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enero 14, 2009 / Roberto Giaccaglia

Cómo se perdió el oeste (o el norte)

appaloosa

Appaloosa, Ed Harris, 115:00, 2008, Estados Unidos.

La cosa empieza bien, como todo western que se precie de tal, con un par de tiros bien puestos, rapidez, precisión, violencia, hombres que se caen de los caballos y ruedan por el piso, mucho polvo en el aire y tipos duros, sucios y sin sentimientos. Y después, enseguida, no puede seguir mejor, porque inmediatamente llegan los buenos, dos “buenos” típicos: más limpios, callados y misteriosos, a poner orden en un pueblito acosado por los malos que minutos atrás empezaron con los tiros.
Pero nunca falta el diablo cuando el pobre espectador de westerns se divierte, y aquél no tarda en meter la cola.
Lo hace en forma de mujer, por supuesto (creo que no tiene muchas formas más), y la película se arruina. No por la presencia de la mujer en cuestión —aunque Renée Zellweger nunca fue de mi agrado, será por su mirada, como si el sol la molestara siempre, o esa voz de pito que tiene—, sino por lo que esa presencia genera: filosofía. Bueno, no exactamente “filosofía”, pero sí planteos existencialistas, moralistas, fatalistas, que no en todo western quedan bien. Quedaban bien en Unforgiven, ese magnánimo film de Clint Eastwood, cowboy de cowboys, pero Unforgiven hubo y habrá uno solo, así que todos los directores de westerns o armadores de historias con hombres malos, sucios y feos harían bien en aprender la lección y dedicarse meramente a los tiros, que para eso les pagan.
En Appaloosa los hombres piensan demasiado y hasta tienen tiempo de leer, se cuestionan demasiado, sufren demasiado y cambian demasiado, algo que presiona lo suficiente como para empujar a la película al frondoso terreno de la tragicomedia, lugar donde no todos salen en buenas condiciones una vez que se meten. Por ejemplo, el personaje de Viggo Mortensen, que monologa para sí mismo en un par de pasajes poco fructíferos. Se nota que Ed Harris, director y co-protagonista, confió poco en las virtudes de las imágenes por sí, así que lo hace hablar de más al pobre Viggo, explicando lo evidente, lo que se explica por sí solo, cosa que hacia el final termina transformando a la película en algo similar a las vicisitudes morales por las que atraviesa Tobey Maguire en la Spider Man de Sam Raimi. Esto no es sólo poca confianza en las imágenes, sino también en el público. Ed Harris cree que somos tontos y que todo tiene que ser explicado con palabras. Por caso, la supuesta “esencia” del film: el sacrificio del héroe. En una película de superhéroes cargada de efectos especiales para los niños esto se tolera, pero no tanto en una de tiros y de polvo en el viento, donde molesta, como molestan los devaneos por los que atraviesan los personajes, especialmente el malo, el estanciero Randall Bragg, interpretado por un Jeremy Irons a media máquina. El bueno es bueno y el malo es malo y chau, ¿con qué me vienen? Ya Aristóteles nos enseñó tiempito atrás que no es muy conveniente que los personajes de una historia se den vuelta como una tortilla. Ese es uno de los pilares que sostienen para él una narración confiable, los demás tienen que ver con el espacio y el tiempo, cosas que en Appaloosa quizá estén mejor logradas que su argumento, o sus personajes, para nada épicos, como hubiera reclamado el tipo de película y en definitiva la historia que se puso a filmar Ed Harris.
(¿Dije algo así como que el “pilar del tiempo” está bien logrado en Appaloosa? Uy, me olvidaba de la canción que cierra el film, un anacronismo imperdonable si no es una comedia de Mel Brooks lo que estamos viendo.)
Esa es la principal cuestión en Appaloosa, los personajes: seres vacíos rellenados con un argumento que por lo pretencioso rebasó sus capacidades. ¿De qué hace el tranquilo y taciturno y leal Viggo Mortensen hasta que los vaivenes del guión indiquen otra cosa? Pues precisamente de eso, de hombre tranquilo, taciturno y leal. Este vaquero, piensa uno, es un empleado de New Line Cinema, o como se llame la compañía que hizo la película o que la distribuye. Un correcto empleado, quizás el del mes, pero eso es todo.
Los seres que pueblan las polvorientas callecitas de Appaloosa, el pueblo, no son “personajes” en definitiva, sino actores actuando. Y cuando esto se nota mucho, sobre todo en un western, no hay tiros que valgan, por más bien puestos que estén.

4 comentarios

Dejar un comentario
  1. El Gemelo Malvado / Ene 16 2009 3:33 am

    Caramba, a mí me gustó Appaloosa.
    Y por algunas de las razones que mencionás: el primer film con cowboys intelectuales.
    Son interesantes tus puntos, pero me declaro afectado por cierto gusto por Ed Harris y lástima, pues va siendo hora de que le toque su Oscar a la permanencia (mínimo).
    Mortensen me cayó bien toda la película. Siempre asumí que lo mismo que mencionás era su papel –permanecer.
    Un punto sobre el exceso de líneas: más allá de pensar que Harris subestima al público, dejaría algo de margen para la inseguridad de cierre. La síntesis es tan compleja como la extensión. Es posible aceptar que haya preferido untar con letras por temor a no cerrar el concepto con la imagen.

    (Estoy escribiendo a la carrera sin masticar los argumentos, como hipótesis de trabajo, notas de borrador a pensar detenidamente después. Sorry por la ausencia de mayores explicaciones).

    Salút

  2. Koba / Ene 16 2009 1:29 pm

    La misma película, con los defectos que vos viste y con los cuales coincido ciento por ciento, pero sin el personaje femenino levantaría un par de puntos tranquilamente. Un verdadero personaje “arruina películas”. En cuanto a Ed y Viggo, son grosos de verdad.
    Saludos

  3. Jacko / Ene 19 2009 6:10 pm

    Che…ahora me cagaste el programa man..era mi próximo alquiler…¿qué hago ahora?….¿estará la de los vampiros esa…tan emo?…¿que habrá de develarme el antro de Lazzuri?

    Abrazos Santiago

    Pd: No te hagas problema la alquilo lo mismo y despues nos peleamos…jajajajaja

  4. Guiasterion / Jun 27 2009 5:34 pm

    Querido Roberto:

    ¡Diablos! ¿Por qué no leí esta excelente crítica antes de alquilar la película? Coincido con tus apreciaciones y confieso que no pude llegar al final. Creía que Ed Haris era más inteligente. A partir de ahora, antes de ir al videoclub doy un vistazo al blog.

    Un abrazo
    G.B.

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