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agosto 6, 2009 / Roberto Giaccaglia

Hacer la plancha

S Zizek

Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales, Slavoj Žižek, 288 págs., 2009, Editorial Paidós, Buenos Aires.

Si uno se sobrepone a la temible traducción de este libro, quizá logre sacar algo en claro. No debería empezar tan prosaicamente esta crítica, pero es que la edición del último libro de Slavoj Žižek editado en Argentina es tan berreta que merece ser comentada. Son varios los errores, de tipeo, gramaticales y hasta los que tienen que ver directamente con la traducción, y por momentos se torna poco legible, desespera. Siendo un libro de cincuenta pesos (sin solapa, tapa blanda, tamaño pequeño, encuadernación pobre) la gente de Paidós tendría que haber puesto mayor dedicación en él.
Eso por un lado, por el otro, directamente, el señor Slavoj Žižek, que es responsable del resto.
Y el resto es bastante.
Bueno, ni tampoco. El libro entero, con todos sus movimientos, el cual más entreverado, puede resumirse en las esmeradas líneas finales, un tanto confusas tal vez: un llamado a la inacción total frente al problema de la violencia, sea ésta de la clase que fuere —en realidad, al menos para Slavoj Žižek, hay una sola: la violencia es política, siempre, a lo sumo económica, o ésta un derivado de aquélla.
O sea, las marchas del “ingeniero” Blumberg y de sus epígonos, con velas en las manos, cantando bajito, congregándose luego frente a un palco desde donde se disparan números que no son otra cosa que víctimas, están de más, sobran, son no otra cosa que una pérdida de tiempo, como así también las charlas de expertos en la televisión, las columnas en los diarios, los discursos de la oposición.
Así como los políticos —traten sobre el tema que traten—, hablan en el vacío, también los expertos o supuestos expertos acerca del tema de la violencia están empantanados en la misma nadería, atrapados en una masa gaseosa donde les es imposible distinguir qué produce qué cosa, si el huevo viene después de la gallina o qué.
Como están las cosas, parecería ser que es mejor hablar de lo que no se ve. Si la violencia es algo que se respira a diario, en todos lados, en todos los ámbitos, y a toda hora, hablar sobre ella no hace más que engordar el caldo que después aprovecharían sujetos, a su vez, menos deseados que los que ya vemos a diario.
Tal vez por ello incluso este mismo libro resulte un objeto que haga del sistema (tendría que escribirlo en mayúscula, Sistema, como se escribe The Matrix) algo blando, suave y acolchonado, un lugar donde relajarse: habla de la violencia en un tono sobrentendido: siempre estuvo ahí, como un vecino molesto con el que hay que aprender a convivir. Volverse locos no sirve de nada.
Slavoj Žižek dice esto a sabiendas de que no son pocas las interpretaciones intelectuales, psicológicas, académicas y siempre sofisticadas que han abordado el tema sin llegar a nada claro y mucho menos a solución alguna —a propósito, hablando de este tema, o de cualquier otro en realidad, a mí me aburre más cualquier invitado a Todo Noticias que el bueno de Slavoj, que al menos cita a Taxi Driver, gran película.
Tal vez por ello Slavoj deja los matices filosóficos de lado, no tanto los psicoanalíticos, y la emprende mencionando películas, novelas y demás productos populares para encarar el asunto de por qué nos matamos los unos a los otros —cuando usa la física cuántica para tratar de explicarnos qué deberíamos hacer ante la violencia la analogía resulta tosca, apresurada, una impostura más para la colección de Sokal y de Bricmont.
Pero es su método, es cierto, y no le ha dado malos resultados. Al menos ha vendido bastante.
¿Y qué nos queda a nosotros de un filósofo así, pobres lectores esperando a ser iluminados dentro de un panorama tan oscuro? Nos queda la idea de que la violencia es un buen asunto literario, una buena razón para ponerse a hacer una película, contar un chiste, leer a Lacan con gracia… En todo caso, una excusa para proyectar una parte esencial de nuestro ser a través de la ficción.
El mismo Nietzsche abordaba sus libros de forma similar, aunque hay que decir que era más poético. El problema es que no le avisó a nadie de esto, y muchos lo tomaron literalmente: la búsqueda del superhombre, por ejemplo, tuvo resultados más bien macabros. Tal vez el mismo problema resida en Žižek, tomarlo así —¿literalmente?, ¿seriamente?—, como si no estuviera escribiendo otra cosa que literatura, y a veces una no del todo mala.

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