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noviembre 1, 2008 / Roberto Giaccaglia

Grondona Futbol Company

Tengo la impresión de que a partir de la designación de la dupla Maradona-Bilardo como binomio conductivo de la selección, en Argentina, cada vez que juegue el combinado nacional, se hablará de todo, menos de fútbol. Se hablará quizá de negocios, se hablará quizá de ética, se hablará de management, de marketing, y, ya que lo mencionamos, de ética aplicada a los negocios, pero no de fútbol, el fútbol ha quedado en suspenso como palabra, como idea, hasta como ilusión, ahora hay otras cosas de las que hablar, y en eso la pelota es lo de menos.
Por otro lado, de nada sirve hablar de lo demostrado por Maradona como jugador, demostró tanto que de eso se viene hablando desde hace casi treinta años, así que aburre y, además, no corresponde, porque poco y nada tiene que ver una cosa con la otra. Y de nada sirve mentar sus capacidades como técnico, porque todavía no las vimos. Lo vimos trabajar de técnico, sí, o de algo parecido, pero no vimos capacidades. Ni siquiera sirve aquí ponerse hablar de lo demostrado por Bilardo en ese trabajo, porque a pesar de las dos finales mundiales, y del campeonato conseguido, su fútbol es feo, si es que puede hablarse de “su” fútbol, que de tan poca personalidad parece directamente no existir. Cuando se habla de Bilardo, es decir cuando su apellido sirve para referirse a algo parecido al fútbol, de lo que se habla es de “resultado”, y el paladar argentino en la materia se merece algo más que numeritos a favor en un panel electrónico. Aunque siempre será mejor eso, hablar del resultadismo, que hablar de los bidones, leyenda más bien oscura que lo tiene como protagonista y de la que nada se sabe con certeza —pero que bastaría, en una asociación de fútbol seria, para mantenerlo lejos de un banco de suplentes de por vida, o por lo menos no darle semejante responsabilidad, la de “aconsejar” técnicamente al equipo deportivo más importante de un país.
Así que lo que queda es lo que dije recién, negocios y ética, de qué manera vendemos mejor un producto sin que se noten demasiado los hilos, etcétera.

Vaya uno a saber por qué la sociedad del fútbol no reacciona de manera unánime contra esa presencia enquistada en sus entrañas que es Julio Grondona, presidente al parecer eterno de la Asociación del Fútbol Argentino. Digo yo, si tantos cuestionamientos se lanzaron y se lanzan contra la perpetuación en el poder que pretendieron y pretenden políticos como Menem, los Rodríguez Saá, y ahora los Kirchner, quienes seguramente después de sucederse dos veces mutuamente pondrán a alguno de sus hijos de candidato, ¿por qué nada se dice contra ese tipo que está al frente de una asociación que cada vez hace peor las cosas y que no hace más que postularse y postularse, sabiendo de ante mano que no tiene rival alguno? Todo está mal en el fútbol argentino. Los partidos dan cada vez más lástima. Los árbitros parecen equivocarse cada vez más. Las tribunas apestan de violencia. Los dirigentes sospechados siguen de lo más tranquilos en sus puestos. El mecanismo de descenso da vergüenza ajena, igual que los campeonatos cortos, es decir uno amañado para favorecer a los de siempre y el otro para darle más plata a la televisión, porque tiene que haber dos campeones por año. Y esto para no hablar de las arcas de los clubes, todas vaciadas, culpa, en su mayor parte, de una repartija injusta de los dineros de la publicidad, lo que hace privarnos de jugadores como la gente, que apenas aparecidos son vendidos al exterior porque no se los puede solventar. Sin mencionar el hecho de que la enorme mayoría de los clubes argentinos no tiene ni voz ni voto en la AFA, justamente los más necesitados de ayuda. Y todo viene sucediendo bajo las narices de un señor que se lava las manos de una forma que habría hecho palidecer al propio Pilatos. Todo pasa, dice Grondona. Y sí, tiene razón. Todo pasa, menos él.

Ahora, como para demostrar ante quién estamos, Grondona ha sumado a sus hijos como consejeros de peso para ayudarlo a decidir quién debía ser el director técnico de la selección, ante la vista de todo el mundo, sin vergüenza alguna, en vez de sumar a personas que sepan de fútbol y que por lo menos tengan menos odio, porque uno de los grondonitas dijo en una rueda de prensa que Bianchi ya le había dicho que no varias veces a la selección, dejando en suspenso el final de la frase, como para señalar que su papaíto no iba a llamar a alguien que lo había desplantado, aunque fuera más meritorio que Maradona para el cargo y que contara con la preferencia de la enorme mayoría del público.

Le vaya como le vaya en el cargo, a Maradona la gente lo seguirá amando, y bien merecido que se lo tiene. Pero Maradona no es Cruyff. Y de Bilardo mejor no hablar. Hoy Maradona es un hombre show, un globetrotter que hace su trabajo con los pies y que va por el mundo causando sensación y dando espectáculos, y Bilardo un periodista que dice pavadas y un funcionario público que ahora descuidará del todo su tarea. Así, la dupla técnica se presenta como impresentable. No es una elección seria, pero el show business es así, puro riesgo, como arriesgados son los grandes negocios que por obra y gracia de la fortuna suelen salir bien, o terminar de hundir en el más hondo de los fracasos a quienes los llevan adelante. En estos casos, cuando esto sucede, salen los de siempre a decir lo que mejor saben decir: Ya te decía yo.

Pero estos, los que dicen Ya te decía yo cuando llega el momento, hoy están callados, mudos, silenciados, miran para otro lado y hablan de las alegrías que nos dio Maradona y de las finales mundiales a las que llegó Bilardo.
Y, por supuesto, de la familia Grondona, de esa corporación, nadie dice nada (no sé quién lo señaló primero, porque no sólo me pasa a mí, así que perdón por el lugar común, pero no hay nadie en esta puta tierra que me haga acordar más a Don Corleone que Grondona, esa manera de controlarlo todo, esa desvergüenza para escaparle a las acusaciones y a las preguntas comprometedoras, esas ganas de tener a la gente a sus pies, ese poder, esa forma de hacer callar, esa forma de señalar con el dedo y elegir lo que se le canta). Bueno, me equivoco, ahí están Hugo Morales y el Ruso Verea, pero el primero está confinado en un canal que no mira nadie, ESPN, y hablando de otra cosa, ejem: fútbol, y el otro arrinconado en un blog de Internet, donde no molesta demasiado.
Los demás, los que escriben en Olé, los que lo hacen en El Gráfico, los que se babean en Fox Sports o en TyC, son los que mañana posiblemente digan Ya te decía yo.

Grondona dijo, justificando su decisión de que el técnico debe ser más de uno —lo que en realidad debe leerse así: no confía en Maradona y quiere a alguien que lo contenga (y a quien él pueda contener)—, que una sola cabeza no puede manejar todo solo, ni siquiera un kiosco. Con esa óptica empresarial, es raro que maneje ese negocio enorme que es la AFA él solito desde hace tanto tiempo, que ciertamente debe de ser más complicado que un kiosco. Ahora están sus hijos, es cierto, pero deben de servir de apoyo moral, nada más, y para hacer los mandados, llevar y traer a los miembros del show, funcionar de tacheros. Las decisiones las sigue tomando él, un hombre fuera de regla, un hombre a quien ni siquiera le caben las normas que impone en otros. Por ejemplo, la capacidad de escuchar.

5 comentarios

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  1. El Gemelo Malvado / Nov 1 2008 4:57 pm

    Post necesario para estos tiempos.
    Rehuyo sistemáticamente a hablar de ARG pero más lo hago y más hablo… Ahí vamos.
    El “todo pasa” como filosofía es el pragmatismo extremo, que no reconoce más ideología que el acomodamiento circunstancial a perpetuidad.
    En ese punto, Grondona no es inimputable sino impoluto: está esterilizado contra toda culpa. Como bien decís, todo pasa, menos él, que debe permanecer y tratar de asegurar la continuidad de una gestión de grupo pequeño, un negocio familiar ampliado.
    Ese comportamiento monárquico, en el que la sucesión es por sangre o delfín, parece todavía tener algunos referentes en el mundo futbolístico global. Quizás sea cuestión de tiempo, quizás se deba agotar una generación. Pasado Havelange, pasará Blatter y pasará Grondona. Tengo la esperanza de que las nuevas generaciones, al menos fuera de Argentina, provean sangre e ideas frescas. Quién sabe.
    Mientras, las construcciones basálicas de poder –corleónicas, stroessnerianas, castristas o con el adjetivo que quieras– se desmontan por externalidades (debieran cambiar las condiciones que sostienen su capacidad hegemónica) o, más lentamente, por cambio gradual interno.

    En cuanto a Maradona… Hace un tiempo me dije y luego escribí que dejemos en paz a Maradona y que él nos deje en paz a nosotros. Sigo pensando lo mismo. Ojalá le vaya bien, sinceramente.
    Mientras, Valium triple intravenoso y despiértenme cuando comience el mundial. Sí, tengo temor a su conducción. Pero también lo dijo ya William Jefferson Clinton: “Nadie está preparado” para los grandes cargos. Otra vez, si ayudan las externalidades (todos somos yo y nuestra circunstancia), quién sabe qué.

  2. Salamina Soldier / Nov 1 2008 5:46 pm

    Bien dicho muchachos.
    Parece que muchos son los que sufren lo que dice Gemelo, el acomodamiento circunstancial a perpetuidad. Maradona es un caso, Bilardo otro, Grondona ni hablar.
    Sí, sí, son seres impolutos, no se los puede rozar, a estos ni el fracaso estrepitoso los parará, tienen banca, el respaldo gil de los medios.
    Pero confesemos que Maradona es útil a cierto optimismo. Lo ven como el corazón del equipo.
    Lástima que Bilardo sea el marcapasos.

  3. robertogiaccaglia / Nov 1 2008 8:57 pm

    Ja, marcapasos. ¿Tan enfermos estamos para necesitar un aparato así?

    Y Gemelo, rescato para la ocasión una cosa, que me parece que tiene que ver con eso de “tratar de asegurar la continuidad de una gestión de grupo pequeño, un negocio familiar ampliado”:

    Uno de los párrafos de esta nota yo lo había escrito en un comentario, con seudónimo, en un blog muy conocido, hace como un año, eso de “Vaya uno a saber por qué la sociedad del fútbol no reacciona de manera unánime contra esa presencia enquistada en sus entrañas que es Julio Grondona, presidente al parecer eterno de la Asociación del Fútbol Argentino…” Creo que en realidad había puesto “lacra”, pero no importa.
    Como sea, mereció esta respuesta de un comentarista, un tal Leo:

    “Porque gran parte de esa sociedad vive de él. No soy para nada un experto pero me parece que ni uno de los países futbolisticamente importantes tiene el tema de la TV establecido como acá en Argentina. ¿Saben que al menos en España hay licitación cada 2 o 3 años? Acá hay un monopolio generado por él, con un programa insignia que si lo condujeran Carozo y Narizota todo el mundo lo miraría igual, y que los Martín Fierro se los deberían haber dado a Grondona que es el verdadero creador de ese programa. Ese monopolio jamas va a querer un cambio de reglas.
    «Los clubes lo mismo. No lo votan por miedo, lo votan porque les barre los quilombos abajo de la alfombra y “todo pasa”. Los árbitros están en la misma, o se callan la boca o no dirigen. Los jugadores y/o DTs no quieren que les rompan las bolas (es comprensible, son los primeros que se comen los aprietes de las barras mandadas por sus dirigentes) y encima en promedio cada vez son menos los que pasan de los 20 años. Los hinchas razonables son minoría”.

  4. El Gemelo Malvado / Nov 2 2008 12:21 am

    No conozco en profundidad la dinámica del fútbol argentino pero siempre he tenido la sensación de que es una suerte de supra-organización con vasos comunicantes con el resto del mundo pero blindada por algún extraño campo de fuerza. No puedo explicarlo de otro modo. Es como que todo tiene un referente empírico -tu vida, el verdulero, la caca de los perros en las veredas de Palermo (hay todavía, no?), el amor, una bici; todo. Pero el fútbol argentino es como un ente, una “cosa”, algo que flota. Nube o sustancia. Intocable, inasible. Lo tocás de fuera y este ¿organismo? es como un algodón; metés la mano y se vuelve Poltergeist.

    Todo esto para decir, de otro modo, algo parecido a lo que el tal Leo te dijo.

    Eso: nosotros somos externalidades de ese organismo con vasos comunicantes. Por dentro, es una especie de máquina alienígena perfecta. Simbiótica. Funciona porque cada organismo le es subsidiario, de un modo u otro. Nosotros incluidos.

    En fin, podría seguir merodeando la idea infinitamente, al punto de dejarla a punto caramelo-ensayo pero mejor me voy a cenar.

    Acaba de nublarse aquí. Capaz que… oh.

    Salút.

  5. Juan Secaira / Nov 3 2008 2:31 pm

    Hay que recordar que el fútbol tiene gran convocatoria de gente, y que ese showx puede servir como entretenimiento. Coincido en que es pésimo que en un país democrático un presidente de fútbol dure tantos años, por acá, por Ecuador, sucede cuestión parecida, nuestro presidente de la federación de fútbol hace y deshace y claro que hay gente que vive de eso y que no dice o dice según sea necesario. lo de maradona es otra cosa, lo admiro y creo que le irá bien, siempre que no le metan el pie cuando ya no les sirva.

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