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octubre 23, 2008 / Roberto Giaccaglia

La balada (funky) de Peter Pan

All U Need Is Mosh, Plastilina Mosh, 48:36, 2008, Nacional Records.

Quizá haya grupos que deberían durar dos o tres discos, nada más. Aunque sea para mantener la ilusión. El rock es en buena medida eso, ilusión. Cuando lo deja de ser, es mejor dedicarse a otra cosa, o vivir de las regalías de esos dos o tres discos, si es que se vendió lo suficiente.
Los grupos que merecen durar dos o tres discos suelen ser los mejores, entiéndase bien. O por lo menos son los preferidos de quienes gustan de experiencias significativas, los que uno escucha y escuchará siempre, los que marcan senderos que no todos se animan a seguir, los que parecen a punto de explotar, los que en los primeros intentos lo ofrecen todo. Los demás grupos, sencillamente, se dedican a madurar, a volverse mejores, a profesionalizarse. Pero no a todos los grupos les queda bien esto, hacerse grandes. Para algunos es mejor limitarse a cierto amateurismo, que en ellos no querrá decir otra cosa que lo que señalé al principio, mantener la ilusión. Y durar dos o tres discos.

A veces, a los grupos de dos o tres discos, se los conoce como grupos menores, bandas sin mayor relevancia, pequeños intentos, un tanto fallidos, a los que sólo redime el tiempo, conjuntos a los que sólo los mantiene en la memoria un limitado número de oyentes fieles. Pero hay un nombre mejor para ellos: grupos de culto. Debe de haber pocos elogios tan distinguidos como ser catalogado alguna vez como grupo de culto. Pero para lograr eso, entre otras cualidades, hay que saber parar a tiempo, consumirse en un fogonazo en vez de ir perdiendo el fuego de a poco.
Los Brujos, por caso, fue un grupo que supo parar a tiempo. Sólo sacaron tres discos y hasta es posible que les haya sobrado uno, el último, Guerra de nervios (1995). Sus recitales eran algo único, irrepetible, sus canciones también, su desparpajo, su osadía. Eran pura ilusión, despertaban eso, algo por venir que nunca se materializaría, creaban esperanzas, dicha. Sé que hay un movimiento en alza que pide por su retorno, http://quevuelvanlosbrujos.blogspot.com/. Ojalá no se concrete. Serían una caricatura de sí mismos. Llegaron hasta donde pudieron y se dieron cuenta, eso es loable, meritorio.

Hay casos, por el contrario, lastimosos.
Illya Kuryaki and the Valderramas es uno de estos casos. Tal vez los muchachos —después de esos gloriosos intentos fallidos, los discos Fabrico cuero (1991) y Horno para calentar los mares (1993), grabados cuando todavía se llevaban materias a marzo— no supieron entenderlo, y siguieron y siguieron, se hicieron grandes sobre el escenario y aburrieron y aburrieron. Esa bandita de muchachos que todavía no se afeitaban, que sonaba mal, que eran simples, aguerridos, desprejuiciados, se transformó en una repetición vana de sucesos que se las iban ingeniando para ir empeorando más y más. Eso para no hablar de las carreras solistas de Dante Spinetta y de Emmanuel Horvilleur, un mal producto, sencillamente eso, un invento mal parido. Pero antes estaba bien, parecían al menos divertirse y el público se la creía, que a veces, repito, es lo que cuenta, la ilusión.
Tal vez habría que nombrar aquí a Babasónicos, pero el grupo de Adrián Dárgelos tiene al menos la virtud de reinventarse en cada disco, reinventarse en forma casi completa, íntegra, como si pasaran a ser otra cosa luego de hartarse ellos mismos de las canciones del disco anterior —o al menos de la imagen. Eso también es ilusión, artificio puro, uno imagina que está viendo y oyendo otra cosa, siempre, cuando en realidad sólo es más de lo mismo, pero recachutado.
Y ahora hay que nombrar a los mexicanos Plastilina Mosh, un dúo llamado a ser eternamente joven, como los Illya Kuryaki and the Valderramas, pero que sin embargo parece estar ya mismo volviéndose viejo, lo que es decir repetitivo, añorante de tiempos mejores, buscando siempre en el baúl de los recuerdos, perdiendo la capacidad física, las dotes, la ilusión. Es eso, y poco más, lo que entregan en su cuarto disco, All U Need Is Mosh.

Cuando sacaron aquel hit de 1997, “Niño bomba”, en forma de EP, estábamos ante algo nuevo, como supimos estarlo frente a los grupos ya citados, Los Brujos, Illya Kuryaki, Babasónicos. En ese solo hit había todo lo que uno quiere cuando algo semejante aparece, osadía, desprejuicio, fuerza, ganas de marcar un sendero. Su primer disco, el que siguió a ese EP, es así, sencillamente magnífico, con apuestas alocadas, originales, sensaciones varias, inventiva.
Pero a veces es imposible sostener todo esto, darle rosca y más rosca a medida que los años pasan. Algunas fiestas son cosa de chicos, y los chicos crecen. Ojo, no estamos (o no estuvimos) ante chicos cualquiera, sino ante pequeños geniecillos. Pero hasta los geniecillos se ponen viejos. Algunos lo aceptan y se retiran a tiempo, Los Brujos. Otros en cambio siguen insistiendo, se convierten en Peters Pan con barba y graban discos como los que componen hoy los ex integrantes de Illya Kuryaki and the Valderramas, una vergüenza para sus abuelos y para sus nietos, especialmente Emmanuel Horvilleur. Y bueno, así, o más o menos así, suena el último disco de los Plastilina Mosh, como el último de Emmanuel Horvilleur, aunque salvando distancias, que en este caso no son tan abismales: una vulnerable repetición de acordes y ritmos que antes eran pulsados con convicción, desafinados tal vez, pero con entereza.

Cuando grupos como estos aparecen, grupos que se perfilan como grupos de culto, cuando lanzan su primer disco, cuando se empieza a hablar de ellos, se habla de frescura. No hay palabra mejor para describirlos. Son joviales y arrogantes y lo que les sobra es precisamente eso, frescura, nuevos aires, ideas, y de todo eso, más una fuerza incontenible, estaba repleto aquel primer disco de Plastilina Mosh, el que contenía a “Niño bomba”, entre otras gemas. Estoy hablando de Aquamosh (1998), un disco híper amateur, que suena mal, como grabado dentro de un armario, como sonaba el primer disco de Los Brujos y ciertamente el de Illya Kuryaki and the Valderramas, aunque la emoción que trasunta por sus canciones enaltece hasta el sonido, lo mejora, lo vuelve único.

Antes, todos ellos, Los Brujos, Illya Kuryaki, Babasónicos, Plastilina Mosh, delirantes, únicos, osados, mezclaban sin tapujos hip-hop, trash, funk, rap, heavy metal, celebraban la música, lo mejor de cada género o al menos lo que a ellos parecía gustarles. Ahora, en cambio, al menos los que han por decirlo así “sobrevivido”, parecen celebrarse a sí mismos. De todo aquello que los entusiasmó y nos hizo entusiasmar sólo toman clichés, vanaglorian lo que fueron, se miran al espejo y para colmo les gusta. Nada de eso alcanza. Toda broma —y estos grupos eran de bromear bastante seguido, el aspecto gracioso nunca les vino mal a ninguno—, por buena que sea, termina gastándose.
O sea, la gracia se ha perdido. La gracia y el humor, el encanto, cosas que le sobraban a Plastilina Mosh. Escucharlos levantaba el ánimo, ahora no. La “cheeba music” que practicaban ya no les queda, ni el funky desparejo, ni el hip-hop cantado o gritado en un spanglish grosero, como debe ser. Al escuchar este disco uno piensa “Esto ya lo escuché, pero mejor, mucho mejor, y para colmo lo hicieron ellos mismos”.

Sigo hablando de Los Brujos, Illya Kuryaki, Babasónicos y Plastilina Mosh porque todos ellos tienen entre sí más de un punto en común, y hablar de lo que uno hizo y el otro dejó de hacer sirve para entenderlos a todos, comprender lo que lograron, comprender lo que perdieron.

Brujos, Illya Kuryaki, Babasónicos, Plastilina Mosh comparten todos un marcado gusto por lo camp, lo mal hecho, lo finamente mal hecho digamos, cierta deformidad, pero deformidad con clase, un gusto o estética que antes era creíble y ahora no. La vieja gracia se vuelve un mero recurso. Ciertas apuestas no resisten otra vuelta de tuerca. Si se las fuerza demasiado se quiebran.
Y me parece que es lo que logra Plastilina Mosh en este disco, hacer del camp no una gran broma, sino una molestia, como si carecieran de recursos genuinos, como, repito, terminó pasándoles a los Illya Kuryaki y estuvo a punto de pasarle a Los Brujos.
El “camp” aplicado a la música suele nombrarse como “cheesy pop”, género bizarro y artificioso, propio de una clase media con aires superiores, que proliferó durante la década de los ochenta, sobre todo en las discotecas, lentes oscuros grandotes, bigotes bien cortados, camisas de colores llamativos y pasitos felices y cancheros. Babasónicos ha hecho de ello una verdadera operación de rescate, una empresa en la que le ha ido muy bien, y como muestra valga la canción “Paso fino”, que está en este All U Need Is Mosh, en la que los Plastilina Mosh invitan a participar al cantante de Babasónicos, quien ni lerdo ni perezoso acude al llamado con todo su mal gusto, afectación, ironía, teatralidad y seducción, todo al mismo tiempo. Tal vez sea la única canción que logra mantener cierto interés en todo el disco. Pero a la segunda escucha el trance se diluye en un lento adormecimiento, que es otra cosa. Lo barato a propósito es así, aburre enseguida.

Claro, el último disco de Plastilina Mosh no empieza ni termina en la invitación de Dárgelos para participar de un recitado en una canción monótona. Hay otras cosas, algún que otro guitarrazo —por un momento me pareció estar escuchando a Wolfmother, aunque es cierto también que, en los momentos menos felices, creí estar ante Daft Punk—, algún que otro ritmo simpático, etc. Y luego tenemos un cachitín del Beck de Midnite Vultures, o sea del Beck más sexy y ligero, pero sólo un cachitín, así que las canciones en vez de serlo enteramente, son sólo en parte lubricantes, presuntamente negras, presuntamente divertidas, menos de la mitad de lo que los Plastilina Mosh supieron demostrar en cada rubro con sus primeras canciones.

“Este terminó siendo el disco más comercial que hemos hecho”, dijo Jonás González no hace mucho, uno de los miembros de la banda, junto a Alejandro Rosso. “Es más manejable y más vendible que los demás”, agregó, por si hacía falta. Este muchacho, Jonás, supo estar en un muy buen grupo, Koervoz de Malta, un grupo under que tomaba, como Plastilina Mosh, de aquí y de allí, no sé si para vender más o hacer las cosas manejables, sino tal vez todo lo contrario, pero sonaban geniales. No hace mucho conseguí los dos únicos demos que grabaron, y puedo decir, con pena, que revuelca mil veces a lo que hace Jonás ahora, aunque esto pueda deberse a que entonces compartíamos ciertos gustos, guitarras rápidas y aceradas, Primus, Sepultura, Ministry, qué sé yo, y no lo que alienta a este otro chico, Emmanuel Horvilleur, que no sé qué será pero seguro que no me gusta. Del otro integrante de Plastilina Mosh, Rosso, no tengo referencia alguna, no sé dónde anduvo, sé que tiene una formación clásica, eso sí, pero al menos me gusta lo que dice de su propio disco, que según él está compuesto de al menos tres estilos: rock basura promedio, otro que es más bien raro y el tercero, más raro todavía. Los Plastilina Mosh nunca se tomaron a sí mismos en serio, lo que está bien, y que incluso queda demostrado ante palabras como estas, pero no por ello la broma va a seguir haciendo gracia.

Pero a lo mejor el errado soy yo. Supongo que esta fiesta que se supone que es All U Need Is Mosh es para otra ocasión, una de la que ya no participaré, algunos hombres ya no bailan. A lo mejor el que perdió el salvajismo necesario, la insensatez —cosas que en ciertos grupos, los que deberían durar dos o tres discos, por ejemplo, esos grupos únicos y gloriosos, quedan muy bien—, soy yo y por eso el último disco de Plastilina Mosh no me entusiasma.

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7 comentarios

Dejar un comentario
  1. victor / Oct 25 2008 8:45 am

    Hola robertogiaccaglia

    Enhorabuena por tu crítica musical, aunque considero que eres demasiado duro con los plastilina mosh :-)

    Te escribo para invitarte a participar en la página de crítica musical independiente: http://www.masmusika.net

    Si quieres colaborar con nosotros como crítico, escríbeme a webmaster@muchogusto.net

    Gracias por tu atención y adelante con tu blog. trabajo

  2. robertogiaccaglia / Oct 25 2008 2:57 pm

    Gracias por la invitación Víctor. Ya mandaré algo, mientras tanto si querés publicar las que ya aparecen aquí, adelante. Poné un link de referencia y listo.
    Un abrazo.

  3. Koba / Oct 27 2008 4:30 pm

    No puedo opinar sobre los Plastilina Mosh, los conozco de nombre pero nunca escuché nada. Pero coincido con tus opiniones sobre los demás, Los Brujos eran buenos y los Babasónicos con su “porque a mi generación algo le pasa” sorprendieron gratamente. En cambio nunca entendí el suceso de los llya Kuryaki and the Valderramas, bueno, eran dos chicos cool y uno de ellos con tremendo apellido, pero ¿algo más?
    Todo lo salvaje, osado o delirante que eran todos esos grupos jóvenes, era precisamente por eso: eran jóvenes, y cuando se es joven te crees que te podes comer el Mundo. No veo tales cualidades como virtudes, en esa etapa de la vida sos así.

  4. Adriana / Oct 27 2008 6:37 pm

    Hay muchos grupos jóvenes que no son ni salvajes ni osados ni nada, por más jóvenes que sean. A lo mejor sí es una virtud. Damo Suzuki, con casi 60 años, se mantiene salvaje y osado. ¿Se mantiene joven entonces?

  5. Koba / Oct 29 2008 3:15 pm

    Entonces Damo Suzuki es un pendeviejo, jaja.
    Ok, hay jóvenes no osados ni salvajes ni nada, pero son los menos, creo yo.

  6. Anónimo / Jun 24 2013 1:21 am

    j

  7. Anónimo / Jun 24 2013 1:23 am

    que reseña mas idiota, todas esas banditas que nombraste si no te gustan a vos esta bien, pero tampoco es decir que ya perdieron el encanto, tan asi como lo pones no es verdad, hay miles de bandas malisimas x ahi dando vueltas dando lastima, y te pones a escribir estas idiotecessss mallll

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