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abril 2, 2009 / Roberto Giaccaglia

A lo mejor es cierto que todos los punks se murieron

sid

Sid Vicious (Simon John Ritchie), 1957-1979, Londres-New York.

DL Moon tenía un video club en la calle Arteaga, que fue un doctor de mi pueblo, que curó mucha gente, que fue intendente y que cuando vinieron los milicos lo sacaron por otro tipo, que no era doctor y del que ahora nadie se acuerda. No hay calles con su nombre.
Como sea, no era eso de lo que estaba hablando, sino de DL Moon, que tenía un video club.
Le pusimos así, DL Moon, porque tenía la costumbre de dormir hasta tarde. Sólo salía de noche, o por lo menos cuando empezaba a oscurecer. Por la mañana al video lo atendía un pibe medio muerto de hambre, que DL había empleado o más bien rescatado de la calle. Le llamábamos Sun.
Sun nunca tuvo para nosotros iniciales, como sí tenía DL, pero DL era para nosotros palabra mayor.
Así que cuando empezaba a oscurecer, aparecía DL Moon. Solíamos esperarlo sentados a la entrada de su negocio, con las piernas estiradas y a veces con nuestras bicis tiradas en la vereda, molestando el paso de los peatones. Eramos punks.
DL nos saludaba, entraba a su negocio, charlaba con su empleado, le preguntaba por los alquileres que se habían hecho y después lo despedía hasta el otro día, siempre igual. Sun era buen empleado y nunca supimos su nombre, o sí, pero lo olvidamos por el apodo que le pusimos, Sun, o más bien el que heredó, como contraejemplo, de su patrón, el gran DL.
DL era punk, de eso quería hablar. Era un punk raro, metafísico, o tal vez un punk budista. Ahora lo llamo así, metafísico o budista, pero entonces no sabía cómo llamarlo. Nadie sabía.
DL no aspiraba a nada, pero a nada en absoluto, en eso hasta su empleado lo aventajaba, que quería ser tornero. No lo consiguió, porque Sun se hizo Testigo de Jehová y eso le quitó todo el tiempo que tenía disponible para aprender su oficio.
DL Moon charlaba con nosotros, escuchábamos discos y tomábamos cerveza hasta tarde, cerveza que comprábamos nosotros mismos, aunque de todos él era el único que tenía lo que se puede llamar un trabajo. Nosotros gastábamos en cerveza la plata que nuestros padres nos daban para otras cosas, para salir los fines de semana por ejemplo. DL Moon, en cambio, no usaba para nada la plata que le dejaba su video club.
Era flaco como un palo, o como la sombra de un palo, y tal vez haya pesado igual. Se vestía con remeras arrugadas, con chalecos deflecados, con vaqueros llenos de agujeros. Nos queríamos parecer a él, rompíamos las ropas a propósito, pero igual no nos salía. Los chicos mayores, los que se vestían bien, o esos a los que ya les prestaban el auto, se reían de nosotros y nos llamaban los babies punks o algo así, algo que, en todo caso, nos daba por las bolas. Nadie admitía que queríamos ser como DL Moon, porque de eso no se hablaba, así que nos reventaba que alguien descubriera nuestras intenciones. Yo creo que sentíamos algo así como patetismo al descubrirnos con las ropas desechas a propósito, o lástima por nosotros mismos, pero nunca nos dijimos nada.
Las noches de los sábados eran la peor, cuando más solos nos sentíamos: estábamos con nuestras ropas hechas pelota, o desaliñados de la manera en que habíamos podido hacerlo, con todo el empeño del mundo, pero DL Moon no estaba en ningún lado. Su video club cerraba los sábados, porque esa noche él la usaba para meditar, y a eso no nos invitaba. Decía que en la noche más ruidosa de la semana se debe hacer justo lo contrario, para entrar en comunión con todas las cosas ocultas que el ruido y las luces no nos dejan apreciar. Así que vagábamos como extraviados por las calles, mientras pasaban los autos, las chicas, todo el mundo en realidad, y todos muy ocupados en divertirse. Nadie entendía qué hacíamos ahí, como aturdidos, con esas ropas, tratando de pasar inadvertidos y de dar asco al mismo tiempo. Lo que dábamos era risa, o pena, pero a nosotros nos gustaba pensar que molestábamos o bien que no nos prestaban atención porque éramos demasiado buenos para los demás.
DL Moon nos había dicho que los punks eran punks por eso, porque molestaban y porque al mismo tiempo nadie les prestaba atención. Ser punk era difícil, había que carecer de pretensiones y al mismo tiempo tenerlas muy en alto. De eso se trataba no aspirar a nada y los sábados encerrarse a lograr eso de la comunión. La contraposición es un arte jodido, que no está al alcance de cualquiera. DL Moon nos explicó que se trataba básicamente de ocultarse para poder destacarse, o de no ser nada para ser único. Nosotros no entendíamos un pito, nos limitábamos a seguirle la corriente y a pagar las cervezas que nos tomábamos en su video club.
Por la noche no entraba casi nadie, más que algún trasnochado o algún borracho, los alquileres se hacían de día, se puede decir que la única plata que manejaba DL Moon era la que hacía su empleado, Sun, que nunca se quedó con un vuelto.
Pero una noche cayó mi hermana, mientras estábamos tomando y charlando de cualquier cosa, o de las cosas que charlábamos con DL Moon, tal vez el mejor conversador que conocimos. No venía a alquilar una película. Sin dirigirse a nadie más, sino directamente a mí, preguntó con la voz alzada, sin llegar al grito, muy firme y decidida, qué había hecho yo con su cassette de Soda Stereo. Acababa de salir Signos y yo lo había usado para grabar encima Punks Not Dead de los Exploited. Me lo había prestado DL, él lo tenía grabado en un Citacrom azul, con el papel medio salido ya, o medio del todo. Pero en la tapa se leía clarito el nombre del disco, escrito en azul por el propio DL Moon. Tuve el cassette toda una semana en casa, fue lo único que escuché, lo ponía todo el tiempo, pero esa tarde, cuando DL Moon pasó por casa antes de ir a su negocio, me pidió el Citacrom, Para escucharlo con la barra esta noche, dijo, así que yo, apurado porque no había un puto TDK en casa ni nada que se le pareciera, lo grabé en el cassette recién comprado de mi hermana, esa porquería de Signos. Hice un par de bollitos con papel y los puse en los cuadraditos del lomo, para que el grabador aceptara grabarle encima, como si se tratara de un cassette virgen. DL Moon decía que hacía muy bien y yo creo que hasta me aplaudió, o a lo mejor ya estoy fantaseando esa parte. La cosa es que él se llevó su cassette y yo me quedé escuchando mi copia. Ya me sabía todas las canciones de memoria, pero no podía dejar de escuchar Punks Not Dead. DL Moon me había dicho que la tapa original del disco, que él había tenido en sus manos, cosa que a mí me parecía una maravilla envidiable, era toda roja y que había un niño vestido con una remera de Sid Vicious tapándose las orejas. No me animé a preguntarle si el que se tapaba las orejas era Sid Vicious o el niño, porque temí quedar como un tonto.
Así que mi hermana se puso como loca. Era medio bruja, no sé cómo se enteró de lo que había hecho. Y eso que yo me había mandado un trabajo encomiable: después de grabar el cassette encima, agarré del baño un poco del algodón que usaba mi vieja, lo embebí en la colonia Pibes que todavía usaba y con eso borré todo lo que decía el cassette de Soda Stereo, los nombres de las canciones, lo del copyright, los números, todo. El plástico del cassette quedó blanco, como si nunca hubiera habido algo ahí. Lo único que había ahora era olor a perfume. Después tiré al inodoro la carátula del cassette y usé la misma caja para guardarlo. Era imposible que sospechara que eso antes había sido su cassette de Soda Stereo, pero sin embargo de alguna forma lo supo, o lo dedujo, o no sé cómo logró verlo. Me lo tiró en la cabeza, a un metro de distancia más o menos. El cassette, con caja y todo, me dio de lleno en la frente y todavía tengo el recuerdo. Lo más importante fue que me gané el respeto de DL Moon y de todos los que estábamos esa noche ahí.
Mi hermana ahora participa del mismo templo que Sun, que se quedó con el negocio de DL por un alquiler razonable al dueño del local. No trae películas pornos, ni musicales.
Las películas pornos y los musicales DL los vendió entre nosotros, por pocos pesos, casi simbólicos, porque sabía cuánto nos gustaban.
Las recibimos con lágrimas en los ojos.
Cuando anunció que se iba a recorrer el mundo no sabíamos si creerle o no. Lo que nos dio mala espina es que nunca bromeaba.
El decía “el mundo”, pero ya sabíamos que para él no había más mundo que New York, acaso Londres.
Igual, al principio quisimos ver todo el asunto como una pequeña transformación por la que estaba pasando, algo repentino que estaba sufriendo y que de seguro también nos afectaría a nosotros, pero que sería sólo una cuestión pasajera de la que pronto se recuperaría… o de la que pronto nos recuperaríamos. ¿Qué idea era esa de querer irse del pueblo, dejar el video club, pasárselo a su empleado y así como así olvidarse de todo? Si todo eso no era una broma, seguro que era una ocurrencia trasnochada de la que pronto se iba a deshacer.
Nos estábamos engañando. Si iba haber un cambio, si realmente lo era, era uno que él había estado planeando todo el tiempo, desde siempre.
Bueno, éramos pendejos. DL Moon ya era un tipo grande cuando pasaba todo esto, un tipo, quiero decir, de unos veinte y pico, fácil. Y nosotros éramos impresionables, se nos podía convencer de cualquier cosa. Aunque ahora que lo pienso es probable que lo que menos le haya interesado a DL haya sido impresionarnos o cambiarnos el parecer sobre una u otra cosa. Al menos no era ese, digo, su objetivo principal, o nuestras cabezas un fin en sí mismo.
Estábamos dolidos y todos pensamos más o menos lo mismo cuando nos enteramos de su viaje: DL Moon nos había abandonado. Así que a lo mejor fue para aliviarnos que se nos ocurrió lo siguiente: nos dijimos que DL Moon, todo ese tiempo, había estado probando, ver si resultaba en una pequeña escala lo que en realidad siempre había querido probar en grande: nosotros, en esencia, no le interesábamos, éramos nada más que un experimento de lo que imaginaba podría lograr si se animaba a dar el gran paso: irse a New York o quizá a Londres, las cunas en disputa de la música que amábamos o que nos había hecho amar, y formar en alguno de esos dos lugares una comunidad esotérica inspirada en el punk. Ni siquiera sabíamos bien qué carajo significaba la palabra “esotérica”, pero la relacionábamos con eso del budismo, con eso de la meditación.
Claro que nada de todo eso tenía que ver con cosas como el hippismo y esas tonterías. O con el flower power y berreteadas por el estilo, la psicodelia o esas cancioncitas endebles y lloronas del tipo con la guitarrita criolla y de la muchacha con los ojos de papel. Todo eso, para él, eran ñoñerías de chicos bien que no sabían cómo estar mejor, chicos que simulaban sufrir para que alguien fuera a compadecerse. El mismo DL nos había dicho antes de irse: No crean en los que se cuelgan una guitarra y lloran, nos dijo, no crean en el que escribe un poema y llora. Los que de verdad lloran cuando tocan la guitarra o cuando escriben un poema lo hacen una sola vez, después queman la guitarra o el poema, sin dejar que nadie los escuche o los lea. Sólo a esos hay que creerles, nos dijo, lástima que sea tan difícil encontrarlos.
Así que un buen día nos enteramos de que se iba. Sun ya estaba instalado en lo que había sido su negocio y nosotros con los musicales y las pornos embolsados.
Y lágrimas en los ojos.
Al fin nos enterábamos de por qué había estado ahorrando toda esa plata que no se gastaba en cervezas, como nosotros. Esa plata que no se gastaba en comida. No tenía heladera siquiera, pero eso lo supimos después de que se fue. Esa plata que tampoco había gastado en ropa, o menos que menos. El destino de esa plata era “el mundo”, primero Londres, después New York.
Había estado aprendiendo inglés por correspondencia, y no le había ido mal. Cuando la municipalidad remató su casa se encontraron decenas de cintas con lecciones, revistas, folletos, exámenes aprobados con 95 o 98 por ciento. Había varios Citacroms también, algún Grundig y pocos TDKs. La mayoría con cosas que a esa altura yo ya tenía originales, y en compact: Ramones, Dead Kennedys, Sex Pistols, Stooges. Muchas eran directamente inaudibles, o estaban arruinadas porque en la mitad DL Moon había usado el cassette para grabar encima sus ejercicios de pronunciación. Supuse que los que faltaban de su colección, colección de la que él nos hablaba con cierto orgullo, se habían transformado en envíos hacia la escuela de inglés por correspondencia, con su propia voz intentando sonar igual o al menos parecido a lo que la escuela a su vez le enviaba.
Estuvimos años sin saber de él. En el pueblo habían quedado sus padres adoptivos, dos viejos que no querían ni oír su nombre.
Nosotros lo imaginábamos establecido, impartiendo enseñanzas en esa bendita secta punk esotérica —incluso pensábamos que el nombre de “DL Moon” ahora le quedaba mejor que antes, como anillo al dedo, y que hasta se podía decir que nos debía algo. Estados Unidos es ideal para este tipo de cosas, uno se carga una cruz a la espalda, empieza a caminar por una calle y cuando se da vuelta hay veinte tipos atrás que lo están siguiendo, esperando alguna orden (Pero no podía ser. Mostrarse como un ejemplo de sufrimiento acarrea demasiadas responsabilidades y DL nunca había querido nada de eso).
Así que vivimos convencidos por un largo tiempo de que llevaba esta clase de vida, hasta que alguien nos vino con la noticia de que se había cortado las venas en el baño de un club neoyorkino, de nombre CBGB. Después supimos que ese club había visto nacer muchas de las bandas que amaba.
Al principio muchas de las cosas que nos había dicho no nos significaban nada, pero después de esa noticia empezaron a cobrar sentido.
Lo cierto es que entre sus prioridades había estado vivir sin hacer nada, hasta cansarse, tal vez porque simplemente no quería estar al servicio de nadie, o porque no creyera que fuese capaz de aportar nada. Era un plan modesto, y hasta sincero, como lo es la vida entera de las personas que le resultaban interesantes.
La suya era la prédica de un hombre que había extraviado a su propia generación. No veía a nadie por ningún lado, sentía que nunca habían existido, o bien que había nacido en medio del vacío y que éste a pesar de los años no había conseguido llenarse.
Nosotros, que rumbeamos para otro lado, tampoco logramos hacernos notar demasiado. Años más o años menos, nos transformamos en lo mismo que él, en nada. Está quien se ha vuelto abogado, está quien se ha vuelto médico, está el canillita, el profesor de escuela, el bioquímico y el pintor de paredes. ¿Y? Es la nuestra otra generación desbandada, aburrida, insatisfecha, llena de grasas y sin derecho a quejarse, igual o por lo menos muy parecida a la generación a la que le cantaban en contra los discos que nos pasaba DL.
DL Moon había visto desde temprano lo que iba a pasar, cómo se iba a sentir, o cómo nos íbamos a sentir todos, en qué cosa íbamos a transformarnos. Sólo en lo esencial fue diferente a nosotros: en la falta de compasión por sí mismo.
La mayoría dice que DL Moon no demostró nada, y no entienden cómo es que vuelta a vuelta brindamos en su honor. Pero Sid Vicious tampoco demostró gran cosa, y ahí está, convertido en un ícono de larga duración. No contribuyó en nada a la música punk, ni una nota, pero no puede haber nada más punk que esa foto suya con el bajo colgándole inútilmente del cuello y la cara y el pecho ensangrentados, mirando a la multitud sin importarle o mejor dicho sin saber muy bien qué es lo que está pasando o por qué diablos tiene un bajo colgado del cuello. Y todo mientras hace como que está tocando. DL tenía esa foto pegada detrás del mostrador, en grande, en blanco y negro, y cuando nos hablaba de Sid la señalaba con el pulgar, hacia atrás y sin nombrarlo, como quien señala hacia el cielo cuando se refiere a dios o dice que quiere entregarse a él por entero.
Dicen que DL sólo huyó hacia adelante, que hizo la suya en vez de aportar algo, que lo suyo fue una reacción crítica peligrosa: no sólo para sí mismo, sino para esos jóvenes que como él, como nosotros, no pueden ver más allá de sus narices. Pero por lo general esta es gente que se cree la gran cosa. La suya, si vamos al caso, también es una visión del mundo bastante retorcida.
Imposible no volver a pensar en Sid. Abandonarlo todo para volverse un héroe, incluso la vida misma, o la vida que se lleva, que es más o menos lo mismo. Recién muerto Sid pasó a ser un héroe. Es decir, tuvo que abandonar lo poco que tenía, su pobre vida miserable, para pasar a significar algo, demostrar alguna cosa, volverse importante, hacer realidad el lema de todo mártir moderno, “live fast, die young”. Aseguraba que no iba a vivir más allá de los 25, y lo cumplió uno diría sin querer. Y fue más o menos por esa etapa que DL también lo abandonó todo, incluso los amigos, la única cosa que tal vez le haya pertenecido por entero: porque ahora lo sé: éramos sus amigos, no él amigo nuestro.
Por suerte nosotros fuimos más normales, o cobardes, y seguimos viviendo, estudiando, trabajando, ganando dinero o perdiéndolo, haciéndonos de una reputación o no, teniendo hijos y cenando con conocidos y con no conocidos, todo dentro de formas absolutamente predecibles.

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11 comentarios

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  1. martin / Nov 11 2009 6:02 am

    Muy buena tu nota, tenes razón cuando decís que somos una generación desbandada, aburrida e insatisfecha. Creo que la gran mayoria vivimos para cumplir los sueños de otros (padres, hermanos, o hasta la sociedad en general) estudiar, tener un titulo, formar una familia etc. y nunca nos atrevemos a cumplir nuestros propios deseos, no nos animamos a salir del camino marcado, por temor o por verguenza y nos vamos ahogando lentamente sabiendo que tenemos la posibilidad de dar un paso al costado.
    un abrazo

  2. Roberto Giaccaglia / Nov 12 2009 2:46 pm

    Así es martin, la situación es crítica, y para colmo culpa nuestra.
    Un abrazo, gracias por pasar.

  3. Alberto Vargas / Dic 11 2009 7:17 pm

    Excelente nota, muestra un panorama gris que a muchos les podría pasar sin mayor importancia pero para otros es su realidad y creo que ahí en ese espacio también hay una gran pasión, el hecho de trascender sin buscarlo. Me parece triste pero es una tajada de realidad muy difícil de digerir de un solo bocado.

  4. Roberto Giaccaglia / Dic 11 2009 10:11 pm

    Así es Alberto, a veces me pregunto si no es esta la realidad de todos, lo sepamos o no, pero no me animo a compartirlo con nadie, o casi. Creo que el punk al menos tuvo ese coraje: preguntárselo en la cara, a todo el mundo.
    Un abrazo.

  5. pilly / Dic 17 2009 7:53 pm

    solo se vive para vivir, y el hecho de que este o no conciente de esto
    cambia muchas cosas, yo respeto y admiro a estos tipos del punk
    porque a quien no le gustaria no hacer nada y pasar desapercivido
    pero en realidad esto es un juego y las personas que llegan a conocer
    la razon de ser y de vivir, viven y mueren tranquilos!! no importa
    si se es un puto punk o un alienado doctor :(

  6. Roberto Giaccaglia / Dic 20 2009 12:51 am

    Pilly, me pregunto si en tan pocas líneas no habrás dicho más o menos lo mismo que mi historia.

  7. antisocial / Dic 23 2009 5:54 am

    iros todos a la mierda pinches sociales hijos del culo
    valen para pura cagada y no se esten apoyando que eso no es de punks
    pinches fresas hijos del culo no ven que ahora ya no hay
    colegas porque a todos los vencio la codicia que ser un buen colega
    todos valen caca

  8. Roberto Giaccaglia / Dic 23 2009 5:50 pm

    Era hora que nos visitara un punk de verdad. Gracias antisocial, ¿o prefieres un escupitajo?

  9. rematxe / Ene 3 2010 12:13 am

    asi es… uno se transforma en un ser predecible, que pone caras a la gente y dice tener amigos cuando no los existen…. aveces pienso si triunfar es lo que hizo este compadre lo que he hecho con mi propia vida, trabajando de profesor y desordenandome el fin de semana como si fuera el ser mas desinteresado de esta tierra! que rara al fin es la vida del punk!

    saludos! me gusto mucho tu nota!

  10. Roberto Giaccaglia / Ene 8 2010 1:43 am

    Gracias, a mí la verdad ya no me gusta tanto. Tal vez nunca me haya gustado en realidad, pero tenía que escribirla: ¿será eso, tal vez, el desinterés del que hablas?

  11. Max Cortes / Ene 28 2012 6:24 am

    Simplemente , Resumiste La existencia y vida de un Punk En una larga nota , Sin palabras Hijo de puta Me senti un don nadie

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