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octubre 17, 2009 / Roberto Giaccaglia

El Gordo y los más gordos todavía

Se le han puesto tan en contra al Gordo, que dan ganas de darle la razón. Hay cada uno rasgándose las vestiduras. Y todo por reclamar una buena fellatio. No sé de qué se alarman, si se han pasado la vida complaciéndole ese gusto y otros más. Y ahora porque lo pide a viva voz, se enojan. ¿Qué quieren? ¿Que cite a Camus y diga que el fútbol le enseñó moral y buenas costumbres? Si quieren moral de fútbol, al menos de su fútbol, bánquense sus dichos. La moral del Gordo pasa por goles a último minuto, emociones así, que salen de improviso. El Gordo es un jetón, y los jetones son desconfiados. Por eso se la pasa desafiando. Como técnico que es debe saberlo de sobra: la mejor defensa es un buen ataque. No tiene amigos cerca, ni lejos. Lo que sí tiene es adoradores, que son otra cosa. No hay nada menos conveniente que un adorador. Los adoradores son más gordos que el Gordo, o más papistas que el Papa, que es lo mismo. Cuando el Papa deja de dar sermones porque se aburre o se cansa, los papistas siguen jodiendo. Con el Gordo pasa igual. Hasta él estaba cansado de sí mismo, pero salieron de todos lados los gordos chupadores y lo pusieron donde está —en desmedro de Basile, que no pretendía fellatio, sino nada más que Heinze se dejara de romper las pelotas y saliera un rato, unos veinte partidos o así.
Y ahora resulta que los gordos chupadores ponen el grito en el cielo. El Gordo no hizo más que ponerle nombre a la relación que lo une con ellos. Es la misma que lo une con el Narigón y con el Padrino, pero todavía falta para que lo diga abiertamente. Cuando quieran joderlo más de lo que lo joden, el Gordo va a hablar, ya van a ver. La pelota seguirá sin mancharse. En parte, porque los argentinos vivimos de recuerdos. Ni siquiera se va a manchar cuando la selección que dirige dé un papelón en Sudáfrica. ¿A quién le importa, de cualquier manera, si todavía podemos recordar la mano en el culo que les metió a los ingleses en el 86? Esa mano borra todas las penas. Borra hasta la moral que aprendió Camus, de la que nadie se acordaba entonces.
Si el Gordo aprendiera modales, no sería el Gordo. Es cierto: Argentina con él de representante es impresentable. Pero sin él no es ni siquiera eso. ¿Es mejor Messi como abanderado, que se pasea por el campo de juego sacándose los mocos mientras sus compañeros corren? En los últimos mundiales, la pinta fue lo de menos. Ni la prolijidad, compostura y calma de Passarella, Bielsa o Pekerman entusiasmaron a nadie. Es más, nadie se acuerda de ellos. De lo que sí nos acordamos es de la frase del último Mundial del Gordo, cuando le cortaron las piernas. O de sus lágrimas del Mundial anterior. ¡O de cuando no le quiso dar la mano al mandamás de la FIFA al momento de recibir la medalla! Esos son momentos alojados en la retina sentimental del público medio, el que vitorea los pedidos a viva voz del Gordo por un poco de satisfacción sexual. Por un poco más diría yo.
Para colmo, ahora la FIFA se enojó. Ojalá que el Gordo no afloje, y pida otra vuelta de lamidas. Es que si bien el fútbol es un espectáculo y todo eso, nadie lo entiende así. En algunas cuestiones, no se puede ir contra la corriente. Cantidad mata calidad. La gente que paga por entrar a una cancha, la que antes pagaba por ver el fútbol en la tv, la que compra el Olé y los propios redactores, no ven al fútbol como un espectáculo. Están convencidos de que el fútbol es una pasión. Y bueno, ahí tienen pasión. El Gordo es la encarnación misma de esta pasión. Los periodistas, en cambio, son seres aburridísimos, unos frígidos que no se calientan con nada. O que se calientan recién cuando alguien les propone una fellatio. Es cuando la hinchada, que ya venía calentita de antes, aplaude.
La hinchada sí entiende eso del folklore del fútbol. Los demás sólo lo declaman: justifican todo por esto del folklore, pero miran de afuera. No les importa nada de lo que acontece alrededor de esa pasión que llaman fútbol, lo dejan en manos del folklore. Es que el “todo pasa” del Padrino se puede aplicar a cientos de cuestiones futbolísticas: la violencia, la podredumbre dirigencial, el servilismo periodístico, etc. Una forma de pensar extraña, livianita, la misma que permite que la pelota no se manche, o que la tortuga se escape….
O que, sí, la sigamos chupando.

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One Comment

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  1. leno / Oct 21 2009 4:38 pm

    El mejor análisis que encontré sobre el tema! Saludos!

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