Skip to content
marzo 8, 2010 / Roberto Giaccaglia

Civilización y barbarie

Algunos apuntes sobre la 82 entrega de los premios Oscar

The Hurt Locker, la noche del 7 de marzo de 2010

El secreto de sus ojos, la misma noche

Brüno, alguna otra noche

Hace unos meses dije que The Hurt Locker era una porquería y que casi seguro le daban el Oscar. Como Dios no existe, no me equivoqué. Era algo que se veía venir, los muchachos allá en el desierto necesitan apoyo, y también en el norte, donde se toman las decisiones. Todo esto no es de extrañar. Lo extraño pasa por las aclamaciones mundiales de la obra de Kathryn Bigelow. Todo el mundo habla de la tensión que provoca, de lo bien que están los efectos de sonido y de otras cosas mínimas y sin la menor importancia o, mejor dicho, que quedan opacadas por lo que película realmente es: una celebración de la libertad tal como la entienden los ocupantes. Incluso Leonardo D’Espósito, un crítico que me cae simpático como ningún otro hoy por hoy en la Argentina, que defenestró El secreto de sus ojos, tal como debe hacer cualquiera que le guste el cine, le rindió a The Hurt Locker un panegírico por momentos abrumador: tal es así que casi me convence del error de mi mirada. D’Espósito dijo que, efectivamente, The Hurt Locker puede verse como un documento, como yo ya había dicho, pero que esta es la opción menos interesante, ya que tal cosa no hace falta para que nos enteremos de lo que sucede en La Guerra de Iraq, o en la Segunda Guerra del Golfo, o en la Operación Libertad o en la Ocupación de Iraq, como uno quiera llamarla. Pero esto es mentira. Si bien para cierto tipo de lector que reúna las condiciones suficientes no hace falta una película como esta para conocer el estado de las cosas, sí hay personas que creen pertinente lanzar al ruedo un tipo de propaganda que termine de aleccionar y/o de convencer acerca de lo bien que se están tomando ciertas decisiones políticas. Siempre es bueno contar con algo más. No por nada los Kirchner aprovechan el fútbol para mostrarnos lo buenos que son con el campo y con el uso de las reservas. Nada es suficiente cuando de convencer se trata. Así que sí, los documentos siguen haciendo falta. A su debido tiempo, los estudiaremos como lo que son. Por ahora, simplemente dan bronca.

Incluso The Hurt Locker recibió el premio a mejor guión original, en desmedro de obras que lo merecían mucho más. Por caso, A Serious Man, de los hermanos Coen. Una obra bien contada, perfecta en tal sentido, una novela soberbia que ni siquiera necesita de imágenes, con personajes ridículos, encantadores, y creíbles, participando de situaciones que son como ellos, que no se meten en asuntos imposibles ni traídos de los pelos, forzados para que demuestren humanidad y buenas intenciones, como las miserables imágenes del soldado yanqui metiendo las manos en el cuerpo muerto de un niño iraquí buscando restos de explosivos para enterrarlo cristianamente, sin nada artificial dentro. En A Serious Man un hombre acarrea desastres y los enfrenta con toda la cobardía y el rencor y la desazón y la duda y lo que le queda de orgullo, como hace cualquiera. No sale a cazar responsables (justicia por mano propia) en medio de la noche iraquí, ¡sin conocer la ciudad!, armado con una pistolita de juguete, en terreno hostil, buscando a tientas un culpable. Tampoco se queda estupidizado frente a un montón de cajas de cereal alineadas limpiamente, tratando de buscar en eso alguna clase de respuesta metafísica acerca de por qué Estados Unidos está en Iraq. Y menos que menos le dice a su hijo de pocos meses que en un futuro no le importará su piyamita de colores o las comodidades de su habitación, sino servir a su patria jugándose la vida. Todas cosas que sí suceden en The Hurt Locker, la película premiada, justamente, por la calidad de su guión.

Fue sintómatica la competencia entre Avatar y The Hurt Locker, y cómo la segunda se llevó todo lo que la primera pretendía. Mientras que en Avatar los malos son los ocupantes, los que invaden, los que irrumpen sin que los llamen, en The Hurt Locker los malos son los invadidos, los que no quieren recibir la ayuda occidental, los que no quieren su democracia y sus avances: ellos son los que disparan por la espalda, los que se esconden, los que siembran el piso de bombas, los que usan a niños y a hombres de familia como trampas humanas. Avatar, en este sentido, es una película que intenta mostrar los problemas que el Imperialismo les lleva a todos los demás, mientras que The Hurt Locker quiere probar que son los demás los que tienen conflictos con el Imperialismo: como si no lo entendieran por ser brutos, atrasados, arteros y acaso religiosamente reprimidos. El choque entre civilización y barbarie toma partido por la barbarie en Avatar, y por la civilización en The Hurt Locker. Por supuesto, cada una con sus artilugios. En Avatar la barbarie es algo deseable, puro, sin corrupción, natural; todo, hasta el aire que se respira, está idealizado. Curiosamente, en The Hurt Locker también se idealiza la barbarie, pero para mostrar nada más que sus pecados, su brutalidad, su incapacidad para comprender lo que les conviene a los salvajes. Kathryn Bigelow y el periodista Mark Boal, autor del guión ganador, deben de estar muy convencidos de las tareas de limpieza de sus compatriotas: Boal acompañó a las tropas de su país y a los escuadrones que desarman bombas, vivió entre camaradas y a su regreso escribió acerca de lo valientes que son los soldados que lo representan y lo malos que son los otros. Boal es un especialista. Ya una crónica suya dio origen a otra película, In the Valley of Elah, sobre el asesinato de un veterano de guerra en manos de sus propios compañeros. El veterano en cuestión se llamaba Richard T. Davis, y al parecer planeaba denunciar a sus compañeros por haber violado a una mujer iraquí durante la ocupación. Me pregunto si esta película, In the Valley of Elah, dice algo acerca de la masacre de civiles iraquíes conocida como “Midtown Massacre”, ocurrida en 2003: cinco horas de fuego intenso en las calles de Bagdad, donde supuestamente los soldados estadounidenses, que no sufrieron una sola baja, apuntaban sólo contra combatientes enemigos armados. Me lo pregunto porque Richard T. Davis, el valiente soldado que estuvo a punto de denunciar una vejación, participó de esa masacre.

Uno no puede quedarse sólo con que los horrores de la guerra son para el bando protagonista. Ocurría ciertamente en In the Valley of Elah, en la cual se ven las secuelas psicológicas de los soldados americanos al volver de Iraq, y se ve también en The Hurt Locker, donde por momentos los defensores de la libertad parecen volverse todos locos y querer o bien suicidarse o bien matarse entre ellos. Hay muchas cosas más de las que hablar, y de las que este tipo de películas no dicen nada. Los responsables de The Hurt Locker tuvieron varias oportunidades de efectuar alguna crítica al subir a buscar sus estatuillas, pero, como dijeron ellos mismos, “The Hurt Locker fue capaz de eludir la política”. Patrañas. Ninguna película puede eludir la política, pero menos que menos una de esta clase. Los realizadores sólo tuvieron palabras en apoyo a los hombres que están en Iraq y en Afganistán, como si de lo que estuviéramos hablando en realidad fuera de empleados haciendo un trabajo sucio pero necesario. Sigan así muchachos, les faltó decir, que vamos bien. Y acá están estos premios para demostrarlo.

Por otro lado, algo hay que decir acerca de El secreto de sus ojos. Es el tipo de películas que a los miembros de la Academia les fascina: un drama enmarcado en el turbio pasado todavía no resuelto de un lejano país del Tercer Mundo. Es, obviamente, La historia oficial de nuestra generación, es decir una película pomposa y pesada, apta para el gusto medio, que intenta zanjar en base a presunciones, costumbrismo, afán puritano y vengativo asuntos que apenas sobrevuela. Como aquella, El secreto de sus ojos se aprovecha del momento histórico de su país: ahora es el de las dicotomías, el del “conmigo o contra mí”. Es decir, pura circunstancia. En esto de la circunstancia, los señores de la Academia, parece mentira, obedecieron a esta idea que parecen tener de que el cine tiene que ver con el momento que se está viviendo, como si ante la pantalla nos plantáramos igual que ante un noticiero (oficialista) y no ante una posibilidad artística (o crítica, ya que estamos).

Por último, es una lástima que hayan prohibido la presencia de Sacha Baron Cohen. Era una buena idea tenerlo ahí, como presentador de uno de los premios, como alguien postuló, pero a la Academia no le pareció lo mismo y ni siquiera lo invitó a la ceremonia. Tuvo miedo de que irrumpiera en el escenario en el momento en que Ben Stiller salía como uno de los personajes de Avatar. Al parecer, se iban a burlar juntos de James Cameron, diciendo que éste había embarazado a Cohen, quien, a propósito, hizo con Brüno, su última película, algo mucho más divertido y desafiante que la mayoría de los bodrios que afectaron la pantalla de la entrega número 82 de los Oscars. Pero claro, acá ya estamos hablando de la barbarie misma, de lo incorrecto, incluso de lo amoral. Y ahora en Estados Unidos, por suerte, rige la civilización.

Anuncios

2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Alex Tambas / Mar 9 2010 4:36 pm

    Ya van dos años en que los Oscar se van al carajo. Después de ver A serious man pensé que ésta tenía que ganar el premio al guión, pero The hurt locker??? no le ví lo novedoso aparte de unos cuantos momentos de tensiónsilla por ahí. A ver si al año cambia la cosa.

  2. Gaston C. / Mar 10 2010 1:27 am

    Hace rato que los oscars no tienen sentido. Pero sigue siendo divertido verlos y leer sobre ellos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: