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junio 7, 2009 / Roberto Giaccaglia

Una película mala, un personaje único y un disco como el personaje

Wolv film

X-Men Origins: Wolverine, Gavin Hood, 107:00, 2009, Estados Unidos.

Lo que son las cosas, y yo que pensaba que la peor película de superhéroes que podía hacerse jamás era, había sido, la segunda de Hulk, esa dirigida por un tal Louis Leterrier, e interpretada por un impávido Edward Norton. Pero no, llegó X-Men Origins: Wolverine y le mató el punto. Pocas veces he visto una película con personajes tan mal trazados, escenas tan grotescas y actores tan desganados. Quizá quisieron hacer una película para niños, pero los niños no son tan tontos como piensan: hasta ellos se dan cuenta cuando un personaje está hecho sin cariño, más por ejecutivos que por lectores de historietas. Por gusto, me fijé en el presupuesto gastado para la película, porque no había forma de explicarme por qué hasta los efectos especiales son pésimos. Gastaron 150 millones… ¿en qué? ¿En hamburguesas para Hugh Jackman? ¿En crema para depilarlo después? ¿En clases de actuación para Liev Schreiber, que no dieron resultado?
Yo, por mi parte, gastaría buena parte de ese dinero comprándole revistas de cómics al director Gavin Hood, para que la próxima vez sepa de qué le están hablando cuando le proponen hacer una película de superhéroes.
Es una lástima que hayan arruinado un personaje como este, Wolverine, uno de mis preferidos de los X-Men, junto a Nightcrawler, ese diablo católico, intimidante y querible al mismo tiempo.

Wolv character

Wolverine, Len Wein, John Romita Sr. y Herb Trimpe (creadores), 1974.

Y no lo es en vano. Wolverine, no sólo para mí, lector común y corriente, es uno de los personajes más queridos por los fanáticos de las historietas. Y tiene con qué. Encanto animal, habría que decir antes que nada. Así como Nightcrawler tiene un encanto místico. Wolverine es solitario, no se acomoda fácil en ningún grupo, hace por lo general lo que le viene en gana y se la pasa preguntándose por qué carajo es como es. Si fuera futbolista, tal vez se parecería a Messi, otro “producto” de naturaleza extrema mezclada con una labor intensiva de laboratorio, a quien le cuesta seguir directivas y capaz por sí solo de desarreglar toda estrategia del bando contrario, haciendo simplemente lo que se le canta. Así, con algo de animal irreductible, y otro de poco de hombre entendido como nadie en lo que hace, Wolverine se ha ganado justamente todo lo que se ha dicho sobre él, y también todo lo que se hizo en su honor.
Por ejemplo, uno de los mejores discos de la historia del metal, Wolverine Blues, de los suecos Entombed.

Wolv Entombed

Wolverine Blues, Entombed, 35:10, 1993, Earache.

Ah, qué cosa con los suecos. Tienen el mejor death metal y el mejor vodka. Ah, y las modelos.
Me pregunto si se necesita algo más.
Y a propósito, ¿cómo todavía no se les ocurrió a los del vodka Absolut una campaña publicitaria con la frase “Absolut Death”? En la foto que llevara tal leyenda, podrían estar los integrantes de Entombed portando cada uno una de esas lindas botellas que saca la marca sueca con su rica bebida. Claro que podría interpretarse mal tal publicidad. En Suecia, al parecer, son muy estrictos con respecto al alcohol: una banda posando con botellas de vodka en las manos haría que se hablara muy mal del rock and roll, o del death, o del death and roll.
Los Entombed son pioneros en esto, mezclar un poquito o mucho de la crudeza del death con el gancho del rock and roll. Después lo baten bien, como quien prepara un cóctel, con ingredientes de calidad. El resultado es un ruido extremo que sin embargo permite moverse al compás. Eso basta. Los Entombed, para ser notados, nunca necesitaron de sangre entre los labios y cosas por el estilo, por ejemplo miembros arrancados de cuajo en las portadas de los discos.
Los muchachos de Entombed no se permiten esas trivialidades.
Para arrancar miembros de cuajo y sumergirse en las trivialidades, ya está Patrick Bateman, el personaje de American Psycho, que tomaba Absolut cada vez que podía. Pero a Patrick una música como el death le habría repugnado. Patrick prefería Whitney Houston, Genesis, artistas así, un poco bochornosos, como bochornosos son la mayoría de los artistas death, una especie de Batemans con menos gusto en el vestir, pero igual de pretenciosos y poco gratos de conocer.
Es decir, gente trivial, de poca monta, mucha sangre y pocas nueces. Culpa de gente así, el death metal se vio menospreciado. Una lástima, porque este género había venido a salvar a la música extrema del fárrago en el que se había metido después de que el mero heavy metal empezara a sonar a encaje y pompas de jabón.

Los Entombed debutaron con un disco clave, Left Hand Path (1990), y siguieron con otra piedra preciosa, al menos para los amantes de tales siniestros, Clandestine (del 91 o 92, no recuerdo). Algo en el sonido de la guitarra metálica había cambiado para siempre: ahora sonaba a sierra eléctrica.
Después de eso, y mientras por todo el mundo, porque no necesariamente en Suecia o en los países nórdicos creció está música de montañeses peludos (ja, como Wolverine), se desparramaban bandas de death atroces, insignificantes, ruidosas y sanguiñolentas, Entombed decide dar otro mazazo a la música en ruinas y publica un álbum que fundaría los cimientos de lo que se dio en llamar death and roll. Sí, efectivamente, el grandioso Wolverine Blues.
Aunque quede feo, hay que decirlo: los Entombed con Wolverine Blues pretendían no tanto un homenaje al montañes peludo con garras en las manos, sino, más que nada, ver de qué se trataba eso de verso-estribillo-verso-estribillo-solo de guitarra y estribillo de lo que tanto hablaban los rockeros comunes y corrientes. Pensaban que la vieja fórmula aplicada al death metal iba a quedar bien. Un blues de Wolverine. Y sí, quedó.

Eso sí, los extremistas les dieron vuelta la cara. Deseosos de un mayor nivel de ruido, o sin soportar que un par de compases se distinguieran de otros o que las letras pudieran entonarse, los acérrimos empezaron a decir que Entombed se había vendido. Siempre pasa cuando una genialidad sale a la calle, los idiotas se complotan.
Los Entombed, entonces, con menos fans en los conciertos, empezaron a ganar atención mediática especializada, o sea la de las dos o tres revistas más o menos prestigiosas que por esa época había en todo el mundo. A Wolverine Blues le siguió unos años más tarde DCLXVI: To Ride Shoot Straight and Speak the Truth y después varios más, menos importantes, cuando el nombre de Entombed ya había quedado apenas visible entre toda la basura que el género seguía aportando.
Pero nos quedamos en Wolverine Blues, largamente el mejor, y el más querido y renombrado de los discos del grupo. Es su tercero, salió en 1993 por Earache Records y seguramente fue el primer disco del género, death, que compró un oyente de Metallica, por ejemplo, sin sentir que estaba comprando algo que no escucharía nunca. Lars-Göran Petrov, cantante de siempre de la banda, menos cuando lo echaron por un tiempito, le demostró a los metálicos que se puede cantar con fiereza y sin embargo que el público se entere de lo que estás cantando. Las guitarras de Uffe Cederlund y de Alex Hellid siguen el mismo camino, son brutales y sin embargo sus riffs son de esos sobre los cuales se puede tararear, quedan en la retina auditiva, no la despedazan, al igual que los solos, cortantes, precisos, quirúrgicos, ya no tanto una sierra, como un bisturí.

Una primera versión del disco venía acompañada de Wolverine en la tapa. Y yo me acuerdo de toda la parafernalia asociada con el superhéroe que supo acompañar el lanzamiento del álbum. En las revistas del género, el disco aparecía con Wolverine detrás, mostrando la inhumanidad de la que había sido dotado. Todo se hizo, según parece, sin el permiso de la banda, que no quería ser promocionada con la ayuda de un personaje ficticio, por más simpático que pudiera caerle. Incluso dicen que la última canción del disco, la potentísima y breve “Out of Hand”, también la más contestataria del disco (“Fools gather round to whatch me bleed / but there are things you’ll never see / to protect and serve one nation under god / a nation in which no-one’s free…”), fue borrada en aquellas copias que fueron acompañadas por un librito de la Marvel Comics, para ver si se vendía más. No se vendió más y de esta edición no se hicieron muchas copias.

Never mind Wolverine entonces, y centrémonos en lo que importa…
Con este disco, los Entombed hicieron caso omiso a las vertientes de ridiculez y de trivialidad que pululaban por doquier, y sacaron la primera gran muestra de su de ahí en adelante inconfundible estilo, una masa de sonido gélida, de bordes redondeados, sin asperezas ni puntas demasiado filosas, que lastimaran los oídos o el buen gusto.
Un hielo en un vaso repleto hasta el borde de Absolut.
Por más que digan lo que digan, el verdadero death debe de ser este. Un death absoluto, como el vodka que los suecos tienen la suerte de conseguir barato en sus góndolas.

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