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octubre 17, 2009 / Roberto Giaccaglia

Sam Raimi y C. E. Feiling

El mal menor

Viendo Drag Me to Hell me fue imposible no acordarme de El mal menor, gran novela de horror de C. E. Feiling, no sólo porque en ambas obras aparece una mujer, ambiciosa, bella, que de buenas a primeras empieza a ver demonios por todos lados, y un tarotista que intenta mediar entre el más allá y el más acá, sino porque tanto la obra del loco de Sam Raimi como la novela del increíble Feiling intentan el terror por el lado del asco y también por el lado de la gracia, como si las tres cosas (miedo, repugnancia y risa) pudieran llevarse bien juntas. Y sí, pueden, es algo impensado, que sólo a un genio, o a dos, se le puede llegar a ocurrir.
Son obras que se disfrutan mucho, pero ojo. Tanto con Drag Me to Hell, como con El mal menor, las cosas cambian, no son lo que fueron, y aparecen los fantasmas, los ruidos, la desconfianza. Después de ver una y leer la otra sucede el insomnio, y lo que es peor: las pesadillas estando despierto.
Se me dirá: por suerte, en algún lado, en varios fotogramas de Drag Me to Hell, en varios renglones de El mal menor, está la risa, que lo redime todo.
Sí, está la risa, y se escuha/lee clarito. Pero no siempre es la nuestra.

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