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julio 11, 2009 / Roberto Giaccaglia

I Don’t Wanna Grow Up

ebm

El baile moderno!: elbailemoderno.blogspot.com

De los blogs cuya premisa es recomendar a sus visitantes libros, discos, películas y demás productos no perecederos —al menos inmediatamente—, por ejemplo otros blogs, por ejemplo cómics, me causa una buena impresión uno cuyo lema es que “si no puedo bailar, no es mi revolución”. El lema habla acabadamente del espíritu del blog en cuestión: primero disfruto, después veo qué hago. No creo que mejores revoluciones puedan nacer si la propuesta es diferente.
Así, unos muchachos identificados simplemente como Ezequiel, Darío y Amadeo, que dicen escribir desde Tucumán, Buenos Aires y Montevideo —me salió un verso sin esfuerzo—, aunque vaya a saber si en ese orden, se despachan con propuestas varias, para ver, escuchar, leer, holgazanear de manera culta digamos. Entre otras cosas, su blog es un servicio para el navegante, una guía de consumo.
No para cualquier navegante, por supuesto.
Pienso en veinteañeros educados, con algún paso por Humanidades tal vez, de clase media con aspiraciones, cierto espíritu inquieto, afines a todo cuanto tenga que ver con computadoras y libros que no salen en las listas de bestsellers, o películas que no figuran dentro de las más vistas, o discos que no se consiguen en Musimundo. Todo lo cual configura, más otras cosas —verbigracia: el lema del conjunto, la estética desplegada, la elección de temas o tags (twitter, web 2.0, videojuegos, youtube, tendencias, indie, juegos indie)—, un perfil ciertamente nerd.
No hay nada malo en eso. Después de conocer la serie The It Crowd, confío plenamente en ellos, o por lo menos me cae simpática una de sus características más notorias: gozar sin problemas de gustos minoritarios que no le hacen mal a nadie, poco importa si estos gustos minoritarios tienen que ver con actividades o conocimientos que suelen verse como inapropiados para cierta edad (las historietas, los juegos de video). Es lo de menos y, es más, presenta cierta altanería gratificante frente al cúmulo de problemas y de preocupaciones aburridas del mundo serio, real, que está ahí afuera y que enferma.
Además, el término nerd no tiene las connotaciones negativas de tiempo atrás, culpa de películas bobaliconas como La venganza de los Nerds y cosas por el estilo. Ahora el nerd forma parte de una esfera social compuesta no sólo por expertos en cuestiones sin importancia, sino también informáticas y hasta culturales y artísticas —cosas que, es cierto, no le importan a mucha gente tampoco. (Con esto vuelvo a estereotipar a la gente que hace este blog, pero no hay que sentir culpa por ello: me parece que en el caso que nos ocupa ser un nerd es todo un elogio, y merecido.)
Lo que sucede es que estos nerds son bastante especiales, no sólo leen mucho, por ejemplo, sino que les gusta escribir, así que no creo que debamos imaginarlos como unos simples geeks entregados nada más que al desglose del último cómic o del último video juego —lo que, por otro lado, ya sería bastante.
Es más, para cualquier blog hablar del último cómic o del último video juego no sólo sería “bastante”, sino también “bastante bueno” si lo hiciera con propiedad y con conocimiento de causa, no meramente con adjetivos disparados a mansalva, como suele verse. Y adivinen, los del baile moderno hablan de cómics y de video juegos con propiedad, mucha, y con conocimiento de causa, tanto que el tratamiento de este par de temas, que ciertamente los desvela, bastaría para constituir al blog en uno de los lugares más acabados de la web —es decir, si sólo de esto se tratara, pero encima, como dejé entrever, hay algo más.
Eso sí, alguien mal pensado podría englobar cada cosa que los bailadores modernos reseñan (libros, películas y sobre todo música) dentro de lo que se conoce como “snobismo cultural”, pero también, y guarda la tosca —expresión más bien folklórica, poco nerd—, podríamos meter estas “cosas” simplemente en el saco del buen gusto.
(Bueno, otra acusación, ahora resulta que no sólo se me ocurren “nerds”, sino también “snobs”, lo que posiblemente resulte más irritante, porque querer sacar chapa de sofisticado o de culto no es algo que le quede bien a nadie, así que dejo el asunto a consideración del lector, él sabrá dónde ubicar a los bailadores.)
Por más que ya existan “productos” editoriales similares a El baile moderno! con los que poco comulgo, por no decir que detesto, ej: la revista Inrockuptibles (publicación petulante si las hay), lo del trío inquieto es digno de defensa —frente a los, ejem, posibles ataques de snobismo que alguien podría hacer. Y eso que poca de la música que mencionan o reseñan o piden por favor que sus visitantes escuchen llega a entusiasmarme en lo más mínimo: pero es que, ¡hey!, yo no tengo un gusto exquisito y sé que ni siquiera pertenezco al target consumidor de este blog —por más que considere un arte mayúsculo a ciertos cómics.
Las películas que tratan ya me gustan algo más, no tanto, tampoco, así como los libros y por supuesto la mayoría de los juegos, por lo que si me pusiera a hablar del criterio empleado para la selección de unos y otros estaría hablando demasiado en favor del blog, cosa que tampoco quiero… ¿Será por cómo escriben?

“Devendra Banhart es un músico bastante conflictivo donde hay bastantes que lo defienden, y otros (i’m looking to you, Amadeo!) lo odian a muerte.
En fin, yo me posicionaría en una situación intermedia donde el Rejoicing in the Hands me pareció un muy decente y entretenido disco folk, y su siguiente disco disco Niño Rojo me mató del embole. El resto no lo escuche.”

Y estro es apenas una muestra. No son muy cuidadosos, es cierto, escriben más bien al correr de la pluma, o de la banda ancha, aprovechando el tiempo al máximo, así que no se van a poner a corregir.
O sea, si es para tomarme el trabajo en serio, prefiero centrarme en la “tarea en sí” que emprenden los redactores del blog, esto de recomendar a partir de sus gustos y experiencias como público consumidor —bah, “consumidor” no sé si es la palabra exacta, no como lo entiende el capitalismo al menos, que pide que se compre cada cosa que se consume, no que se “comparta”, como hacen ellos.
Vuelvo con la idea: no hay muchos blogs que se tomen el tiempo que la labor de compartir conocimientos necesita, sin pedir nada a cambio más que un comentario de, y sí, otros geeks, o otros nerds leídos que andan perdidos por ahí.
Es que a veces el trío no es tan escueto como en un principio el contenido que pregonan demandaría. El baile moderno! no se conforma con simplemente lanzar al aire un par de nombres poco conocidos de cantantes, escritores o cineastas, no, nada de eso, sino que allí se escriben largas reseñas sobre los gustos de los autores del blog, a veces demasiado largas para lo que tienen que decir, es cierto: porque o bien no dicen nada que no hayan dicho antes de un artista similar o se explayan por explayarse nomás, sin agregar ni quitarle nada a lo que habrían dicho con menos palabras, pero esto no siempre sucede y por lo general el palabrarío fanático que plasman en pantalla es muy disfrutable (aunque no su ortografía, y menos su sintaxis, cosas que constituyen otro asunto y al que me cuesta no volver: “Estuve yendo desde el miércoles, al cine prácticamente todos los días. Vi dos películas nuevas – de las cuales me quiero detener en una -, y luego films que ya había visto en realidad una sola vez, y quise re-verlas.”).

Tal vez esto en paréntesis no importe demasiado. Lo que importa es la característica principal del blog: compartir un gusto, una pasión, y a veces hasta justificándolo.
A ver, ¿cuántas veces puede uno toparse con un largo soliloquio en defensa de los video juegos? No muchas. Poco importan los argumentos usados, que tan mal no están, sino el énfasis puesto en la defensa de este pequeño e inicuo placer, que en el caso de los modernos bailarines llega a ser casi un placer estético, o espiritual.
Por ello, es aleccionador el post titulado “Porque rompemos las pelotas con esto de los jueguitos”, a mi modesto entender un manifiesto ético (exagerado, envanecido, mal escrito: “Hace más o menos una semana, esperando un Whisky en cierto pequeño bar montevideano, una persona que no conocía de repente me mira y me dice: “¿Che, quien escribe tanto de juegos en el Blog? No entiendo nada de eso!” Luego de mi sorpresa e incomodidad total, tuvimos una pequeña charla donde yo intente explicarle exactamente porque estábamos hablando tanto de videojuegos yo y Dario…”) que por sí solo habla no ya de la premisa del blog, sino de todo un grupo de personas —de sus seguidores, más que nada— que tiene que ver con cierta forma de pensar, entender y, sí, disfrutar de la vida.
Eso sí, cuando dejan a los “jueguitos” de lado por ahí se entreveran en asuntos en los que tal vez merecerían pasar más tiempo meditando si quieren decir, como parece, algo nuevo, u osado, por ejemplo cuando hablaron de la pornografía: un tema interesante para ser tratado desde la óptica de un blog así, pero con un resultado más bien pobre, o traído de los pelos:

“(…) Una discusión seria o un estudio de la pornografía tiene que ser encarado desde el la semiología acorde a la primera definición de Saussure, como el estudio de la vida de los signos en el seno de la vida social.

Una eterna discusión es si la pornografía solo reproduce un deseo que está presente en la sociedad o si genera esas imagenes. ¿Reproduce las fantasías del público o actúa como un agente homogeneizador que implanta las mismas fantasías en todos los consumidores? En el documental The Merchants of Cool Douglas Rushkoff se preguntaba lo mismo sobre el consumo cultural en los adolescentes y el comportamiento sexual que se les muestra en los medios destinados a ellos. ¿representaba realmente como se comportaban los adolescentes o los adolescente imitaban lo que veían? En algún momento Rushkoff llega a la conclusión de que es un loop cultural constante, una retroalimentación. El espectáculo vende imágenes, el consumidor las imita, el espectáculo lo recoge y lo vuelve a vender. Simple. Creo que eso mismo se aplica a todo el consumo cultural y la pornografía entra ahí también. Me pregunto si hay alguna forma de consumo cultural más baja que el consumo de imágenes. Esta forma de consumo de sexo igualado a consumo de imágenes es, citando a los situacionistas, la sexualidad de la miseria, la miseria de la sexualidad.

Reductio ad absurdum. Si lo consensual de la pornografía puede ser puesto en duda, si las imágenes son dueñas de sí mismas y funcionan más allá del control de nadie, si la gente va a seguir viendo a alguien teniendo sexo y ese alguien no va a poder hacer nada para impedirlo, ahi donde la idea de consenso ya no sirve de nada, ¿qué podría diferenciar a la pornografía de la violación? La respuesta es obvia, toda pornografía es violación.”

Desconozco la formación de los autores del blog, no sé si importa, pero sea cual fuere es notorio que todavía les falta recibirse, o por lo menos seguir estudiando un poco más. Tal vez ellos llamen con justa razón a quien cuestione su estilo policía gramatical, o algo peor (“grammar nazi”, por ejemplo, término nerd si los hay), con lo cual no estarían más que amparándose en lo mismo que se amparan para hablar de lo que hablan, el mero gusto: dar rienda suelta a las pasiones:

“(…) La pelicula es completamente insoportable y acumula la mayor cantidad de Hipster Bullshit posible en su hora y media de duración. Esta hecha tan descaradamente para un público objetivo (lease, fanaticos de Maths and Physics Club de 16 años), dejando bastante de la historia y el desarrollo por detras, por sobre un montón de ideas “indies” y “cutes”….”

“(…) Y, finalmente, quiero rescatar una película que es incomprensible que sea tan ignorada, que ni siquiera tenga edición en dvd, que casi nadie vea, cuyos subtítulos en castellano no existen en internet. Estoy hablando de esa obra maestra que es “Matinee” de Joe Dante. La volví a ver hace un par de semanas, luego de casi una década de haberla visto por primera vez y me quede sin habla ante lo estupenda que es. Creo que sería mi película del año hoy y siempre.
El argumento es simple a primera vista: un productor de películas clase b, de monstruos y fantasmas, llega a un pequeño pueblito de Estados Unidos a presentar su última producción, llamada “Mant!” y que trata sobre un hombre mutado…en hormiga! gigante!. En este lugar se encuentra con un joven y su hermano que están obsesionados con “Famous Monsters In Filmland” y el cine de terror. Pero todo sucede durante la Crisis de los Misiles del 62 y el padre del pendejo es un soldado asignado a bloquear el envío de material nuclear ruso. Eso sin mencionar que el pueblo queda a un tiro de piedra de Cuba y todos están paranoicos con que las bombas caigan….”

“(…) Sin embargo, ya existe un gemelo deforme de “Hurdy Gurdy Man”: el cover de los Butthole Surfers. Si bien no cuenta con el nivel de malignidad en el que la recontextualización de Fincher coloca a la canción, en la gloriosa tradición de los B.S. logran hacerla sonar como una canción del infierno, como la versión lisiada, con quemaduras de tercer grado del original.
Lo logran con muy pocos elementos. Básicamente lo que hacen es amplificar al mango las propiedades psicodélicas inherentes en la composición, pasando la voz en reverso de manera que quede como una especie de balbuceo estuporoso y utilizando las guitarras como largos, larguísimos, lamentos producidos por un vagabundo en ácido. Todas esas propiedades están en la canción original, que tiene un componente de repetición y drone muy grande, pero en manos de los Buttholes, esos adorables freaks (los verdaderos fearless freaks son ellos, no los maricas de los Flaming Lips), la canción se transforma a su imagen y semejanza. Esto es: fea, amenazadora, ligeramente inquietante y siempre, siempre, proviniendo de un lugar lleno de niebla en el que pulula un grupo de locos escapados de un manicomio….”

“(…) A los dos días, en otra librería de viejo, me encuentro con “Dios Lo Bendiga, Señor Rosewater”, acreditado a “Kurt Vonnegut, Jr.”. Por 4 pesos lo compro igual. Volví a mi casa seguro de que había comprado libros del padre y del hijo. No recuerdo como me di cuenta de mi error. En ese entonces no había wikipedia…”

“(…) Esto es trístisimo y le va a arruinar el dia a Candida, pero ta. No solo falleció Klaus Dinger, el genial baterista de Neu!, sino que ocurrió el 21 de marzo, y nadie, nadie dijo nada. Una pena. Aquí un articulo del Washington City Paper…”

Hay entusiasmo, y mucho, y un despegue del suelo abrumadoramente superior a la media de este tipo de blogs, pero como altas son las pretensiones, hablar mucho sobre lo que les gusta o al menos sobre lo que les interesa, desde una óptica digamos didáctica, es decir: proponerle al otro por qué debería inclinarse hacia ciertos gustos en desmedro de otros, estas exigen que el redactor tenga algo más que entusiasmo y buenas intenciones, o ganas de quedar bien exhibiendo nombres, datos y cruces de estilos.
Qué es ese “algo más” yo no lo sé —si lo supiera mi propio blog sería mejor—, pero veamos un par de ejemplos, como para ir cerrando, donde ese “algo más” se perfila y que sirven para dejar en claro que el blog cuenta con ciertas pretensiones que no pueden reducirse a cómics, video juegos y cosas por el estilo (llámenlo didactismo, o simple entusiasmo —desmedido—, pero al menos a estos muchachos ganas de ir más allá no les falta):

“(…) Y sobre todo, deberían aprender a escribir. ¡Por dios! Pocos grupos tan grises y aburridos de escritores he encontrado como los historiadores argentinos en estas reuniones. ¡Que poco preocupados por el estilo que están! ¡Que tremendamente carentes de vida que son sus trabajos! ¿Acaso no les interesa lo que investigan? ¿Acaso no se refriegan las manos como científicos locos ante el descubrimiento de un dato nuevo? ¿Para qué carajo estudiaron historia? ¿Para ser burócratas del conocimiento?…”

“(…) Este es el detalle por el que todas las teorías, como una adaptación del teorema de Gödel, sin importar cuán completas parezcan, siempre terminan basándose en algún elemento que se da por sentado y no puede ser probado con los elementos que nos da la película, siempre queda algo suelto que es indecidible. Como dice en Marc de K-Punk en su post sobre Inland Empire, no tenemos que caer en la tentación de interpretar que todo podría ser una alucinación o un sueño de un personaje porque es la película la que está loca, no los personajes en ella….”

Es cierto que los redactores de El baile moderno! dicen cosas que uno con algo de tiempo podría averiguar por sí solo. Y que sus opiniones no echan luz sobre nada a lo que alguien no haya en algún sitio arrimado ya una vela a unos metros, pero, por otro lado, yo tal vez esté pidiendo demasiado y desee encontrar en ellos un perfil de críticos culturales que es casi seguro que no quieren —por más que cuenten con el talento o las dotes suficientes como para al menos acercarse a tal cosa.

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One Comment

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  1. Koba / Jul 16 2009 1:41 pm

    ¡Me gustó ese estilo de escritura!
    Ojalá pudiera escribir así, soy muy prolijito, muy aburrido, ufa!

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