Skip to content
noviembre 29, 2009 / Roberto Giaccaglia

2009:02 Nuevo orden de la libertad

Nuevo orden de la libertad, Los Natas, 50:20, 2009, Oui Oui Records.

Con algunos kilogramos de diferencia, esta música ya la hacía Pappo a principios de los setenta (quizá también los muchachos de El Reloj, salvando distancias más grandes), más exactamente bajo la encarnación Pappo’s Blues, también un trío al principio, con Pappo en guitarra, David Lebón en bajo y Black Amaya en batería. Allí también había guitarras SG, equipos valvulares y cuerdas .010, quizá .011, así que se puede decir que Pappo fue el primer stoner de Sudamérica (por más que usara la escala de blues a lo criollo, y no a lo lisérgico, como Los Natas), quizá del planeta, si obviamos al Jimi Hendrix de Band of Gypsys, que hizo lo suyo por el género mucho antes de que la palabra stoner existiera.
La palabra stoner y las referencias al desierto, quizá a los Dodges, quizá a los hongos que hacen hablar con Dios, cosas que faltaron en el repertorio de Hendrix y de Pappo (que prefería los Chevrolet), y que sobrarían años más tarde, cuando hicieran su aparición Sleep, y antes de Sleep Kyuss, y antes de Kyuss Pentagram, todos santos de mi devoción, que a su vez sentían devoción por el más santo de todos, Black Sabbath.
Y bueno, después de todo eso, resumiendo: válvulas, guitarras SG, cuerdas gruesas, desierto, hongos, vinieron Los Natas, desde su aparición y según mi modesta opinión, la mejor banda de Argentina, lejos. Al menos la única capaz de crear una canción como “Meteoro 2028”, uno de los huracanes más potentes que se han visto por esta zona, yo diría insuperable. Eran más, incluso, que Kyuss, banda que muchos consideran sus padres, o algo por el estilo.
Si Kyuss son los padres, Pappo es el abuelo no reconocido. Lo vuelvo a decir: la música de Los Natas es vieja, pero es la mejor, no importa que con los años haya ido adelantándose un poquito a sí misma (como si de pronto hubieran querido hacer otra cosa, de eso se trataron los discos uno y dos de la serie Toba Trance), y dando desde un tiempo a esta parte varios pasos atrás: sigue siendo la mejor.
Después del debut, Delmar, una sorpresa para estas latitudes, una reencarnación, pero nada del otro mundo, llegó Ciudad de Brahman, el segundo, allí donde figura “Meteoro 2028” y para mí, todavía, y lamentablemente, el mejor disco del grupo. Continuó Corsario negro, una exacerbación de lentitud y de pesadez, donde Los Natas se arrastraron hacia zonas que colindaban más con Goatsnake o Electric Wizard, que con sus supuestos amados Kyuss… bueno, sí, los aman.
Luego vendría la distinción de los volúmenes de Toba Trance, la elegancia hecha polvo, arena más bien, y después las Munchen Sessions, más afines a lo que ya les conocíamos: largas zapadas distorsionadas, un poco etílicas, por momentos inspiradas. Las Munchen Sessions fueron la mejor muestra de que Los Natas están enamorados de su sonido, no de sus canciones, con las que pueden hacer lo que quieren, desarmarlas a gusto.
Luego de eso, El hombre montaña, un disco que entonces yo pensaba de transición hacia algo nuevo (ese “algo nuevo” no fue El universo perdido de Los Natas, disco doble que le siguió, recopilación de material entre el 94 y 2006, sino más bien un desvío hacia el medio de la nada), no que meramente prefiguraría el disco actual, Nuevo orden de la libertad, una continuación de aquél, con igual cuerpo y alma y peso específico, y hasta, tal vez, con más espíritu, lo que quiere decir que las alas que les proporcionan los hongos traídos de México que seguro digieren en el desayuno les dieron alas un poquito más abarcativas, que igual usaron para llegar hasta por ahí nomás. Por caso, adonde ya habían llegado antes, pero esta vez sumando pasajes lentos, acústicos, introducciones enmarañadas (y bellas) que luego se desdicen, codas que parecen haber nacido de otra canción, que explotan de repente, y una lírica más apocalíptica, cada vez menos terrenal, como si antes no lo hubiera sido.
Alcanza, sobra, es más que suficiente para llevar más allá de lo simplemente meritorio al rock argentino. Es que esto no es, exactamente hablando, “rock argentino”, esa etiqueta le queda muy chica, ínfima, a la banda más inspirada y fuerte de toda la escena local, todavía tan pesados y psicodélicos como se acostumbraba, bien, en los setenta, con menos ganas de viajar lejos, eso sí, que en discos anteriores, esos discos de prueba, tentativos, únicos (Ciudad de Brahman, Toba Trance), pero hasta el viajero más experimentado necesita un respiro de vez en cuando, poner, digamos, los pies sobre la tierra, atisbar desde el umbral, descansando, las tierras (desérticas) por venir.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: