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mayo 8, 2009 / Roberto Giaccaglia

De sangre somos

Låt den rätte

Låt den rätte komma in, Tomas Alfredson, 114:00, 2008, Suecia.

Las buenas películas de terror son obras tristes, quizá porque no hay otro género que pueda dar cuenta de cuán solos se quedan los muertos, sobre todo aquellos a quienes nadie pareció amar en vida. Es una lástima que por lo general las películas de terror se conformen con la bagatela de asustar, cosa que es más o menos fácil, siendo que son tantas las posibilidades que se les ofrecen: por ejemplo lo ya señalado, esto de dar cuenta de cierto universo imperceptible y sólo poéticamente avistado, el de la soledad de todo espíritu condenado.
Esta soledad suele ser compartida con otros que todavía respiran, seres estos que, tal vez no paradójicamente, tienen un halo aún más evanescente que el de un fantasma, caminan sin ser notados, fueron olvidados hace rato, están muertos y sin embargo toman el colectivo todos los días, estudian o trabajan, sueñan y al otro día se levantan.
Buenas películas de terror como The Sixth Sense o Dark Water están basadas no en la premisa del horror, sino en la de la soledad, la incomprensión, la falta de afinidad. Si hay un terror en ellas, este es el de quedarse solo, por siempre. Tal vez no exista, ni en esta vida ni en otra, terror más grande, de ahí posiblemente el miedo que generan estas películas.
Suelen ser películas fuertes, a sus hacedores no les falta talento ni imaginación para sorprender con imágenes y sonidos, pero el impacto que provocan no es tanto estético como hipnótico: hacen mella allí donde los meros sentidos externos no acceden.
Tal vez se pueda hablar de “thriller psicológico”, pero esto sería justo sólo si habláramos o tuviéramos en cuenta las huellas que deja en el espectador, y no tanto si sólo nos remitiéramos a un subgénero dentro del thriller, subgénero este que carece de muchos elementos que sí se encuentran en estas obras en las que se combinan el horror, el misterio, lo fantástico y, sobre todo, la soledad del alma humana, el desatino divino de haber provisto al hombre de tan pocas dotes para hacerle frente a esta clase de tristeza.
Y si hay un ser, misterioso, fantástico, y ciertamente horroroso, que sepa de todo esto, soledad y tristeza, ese es el vampiro, personaje riquísimo como pocos y romántico como ningún otro, que viene dando de qué hablar a la cultura popular desde tiempos inmemoriales, quizá por la necesidad tan humana de reflejar en alguna cosa, o ser, ese instinto primitivo o impulso animal presente en todos nosotros, aquel siempre en conflicto con las normas sociales y las religiosas.
El vampiro es, sí, un ser desatado: el lado salvaje, animal del hombre. Y como no puede ser de otra manera, este ser es “algo” demasiado libre como para dejarlo existir sin más. Si no se lo puede cazar, al menos hay que apartarlo, dejarlo solo, señalarlo con el dedo: todo instinto bajo es peligroso. Y vaya que si tienen instintos bajos los vampiros: seres sin reglas morales, poderosos y dominantes, depredadores, son la figura hecha y derecha de quien posee, entre otros excesos, un impulso sexual excesivo. De ahí, en parte, el atractivo que poseen y al mismo tiempo el rechazo que generan. Muchas dotes del vampiro hacen referencia a esto: su eterna juventud, su potencia, la sangre ajena como fuente de vida, el poder como arma de seducción.
Pero, con todo, no dejan de estar muertos. Es decir, solos.

John Ajvide Lindqvist, escritor sueco, publicó en 2004 la novela Låt den rätte komma in, que en buen castizo quiere decir algo así como “Deja entrar al correcto”, lo que seguramente está haciendo referencia a una de las características de los vampiros: a saber: un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; en caso de que cometa la imprudencia de entrar sin permiso, pueden sucederle cosas terribles… claro que si se le permite la entrada, a quien le pueden suceder cosas terribles es al dueño de la casa.
Bien, Låt den rätte komma in fue todo un suceso en Suecia (“suceso en Suecia” queda feo de decir), la novela fue traducida a varios idiomas y la versión cinematográfica estuvo, con el correr de las ventas, a la vuelta de la esquina. En este caso, por suerte.
Låt den rätte komma in, la novela, trataba sobre la relación entre un muchacho de 12 años, Oskar, y un vampiro de unos 200, pero detenido en un cuerpo de infante, Eli, quien no posee un género determinado. Uno de los temas de la novela era la pedofilia, y de paso la prostitución, ya que el vampiro Eli, quien, repito, luce jovencito, por más que pesen sobre él/ella 2 siglos, seduce a hombres mayores, para que estos le provean de la sangre que necesita para vivir sin que tenga que salir él/ella mismo/a a buscarla. Es decir, los hombres mayores y enamorados salen a cazar por él/ella, recolectan sangre en un bidón y se la dan a beber. El amor es capaz de todo.
En la película que por suerte a alguien se le ocurrió hacer, estos temas están más solapados, y uno apenas puede imaginarlos, intuirlos, ya que la relación entre el vampiro Eli y el hombre mayor con el que vive no está del todo clara. Puede ser un padre, un tío. Según su director, el sueco Tomas Alfredson (quien a partir de esta película pasa a ser uno de mis directores favoritos, haya hecho previamente lo que haya hecho, y haga en un futuro lo que haga), no queda bien mostrar ciertos momentos de un libro en una película, la fidelidad argumental no existe, ni puede existir. Al parecer, no todo funciona cinematográficamente, como literariamente, y una de esas cosas es el asunto de la pedofilia, asunto para el cual se necesita demasiada responsabilidad si uno quiere mostrarlo en el cine. O riesgo. Esto es algo que los creadores de la película no quisieron correr, así que se focalizaron en el amor. Son sus propias palabras.

Así, Låt den rätte komma in, la película (o Let the Right One In, como le pusieron los yanquis, que quieren una remake a toda costa), es una historia de amor. Una muy triste historia de amor, con algún toque de horror, otro de suspenso, y muchos golpes al alma del espectador.
El propio John Ajvide Lindqvist, autor de la novela, escribió el guión de la película, que se centra en la relación ya citada de un muchacho de 12 años, Oskar, odiado y ninguneado por todos quienes lo rodean, un muerto en vida, y Eli, el vampiro, la vampira, otro muerto en vida, un desamparado, que gracias al cariño de otro desamparado, Oskar, vuelve a respirar con ganas, a vivir, a clavar los colmillos, a chupar sangre, a reír. Dios (o el diablo, en un caso) los cría y la tristeza los junta.

Además de las actuaciones de cada uno de los implicados, soberbias, contenidas por una mirada justa y precisa, es digno de destacar, muy digno, el clima de la película, silencioso, nebuloso y frío, terriblemente frío, gris como un corazón enfermo de angustia. El conjunto que componen la historia, los personajes, y el color de la película, porque cada película tiene su color, un color único, si es una película cuidada y preciosista como esta, hace que uno al final de la obra quede más que convencido de que acaba de ver una obra sin igual, redonda, donde cada elemento ocupa el lugar que el artista quiso que ocupara. No hay muchas creaciones que nos hagan sentir que estamos ante una unidad, un complot de las formas y de los contenidos por apalearnos allí donde más lo sentimos, cosa que las cicatrices se noten, como la marca de dos colmillos ansiosos, desesperados y agónicos en el cuello.

5 comentarios

Dejar un comentario
  1. lanoviadetroll / Mar 25 2011 3:46 am

    Adhiero, tá buena…, dado que citas Dark Water, proba Cure y Seance de Kyoshi Kurosawa -en menor grado Pulse. -en otro genero pero también magistral Eye of the Spider del mismo.

    Salú :)

  2. Roberto Giaccaglia / Mar 25 2011 2:01 pm

    Para mí esta es una de las mejores películas de la década pasada, fácil.
    Gracias por la recomendación.

  3. lanoviadetroll / Mar 25 2011 10:39 pm

    Je, no sé si tuviste la “suerte” de chequear la remake americana -Let me in- que tanto le gustó a tu amigo Stephen King ;)

    Sí los actores son menos-mucho menos-, la foto es más convencional y tonta, es más torpe en muchos sentidos y miles de detalles, está medio filmmada con las patas (lo único realmente piola son un par de escenas en el auto-si la ves te vas a dar cuenta) pero es interesante como tradujeron “politicamente” el tema de la pedofilia -tampoco tratada-: bajo la luz de quien negocia “Libertad por Seguridad” -tema tan “americano” en los últimos años… -en una lectura quizá más oscura, Oskar no hace sino suplantar al viejo y gana en “Seguridad” (salvado en la piscina) lo que quizá pierda en “Libertad”. En fin deprimente… :)

  4. Roberto Giaccaglia / Mar 26 2011 12:16 am

    No, no vi la americana, no me animo. Ya arruinaron tantas… Dark Water, The Ring, Funny Games… ¡Nueve reinas! Cada una tendrá sus cosas, como la propia Let Me In, pero no me arriesgo.

  5. Anónimo / May 17 2013 10:03 am

    De la película americana, me quedo con la mirada de Eli, quién no acudiría a darle un abrazo (dejando al descubierto de paso el cuello), al ver esos ojos tan tristes. Me quedo con el libro y con la versión sueca de la peli

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