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noviembre 29, 2009 / Roberto Giaccaglia

2009:04 Moon (Soundtrack from the Motion Picture)

Moon (Soundtrack from the Motion Picture), Clint Mansell, 55:10, 2009, Black Records.

Antes de que Clint Mansell (1963, Inglaterra) se transformara en uno de los compositores para cine más buscados, integró una banda de relativo éxito, Pop Will Eat Itself, donde era el cantante y guitarrista. Nunca me gustó su mezcla de hip-hop, pop sin altura, y electrónica gallinácea. Era una música para bailar a lo tonto y a lo loco, nada más, pero si es cierto que sirvieron de influencia a gente como Trent Reznor, algo bueno tendrán, o habrán tenido, y yo me aburrí antes de descubrirlo.
De cualquier manera, digan lo que digan, lo mejor de Clint Mansell estaba por venir. Y como suele ocurrir, un amigo tuvo mucho que ver en eso: Darren Aronofsky, al parecer devoto de su trabajo previo, lo contrató para musicalizar Pi (tal vez la única película interesante, y no directamente estúpida, del realizador).
Ese trabajo colocó a Mansell en un terreno en el que no se había imaginado. De pronto, le llovían las comparaciones con Aphex Twin y Roni Size, a quienes seguramente Mansell admira, porque algo de ellos se cuela notoriamente en sus propias ideas.
Después de esa colaboración con Aronofsky siguió la música compuesta para Requiem for a Dream (un soundtrack que no se merece figurar en una película así), y varias otras. El problema era el que suele suceder con varios buenos actores: la película elegida nunca era la correcta, y el esfuerzo de Mansell siempre terminaba sobrepasando al film para el que le habían encargado componer.
Hasta que llegó el hijo de David Bowie, que lo invitó a componer para su fantástica Moon.
No hay que andarse con demasiadas vueltas: el soundtrack de Moon es uno de los mejores que yo haya escuchado en los últimos tiempos.
Es una electrónica (y un piano) atmosférica, cautivante, desoladora como la propia película, siempre girando magistralmente alrededor del motivo principal, ese eco que se repite una y otra vez a lo largo del film y que parece ser lo único que acompaña al astronauta Sam Bell, además de sus fantasías quebradas, sus ilusiones dispersas, su pérdida de la realidad.
Uno escucha esto y se siente, cómo no, en la luna, no meramente que está siendo espoleado a sentir dolor, pena, alegría o bronca, como hacen la mayoría de los musicalizadores, que dirigen nuestro ánimo en forma artera y calculada, con golpes que saben cómo dar conforme avance la película. Acá es distinto, esto es música de por sí, la emoción es una sola y total, y dura todo lo que el disco, más allá del mismísimo film. Es decir, para siempre.

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