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marzo 3, 2009 / Roberto Giaccaglia

Luche y váyase

wrestler

The Wrestler, Darren Aronofsky, 115:00, 2008, Estados Unidos.

Si hay algo que parece gustarle a Darren Aronofsky es ver cómo sus personajes se revuelcan en la más punzante de las miserias. Ya lo disfrutó de sobra en Requiem for a Dream, una película que de tan cruel rayaba en el patetismo.
The Wrestler sufre de los mismos males y lugares comunes que sufría aquella abominación, pero es menos fea, en parte porque está mejor actuada —en realidad sólo por eso, pero no es que tampoco le sobre mucho en este rubro.
Mucho se ha hablado acerca de la actuación de Mickey Rourke en esta película, y quizá por eso uno esperaría sorprenderse más —los mal pensados salieron a decir que le dieron el Oscar a Sean Penn en vez de a él porque a los de la Academia les gustan los actores haciendo de lisiados, de deficientes, o de gays. Puede ser, pero también es cierto que Sean Penn tanto en Milk como en cualquier otra es más actor que Rourke. El estar quemado, o quemadísimo, de vuelta de todo y con el rostro hinchado, no redime de nada.
En The Wrestler, Rourke es un hombre actuando de sí mismo —con toda la artificialidad, pantomimas y agregados que lo caracterizan, o mejor dicho que lo caracterizan a esta altura—, lo que sólo en parte está bien, porque a fin de cuentas no es un biopic sobre un actor acabado lo que estamos viendo, sino una película de ficción sobre un luchador listo para pedir la toalla, con lo cual el hecho de haber elegido a Rourke para interpretar semejante papel suena casi a broma de mal gusto —pero el cine de Aronofsky es así, de mal gusto, cosa que él debe de confundir con riesgo, o quizá con compromiso, dos palabras que a sus películas les quedan grandes, enormes.
La que sí está bien es Marisa Tomei, como siempre, pero actúa poco, no le dan el espacio que necesita, su rol se desdibuja y hasta es menospreciado por un director que prefiere la distancia, o si no la distancia vestirlo todo con un ropaje “arty”, que más que “arty” luce en realidad extraviado.
Los extravíos son muchos, pero, como siempre, Aronofsky los disfraza de osadía. O sea, se nota el orgullo con el que utilizó ciertos recursos, o más que orgullo el descaro: como por ejemplo esa cámara que sigue la espalda del luchador y que pretende hacernos meter todo el tiempo en la antesala de una pelea, o esa otra que hace un paneo sobre las desgracias que rodean al personaje, o aquella que hace acercamientos dignos de un canal periodístico de cable con camarógrafo mal pago, o el llenar con banderitas de Estados Unidos prácticamente cada escena —¿con la intención de hacer qué alegorías ridículas?
Los acercamientos, dije. Quizá uno de los momentos de mayor vergüenza ajena sucede cuando la cámara se regodea en las heridas que el luchador acaba de recibir después de un match cruento. Supuran, duelen, son un registro de la entrega de un pobre hombre hecho pelota que Aronofsky quiere hacernos ver sí o sí, contarnos algo con ellas, terminar de decirnos cuán patética se puede volver la vida y cuánto disfruta un cineasta mediocre al descubrirlo. Un segundo o dos antes, a la pobre Marisa Tomei, que no se merece actuar en una película así, le hacen comparar las marcas en el cuerpo del luchador con las marcas de Cristo. Vio The Passion of the Christ, esa cosa que filmó Mel Gibson, y está impresionada. Hay comparaciones de las que no se vuelven. Espero que Marisa pueda recuperarse. Aronofsky, por otro lado, está perdido para siempre.

5 comentarios

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  1. El Gemelo Malvado / Mar 4 2009 4:50 am

    Contame más de por qué no te gusta Aronovsky.

  2. robertogiaccaglia / Mar 4 2009 1:30 pm

    ¿Te acordás de esa película, por llamarla de alguna manera, con pretensiones de documental, “Droga, viaje sin regreso”, que supo pasarse en los institutos secundarios? Estaba hecha para provocar asco, repulsión, miedo a las drogas. Se veían vientres de mujeres que habían intentado transportar paquetes de cocaína en su interior. Los paquetes se habían roto y la droga les había reventado las vísceras. Y ahí estaban los vientres, abiertos, en la camilla del forense, para regodeo del director del documental, junto a fetos, abortos prematuros culpa del consumo de droga de la madre, niños deformes, por lo mismo, caras símiles al rigor mortis de adictos deambulando como protagonistas de un film de George Romero, extracciones de sangre, inducción al vómito, fluidos de todo tipo por todos lados, muerte, desolación, desesperanza, todo culpa de la droga. “Réquiem para un sueño”, de Aronofsky, hace lo mismo. Desde ese momento se me volvió insoportable. No es una inquina al cuete la que le tengo. En “The Wrestler”, con matices, vuelve a hacer lo mismo. La suya es una mirada siempre angustiada sobre objetos siempre angustiantes: la juventud sin valores ni sueños de los hijos, la vejez sin esperanza de los padres. Aronofsky no hace más que acumular imágenes dolientes, extremas, aleccionadoras. Lo hizo sobre los peligros físicos, morales y psíquicos que conlleva alejarse del mundo real consumiendo drogas, prohibidas o no, y ahora lo hace para alertar sobre los peligros que conlleva alejarse del mundo real siguiendo una pasión. En este caso, la lucha. Para Aronofsky, el cine funciona como propaganda sanitaria.
    Un abrazo.

  3. Alex Tambas / Mar 10 2009 10:30 pm

    “una película que de tan cruel rayaba en el patetismo”.
    Bien, de acuerdo con The Wrestler, pero, querido amigo, Réquiem por un sueño es para mí y para muchos: un peliculón. Es sobre las drogas? pues, si nos vamos al diálogo entre Jared Leto y Ellen Burstyn cuando éste se da cuenta de que aquella está metida en las anfetaminas, entonces, no sé si las drogas es el tema principal de la película. Es cruel? y sí, pero no creo que sea tan cruel como la vida de los verdaderos adictos; bueh, ya me salió todo como un típico cliché, pero yo sólo quería redimir a Darren de ese comentario tuyo. Saludos.

  4. estrella / Mar 11 2009 3:47 am

    Requiem es una de las películas más duras que vi en mi vida, pero también, una de las pocas que no volvería a ver. No puedo decir que no me gustó, sólo que me dejó en el subsuelo.
    Saludos!

  5. Koba / Mar 13 2009 2:01 pm

    Réquiem por un sueño me pareció muy mala. Y no digo más nada sobre ella.
    En cambio disfruté mucho de The Wrestler, no vi crueldad, sí un poco de sangre pero creo que no es para tanto. El personaje de Rourke es genial, un buenazo (las escenas post peleas en los vestuarios son geniales) que tomó malas decisiones en su vida y ahora lo está pagando (además de haber sido un padre ausente y egoísta).

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