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marzo 23, 2010 / Roberto Giaccaglia

Comme: Lógica de la sensación

Colchones de Fe, Comme, 50:25, 2005, Disco Viewmaster.

No sé si los Comme siguen tocando en vivo, me molestan páginas como MySpace para enterarme de noticias por el estilo y la suya propia, Comme.com.ar, cayó en desuso hace rato y hoy está a la venta, así que no será por ese lado que me entere. Pero de cualquier manera no importa, porque los Comme son una banda para escuchar nada más que en disco. En vivo la experiencia que brinda la música de Comme se singularizaría de tal manera que se tornaría insoportable. ¿Cómo entender que lo que acabamos de escuchar es irrepetible? Es algo que no se podría comprender, necesitamos la certeza de que podemos reproducir cuantas veces queramos los vagos, difusos, desdibujados sonidos de la música de Comme, tener la posibilidad de escucharlos de nuevo, creer que podemos asirlos, interpretarlos, hacerlos nuestros. En vivo, sabemos que esa posibilidad desaparece ni bien la primera nota es pulsada, cada vez que se lanza al aire se va para no volver. En la enorme mayoría de los grupos eso no importa demasiado, porque en vivo no hacen más que reproducir las canciones que grabaron, parte por parte, acaso con un solo menos afinado, o más corto, o con más distorsión. Es porque la música de los demás transcurre en el tiempo, y los grupos se permiten la extrañeza de hacer que cada minuto que se pasa frente a ellos sea igual que el que pasamos frente al disco, igual o muy parecido. En cambio, la música de Comme parece ocupar un espacio. Así, es nada más que la sala de grabación lo único que puede recortarlo y entregárnoslo para que volvamos a él una y otra vez e intentemos descifrarlo.
Lo primero que me llamó la atención de ellos fue que uno de sus integrantes en un reportaje lucía una remera de Venom. Venom es un grupo para animales, para seres salvajes, que andan todavía sin ser domesticados, que asisten a rituales de sangre cuya pertenencia está grabada en los genes. Por lo demás, hoy en día lucir una remera de Venom es casi un empeño antropológico, volverse pieza de estudio. Es más, a nadie le gusta Venom. Venom es un grupo que no le puede gustar a nadie precisamente por lo anterior, porque es puro ritual, una cosa que a los ojos de la mayoría carece de seriedad, una locura a la que por suerte nadie está invitado a participar a no ser como espectador lejano.
Después vi, en otra foto, que el baterista tenía una bandera de Venom sobre el bombo de su instrumento. Ya era demasiado. Pero saqué una conclusión fácil: las presentaciones de Comme también deben de ser un ritual, una fiesta pagana sólo para iniciados. Esto por supuesto rebate el párrafo primero: que lo que hace Comme es irrepetible. Nada hay más parecido a sí mismo que un ritual. Pero un ritual, por otro lado, es inasible, fuera de lógica, vago, difuso, desdibujado: las consecuencias que se esperan nada tienen que ver con lo que pone en práctica. Es simplemente una cuestión de fe. Mucho ruido y nada de sentido.
Por suerte, eso sí, hay siempre más ruido que sentido. Si esperáramos otra cosa, no habría por qué escuchar a Comme, porque sabemos ni bien poner una de sus canciones que lo que nos espera es ante todo ruido.
Comme es algo raro, no sé si único, tal vez no, pero sí raro y ya por eso valioso. Es puro sonido, un sonido sin furia pero tampoco calculado, un sonido que no nos dice nada si es que no tenemos nada con qué llenarlo. El sentido de la música de Comme, finalmente, lo ponemos nosotros. La belleza del arte reside a veces en esta clase de dificultad: ser capaces de oír, de ver y al fin de sentir desde nosotros mismos aguijoneados por la presencia, el choque, la voluntad del otro. Comme es un mero estímulo, la posibilidad de encontrar lo que a simple vista no está, no imaginamos, no nos importa. Eso, precisamente, la posibilidad de encontrar lo que en un principio ni siquiera nos importa.
O sea, Comme nos introduce en otro mundo. Pocos grupos argentinos tienen esta cualidad absorbente: Natas, Flormaleva, vaya a saber si otro más, probablemente no. La música de Comme, como la de Natas y de Flormaleva, es de tal presencia que se la puede escuchar sin estar haciendo nada más. Eso es difícil hoy en día, nada más que sentarse a escuchar música. Uno siempre intenta hacer algo con su pobre tiempo: navegar por Internet, leer lo último de Ursula Le Guin, ver fútbol para todos, corregir un trabajo, comerse un pancho. Y todo mientras escucha música, cualquier música, no importa, porque nos hemos desgraciadamente acostumbrado a que la música es una mera compañía, un ambiente si acaso, un telón de fondo sobre el que desarrollar nuestras vaguedades o dar rienda suelta a nuestra trivialidad. Pero no Comme. Comme es para escuchar sin hacer nada, nada de nada, sólo escuchar, ver, porque también se ve, clavar la vista en un punto fijo y ver.
Son los Francis Bacon del rock argentino (¿rock?, ¿argentino?), seres de sensaciones y nada más, con el poder de liberar a través de deformaciones varias fuerzas vitales. La música como sensación. Tal vez Deleuze diría que los Comme no constituyen un cuerpo sin órganos (Bacon cuando pinta, Artaud cuando escribe, quienes según Deleuze no encuentran utilidad alguna en el cuerpo, sino más bien una molestia para seguir adelante), pero sí uno con los órganos revueltos.
Bien puede ser que el post-rock ayude bastante. El post-rock tiene ciertos elementos absorbentes, cierta bruma, un cielo gris y cargado, un cielo bajo, que lo cubre todo y nos permite olvidarnos incluso de lo que estamos haciendo, y al fin de nosotros mismos y de nuestras funciones elementales. Pero explicarlo todo gracias a la pertenencia a un género es demasiado fácil y general. No todo el post-rock suena como Comme. Bah, en realidad ninguna banda de post-rock suena como Comme. Tal vez Tortoise goce de la capacidad de hipnotizar que tiene Comme, pero los Tortoise suenan mejor, más ensayados, más estudiados, tal vez son mejores músicos y seguro tienen mejores instrumentos. Tortoise es la profesionalización de lo que a Comme le sale sin querer. Se podría nombrar a Mogwai, pero tampoco. Los Mogwai son arquitectos, mientras que Comme ni siquiera saben usar la escuadra o el compás. La música de Comme se dispara hacia cualquier lado y se lleva todo consigo. Podemos nombrar a Godspeed You! Black Emperor, con lo cual nos acercaríamos más, porque estos también hacen desastres con nuestra paciencia, y al fin con nuestros sentidos (nuestros órganos), pero sólo estaríamos ante una aproximación y nada más. Lo de Godspeed You! Black Emperor es más global, abarcador, acaso dominante. En Comme todavía hay lugar para el sueño, o la pesadilla.
Más bien la pesadilla. Tomemos una canción como “My Montonero”, por ejemplo. Título raro si los hay. La canción dura 17 minutos, y en ella ocurre de todo. Va de un extremo a otro, del simple ruido a la melodía de juguete. Los vacíos entre una cosa y otra son enormes, pero una vez que la canción empieza con esos vacíos podemos hacer lo que nos plazca. Yo tuve tiempo de pensar en un viejo perro que tenía, por ejemplo, y casi me largo a llorar. Fue mi culpa, por supuesto. Sé que si escucho la canción mañana voy a pensar en otra cosa, a lo mejor en sánguches de miga, pero eso sí: hasta que la canción no termine no me levanto a buscar uno.
Ahora tomemos “King of Doom”. Yo creo que es una balada. No elegiría esa canción para enamorar a nadie, de cualquier manera, pero yo creo que es una balada. Tiene la cadencia de una película de Ezequiel Acuña, ese que filma amores adolescentes que no saben para dónde disparar o qué carajo hacer con su tiempo. Ezequiel Acuña elige a Jaime sin Tierra para musicalizar sus películas, que es un grupo triste, de suicidas en potencia, pero hace mal: debió poner siempre pero siempre esta canción de Comme y todos habríamos entendido mejor sus películas.
Ahora pongamos “Mi casa satánica”. A lo mejor es un llamado al diablo, quién sabe. Pero si el diablo viene va a venir entregado. Dan ganas de tirarse a dormir. Habría que hacer sonar esta canción en una calesita que diera vueltas en el centro del infierno. Llevaría un poco de solaz para todo el mundo ahí dentro. Los caballos deberían quedarse quietos, eso sí, fijos como los autos y los bancos, atornillados al piso, sólo dar vueltas, cientos, miles, despacio, hasta que todo desapareciera.
Con “Cómo tardamos en convencernos de esto” la cosa se normaliza. O más o menos, que tampoco es para tanto. Es casi una canción hecha y derecha. Tocada a desgano, eso sí, pero muy parecida a lo que otro entendería por producto escuchable. Hay dejos de Sonic Youth, es decir disonancias: muestras de que todavía al menos uno de los integrantes puede ir para un lado mientras el resto se dirige a cualquier otro.
Percibir eso hace bien, nos hace saber que todavía estamos en casa, escuchando el mismo disco, que Comme no se industrializó. Quizá sólo se trate de una segunda guitarra mal afinada, pero yo lo entendí así y con eso me quedo.
¿Y después qué tenemos? Tenemos “Acelerar la ruina”, ejemplo paradigmático de post-rock envolvente, “Intervensionn divina”, ejemplo paradigmático del ruidismo aplicado a la creación de un clima áspero, y “Zen calma”, ejemplo paradigmático de muzak para sesiones de yoga, o música de ascensor de un día ajetreado: cuando llegamos al piso ya nos sacamos la jornada de encima.
Y después no hay más, a no ser el arte de tapa: un ciervo cargando en su grupa (eje dorsal) una mujer desnuda, a la manera en que llegaban los cuerpos sin vida encima de los caballos arriados en las películas de cowboys. Detrás, un pato de juguete navegando por un mar embravecido. Todo muy perverso, extrañamente alarmante y tétrico, como un payaso haciendo dedo a un costado de la ruta en una noche de tormenta, que según Boris Karloff es la imagen del miedo, y tiene razón: Comme conjuga oscuridad y luz, volatilidad y pesadez, lo entrañable y la indiferencia, por lo que no es desacertado evocar su música, una vez terminada, como un recuerdo sereno y sin embargo cargado de desasosiego.
En resumen, Comme da miedo, pero nos hace esperar lo que venga con toda la tranquilidad del mundo.

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5 comentarios

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  1. mosquito. / Oct 29 2010 5:23 pm

    muy buen review!
    comme sigue tocando. pero bajo la forma y nombre de una mutacion suya: colonia.
    se puede checkear aca: http://noencentro.blogspot.com

  2. Roberto Giaccaglia / Oct 29 2010 6:11 pm

    Gracias,
    y gracias por el dato.
    Debería haber imaginado que era un grupo en transformación…
    Plena, continua.
    Con razón los perdí de vista.

  3. insecto de jah / Oct 30 2010 1:10 am

    comme vive!

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