Skip to content
abril 25, 2009 / Roberto Giaccaglia

Una solución ruidosa para los problemas del rock argentino

diadelos

Día de los muertos, El Mató a un Policía Motorizado, 34:30, 2008, Discos Laptra.

Difícilmente haya en la escena rockera del país una banda que inspire más dicha que El Mató a un Policía Motorizado, por más que hablen de un huracán que lo destruirá todo, que en la ciudad está el infierno y de gente que se muere en Navidad. No importa. Son indies, simpáticos, les gustan Guided by Voices y poco les importa que las letras de sus canciones digan una cosa mientras la música dice otra. Son algo así como una inocencia desaforada, es decir exactamente un opuesto en sí mismo, algo que queda muy bien en un grupo de esta clase, un grupo ambivalente, con canciones serenamente irascibles, característica que ellos aprovechan de la mejor manera, o de la única que en realidad existe: sin vergüenza, yendo para adelante nomás, en forma despreocupada.

Jen, protagonista femenina de la serie The It Crowd, quizá una de las mejores de la historia, se queja en un capítulo de la tercera temporada de que sus compañeros de trabajo, un par de geeks irredentos, le hayan hecho conocer todo lo que grabaron los Guided By Voices, un montón de cosas, entre álbumes de estudio, en vivo, soundtracks y demás. Jen se queja no porque la banda no le guste, le termina gustando: una persona, menos al dolor, se acostumbra a cualquier cosa, incluso a cantantes desafinados y ritmos que sólo proponen simpatía y nada más. Jen se queja porque una chica como ella no tendría por qué conocer a una banda como Guided By Voices.
Eso la vuelve extraña, algo que nunca quiso ser, o sea algo especial, estrafalariamente hablando. Guided By Voices es para gente que no encaja en ningún lado. Por ejemplo, geeks irredentos, cultores de historietas, coleccionistas de muñequitos de He-Man y cosas por el estilo, nerds, perdedores, cautivos de gustos atrofiados, gente con la que no baila nadie. Como las canciones de Guided By Voices, es gente que no pareciera progresar nunca, que se quedara en meros amagos, en meros ensayos, gente y canciones que no aspiran a nada, o si aspiran a algo, a la grandeza, por ejemplo, lo hacen de lejos, coquetean con ella, pero en el fondo no les interesa, están demasiado ocupados divirtiéndose, haciendo otra cosa, algo inútil.
Siempre pensé que hace falta más gente así, pero sobre todo más grupos así.

Y un grupo así es El Mató a un Policía Motorizado, un grupo para coleccionistas de chucherías y fans conscientes de películas malas. Por fin.
No digo que Argentina no haya gozado antes de grupos tales, gozado mínimamente quiero decir, como debe ser, porque cuando los gustos atrofiados se masifican pasan a constituirse en otra cosa, se formalizan en ideas de las que mejor salir disparando. Pero mientras unos pocos las disfruten está bien, son una virtud, un placer minoritario, a veces culpable y por lo general feliz.
Se puede mencionar a Superuva, por ejemplo, que en este sentido supieron hacer de las suyas, o por caso a Tía Newton, que desapareció sin dejar rastro, pero los muchachos de El Mató llevan esta desvergüenza a terrenos, si cabe, más elevados, no para mirarlos a todos desde arriba, sino a lo sumo para tirarse de cabeza a la pileta más próxima y más vacía.

Día de los muertos, su cuarto disco, cierra una trilogía, la que comenzó con Navidad de reserva (del 2005, y que de paso me gustó más) y que continuó con Un millón de euros (del 2006, que de paso me gustó menos). Esta trilogía vendría a componer un tríptico donde se tratarían los siguientes asuntos: el nacimiento, la vida y la muerte, pero todo esto no son más que palabras que apuestan por un sentido que no se encuentra en ningún lado, o que en todo caso uno puede tomar para el lado que quiera. Si yo titulo una canción “El árbol de fuego” (para mí una de sus mejores creaciones) y en ella canto “Otra Navidad/Muerto en Navidad”, no veo por qué se debería pedirme explicación alguna, o una teorización de algún tipo. Si titulo así y canto así es porque estoy tomando al rock como lo que es, algo demasiado serio como no para no tomarlo en solfa, irreverentemente, dando zancadas en el lugar en que otros, muchos otros, intentan pisar con cuidado.

El mal pensado, que los hay, podrá decir que El Mató a un Policía Motorizado es una banda arty de chicos bien que no se animan del todo a formar parte del rock chabón, pero que coquetean con él, a base de ritmos pegadizos, dos o tres acordes por canción y coros símil hinchada barrial. Pero los mal pensados no escuchan El Mató a un Policía Motorizado. Esta banda es para personas que tienen ciertos problemas resueltos, que puedan darse el lujo de reírse de ciertas cosas, o de menospreciar otras. Las canciones de El Mató son para tomárselas tan en serio como uno se toma a las películas de zombies, o, por lo menos, los titulares catástrofe del periodismo sensacionalista. Por eso, El Mató es al rock argentino lo que la revista Barcelona es al periodismo: el virus de la felicidad dentro de la seriedad impostada, carcomiendo sus raíces. Ni El Mató ni la revista Barcelona terminarán por cumplir su objetivo —si es que lo tienen—, el de desterrar el compromiso falso, la complacencia política, y lo peor de todo, la solemnidad de los que se creen la gran cosa, pero mientras tanto el que pueda se va a divertir bastante con sus intentos.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: