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febrero 25, 2010 / Roberto Giaccaglia

El reino recobrado

Puerto Madryn, domingo 14 de febrero de 2010, a metros del patinódromo municipal


San La Muerte, Hephesstus, 12:00, 2009 (sin sello discográfico)

Notas sobre una música mágica que yo creía olvidada para siempre, una ciudad bella, una tarde de viento y cierto descubrimiento, uno de esos que suelen cambiarlo todo… o por lo menos lo que se pensaba sobre cierta música mágica…

En una revista Musiquero salió la transcripción para guitarra de uno de los Caprichos de Niccolò Paganini, probablemente el número 24, que es de sus piezas para violín la más famosa y probablemente una de las más difíciles que se hayan compuesto. No cualquiera puede tocarla, pero se sabe que Niccolò había hecho un pacto con el diablo para lograr tal proeza. Yo también lo habría hecho con gusto, pero el diablo no venía a visitarme cuando tocaba la guitarra, tratando de sacar el maldito capricho de Paganini, sino a lo sumo un fuerte dolor en los dedos. El diablo no pierde el tiempo con cualquiera, por supuesto, sino que lo invierte. Lo invirtió en Paganini, por ejemplo, que usaba largos pantalones para que no se le notaran las patas de macho cabrío que había contraído en el acuerdo, y también en Robert Johnson, que al igual que el violinista italiano cambió su alma por un talento anormal para ejecutar su instrumento. Hicieron bien. Ambos sufrieron de lo que se conoce como Síndrome de Marfan, enfermedad del tejido conectivo y probablemente una de las secuelas de que a uno lo visite el de abajo con un papel listo para firmar. Pero son riesgos que se corren. La iglesia católica tardó varios años en darle una sagrada sepultura al cuerpo de Paganini, que anduvo de aquí para allá durante décadas, pero este es lógicamente uno de los riesgos menores.


II

El capricho de Paganini y la imposibilidad de que una persona normal lo toque, viene a cuento porque posiblemente haya sido, con sus intervalos de octava, sus décimas, terceras, y escalas y arpegios a la velocidad de la luz, la inspiración mayor para que un muchachito sueco de nombre Yngwie Malmsteen fundara a principios de los ochenta uno de los géneros musicales más técnicamente prohibitivos que se conozcan: el metal neoclásico, combinación afiebrada entre el heavy metal y la música clásica.
Lo neoclásico se refiere a la manera en la cual un artista moderno toma influencias del período clásico, digamos entre la mitad del 1700 y la del 1800, pero en el caso del metal neoclásico a esto hay que tomarlo con pinzas, porque sus influencias también provienen del período anterior, el barroco, y del posterior, el romántico. Así, Vivaldi y Bach suelen ser citados por los heavies neoclásicos como amores incondicionales, así como Mozart y el ya citado Paganini, que vinieron después.

III
Se puede decir que Yngwie Malmsteen, quien es muy posible que también haya firmado con el de abajo, no inventó nada al aplicar la técnica endiablada de Paganini en su Fender Stratocaster, pero sí terminó de darle forma a la idea del virtuoso total, el Guitar God, por más que a Clapton ya se lo hubiera llamado parecido varios años atrás. Sucede que a partir de Malmsteen comienza para los guitarristas terrenales la época de lo imposible, que es, para bien o para mal, uno de los aspectos más distintivos del metal neoclásico, uno de los aspectos no dichos pero sí sospechados: estos muchachos se empeñan en tocar piezas más y más intrincadas, más rápidas, más complejas, más inhumanas. La categoría de “pomposo” y aún de “pretensioso” se le aplica al género por esto mismo, como si la música fuera para ellos más un ejercicio físico que espiritual, o una práctica más deportiva que artística. Algo más obsesivo que un preludio.
No casualmente existe la “Paganini Competition”, un certamen internacional de violín que se realiza año a año desde 1954, durante el cual muchachos y muchachas intentan deslumbrar a los jurados con su técnica y velocidad, a ver la de cuál parece más imposible.

IV
Debe de ser por ello que el metal neoclásico tuvo su auge en la década del ochenta, década pomposa y exuberante, donde había que mostrar más que el resto. Entonces los guitarristas veloces aparecían como hormigas antes de una tormenta, y se esmeraban igual por lograr sus objetivos: Tony Macalpine, Vinnie Moore, Paul Gilbert, Jason Becker y dale nomás. Antes de todos ellos estuvo Ritchie Blackmore, claro que sí, que es uno de los pocos a quien respeta y acaso admira Yngwie Malmsteen.
Al bueno de Ritchie también lo influyó la música clásica, e incorporó algunos de sus elementos en su manera de tocar, también en su estética, o en su imaginario, cosa a la que también adheriría Yngwie: magos, dragones, hadas, castillos y enanitos de jardín al final del arco iris. Porque hay que decirlo: no sólo de lubricante para los dedos vive el músico de metal neoclásico, sino también de una nutrida fantasía tipo Lord of the Rings: allí donde haya un mago luchando contra el mal, o al menos un caballero con una espada lista para acabar con un ejército oscuro, habrá también al menos en la banda de sonido un heavy neoclásico en potencia.

V
La manera en que los cuentos de hadas se conectan con este estilo de música no es fácil de precisar. Cuentos de hadas hubo siempre, acompañaron a la humanidad oralmente y ya hacían que los niños durmieran con una sonrisa en los labios en el antiguo Egipto y no forman parte exclusiva de ninguno de los períodos de los cuales los heavy neoclásicos toman sus influencias. El neoclásico es un heavy metal encantado, y poco más se puede decir.
Pero sí hay que mencionar a los hermanos Grimm, dos alemanes que se encargaron de recopilar cuentos folklóricos tradicionales y transformarlos en cuentos hoy conocidos por todos. Muchos de estos cuentos terminaban siendo fábulas morales, que es a fin de cuentas de lo que trata el Catolicismo cada vez que se pone a contar algo. No es de extrañar que el autor de Lord of the Rings se haya inspirado sobre todo en las recopilaciones de los hermanos Grimm y en el Catolicismo: su obra es católica de principio a fin, de eso trata la lucha entre Frodo Baggins y sus amigos y el pérfido Sauron. Todo esto, es decir la adaptación de cuentos folklóricos y de tradición oral en fábulas morales adornadas con fantasía, tuvo pues su apogeo durante cierta época musical, la de los hermanos Grimm, justamente la que va de la mitad del 1700 hasta la del 1800. Otra asociación no se me ocurre.

VI
Pero la cuestión es que las tapas de los discos de los heavies neoclásicos muestran sobradamente esta inclinación: el mal contra el bien personificados en bestias el primero y en caballeros y magos el segundo, o por lo menos en luces y sombras, o fuegos sagrados y otros más bien de temer (en realidad, todos son de temer). Y no sólo las tapas, claro, sino también las letras de las canciones y también sus títulos. Si menciono cosas como “La Leyenda del Hada y el Mago”, o “El Beso de la Bruja”, o Guerrero del arco iris, o Entre el cielo y el infierno, o “El Guardián De La Luz” todos sabemos más o menos de qué estamos hablando: no son sólo nombres que muestran el típico gusto épico y fantasioso tratado recién, sino también títulos de canciones y de discos de la banda del estilo más famosa de Latinoamérica: Rata Blanca.
Walter Giardino, su guitarrista, está considerado no ya el mejor guitarrista que tuvo Argentina, sino uno de los mejores se busque por donde se busque. Sus influencias son principalmente dos: Ritchie Blackmore y Yngwie Malmsteen. Los tres, por lo demás, tocan stratocasters, se peinan con cuidado y algo de spray y, sí, se visten con camisas con volados, pantalones de cuero ajustados y esas cosas. Pura magia, pura fantasía.

VII
Hasta no hace mucho, yo pensaba que la única banda del género que quedaba al menos por estos lares era justamente Rata Blanca —una de las más reconocidas y perseverantes en todo el mundo, hay que aclarar. Pero me equivoqué.
Tuve que viajar hasta el sur del país y cagarme de frío un domingo a la tarde para desburrarme. Había salido a caminar junto a mi familia con bermudas y ojotas por la playa de Puerto Madryn, tal vez una de las ciudades más bellas de Argentina, y el viento patagónico me agarró desprevenido. Desde el patinódromo municipal se escuchaba un ruido raro, así que nos acercamos, curiosos. Se estaba llevando a cabo un festival de rock, con bandas locales y de la zona. En la práctica, era un concurso. El premio era la grabación de un disco. Como cierre del evento, se iba a presentar la banda ganadora del año pasado: Hephesstus —en realidad, el locutor del evento se equivocó: Hephesstus obtuvo el segundo lugar el año pasado, pero este dato es meramente una anécdota. El nombre no me sonaba de nada, pero como la intriga ya había prendido nos quedamos a ver, a pesar del frío y del viento y de la irregularidad de lo que se apreciaba arriba del escenario: algunas bandas estaban bien y a otras les faltaba un largo pero largo camino.

VIII
En fin, las bandas concursantes terminaron sus números y subió Hephesstus.
Apenas los vi le dije a mi mujer: “Estos van a hacer algo tipo Rata Blanca”. El guitarrista tenía un pequeño chaleco de cuero, algo ajustado, una cruz dorada en el pecho y una stratocaster con las cuerdas muy improlijas en el clavijero, sin cortar. Por lo demás, había un atril, un teclado cuyos colchones ya se dejaban oír y alguien vestido de La Muerte se estaba preparando en el fondo. Tal vez no fui muy arriesgado en mis percepciones, pero tampoco calculado: fue verlos y ya imaginar su sonido.
Hacía rato que no veía tanta precisión arriba de un escenario. O tanta fuerza. O tanta emoción. O todo junto. Cuando terminaron, el viento, que voló varias veces el atril que la banda había puesto sobre el escenario, parecía haberse ido, junto a mis previsiones. Eran algo viejo hecho de nuevo, fuera de moda, más propio de los ochenta que del siglo 21 y con toda la parafernalia del caso, pero qué importa. Ahí arriba había talento y se hacía notar. Ya no valían las comparaciones con Walter Giardino y sus goblins, a quienes les deseo suerte en su emprendimiento internacional, con cantante contratado para la ocasión (El reino olvidado, último disco de Rata Blanca, más rockero que mágico en comparación con los anteriores, también es The Forgotten Kingdom, con Doogie White —ex cantante de Rainbow y de Yngwie Malmsteen— en vez de Adrián Barilari en la voz). Los muchachos de Hephesstus explotaban en serio, ardían, sin imposturas de ningún tipo, animándose a mostrar lo que son, solos largos como esperanza de pobre incluidos. Pero también sorprendentes, cabe aclarar.
La banda tenía un disco para vender, un EP en realidad, así que después de que bajaran del escenario le pregunté a uno de ellos, el cantante, por el material en cuestión. Su manager, que se acercó enseguida, tenía varias copias en una caja. Gente muy amable, por otro lado.

IX
La tapa del disco no desmiente sus influencias: un bosque y la muerte rondando por ahí, tampoco las letras de las canciones: saca tu espada y sale a ganar, voces en la oscuridad, artesanos de tumbas y cosas así. Se nota la pericia y el buen gusto para incorporar las influencias clásicas, o transcribirlas en el formato de heavy metal, particularmente notorio en las voces, por supuesto la guitarra y el teclado, que hasta tiene un sonido que uno atribuye inmediatamente a una época que no es esta. Entiendo que el cantante que participa en el disco no es el que se hizo presente en el escenario de Puerto Madryn, o sea el de la actual formación. El del disco comparte registro con Bruce Dickinson, lo que es digno de mención. El actual quizá se parezca más a un futuro Barilari, pero a ninguno de los dos les falta potencia o calidad para demostrar los toques líricos o clásicos de la música de Hephesstus.
Por lo demás, San La Muerte es un disco bien grabado, con un sonido muy pero muy aceptable, de apenas cuatro canciones que se hacen cortas mientras uno más y más lo escucha. En serio, de regreso a Córdoba lo escuchamos todo el tiempo, como si se tratara de un clásico y de hecho ya lo es, uno personal, claro, que es lo que cuenta: los clásicos son personales o no lo son. Eso es lo que los define.
Hace poco me enteré de que “La leyenda del hada y el mago”, canción emblemática de Rata Blanca, que apuesto sirvió para que más de un integrante de Hephesstus se hiciera metalero, fue elegida en una encuesta a nivel nacional como uno de los mejores temas de la historia del rock argentino. No se transformó en lo que es simplemente por la difusión que tuvo en su momento, sino por lo que significó para cada uno de quienes se engancharon con él. Hoy para mí ese lugarcito puede ocuparlo “San La Muerte”, la última canción del EP de Hephesstus, una pequeña obra maestra del género, más propio de un reino que yo creía olvidado, y que justamente por eso quizá signifique tanto.

14 comentarios

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  1. Lautaro / Mar 2 2010 11:00 pm

    Uf Caruf! es un sello independiente y virtual creado en la ciudad de La Plata para saciar las necesidades más profundas de un grupo de artistas, cantautores en su mayoría. Para esto, Uf Caruf! se vale de las licencias Creative Commons para registrar sus creaciones intelectuales, teniendo el respaldo legal para poder distribuir sus canciones de manera liberada y sin ningún tipo de cerraduras, convirtiendo a este sello, en simplemente un nombre virtual, por tanto, un netlabel. Cuando en la industria musical, la mayoría de las bandas optan por el Copyright, Uf Caruf! se apoya en el Copyleft para lograr sus más altos cometidos.
    El objetivo principal es lograr la mayor cantidad de escuchas y aprehensiones de la música que es creada, que la gente pueda llegar sin ningún obstáculo a escucharla. Los discos están disponibles para descargar, modificar, remixar, grabar en un cd y regalar, todo lo que uno quiera hacer con ellos.
    Para vivir de la música, el mandato principal de este grupo es subirse al escenario a tocar y que el público colabore con el pago de la entrada y la compra de los discos físicos. A largo plazo, creen en la independencia como el medio más viable, real y moral para el desarrollo de una carrera como músicos.
    La filosofía de Uf Caruf! está asociada al uso de software libre y a la legalidad de los procesos de grabación: todos los discos serán grabados con uso de software libre o registrado, obviamente con una gran vocación hacia el software libre. Con el mismo fervor, promueve: el uso de los nuevos sistemas de producción e intercambio de música; la solidaridad y cooperación entre músicos, sellos y artistas de otras disciplinas, aunque sean de cualquier parte del mundo; el balance entre lo virtual y lo físico, lo moderno y lo clásico; y la verdadera amistad entre quiénes forman parte de este núcleo creativo.

    http://ufcaruf.com.ar/

  2. magoz psicomortis / Mar 3 2010 2:38 pm

    beto te amo

  3. Claudio / Abr 16 2010 2:37 am

    Hola amigo! Soy Claudio Moreno, el manager de Hephesstus, te recuerdo perfectamente Cordobés, no te imaginás la emoción que sentimos al tomar conociemiento y leer tu relato, definis todo con tanta autoridad y conocimiento que no dá márgen a observar ningún detalle. Te felicito por tu cultura y demás está decir que te agradezco enormente tus conceptos. Confiamos ciegamente en nuestra música y este tipo de respaldo nos impulsa y compromete mucho más. Un gran abrazo, Claudio

  4. Lean - Brutal Vocals - Psicomortis / Abr 16 2010 1:20 pm

    Esaaaaaaaaa, vamos los pibes… sigan asi loco….. pero siempre con humildad, solidaridad y respeto por la movida. Abrazo pebetes!!!

    Lean, Brutal Vocals – Psicomortis Argentina

    http://www.myspace.com/psicomortis

  5. Claudio Hephesstus / Abr 16 2010 1:55 pm

    Roberto, por favor pasame tu contacto, necesito escribirte ó llamarte, lo que te quede más cómodo. Abrazo Patagónico y Metalero.

  6. Roberto Giaccaglia / Abr 16 2010 3:00 pm

    Claudio, la emoción es mía, por su música y por el hecho de que les haya gustado la nota.

    Va el contacto:
    Roberto227@arnet.com.ar

    Un abrazo mediterráneo, y metalero.

  7. San Pedro / Abr 16 2010 4:45 pm

    Hola mi nombre es Pedro.
    si dicen que Hephesstus es musica es porque no tienen oido, musica es La vieja deuda, haganse una audiometria.
    Un Cd de 4 canciones no es Cd, quien pagaria por eso?? un salame! Peor el de la nota que lo escucho durante 1600 Km, despues hay accidentes, se quieren suicidar y la liga otro inocente con buen gusto musical.
    Basta de san la muerte, laburen vagos.

  8. Pablo Toledo / Abr 16 2010 11:51 pm

    Pedrito: comparar a Hephesstus con La Vieja Deuda es de ignorantes, y si lo que querés es comparar a Trelew con Puerto Madryn es que ya sos estúpido.
    Quedate en tu casa a escuchar a La Renga y no rompás las pelotas.

  9. josito otero / Abr 17 2010 11:41 am

    hola
    toque rock de mis 15 hasta mis 27 años, ahora 39, despues de miles de batallas por el futuro de mis pibes, y mas acomodado …arranco nuevamente con mi musica, y resumo, nunca le sirvio al rock , heavy, o como te guste llamarlo, la pelea, la critica aguda, el insulto, eso casi hizo desaparecer el movimiento, hasta la cumbia !!! aprendio que la union hace la fuerza, pensemos mis amigos en como ,en que hacer,para aportar desde el corazon algo para que podamos respetarnos, asi creceremos,

    salvo que la idea solo sea, ver quien la tiene mas larga…
    saludos, jose luis de sierra grande

  10. Roberto Giaccaglia / Abr 17 2010 3:44 pm

    Secundo a José Luis, muy bien che.
    Hace rato que deberían haberse dejado de lado esas batallas idiotas tipo Cerati-Indio Solari y cosas por el estilo. Uno iba a recitales de los Redondos y nunca faltaba el cantito contra Cerati. Ni hablar si uno iba a ver a Hermética. ¿Para qué tanta burrada? Que cada uno vaya a escuchar el grupo que le guste y deje a los demás en paz.
    La música no tiene por qué convertirse en un conventillo, es de viejas eso.
    No conozco a la gente de La Vieja Deuda, pero apuesto lo que sea que lo que menos les interesa es entrar en una batalla dialéctica contra Hephesstus o contra sus fans.
    Y lo que menos esperaría uno es que los fans de La Vieja Deuda o de quien sea hicieran lo mismo.
    Paz.

  11. -=Zona De Nadie=- / Abr 18 2010 12:01 am

    Un gran aguante desde Carmen de Patagones!!!
    vamos Hephesstus carajo!!!
    Charly & Nano “Zona De Nadie”

  12. Claudio / Abr 18 2010 5:46 pm

    Gracias por todos los comentarios, los buenos y el único despectivo. Realmente una de las cosas que no hace Hephesstus es participar del puterío metalero mediocre, los chicos gastan sus energias en estudiar música y componer y eso se ve reflejado en el 99 por ciento de los comentarios, es el camino y seremos consecuentes con ello. Ahora para algún desinformado les cuento que el valor de venta del EP apenas cubre la gráfica del disco y tenemos hora y media de música, sólo que hicimos foco en lograr un trabajo digno en los meses que insumió. Lo mejor para La Vieja Deuda, no he tenido el gusto de escucharlos, pero si La Renga es la influencia debe ser un buen producto.
    Gracias Pedro! Escribiste y eso quiere decir que al menos por un rato Hephesstus ocupó tu atención. Todos los comentarios sirven. Hay lugar para todos, el público decide. Abrazo

  13. Claudio / Abr 18 2010 8:14 pm

    Triste cosa es no tener amigos, más triste aún, es no tener enemigos, porque quién enemigos no tiene es por falta de talento que haga sombra, carácter ó cosa alguna que le envidien.

  14. Rogelio Elizalde / May 22 2010 10:32 pm

    Lo que es el ser humano, no deja de sorprenderme, lo que somos nunca lo cambiaremos pero tratemos de progresar, de salir de la mediocridad, basta de estupideces. Un abrazo a mis amigos Claudio y Josito, gracias Roberto por tus comentarios y comparaciones, espero que ingreses en nuestra pagina y escuches el material, Saludos para todos.
    PD: Una lagrima por R.J Dio, se fue un amigo

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