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agosto 21, 2009 / Roberto Giaccaglia

Un día perfecto para el pez banana

Greg

Diario de Greg (un renacuajo), Jeff Kinney, 218 págs., 2008, Editorial del Nuevo Extremo, Buenos Aires.

Para Lira, que nunca pierda su espíritu

Gracias a Dios que mi hija lee. No porque el hecho de leer vaya a depararle un mejor futuro, tal vez en este sentido pueda, por el contrario, perjudicarla, sino porque gracias a su costumbre pude conocer al renacuajo de Greg, personaje de un libro fantástico: su propio diario, escrito a principios de la escuela secundaria y con los dientes apretados.
Diario de Greg (un renacuajo) es una especie de Odio para niños, la fantástica historieta grunge de Peter Bagge. Es decir, contiene todo el sentimiento de derrota y de desilusión adolescente, más el carácter inconformista que debe acompañarlo, y las miles de maneras distintas de tomárselo en joda, pero en forma temprana, sin excesos de ningún tipo ni cosas que no vengan a cuento todavía.
Otra cosa con la que se lo puede comparar es, cómo no, con El guardián entre el centeno, del siempre adolescente Salinger: si de verdad les interesa lo que voy a contarles —empieza Holden Caulfield, antihéroe de la novela de iniciación por excelencia—, querrán saber dónde nací, qué fue todo ese lío de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás boludeces al estilo de David Copperfield… (lo estoy citando de memoria, pero por ahí debe de andar). En realidad, el bueno de Holden elige ahorrarnos todo esto y se va a lo esencial: por qué un adolescente como él la pasa tan mal en este mundo, donde hay tantos peligros sueltos, tantas desilusiones, tanto cartón pintado y promesas vanas: de la publicidad, de los padres, de la iglesia, de la escuela. Greg también se dirige a lo esencial, pero no nos ahorra detalles jugosos  de toda esa gente que, sin querer queriendo, le hace la vida imposible: sus padres, su familia entera, ¡sus tíos!, los compañeros de colegio (los “idiotas” que ya se afeitan unas dos veces al día y otros mocosos por el estilo), etc. Greg, como Holden, tal vez pionero en la materia, es uno de esos “hombres jóvenes y furiosos” que desprecian las elites del mundo, las clases y los valores de la sociedad, y que se oponen a todo eso sin saber muy bien por qué, pero muy convencidos de que están en lo cierto —al menos, “estéticamente” en lo cierto: ser grande, serio, conservador, circunspecto, superficial y hacendoso queda feo.

Si algo he aprendido de mi hermano Rodrick es a hacer que la gente espere muy poco de ti, así acabas sorprendiéndoles sin hacer prácticamente nada.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Martes, Septiembre


Quiero dejar constancia de una cosa: opino que la escuela intermedia es la cosa más estúpida que jamás se haya inventado. Tienes chicos como yo, que todavía no hemos pegado el estirón, mezclados con todos estos gorilas que ya se afeitan dos veces al día.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Martes, Septiembre

El diario de Greg, sus impresiones y su constante disturbio, es disfrutable para todo niño a quien la televisión e Internet no le hayan arruinado el sentido del humor y para todo mayor que guarde, como corresponde, cierto espíritu… Y si no “cierto espíritu”, al menos ciertos recuerdos: por caso, lo mal que lo pasábamos en la escuela ante los ganadores, o lo que es lo mismo: aquello que desde no hace mucho se conoce como “populares”, es decir los que se quedan con las chicas, entre otras cosas.
El diario de Greg es una vindicación de aquél a quien en esa época le iba mal en todo, en la escuela, en la calle, en la casa, en el boliche al que ya empezaba, tímidamente, a asistir.

(Claro que si el propio Greg me sorprendiera llamando “diario” a lo que escribió, no le gustaría demasiado. Greg aclara desde el primer párrafo que lo que vamos a leer no es el típico diario de un pseudo adolescente retardado. Sencillamente, ha decidido empezar a escribir sus memorias, y eso es todo. No vaya a ser “que cualquier idiota” que lo vea llevándolo se piense lo que no es… por ejemplo ese grandulón que dibuja a continuación y que le está pegando una trompada por pasearse con el “diario” a cuestas, como si fuera una “nenaza”. En realidad, la “idea” del diario fue de la madre, pero Greg se adelanta a toda posible confusión: “está loca” si piensa que él va escribir aquí sus sentimientos y tonterías por el estilo. Sólo lo hace porque el día de mañana, cuando sea quizá rico, quizá famoso, no se va a pasar el día contestando preguntas estúpidas acerca de su juventud a los idiotas que quieren robarle su tiempo.)

Tal vez, sí, este no sea un libro destinado a los ganadores, a los que se quedan con la mayor cantidad de porciones de torta y cosas como esa, aunque tampoco es que haga falta ser un slacker en toda la regla para disfrutar de un libro así, digo, si uno ya es mayor. Igualmente, por si acaso, conviene dejar de lado imposturas como la seriedad, el buen tono, los modales, las formas correctas, las placas en la puerta que denuncien un título o una posición. Y ni hablar si uno guarda un auto alemán en su garaje, eso o alguna otra forma de ostentar poder, cierto dominio sobre los demás. Es que todo ello trae aparejado un problema: responsabilidades.

Han anunciado las próximas elecciones para representantes de los estudiantes. Para ser sincero, es un asunto que nunca me ha interesado…

Greg Hefflek, Diario de Greg, Jueves, Septiembre


Ahora estoy intentando encontrar la manera en que la señorita Norton me expulse de la obra. Pero cuando sólo tienes que decir una palabra, resulta muy difícil equivocarse.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Viernes, Noviembre

Definamos “slacker”, antes que nada, para entender el espíritu que anida en el pequeñito cuerpo de Greg, para ver en qué cosa resultará con los años —si logra llegar a “grande”:
El slacker es una persona que aparentemente preferiría evitar el trabajo, o sea lo que comúnmente se conoce como “vago”, pero en realidad el slacker lo que está evitando es caer dentro del deterioro moral, psíquico y mental que demanda preocuparse demasiado. El slacker no es enteramente un vago, aunque puede ser confundido por tal cosa, sino más bien alguien que se conforma con lo justo y necesario. Algunos de ellos sufren de falta de motivación, lo que acarrea mayores problemas, como la depresión, que es uno de los riesgos visibles (y no tan lejanos) en el pequeño Greg, pero, con todo, cierta fe de que se está en lo cierto suele acompañar a los slackers, y es quizá lo que salve a Greg, eso y su pacifismo: el gobierno de USA no contará con él para ninguna guerra cuando llegue a adulto.
Greg, en suma, siempre evitará situaciones asfixiantes o poco satisfactorias, sin que importe lo que en realidad se espere de él. La cuestión es esa, siempre se espera más de alguien como Greg: como estudiante, como ser útil a la sociedad, como hijo, incluso como amigo: a Greg se le nota un potencial que él no aprovecha del todo. No le interesa, simplemente prefiere no hacerlo, vivir a su manera, disfrutar del ocio, de las cosas simples, yendo hacia adelante a su propio ritmo, y guiado nada más que por su voluntad.
Digamos que Greg es un temprano “objetor de conciencia”.

Hoy nos han asignado los grupos de lectura en el colegio… Me decepcionó saber que me habían incluido en el grupo de los avanzados, porque eso significa que tienes que trabajar más.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Viernes, Septiembre


No sé qué estaban pensando los maestros al programarnos un cursillo de lucha libre. Decidí que, si no quería que dejaran mi cuerpo hecho un nudo, iba a tener que tomarme en serio esto de la lucha… De todas maneras, creo que intentaré no ser demasiado bueno…

Greg Hefflek, Diario de Greg, Miércoles, Octubre

El otro día vi, por quinta o sexta vez, The Big Lebowski, de los hermanos Coen. Habiendo leído el diario del renacuajo, es imposible no ver que el futuro de Greg es terminar pareciéndose a “el Dude”, antihéroe protagonista del film de los Coen: un tipo desaliñado, al que le caen a golpes cada dos por tres, que anda por la vida sin molestar a nadie, sólo pretendiendo que lo dejen en paz, y que ve sin animosidad ni envidia ni mucho menos deseo el mundo adulto, serio, trajinado y pretencioso —al que debería pertenecer—, mientras se dedica a lo que le gusta: jugar a los bolos, fumar marihuana, tomar “White Russians”, pasear por ahí. El Dude, como “Dude” que es, la tiene clara: le pasa lo que le pasa porque el resto de los mortales están todos locos, así que… ¿para qué molestarse?
A Greg, por ahora, lo que le gusta son los juegos de video, más algunas chicas de su curso, que no le dan ni la hora. Es que las chicas ahora ya no se impresionan tanto como antes, cuando podías conquistarlas corriendo fuerte en la clase de gimnasia… “Ahora se fijan en cómo vas vestido al colegio, si eres rico o no, y qué tal está tu trasero”.

Calculo que, en el mejor de los casos, estoy en el puesto 52 o 53 de popularidad. La buena noticia es que voy a ascender un lugar: a Charlie Davies, que está por encima de mí, le van a poner unos aparatos en los dientes la semana que viene.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Martes, Septiembre


No sé si lo había dicho antes, pero soy súper bueno con los videojuegos… Por desgracia, papá es incapaz de apreciar mis habilidades. Siempre me está diciendo que salga afuera, y haga algo “activo”… Mi padre, en general, es bastante inteligente, pero cuando se trata de cosas de puro sentido común, me asombra.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Martes, Septiembre

Es cierto, en la primaria todo era más sencillo: Greg se da cuenta de que en la secundaria las chicas, que durante los primeros años de la primaria sólo apestaban y eran unas buenas para nada, parecen más crecidas que uno, tienen otra mirada, son capaces de lograr cosas tan solo mirando, como si hubiesen conseguido durante las últimas vacaciones una clase de experiencia que a renacuajos como él se le escapan.
Lo que también se le escapa a Greg es la dichosa manera de lograr la tan mentada popularidad. Intuye que tendría que practicar algún deporte, al menos para estar cerca de las porristas, pero como deportista es un queso. Tampoco encaja demasiado en las charlas de los demás, que lo desplazan vilmente, al no saber nada de música ni estar en la onda de casi nada. Viene de una familia un poco mojigata, con una madre resentida que se venga de sus hijos cuando menos lo esperan, un padre que participa poco y a la distancia, y dos hermanos que pueden llegar a ser dos de las entradas terrenales al infierno: uno mayor que se la pasa escuchando heavy metal y que lo desprecia, y uno menor bastante retardado que es el preferido de sus padres y que siempre lo anda acusando.
Como tiene todas las de perder, no puede siquiera encontrar amigos como la gente. Los que encuentra en realidad lo avergüenzan, porque en el fondo no pueden hacer otra cosa que aumentar la distancia que lo separa de aquellos que lo tienen todo, sonrisas del público femenino y respeto de sus pares. Pero como tiene buen corazón, no puede separarse de ellos —tal como el Dude de The Big Lebowski, cuyos amigos impresentables terminan arruinándole la vida.

Teóricamente, Rowley es mi mejor amigo, pero eso tiene que cambiar. He estado evitando su compañía desde que el primer día del curso hizo algo que me irritó mucho: estábamos sacando nuestras cosas de los casilleros y frente a todos me pregunto si quería ir a su casa a jugar… Se supone que ya no jugamos, ahora nos enviciamos en los videojuegos, o salimos por ahí… pero él nunca lo entiende.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Sábado, Septiembre

Así, entre compañías poco gratas, padres que no lo entienden, maestros —me estaba olvidando de los maestros— que ni siquiera lo consideran, y grandulones que sólo lo buscan para darle alguna golpiza o al menos mofarse de él, Greg intenta terminar el primer año de su secundaria con vida, no caer al menos en una depresión demasiado fuerte y mientras tanto ir tirando, a ver qué sale.
Está el asunto de su empeño por convertirse en el más divertido del curso, por ejemplo, que ocupa bastante sus días, con artimañas de todo tipo, algunas notables y otras, por decir algo, menos artísticas —Greg es, sí, un poco egoísta, bastante perdedor y un poco egoísta, quizá como el gordito de Superbad, aunque no tan patético… bueno, hay que verlo crecer un año o dos—, luego su esfuerzo por ser un voluntario ejemplar, con tal de ganar algunos corazones y horas extra fuera de clases, pero, como cualquiera puede imaginarse, nada le termina saliendo demasiado bien.
Las aspiraciones de Greg terminan como tienen que terminar, pero al menos, como lo sabe de sobra Holden Caufiled, y el Dude, tiene en claro por qué: es que el resto son todos unos idiotas.

Hoy ha sido el último día de clase, y han repartido el anuario del curso… Sólo puedo decir que si alguien quiere mi copia puede encontrarla en el basurero de la cafetería.

Greg Hefflek, Diario de Greg, Viernes, Junio

El creador de esta maravilla se llama Jeff Kinney, y trabaja en la ocupación por excelencia de todo slacker que se precie de tal: como programador y asesor de videojuegos (debe disfrutar sobre todo aquello de “asesorar”, o sea, meramente jugar). Durante la secundaria, como mero hobby, escribía y dibujaba historietas, cosa que siguió haciendo en la universidad. El periódico universitario publicó algunas de sus tiras (es un dato que luego se transformaría en ficción: Greg, el renacuajo, lucha por publicar sus historietas, ridículas, asombrosas, en el periódico escolar). Kinney, luego de sus estudios, y ya trabajando, lo cual seguramente es un decir, empezó a idear lo que se transformaría en Greg, el personaje: Diary of a Wimpy Kid, tal su título original, apareció en abril de 2007 y se transformó en un éxito temprano y contundente.
Y la Twentieth Century Fox, como no podía ser de otra manera, ya prepara una versión cinematográfica de la obra —para arruinar el personaje, claro.

Ahora DB está en Hollywood, prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.

Holden Caulfield, El guardián entre el centeno, Capítulo 1

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5 comentarios

Dejar un comentario
  1. Anónimo / Ago 22 2009 10:41 pm

    Pobre pibe, tiene suerte de todos modos de no ser argentino y del interior; la lucidez es su desgracia, la lucidez que no te saca de mediocre pero te deja conciente.

  2. LuciAguilar / Nov 22 2010 6:18 pm

    ¡Un genial libro! Lo leí el fin de semana y no pude soltarlo hasta que llegué a la última página.

  3. Roberto Giaccaglia / Nov 22 2010 10:04 pm

    Hiciste bien Luci.

  4. Anónimo / Ene 20 2012 3:32 am

    que opinan de este libro como una recomendacion para niños de entre 6 y 7 años de edad?

  5. Marcus / Ene 1 2013 6:59 pm

    Yo me leí el libro sin saber que era famoso, y me siento asquerosamente orgulloso de ello,
    Fue como tener algo que nadie más poseía.

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