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diciembre 1, 2008 / Roberto Giaccaglia

Fragmentos escogidos de algunas críticas a la última película de Lucrecia Martel

lmsc

La mujer sin cabeza, Lucrecia Martel, 87:00, 2008, Argentina-España-Francia-Italia.

“(…) Lo que no me quedó claro es la relación entre los demás personajes y la protagonista. Sobre todo durante la primera mitad de la película. Ninguno parecía muy extrañado de los monosílabos de Vero, de sus movimientos erráticos, de su presencia ausente. Llegué a creer que todos sabían, amante, marido, pacientes, amigos, primos, sirvientas, conocidos, que la pobre mujer estaba loca, muy enferma de la cabeza, perdida. Pero no. Nadie sabía semejante cosa porque Vero, simplemente, no está loca, no está enferma de nada. ¿Entonces? Entonces puede pasar que en realidad los locos, enfermos y perdidos sean los otros, y la única cuerda ella. Ella camina en un mundo paralelo pero levemente más alto. No se mezcla del todo con ellos, pasa, la ven, intercambia palabras escuetas, miradas, sonrisas, algún breve encuentro sexual y nada más. Eso hasta que se cansa, definitivamente, como le pasa a la mayoría tarde o temprano, y se vuelve lo que todos, una del montón. En su caso, la clase acomodada, burguesa y aburrida de…”

“(…) Vero se vuelve de repente una mujer sin pasado. Los que lo conocen, son los otros. Ellos saben el lugar que ocupa Vero, cuánto vale. La respetan, no les importa que ella apenas les conteste cuando le hablan. A nadie le parece que Vero esté en estado shock, que haya perdido la memoria. No cuestionan sus silencios, su mirada que se pierde en la nada, su sonrisa que no parece responder a ninguna causa real. Lo que intentan todos es mantener cierto orden, una apariencia. Saben que el caos no les conviene. Toda nuestra sociedad es así, caótica y sin embargo aparentemente ordenada. Cada uno ocupa su lugar. La pareja de profesionales con sus profesionales engaños. La adolescente calenturienta que odia a sus padres. El pobre que sirve como mano de obra barata y ocasional aventura sexual…”

“(…) ¿Cómo hace Lucrecia Martel para encontrar en una botella de lavandina, por ejemplo, o en un espejo de baño manchado o en un par de canciones populares que suenan por la radio un resumen exacto del mundo que quiere mostrar? ¿Cómo hace para reducirlo todo de una manera tan eficiente, condensar clases sociales, maneras de ser, esperanzas y miserias en unos cuantos objetos bien enmarcados? O tomemos los diálogos, por ejemplo, la banalidad que hay en ellos, la torpeza, las mentiras, los lugares comunes. O sea, situaciones que nos tocan vivir todos los días y que conocemos de sobra, por nuestras charlas en la calle, en nuestros trabajos, en nuestro propio hogar cuando recibimos visitas. O tomemos las formas de moverse. ¿Cómo hace para mostrar en ellas la libertad y el desparpajo de cierta clase, la sumisión de otra, la alegría de vivir a veces, la tristeza y el abandono y la desesperanza otras? Si hay algo a destacar en esta mujer es su percepción…”

“(…) Podría decirse que esta película trata sobre esa facultad humana tan estudiada en cientos de obras, la facultad de olvidar. Para encubrir, las personas son capaces de cualquier cosa. No hablemos ya de los tratamientos a veces absurdos a los cuales sometemos a nuestro cuerpo con tal de no vernos viejos, gordos, deprimidos. En realidad, podríamos hablar de ellos porque después de todo son una metáfora de lo que le hacemos al alma, pero no me gustaría extenderme demasiado. Prefiero centrarme en la memoria. Es decir, en los pozos que vamos cavando y llenando de agua a nuestro paso, con tal de no volver atrás. No hacemos más que inventarnos excusas, lagunas o lagunitas artificiales que nosotros mismos creamos. A veces alcanzan para que toda nuestra vida tenga cierta comodidad, la de que se nos haga imposible volver atrás, siquiera mirar, no acercarse jamás. Esta película es un estudio pormenorizado de esa facultad tan terrible, a veces tranquilizadora…”

“(…) Como estamos en uno de esos países a los que se puede cuestionar fácilmente por el olvido en el que sumen a su pasado, la tercera película de Martel es de todas la más política. Sabemos que nuestra sangre derramada subyace en cada una de nuestras historias. De esas cosas estamos hechos y nuestro cine varias veces quiso mostrarlo, lástima que la mayoría de las veces haya sido con tanta grosería e impostada incorrección política (o obsecuente corrección política algunas veces). Martel es una artista delicada, nunca se permitiría hablar del pasado del que somos hijos poniéndonos en frente obviedades. Le escapa a ello con sutileza, metiéndose de cabeza en el alma putrefacta de una sociedad que sólo nuestra triste historia como país nos hace pasibles de interpolar a…”

“(…) La película es lenta, intransitable, naturalista y a veces demasiado traída de los pelos, como acostumbra el todavía mal llamado nuevo cine nacional. Por ella no circula más que lo habitual, planos donde tenemos todo el tiempo del mundo para notar la textura de los rostros, muchos actores no profesionales, líneas de diálogo que hacen lo imposible por evitar la telenovela y que se acercan en realidad a lo que una telenovela debería ser, relaciones humanas que sabemos arruinadas desde hace rato y que se sostienen por la costumbre, ambientaciones donde el costumbrismo es parte de la mano de pintura que el director hace que sus operarios den antes de filmar y cosas así, que ya vimos en el cine de Martel y en cualquier cine de cualquier director de los de ahora, para quienes contar una historia no es lo principal, sino a lo sumo el ensayo de lo que sería ponerse a contar una historia. Antes piensan en los materiales con los que se debe contar, que son más o menos los ya descritos. Después escriben. Y por lo general no les sale nada. Pero como narrar ya no es una profesión tenida en cuenta…”

“(…) Tal vez algunos consideren irrelevante hablar de elementos técnicos o de cuestiones así, pero en esta película están tan logrados que no conviene pasarlos por alto. El sonido es uno de los más acabados de las películas argentinas de los últimos tiempos. No es que se pueda oír hasta los suspiros, no se trata de eso. Se trata de que es posible escuchar más de una cosa al mismo tiempo, y créanme que en esta obra eso importa demasiado, más que en cualquier otra. Es una película hecha de retazos, pero cada uno de ellos es tan sustancial, vale tanto, que sería un pecado perdérnoslo por no contar con técnicos responsables. Hay un entrecruzamiento de charlas, de diálogos, de voces, todo un mecanismo compuesto en base a partes sueltas, que va construyendo la película, que nos va guiando con mano maestra a su inesperada resolución, pero no sólo a ello, sino a su esencia…”

“(…) Leí por ahí que La mujer sin cabeza tiene algo así como una “resolución inesperada”. Ni lo uno, ni lo otro, porque La mujer sin cabeza en parte llega hasta donde sabemos que va a llegar y en parte no termina nunca…”

“(…) Cada perfil humano caracterizado en la película cuenta para que esta historia sea no otra cosa que un estudio alrededor de la culpa. Están todos tan bien compuestos, y tan bien construidas sus líneas, que la película podría servir como tal vez haya servido alguna vez Crimen y castigo de Dostoievsky: una excusa para que el estudiante de psicología leyera literatura. La película de Martel, aparte de un estudio psicosocial, es literatura de alto vuelo. De esa que sirve para estudiar las costumbres humanas, pero sobre todo para elevar el alma y el espíritu por obra y gracia del arte…”

“(…) Esta película en realidad podría haberse llamado La mujer de la nuca. No sólo porque la actriz de teatro María Onetto, excelente, eso sí, interpreta a una mujer que está notoriamente loca, sino porque es sobre todo su nuca lo que más vemos en la película. Es un cine sugerente, claro. A veces vemos el nacimiento de sus pechos. A veces vemos los manotazos que se da con una adolescente que ama demasiado. A veces vemos a sus sirvientes, como para dejar en claro qué posición ocupa la loca en cuestión. Y digo “a veces” porque lo hacen en segundos planos o fuera de foco. Y no porque Martel filme de lejos, sino todo lo contrario. Martel se acerca tanto a sus objetos de estudio que la realidad se le pierde. Se puede decir que no es una científica, sino una artista. Claro, pero esta forma de filmar, nucas, sobre todo nucas, algo de cabello, suele ser más pretenciosidad que otra cosa. No es que el arte no pueda sugerir, en realidad lo hace todo el tiempo. Pero Martel, en sus sugerencias, nos hace chocar con el objeto que nos pone en frente…”

“(…) Ya está bien Martel, sabemos que el asunto del lesbianismo te interesa, que sí o sí tenés que mostrarlo como sin querer la cosa. En cada una de tus películas el tema está presente, sobrevuela pesadamente, como si tus mujeres tuvieran que parecerse en algo más que en sus dudas existenciales. Pero más que acompañar a la historia tu interés es una intromisión ruda, no porque descoloque al espectador, lo alarme o algo como eso, sino porque ya lo aburre…”

“(…) ¿Hay algo como público que podamos agradecer más que un artista que en cada obra nos muestra sin tapujos sus obsesiones?…”

“(…) Con razón los abucheos en Cannes. Esta película no es para festivales. No deja tranquilo a nadie, ¿cómo va a ser para festivales? Es como llevar a Larralde al festival de Cosquín y esperar que la gente se ponga a revolear las camisas. La gente va a pedir, sanamente, que se pase a otra cosa. Larralde es para los que no quieren quedarse tranquilos, para los que no quieren olvidar sus penas por un rato al ritmo bobalicón del tan-tan primitivo de las canciones acostumbradas. El arte de verdad molesta. Martel molesta, con sus permanentes sugerencias no deja tranquilo a nadie. Encima, no resuelve. Nunca termina nada. Sabe que el arte verdadero es ensayo, prueba, mucho error, elecciones arriesgadas, una visión que no descansa, un oído atento…”

“(…) Que uno de los productores sea Almodóvar explica en parte este vuelco hacia la telenovela de la siesta que ha dado Martel a su cine. La mujer sin cabeza no es más que un variopinto coloquio acerca de las relaciones prohibidas entre las clases altas y las clases bajas, las miserias de una y de otra, cómo se cruzan, como cada una envidia lo que a la otra le sobra. Cada uno está obligado a posar de lo que en realidad ya es…”

“(…) Lucrecia Martel al fin lo hizo, terminó de dar forma a lo que todo cineasta que se precie tiene hoy por hoy que cumplir: realizar una trilogía. Convengamos que para terminar el tercer elemento en cuestión tuvo que trabajar bastante. De todas sus obras, esta es la más artificial, repetitiva y acaso cruel sin necesidad de serlo…”

“(…) Todo el tiempo, la cineasta sabe de qué está hablando. Se nota que ha vivido cada una de las situaciones que ha filmado. Conoce al dedillo esas historias, esas formas de ser, esas personas, esos entornos. No es sólo porque aparezca Salta. No, es la vida misma dentro de determinado espacio y tiempo lo que parece conocer Martel. Que sea Salta o Luxemburgo donde ocurre es lo de menos. Por eso es tan vital esta película, tan real, tan estremecedora. Se nota que la ha escrito a partir de sus recuerdos, que ha ficcionalizado su experiencia. Una experiencia que presumo terrible porque sólo de gente poco recomendable parece haberse rodeado, al menos desde ese momento de su infancia desde el que pudo empezar a recordar. No por nada es de los cineastas nacionales uno de los más admirados, y también odiados, sí, porque se la ha criticado con injusticia, nada más que amparándose en la envidia que suscita su enorme figura de artista. En las entrevista luce presuntuosa, es cierto, pero la humildad no es el rasgo que sobresale en la mayoría de los grandes artistas. Hay algunos que no lo necesitan. Es más, si fuera humilde se dedicaría a otra cosa. Porque filmando como filma le hace sombra a la enorme mayoría de su generación, a partir de un universo propio, reconocible, nada amigable, exasperante, único, donde nadie sino ella puede meterse de tanto en tanto y salir airosa con una nueva obra maestra entre las manos…”

“(…) Verónica está metida en algo feo, o por lo menos lo cree. Eso basta para cambiarlo todo. En una distracción, en medio de la ruta, atropella algo. Vaya uno a saber qué es. Pero su fantasma se posa sobre ella, la aturde, la transforma. O es quizá que alrededor de ella todo empieza a cambiar, como si el golpe del que ella misma es culpable, ese ruido horrible que sólo se escucha dentro de un auto, hubiera transfigurado el mundo. ¿Es ella, entonces, el único ser inmutable? Ni las cosas ni las personas son ya lo que fueron. Si todavía se mueve, habla y tiene relaciones, lo hace movida por la costumbre…”

“(…) ¿Es un drama realmente esta película? No, es una de misterio. No una de esas que nos asustaban cuando éramos chicos. Es de las que nos asustan ahora, un thriller con todas las letras, y uno bien escabroso. Porque el mundo de Vero, con monstruos que la asechan constantemente, monstruos a los cuales apenas un rapto de cordura deshace su apariencia, es el mundo que bien podemos encontrar todos los días nosotros mismos, atrapados en algo que quizá se parezca bastante a lo que ella sufre, un mundo al que no quiere pertenecer y que sin embargo la atrapa con sus garras y no la suelta…”

“(…) A riesgo de que esto suene mal, digo que el nuevo cine argentino tendría ya mismo que hacer lo que ciertos músicos piden desde sus remeras: matar a sus ídolos. Metafóricamente, claro. Así, quizá Trapero, Alonso y Martel dejarían de ser imitados y se empezaría de una vez por todas a hacer películas realmente diferentes. O por lo menos se lograría que ellos dejasen de copiarse a sí mismos una y otra vez…”

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4 comentarios

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  1. josefgaishun / Dic 3 2008 4:04 am

    Aún no me tomé el trabajo -placentero, pero trabajo al fin- de leer todos los fragmentos.

    Sí puedo decir que la película me agradó, con momentos (situaciones, planos) muy atractivos y en otras ocasiones nebulosa -para mal-, disuelta -para mal-, como perdida.

    Un ejercicio interesante, al nivel -creo- de La Niña Santa, inferior a La Ciénaga. Con buenas intenciones las tres, eso sí. A veces siento que Lucrecia tendría que largarse a contar una historia de un modo (apenas, si quiere) más tradicional. Especulo que tendría buenos resultados. Ya veremos con El Eternauta…

    Se agradece mucho el laburo de compilación.
    Salud.

  2. El Gemelo Malvado / Dic 3 2008 2:38 pm

    Hace tiempo que elaboro y reelaboro cierta teoría pedestre y personal de que vivir en el interior del país, tal como lo haría de otro modo un habitante de una urbe, condiciona notoriamente la lectura de hechos y tiempos del discurso. La pausa y la condensación de sentido en movimientos pausados, miradas y silencios. En el interior, en los pueblos y ciudades chicas, siempre sobra tiempo. Se puede elaborar una gnoseología de una hormiga roja cargando hojas.
    Por allí siempre quiero ver a Martel. Lo comprobé con “La Ciénaga”. No vi el resto.
    Si ha construido una trilogía, perfecto. Si los tiempos de su cine no se condicen con los tiempos de su público (pongámonos teóricos, digamos “receptor” y que suene un “ay” en la tribuna), pues que así sea. Quizás Martel esté escribiendo –hoy estoy enfáticamente itálico– para un lector de otro momento, con otros tiempos, con más descanso y siesta en el balero que un oficinista que pierde el tren a Burzaco, si es que hay tren a Burzaco. Un lector/espectador con tiempo. Un macerador de lecturas.

    Qué día que tengo.
    Me sigue gustando este blog.

  3. robertogiaccaglia / Dic 3 2008 5:03 pm

    Josef, no sé si confesar algo acerca de mi laburo de compilación, como lo has llamado, cosa que me parece bien. Pero no te preocupes, ya alguien me dijo que el chiste de los “fragmentos” sólo lo iba a entender yo. Pero mirá vos, el chiste tiene que ver justito con lo que vos dejás en claro: la película por momentos te pareció atractiva y por momentos nebulosa. Es una película, entonces, contradictoria, o, mejor dicho, que nos ocasiona sensaciones encontradas. Supuse entonces que una crítica justa, si tal cosa llegase a existir, tendría que estar compuesta por varios críticos diferentes. O por lo menos de uno que se pusiera en la piel de varios…
    Un abrazo

    Gemelo, tu teoría me parece correcta, no me cabe la menor duda de que el lugar que habitamos nos condiciona como espectadores. O el lugar de donde venimos. No todos entienden el significado de la palabra “siesta”, por ejemplo, al menos en todo su esplendor. Como no todos entienden la necesidad de comer a las corridas o de salir disparando hacia algún lugar, por ejemplo una oficina, como si tal cosa significara algo.
    Otro abrazo

  4. mirtha lucìa / Dic 7 2008 6:18 pm

    (Es mi tercer intento de dejar un mensaje, se me borra a mitad del texto, veremos ahora…)

    He leìdo parcialmente la compilaciòn. Muy interesante. Yo resumirè mi experiencia con la pelìcula. Habìa visto por partes La Ciénaga, toda La Niña Santa (me sedujo) y ahora èsta. Pensaba que por ser el final de una trilogìa, era difìcil que la directora pudiera sostener el nivel alcanzado. Me equivoquè. Prejuicio. La pèlìcula me gustò mucho.

    Sucintamente (espero no sonar como Tarzán hablando a los monos. ¿Otro prejuicio?)algunas observaciones y fundamentalmente cuestiones que me quedan dando vueltas.

    Experimentè tambièn como una molestia, esa falta de respuesta, indiferencia, “naturalizaciòn”, frente a la conducta de Verónica, por parte del medio cercano, en los primeros momentos. Pero luego la atmòsfera me ganò totalmente. Y creo que justamente el gran logro de esta directora es poder crear UNA atmósfera, asì tan real, tan inquietante.

    Los primeros planos sobre la protagonista son impecables. Igualmente sobre el entorno. Hay tambièn un impacto sensorial muy grande. Se siente el calor, la lluvia (el agua siempre muy presente en sus pelìculas) el contacto con la piel (esa clase subordinada siempre hace masajes, etc. etc.Ni què decir de la sensualidad de los contactos entre la clase privilegiada; del borramiento de seudo-interdicciones). Se ven nuestras miserias humanas y, obviamente, por sobre todo: nuestra miseria polìtica.

    Ahora bien, lo que me preocupa como cuestiòn que yo quiero entender,para mì fundamentalmente, es el tìtulo. Esta mujer sì tiene cabeza. Piensa en torno a lo que le ha sucedido ( aunque sabemos que nunca mirò para atràs) o al menos, eso nos es dado en cuanto a su comportamiento de shock, de extrañamiento. Pero ¿ y luego?. Termina acomodàndose al arreglo de todos, al statu quo. ¿Esto serìa pensarla sin cabeza?. Sigue teniendo cabeza para mantenerse en su medio. No sè, no me termina de convencer còmo leer el tìtulo acorde con la crìtica explìcita en la película. Ahondarè en otras lecturas figuradas a las que aùn no lleguè.

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