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noviembre 29, 2009 / Roberto Giaccaglia

2009:01 Fever Ray

Fever Ray, Fever Ray, 48:03, 2009, Rabid Records.

Ya había empezado a escuchar a la impresionante Karin Dreijer Andersson en su grupo anterior, The Knife. Quizá entonces no impresionaba tanto. The Knife era (es) un grupo opaco, puro bombardeo rítmico, un electropop que cansa más de lo que estimula. Pero la voz de Karin se imponía. No creo que se deba a otra cosa los premios que recibió el grupo. Un dúo, en realidad, con escasas o nulas presentaciones en vivo y casi sin relacionarse con la prensa, apareciendo sólo con máscaras cuando se dejan fotografiar.
Así, Karin Dreijer Andersson se transformó en una especie de Thomas Pynchon de la música. Un talento al cual los pedidos de la fama no le hacen ninguna gracia. Karin Dreijer Andersson canta como si quisiera matar a alguien. O por lo menos confundirlo, algo que a veces puede ser la misma cosa. Ella puede ser grave, aguda, profunda, evanescente, todo al mismo tiempo. Tal vez el uso del pitch-shifting la ayude en esto, pero eso no es más que un dato tecnológico, que en manos de otro (en la voz más bien, en la garganta) seguro que no provocaría el mismo resultado.
Igual, se puede decir que en las canciones de Karin Dreijer Andersson se produce en forma adrede cierto “estiramiento”, a veces lo contrario, una “reducción”, de la velocidad de la línea vocal. Las palabras suelen parecer presas, o libres por demás.
Por eso Fever Ray suena, como antes The Knife, como si contara por lo menos con diez cantantes, y a veces cantando todos juntos, jugando con las posibilidades de las octavas. Pero no, es ella sola, Karin Dreijer Andersson, es decir un misterio. No puede ser de otra manera, no hay otra forma de decirlo, Fever Ray es un misterio, la conjunción de David Lynch con una máquina de efectos rudimentaria, capaz de sonidos simples, hipnóticos.
Hay quien dice que en algunas canciones del disco es su hermano Olaf quien canta, o sea la mitad del dúo The Knife. En los créditos, esto no se dice. Sólo aparece una tal Cecilia Nordlund como co-equiper en la canción número nueve, una de las más climáticas del disco, de un disco climático por demás, frío, sobre todo frío, frío y reconfortante, será la oscuridad que lo llena todo cuando empieza a sonar, será esa extraña sensación de que pocas cosas importan si uno se distiende lo suficiente y se deja llevar.
Ella dice haber sido influenciada por Fugazi y Mike Patton mientras grababa su disco. Tal vez sea sólo una broma, otra forma de escaparse, pero no se nos debe escapar el hecho de que tanto Fugazi como Patton son reacios al trato con la prensa y que se inspiran en ritmos anónimos, registrados en la vida diaria, o por lo menos en la historia (los indios, los esclavos) para llevar adelante sus composiciones. Es, si efectivamente lo es, apenas una punta del ovillo, pero tan deshilachada que difícil lleve a algún lado.
¿Para qué? Hay ciertas cosas que conviene no explicar demasiado.

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5 comentarios

Dejar un comentario
  1. carlos / Dic 5 2009 12:57 am

    yo pondría en la lista el último de Flaming lips

  2. Roberto Giaccaglia / Dic 5 2009 1:44 am

    Confieso que me quedé en The Soft Bulletin. Seguramente el último es meritorio, cómo no.

  3. Leonardo Pittamiglio / Ene 30 2010 3:14 am

    El disco de Flaming Lips es excelente. Este, Fever Ray tiene lo suyo, pero no me gustó. Aquí dejo un lino con una crítica del Fever Ray: http://www.artefacto.com.uy/musica/themusicalbox/10-01-29.fever-ray.htm

  4. Roberto Giaccaglia / Ene 30 2010 11:22 pm

    Muy buena tu crítica al disco de Fever Ray, completa, erudita, tiene de todo, excelente. No cambia mi opinión el hecho de que no esté de acuerdo con la valoración que hacés del disco. Para mí, es una de las obras del año que pasó, o de cualquiera en realidad. Hoy mientras viajaba venía escuchando “Keep the streets empty for me” y me emocioné como un boludo. Gracias por pasar.

  5. Leonardo / Nov 3 2010 4:05 pm

    Buenos artículos, Roberto. Hace un rato leí el que escribiste acerca del Third de Portishead. Es un disco fascinante. Aún cuando creyera a Portishead capaz de grandes cosas, no hubiera imaginado un álbum como ese. Todavía me sigue sonando en la cabeza y siempre vuelvo a él. El disco acústico que realizó Beth Gibbons en 2002 con Rustin Man la hace todavía más completa e impredecible, por lo distinto que es a su música con Portishead.

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