido haber tenido bastante de los Pistols, y se los convidó a que intentaran todos juntos “Great Rock ‘N’ Roll Swindle”, canción que cierra el disco. Y, finalmente, pero no al último, hay una cantada por el baterista, Paul Cook, “Silly Thing”, mi preferida, la más emocionante de todo el disco, la que ponía una y otra vez y la culpable de que el cassette se me echara a perder de tanto rebobinarlo. Paul Cook no tocaba la batería muy bien que digamos, era tan cuadrado y monótono como el resto de sus compañeros, y cantando tampoco era un desecho de virtudes, sino todo lo contrario, pero la canción lograba emocionarme como ninguna otra, a lo mejor por las razones que acabo de dar: es una canción hecha a las patadas, como pudieron, enternece, es, supongo, como ver a tu hijo tocar con sus amigos en el garage de tu casa. Fue el propio Cook quien la compuso, junto a Jones, el guitarrista que según la Gloria no había aprendido a tocar pero a quien le bastaba el sentimiento puesto en su instrumento para justificarse. Bueno, el sentimiento que yo encuentro en “Silly Thing” basta y sobra para justificar el disco entero, o al menos para garantizar un buen rato, lo único que quizá importe si se habla de los Sex Pistols.
Pero de Castigando un caballo muerto nadie se acuerda de “Silly Thing” y ni siquiera de la versión amorfa y poco vergonzosa del éxito de Paul Anka, “My Way”, que hace Sid Vicious, sino de la tapa, o sea de esa chica poco grácil y sin embargo con ánimo de seducirnos que sostiene un helado en lo que parece el recorte de una película de secundaria subida de tono, ambientada en los cincuenta o en los sesenta. Es más, creo que Castigando un caballo muerto es eso, su tapa.
Fue Jamie Reid quien tuvo la idea de la tapa, un artista británico y anarquista, que al día de hoy todavía expone sus trabajos. No sé de qué manera conoció a Malcolm McLaren, manager y casi el inventor de los Sex Pistols, pero su contribución al grupo le valió a la historia del punk casi tanta relevancia como el cuarteto de Rotten, Jones, Cook y Matloc.
Reid es el “creador” de esa tipografía distintiva para el punk, la de las letras caprichosamente recortadas y seleccionadas y mal pegadas sobre un papel cualquiera, o sea una tipografía que remeda a las notas de pedido de rescate usadas en un secuestro. De alguna manera, muy tempranamente, el trabajo de Reid nos avisaba de qué iba el asunto de los Sex Pistols: robarnos. Pero quien avisa no traiciona, así que todos comprábamos gustosos.
Originalmente, ya que estamos, Reid había tenido una idea distinta para la tapa de Castigando un caballo muerto. Bueno, en realidad había tenido la misma idea de siempre: esas letras de diferente tipografía montadas sobre un papel, o sea lo que ya había usado para Never Mind the Bollocks y Great Rock ‘n’ Roll Swindle. Reid había tenido una idea original y quería perseverar en ella. Después de todo, desde su idea, la palabra “punk” no podía ni puede escribirse de otra forma. Pero la compañía rechazó la tapa propuesta por Reid, un poco harta del recurso. Así que, apurado por los plazos cortos que tenía, Reid caminó hasta la agencia de modelos más barata que conocía, eligió a una muchacha cualquiera, la vistió con ropas que muchos años atrás hubiesen sido sexies, le puso un helado en la mano y la fotografió. Luego, con Letraset, esas divertidas calcos que tan bien decoraban nuestros cuadernos en la primaria, y con las que rotulábamos todo lo que encontrábamos, puso el nombre del grupo y el nombre del disco, que no sé a quién se le habrá ocurrido —tal vez a Malcolm McLaren, a quien se le ocurrían todos los nombres, como el de Sex Pistols, por ejemplo—, y listo, una nueva estafa proveniente de la pobre usina de los Sex Pistols estaba lista para salir al mercado.
Y yo la compré varios años después y me encantó. Literalmente.

2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Santiago / Ago 11 2008 4:19 pm

    Curioso…yo me lei el libro de la Guerrero y me pareció un espanto(cuando joven)…no lo volvi a leer, lo que indica que de joven no estaba tan equivocado…”Silly Thing”… el mejor de los Pistols, lejos…no sabia lo de Cook…mira vos..esa voz nasal…bien, extraño…coincidimos en dos cosas…aversión a Guerrero, amor a Silly Thing…bueh…habría que brindar…¡no?

    Santiago

    Pd: lo del post anterior necesito tiempo para una buena respuesta…no me da para tan rápido…ja

  2. Roberto / Ago 13 2008 3:00 pm

    ¡Salud amigo! Como decía la publicidad, siempre hay un motivo glorioso para brindar. (En realidad decía “un motivo REAL”, pero WordPress no me deja mencionar marcas.)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: