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marzo 14, 2009 / Roberto Giaccaglia

Vuelve el realismo mágico

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Ciudadano X. La historia secreta del evismo, Emilio Martínez, 298 págs., 2008, Editorial El País, Santa Cruz de la Sierra.

Xi
Conocí a un boliviano. El hecho en sí no tiene la menor importancia. Es médico, parece buen tipo. Le pregunté por Evo. Todo el mundo ama a Evo, le dije, pero quiero saber qué opina un boliviano. Será que todo el mundo no está en Bolivia, me dijo él.

Meses atrás, en medio de unas sangrientas revueltas que se estaban sucediendo en Bolivia, Miguel Bonasso, que supo escribir libros más o menos interesantes, dijo desde una columna periodística que todos somos Evo. Su pluma es una de las tantas avanzadas intelectuales de un fantasma que recorre a sus anchas América Latina: el del socialismo de la boca para afuera.

Otra de las avanzadas intelectuales de características ya citadas es la pluma de Eduardo Galeano. El escritor uruguayo también ponderó no hace mucho las virtudes de Evo. Dijo que es vital, un hombre vital, como uno supone que lo son Chávez, Correa, los Kirchner, etc. Los países latinoamericanos no dejan de parecerse. Sus dictaduras se sucedieron más o menos por los mismos años, y con las mismas ideologías, amparadas bajo las mismas tutelas. Cuando lograron la democracia, los líderes que supieron conseguir no diferenciaban mucho entre sí. Un Fujimori supo valer lo que un Menem, y un Menem podía cambiarse en el mercado por un Collor de Mello sin que nadie lo notara. Y ahora es casi lo mismo, pero distinto. Los extremos se tocan, tanto la derecha más abusiva como la izquierda más mentirosa pueden estirarse lo bastante como para darse la mano sin problemas e intercambiar figuritas.

Pero veamos.

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Si querés saber más de la situación actual de Bolivia o de nuestro presidente, te presto este libro, me dijo el boliviano, y me dio un libro con una enorme X en la tapa. La edición me pareció casera. En la solapa, contra un rincón, el autor del libro fuma un cigarrillo a media luz, haciéndose el misterioso. Es una imagen un poco patética, pensé, tratándose de la clase de libro que se trata, una investigación acerca de la involución de Bolivia… perdón, acerca de la Evo-lución de Bolivia.

Pero me equivoqué, porque Ciudadano X es, a fin de cuentas, un libro misterioso. O que pretende serlo, así que su escritor hace bien en salir en la solapa fotografiado como un autor de thrillers, uno de esos de tipo conspirativo, donde los personajes descubren una trama secreta plagada de rumores y escándalos que llevan hasta lo más alto, y hasta lo más peligroso, los enredos de la vida política de una nación.
El autor simula entrevistarse con un informante en las sombras, como si éste se tratara de un Garganta Profunda del subdesarrollo. Pero aquí Garganta Profunda tiene otro nombre: “Ciudadano X”. El autor lo encuentra en bares, en plazas, en aeropuertos y en lugares así, y el informante despliega ante él documentos, fotocopias, material de todo tipo donde demuestra lo que tiene para decir acerca del presidente de Bolivia y de su entorno, cosas que el presidente de Bolivia y su entorno negarán hasta su muerte, por supuesto.
Tal vez el autor haya elegido esta forma y no otra de presentar su verdad porque de otra manera le habrían llovido juicios por calumnias e injurias. Aunque todo el tiempo esté hablando él, no es él quien habla, sino sus fuentes periodísticas, y se sabe que éstas tienen el carácter de inconfesables. Por lo que no se lo puede acusar de nada. Lo que hace el autor es “entrevistar” y pasar al papel lo que le “contaron”. En rigor de verdad, el informante no es uno solo, sino muchos, políticos, empresarios, dirigentes sociales, intelectuales, todos sin nombre propio, o en realidad sí: el nombre mancomunado de Ciudadano X, que los fusiona a todos, los sintetiza.

Y lo que le contaron acerca del presidente de Bolivia y de su entorno es terrible. Y se parece enormemente a lo que uno sabe de la Argentina. Imagino que en Venezuela debe de suceder otro tanto, también en Ecuador. Pero al menos por estos lados no me he topado todavía con un libro que hable con tanta crudeza de nuestra presidenta. A Evo, desde Ciudadano X, se le dice de todo, homosexual, analfabeto, corrupto, lunático, totalitario, racista, mentiroso, criminal y dale nomás. Esas cosas no salen en Página 12, boletín oficial de la República Argentina. En Página 12 Evo es un buen salvaje, así como nuestra presidenta es una mujer elegante y Chávez un demócrata comprometido con el pueblo o algo por el estilo.

Llama la atención, en efecto, no ya la similitud entre ciertas políticas de un gobierno y otro, sino incluso la retórica usada por los gobernantes para referirse a los mismos asuntos. Por ejemplo, mientras que para la presidenta Kirchner la soja es un yuyo, para Alfredo Rada, ministro de gobierno de Bolivia, la soja es comida para chanchos. Son formas de decirle a la gente, a los votantes, que no se van a ocupar de lo que no quieren ocuparse, que se deben poner las miras en otro lado, en lo que les interesa a ellos, los gobernantes. Según Ciudadano X, el desmedro de la soja en Bolivia no es sólo porque el gobierno de ese país quiere ocuparse de la coca para cocaína, lo que ya sería bastante, sino también porque la soja se la estaban vendiendo a Colombia, país con el cual Evo no quiere saber nada, por más que dicha relación comercial le reportaría a Bolivia ventas millonarias y varios miles de puestos de trabajo asegurados —Bolivia vende soja procesada, no meramente el grano que Argentina vende a China.
Ante las protestas de los exportadores, Evo los tildó de “oligarcas” y de “latifundistas”, o sea de lo mismo que la presidenta de Argentina trató a la gente del campo cuando salieron a quejarse de las políticas abusivas que el gobierno pretendía imponer sobre sus producciones.

En Argentina no sé por qué será el desprecio hacia la soja… o sí, uno lo imagina, pero no es de los Kirchner que estamos hablando… ¿o sí? ¿De un Kirchner andino tal vez, más moreno y sonriente? ¿Por qué no? Apenas subir Evo, descabezó el alto mando militar de su país, impuso su voluntad como si el hecho fuera de relevancia para la salud de la república y no un mero capricho, de la misma manera en que lo hizo Kirchner. Por otro lado, en Bolivia, según Ciudadano X, también hay maletines que queman, es decir formas irregulares de entrada de fondos (caribeños), como en Argentina, donde ocurrió algo parecido con cierto maletín venezolano, que llegó vaya uno a saber con qué destino y que terminó vaya uno a saber dónde.

Sigamos con las analogías —sólo un poco más, porque a uno le entra efectivamente el miedo a la conspiración masiva de los dirigentes latinos.
Ciudadano X nos dice que cada cosa que el gobierno de Evo emprende es para ganar más poder, sólo para eso, que sólo piensa políticamente, no económicamente, y mucho menos socialmente. Hasta cuenta con ejércitos sindicales para favorecer esta tarea. Otra vez, y sin querer, uno vuelve a pensar en el matrimonio Kirchner.

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La gente está muy desinformada, me dijo el boliviano, hablan de Bolivia como si supieran de qué están hablando. Hay presidentes que pueden engañar muy bien, con una sonrisa y todo, remató. Todo lo que decía lo decía sin un atisbo de odio, de lo más tranquilo, como si estuviera oyendo llover. No creo que se estuviera vengando de nada, o que sintiera, acaso, alguna clase de rencor.

Quien tal vez sienta rencor, o quizá se esté vengando de algo, es el autor del libro.
El mismo lo dice en el prólogo de la tercera edición: “Esta es una historia escrita desde Santa Cruz, sin falsas neutralidades”.
Se sabe: el departamento de Santa Cruz, el más rico del país, es el que le ha presentado mayor confrontación a Evo Morales, por lo que después de leer el prólogo, el lector sabrá atenerse a lo que viene: pura catarsis.
Se agradece la sinceridad del autor, aunque tampoco hace mucha falta: no es necesario avanzar mucho en la lectura para darse cuenta de que el libro está escrito con ciertas intenciones, incluso con animosidad. Para Ciudadano X, cada cosa que emprenden Evo y sus ministros es detestable, contraproducente para los intereses del pueblo, son todos una manga de conspiradores, unos mafiosos y unos ignorantes, y todo aquello que hagan y no cause estupor causa al menos gracia. Por otro lado, no hay una sola palabra en contra de los jefes departamentales que le han hecho frente a Evo, todos son héroes valiosos, con objetivos claros, inobjetables, personas esenciales para el fortalecimiento democrático de Bolivia, etc. Por ejemplo, el prefecto (gobernador) de Santa Cruz, Rubén Costas, quien insulta a diestra y siniestra, se señala a sí mismo como el único comandante de “su” pueblo, desconoce la constitución, llama a la desobediencia civil y se caga redondamente en la investidura presidencial, con lo cual es capaz de provocar tanta violencia como Ciudadano X dice que provocan las palabras de Evo o de sus ministros. Pero ante la figura de Costas, Ciudadano X hace reverencias, no esgrime documentos en contra o algo por el estilo, ni siquiera se permite el ejercicio de la duda.
Pero, como digo, estamos avisados desde el prólogo, así que tomemos a Ciudadano X por lo que a todas luces parece ser: un libro contrera y, tal vez, bastante fantasioso.

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Si la gente supiera, me dijo el boliviano antes de cederme el libro.
Repito, no había bronca en su voz, ni irritación alguna, sólo tal vez una remota indignación, o quizá tristeza, algo que podía escucharse en el fondo de sus palabras.
Pero la gente no puede saber nada, al menos la gente que vive fuera de Bolivia, porque según Ciudadano X alrededor de la figura de Evo se ha montado un eficiente “cerco comunicacional internacional”, con operadores presentes no sólo dentro de la propia Bolivia, como la Agencia Boliviana de Información, digitada según Ciudadano X por Ramón Quintana, delegado del magnate húngaro-estadounidense George Soros y miembro del gobierno, sino, por ejemplo, en el mismo seno de la ONU, entre otros foros y organismos importantes, como varias ONGs de las que se habría valido Morales para llegar adonde está. Estos operadores, entre los que se contarían, cómo no, más empleados directos de Soros por todas partes del mundo, y ex asesores varios y poco recomendables de varios ex mandatarios, velan por la figura del presidente boliviano y el buen nombre de su gobierno, y tienen la voz y el peso suficientes como para hacerse oír y hacerse notar.
Así no vale. ¿Con qué autoridad puede uno desafiar, pongamos por caso, a Hebe de Bonafini, para citar un caso de miembro de una ONG enamorada de Evo? Bueno, en realidad acá es fácil. Desde que la buena de Hebe celebró las muertes del 11 de setiembre de 2001 y aplaudió tiempo después al régimen de Mahmud Ahmadinejad es relativamente sencillo estar en contra de ella y no quedar mal, pero quizá sea algo más difícil oponerse a otras ONGs que empujaron a Evo hacia la presidencia y/o hablan bien de él, como la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, o el Open Society Institute —aunque siempre es bueno averiguar quién está detrás de estas ONGs. “Ciudadano X”, el personaje, hace bastante por nosotros en ese sentido… está en nosotros creerle o no.

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El libro se lee rápido, a pesar de que tantos datos y denuncias nos abrumen, nos cansen. Digo, tranquilamente se pueden leer unas 25 páginas por día, o lo que aguante uno de corrupciones, crímenes y mentiras de Estado. Después abandonamos el libro hasta el otro día, sabiendo de antemano lo que vamos a encontrar, más mentiras de Estado, crímenes y corrupciones, pero sin querer perdernos nada.

Siempre es así cuando lo que se cuenta es impresionante. Y para colmo sobre un mandatario con tanta buena prensa como Evo, quizá el presidente que más ha gozado del beneplácito periodístico, intelectual, bienpensante de la historia de este continente. Bueno, a Vargas Llosa no le gusta mucho el señor Morales. Pero Vargas Llosa es malo, es de derecha, escribe en La Nación, fúchila. Evo, en cambio, es un hombre de bonita sonrisa y de ropas alegres, que dice defender a los que nadie defendió nunca, un hombre que nació pobre, pobrísimo, y que llegó a presidente, que trabajó desde el llano, que sufrió mucho, que viene de un sector pisoteado, etc. Al menos eso fue lo que se nos vendió desde un principio. Ciudadano X dice otra cosa.

Por empezar, según Ciudadano X, Evo vendría a ser casi casi un invento de George Soros. Ya sé, esto es como decir que el sistema operativo Windows es un invento de Fidel Castro. Pero sin embargo el libro lo afirma convencido: si no fuera por Soros, Evo seguiría pisando coca o algo parecido en algún rincón de su querida Bolivia (a lo mejor lo sigue haciendo, aclaremos, pero a un nivel ya industrial y con ciertas tareas delegadas). Según el libro, Soros tendría ciertos intereses en un par de cosas que hay en territorio boliviano: coca y uranio, por lo que precisa de un aliado con poder para tenerlas a mano en el momento en que le hagan falta. En el primer caso, cuando el consumo de coca se despenalice (recientemente, Evo mascó hojas de la planta sagrada en la ONU, para demostrar su inocuidad y/o necesidad de permitirla); y en el segundo, cuando Irán precise dicho material para su bomba atómica. Cuando ambas cosas sucedan, el negocio estará listo para lanzarse y Soros para prenderse de él.
Suena a locura cósmica, es cierto. Pero Latinoamérica es un lugar donde las locuras cósmicas son posibles. Realismo mágico le llaman. Los literatos del pasado hicieron fama y fortuna con ello. Ahora les toca a los políticos y a los magnates extranjeros.

Otra de las cosas que se dice es que, en realidad, actualmente, Bolivia no es una república con todas las letras, sino, a lo sumo, un satélite de la revolución bolivariana comandada por Hugo Chávez, el macaco mayor, según cuenta el libro que dijo el prefecto Costas, dirigente departamental ya citado y muy contrario al gobierno de Evo. Es interesante, siempre según el libro, lo que se le contestó a este Costas desde el propio gobierno: si Chávez es el macaco mayor, entonces Evo es el menor —más tarde, el propio Chávez jugaría con estas mismas palabras y hasta les sacaría rédito.
Ciudadano X cuenta que cuando Evo ganó unas elecciones constituyentes, luego, según parece, de negociar una ley con la oposición, el presidente de Bolivia recibió un llamado de Chávez, donde este lo trató de “indio mío”, entre otras lindezas, pero no por cariño, sino como se trata a un hijo un poco extraviado, que ha perdido el rumbo: Chávez le reclamaba no haber aplastado a la oposición como corresponde en una democracia socialista, que no hubiera logrado el control absoluto de la situación, a pesar de que te di todas las condiciones económicas, le recordó. Al parecer, Chávez terminó el llamado un poco decepcionado: no estaba claro cómo iba hacer ahora Evo para seguir sus pasos, con qué clase de firmeza, esa firmeza que en Chávez inculcaron gente como el argentino Norberto Ceresole, chavista de la primera hora y casi su mentor, teórico nacionalista y antisemita, negador del Holocausto, amigo de radicales islámicos, defensor de Haider y de Milosevic, de mentalidad autoritaria y bélica, que siempre ponderó el liderazgo carismático y caudillesco, la virtud militar y las ambiciones geopolíticas. Ceresole es autor de varios libros que Ciudadano X nombra casi como las únicas lecturas de Chávez, libros con los que, siempre según Ciudadano X, Chávez influencia a Evo. Por ejemplo, empujándolo a confrontar con Brasil, tal como pedía Ceresole, para quien era imperativo lograr una hegemonía en la región deshaciéndose de “los tentáculos de la geopolítica brasileña”.
Como se ve, para Ciudadano X, el fascismo de Chávez es algo más que habladurías. También el fascismo de Evo: Ciudadano X habla de “fascismo andino”, o sea una suerte de neo-comunismo de inspiración castrista con toques de prejuicios raciales y de violencia callejera.
Más o menos en los mismos términos se refirió Vargas Llosa a Evo y a Chávez: “(…) los prejuicios raciales deben ser erradicados como una fuente abyecta de discriminación y de violencia. Todos, sin excepción, los de blancos contra indios y los de indios contra blancos, negros o amarillos. Es extraordinario que haya que recordarlo todavía y, sobre todo, que haya que recordárselo a esa izquierda que, arreada por gentes como el comandante Hugo Chávez, el cocalero Evo Morales o el doctor Isaac Humala están dando derecho de ciudad a formas renovadas de racismo”.

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¿Pero no eran acaso los votantes de Evo y el propio Evo quienes sufrían el racismo? Al menos eso se dijo desde siempre, y lo repitió Miguel Bonasso en aquella columna tan convincente que citaba al principio de esta nota, Todos somos Evo: “A los presidentes sudamericanos les sobran argumentos para defender a Evo Morales. Sus credenciales son absolutamente impecables. Acaba de ganar el referéndum con el 68 por ciento de los votos y a nadie le caben dudas de que las masas populares de Bolivia, incluidas las que padecen racismo y exclusión en los departamentos separatistas, lo apoyan decididamente”.
Pero no sólo Bonasso, sino innumerables voces nos han gritado en el oído que existiría en Bolivia una minoría racista, criminal y oligárquica, contraria a la enorme mayoría indígena y pacífica. Y uno siempre lo creyó.

En realidad, la enorme mayoría de los bolivianos somos mestizos, me dijo quien me prestó el libro. Sin embargo, Evo se ha encargado de hacerle creer al mundo que en Bolivia viven casi exclusivamente indígenas… y que el resto de la población comprende a empresarios inescrupulosos que vinieron de Marte.
Al parecer, el gobierno de Evo lleva adelante un proceso de re-etnización, un poco caricaturesco y medio traído de los pelos, o, mejor dicho, inoperante y bastante inútil. Pero todo sea por oponerse a la democracia liberal, que como todo el mundo sabe es una democracia de blancos malos. Frente a esta democracia, cuyo modelo baja del norte opresor y no se correspondería con las raíces étnicas, Evo estaría proponiendo una “democracia comunitaria”, democracia a la que todos los habitantes de Bolivia deberán pertenecer, por las buenas o por las malas —razón por la cual Evo estaría desplegando fuerzas sindicales tanto en el campo como en la ciudad, empujando a la gente a participar de esta nueva democracia, más étnica y justa. En otras palabras, también se la podría llamar democracia coercitiva.

Según Ciudadano X, en el último Censo Nacional de Bolivia los datos a llenar fueron puestos de tal manera que más de la mitad de la población quedó excluida. La palabra “mestizo” no figuraba por ningún lado. Ante la duda, las personas ponían que eran indígenas. Como es de perversos estar en contra de los indígenas, alguien se las apañó para que en los papeles sólo figuraran blancos e indígenas: el proceso de re-etnización estaba lanzado. Así, las tareas que el gobierno dice emprender en beneficio de sus indígenas vendrían a ser tareas para casi todos los habitantes, cuando la realidad señala otra cosa.
Cierta fundación realizó un nuevo censo luego del oficial, donde la categoría “mestizo” sí estuvo incluida.  A la hora de señalar la autoidentificación étnica, el 70% de la población dijo pues ser mestiza.

Si de manipulaciones se trata, hay que ver lo que dice el libro acerca del INE, especie de INDEC boliviano. Sin querer he mencionado otro punto en común entre los gobiernos de Bolivia y de Argentina. Mentira, lo hago a propósito. El libro también lo menciona. Dice que la manipulación de los datos de la economía es algo a lo que también son afectos los Kirchner, cosa que, a su vez, aprendieron de Chávez. Ya me parecía que esas sonrisas cómplices que se dedican en las cumbres presidenciales algo esconden.

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Como señalé, el libro aporta tantos nombres, historias, tejes y manejes que asfixia. O asusta. En manos de quién estamos, se pregunta uno… pregunta que se disipa un poco cuando recordamos la tan manifiesta parcialidad del autor. Pero igual, como dijo alguien por ahí, algo siempre queda.
En definitiva, el libro termina atrapando. Pero no por leerse como una novela. No hay que creer eso, es una fórmula de contratapa para vender más ejemplares y nada más. Este libro no está escrito como una novela, si fuera una novela sería muy mala, está escrito como una conversación de bar entre un hombre curioso, buen oyente y preguntón y uno de esos parroquianos que se las saben todas y que nunca arreglan nada, uno de esos sinvergüenzas queribles, vamos, probablemente un tránsfuga, un tipo de tono comprador, mucha labia y millones de anécdotas.
Este libro termina atrapando, digo, simplemente porque si es cierto todo lo que dice, Latinoamérica está jodida, enteramente.

3 comentarios

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  1. Santiago / Mar 16 2009 11:21 pm

    Ay amigo…que poco uno puede creer en lo que ve, escucha, le cuentan…sabés…?Nunca le termine creyendo la fantochada socialista a ninguno de Todos estos muchachos…pero crei que el afano iba a ser menos obsceno…que algunas cosas iban a cambiar para bien…a ver…nadie cree que van a dejar de robar…pero saquenla un poquito no?…en fin…hace un año me reia del paro agropecuario, pero nunca pense en la palabra “Oligarca”…tan setentera ella, y tan reminiscente de tanto boludo afiliado al PC…pero ahora ese pseudo “Socialismo” deja a la gente sin trabajo en la calle… y eso dista de ser gracioso …redistribuciuón de la riqueza…?…Claro…lo que laburas va a planes sociales en algun lugar adonde haya votos…insisto …no creo en el capitalismo brutal, ni en la escalada social que te da el dinero…pero tampoco creo en la expropiación, ni en mantener vagos a precio del hambre (por decirlo de alguna manera) de otros…la igualdad de oportunidades no se ve…un bolson de comida no es igualdad de oportunidades…realmente no se que decir…estoy como meditabundo…como masticando algo amargo..como con final de fiesta…¿Eso no era el título de un libro…? o algo así…?

    Abrazo Santiago

  2. El Gemelo Malvado / Mar 18 2009 11:50 pm

    Vuelvo con tiempo y lo leo. Promesa.

  3. Damián / Abr 13 2009 8:55 pm

    Antes que nada amigo Giaccaglia una alegría reencontrarlo despues de tanto tiempo, anduve por Pozo Del Molle y me enteré de la existencia del blog.
    Con respecto a lo escrito sólo voy a decir que me sorprende que tomes como la verdad revelada algo que escribió este tal Martinez defensor de Costas un confeso racista, y desprecies sin más lo que diga Galeano, prefiero seguir creyéndole a la “avanzada intelectual del socialismo de la boca para afuera”.
    Tomo todo esto como el habitual desprecio de los intelectuales argentinos por todo lo que tenga algún tufillo popular, o como les gusta decir con desprecio “populista”.
    Me parecía que en cualquier momento iba a leer algo como este indio de mierda porque no se vuelve a juntar coca.
    Si te interesa otra visión podrías leer Jefazo, la biografía de Martín Sivak de quien desconozco si pertenece a la misma avanzada intelectual que Galeano.
    Con respecto al comentario de Santiago (Griffa?), oligarca no es propiedad de ningún afiliado del PC, esa palabra es nuestra y al igual que gorila la vamos a usar cuando querramos!! A propósito muy de vieja Barrio Norte y/o taxista tu comentario gorila sobre los planes sociales, me sorprendió mucho.
    Espero que podamos encontrarnos uno de estos días a arreglar un poco el mundo.

    Un sincero abrazo peronista.

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