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noviembre 29, 2010 / Roberto Giaccaglia

Au revoir

Francia, Israel Adrián Caetano, 78:00, 2009, Argentina.

Más que con marcador grueso, los diálogos parecen escritos con aerosol:
Ella: —Estás sordo.
El: —Y vos ciega.
O si no:
Ella: —Tengo problemas de plata.
El: —Yo también.
Ella: —Cuento los pesos.
El: —Y yo las monedas.
Eso constituye para Caetano la realidad, diálogos que no dicen ninguna cosa, retrueques que pretenden ser hirientes, demostrar, apoyado en las quejas del otro (siempre la mujer) cuán miserable se puede llegar a ser.
Pero para trazo grueso (o craso) notemos el subrayado, las formas que tiene el director de decirnos que los personajes o el ambiente en que se mueven son así o asá.
Acá ya no se usó aerosol, sino un rodillo:
Estamos en el consultorio del psicólogo del que se hace amigo uno de los protagonistas: vemos una foto grande de Perón, y cerquita, al pie, una chiquita de Freud (la película transcurre en 2008: la escena parece una broma de Bombita Rodríguez). El psicólogo es morocho. Y habla como si no hubiera estudiado en su vida. Después el psicólogo peronista y morocho consigue un trabajo en Corrientes, en una comisaría: está contento porque va a comer toda la pizza gratis que quiera (¿seguro que todo esto no es una broma de Bombita Rodríguez?). Entonces en el consultorio cambia el decorado. Ahora lo ocupa un joven displicente, que escucha música y no tiene ganas de atender a sus pacientes: en vez de Perón y de Freud, ahora vemos la foto de una rubia tetuda. Y botellas de cerveza vacías por todos lados, “sabiamente” dadas vuelta, para que no se note la marca (es Quilmes, algo se nota, ese cintillo azul del cuello es inconfundible).
Más:
La burguesa que se quiere matar. Siempre hay en las películas costumbristas argentinas una burguesa que se quiere matar. Aburrida de tener plata, pobrecita. Con una hija que también está aburrida de tener plata, y una madre así, que a cada rato se quiere matar (ya sabemos: ser pobre es mucho mejor). La burguesa invita a una cena, donde la sirvienta atiende a los copetudos de los invitados con cara de orto. Siempre hay en las películas costumbristas argentinas una sirvienta con cara de orto. Por lo general, se acuesta con el marido de la señora burguesa aburrida. O si no, con algún policía, o con el almacenero, al que le debe. Es para que veamos cuán sufrida es la chinita, que aparte de aguantar las quejas de su patrona debe entregar su cuerpo a todo aquel con el que tenga cierto compromiso. Acá el prototipo que se encarga de ese papel es el guardia del edificio donde vive la señora burguesa aburrida que se quiere matar. El guardia, además, le paga las cuentas a la sirvienta. La sirvienta es otro de los protagonistas de la historia: Natalia Oreiro.
Paréntesis: fin del costumbrismo, del subrayado grueso. Pasamos al surrealismo. La Oreiro es blanca, linda, va siempre más arreglada que una vidriera, no tiene el physique du rol de las sirvientas en las películas argentinas costumbristas. Elegir a la Oreiro para interpretar a una sirvienta (una sirvienta combativa, para más) es tan acertado como poner a Mirtha Legrand en el papel principal para un biopic sobre Alicia Moreau de Justo. Pero a lo mejor a la Oreiro le hacía falta una película así, seria, comprometida, difícil. Y a Caetano le hacía falta ella: una nota original. Igual, da un poco de vergüenza ajena que sea justo la Oreiro la que más adelante en la película critique o se ría de los macanudos para los que trabaja (no me acuerdo cómo les llama, ¿chetos? ¿conchetos? ¿caretas? Algo así. A Luis D’Elía en esta parte se le habrá piantado un lagrimón: ¡Vamos compañera! ¡Duro con esos blancos del barrio norte!).
Sigo con la escena de la cena burguesa con sirvienta indignada:
Todos ríen, menos la sirvienta. Pero la de ellos es una risa falsa, de burgués acomodado. Lo sabemos porque Caetano hace que se repitan las risas hasta el hartazgo: quiere que esas risas nos molesten, y lo consigue. La señora burguesa aburrida habla de los wichí, de no sé qué programa de integración del que se encarga uno de sus invitados, por lo que cobra un montón, quizá más de lo que en conjunto reciben los wichí. Este chiste de falsa buena conciencia burguesa ya lo había hecho Susanita, la de Mafalda, un montón de años atrás, cuando todavía éramos inocentes y no nos dábamos cuenta de estas cosas. Cuando sea grande, decía Susanita, voy a organizar cenas para recaudar fondos para los pobres: vamos a comer pavo y cosas ricas para poder comprar fideos y esas porquerías que comen ellos.
No hemos aprendido nada, seguimos haciendo los mismos chistes.
O Quino es un genio, o los cineastas de ahora no. O las dos cosas.
Otro subrayado:
La nena de la película (otro de los protagonistas) tiene un fino bigotito sobre el labio, que no queda bien en una nena pero que por alguna razón se ha dejado donde está —siendo que la madre (Natalia) es tan prolija, tan bella y arreglada siempre, hasta cuando se emborracha, resulta extraño que descuide la apariencia de su hija, que no la hermosee como hace ella misma consigo antes de salir a la calle. Pero no es lo importante. Lo importante es que la nena no es la única que tiene el bigotito: también lo tiene la psicopedagoga del colegio privado donde ella estudia. Es fácil notarlo, el primerísimo primer plano de la cara de la psicopedagoga nos sirve el bigotito en bandeja. La psicopedagoga odia a la nena. Mientras la reta frente a sus padres, notamos el bigote. ¿Qué nos quiere decir Caetano? ¿Que vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio? ¿Que se ríe el muerto del degollado? La psicopedagoga de la niña le dice a sus padres que la niña no tiene límites, que no tiene modales, que no conoce el buen comportamiento, etc. Pero ella, se nota, la desprecia por pobre, y por distinta: a lo mejor por ir a clase con bigotito. ¿Qué nos dice, entonces, Caetano? ¿Eh? ¿Que la psicopedagoga (desde su sitial de poder, desde su sitial de juez y jurado, desde su resguardo institucional) tampoco los tiene, eh, tampoco, a los modales, los límites, el buen comportamiento, eh? ¿Es el descuido personal de no quitarse el vello facial una crítica social, eh?
La nena se carga la película al hombro, esa es su tarea, y hace lo que puede con ella. Desde la inocencia de sus ojos, percibe la decadencia del mundo adulto, sus mentiras, sus falsedades, sus hipocresías, etc. Y lo cuenta con fotos y con un diario íntimo. Al final, ninguneada por su madre, rechazada por sus compañeros, odiada por sus maestras, resultó un genio la nena. El único personaje con ganas de vivir de toda la historia, él único con ideas, el único creativo y al fin el único con sueños. Si esto no es Disney, ¿Disney dónde está?
¿Y por qué la película se llama Francia, y no, por ejemplo, “Disney”? Disney, en realidad, habría quedado mucho mejor: un Disney para niños que no pueden ir a Disney, pero me estoy adelantando.
No hay problema si tenemos dudas acerca del porqué del nombre de la película: un poema, a los diez minutos, nos lo va a contar. Un poema impreso en la pantalla. En caso de que no confiemos en lo que las imágenes tienen para decirnos por sí solas, ahí tenemos las palabras: Nunca conocerás Francia, dice el poema. ¿Y Liverpool, de Lisandro Alonso? ¿Por qué Liverpool se llama así? Alonso confía más en el cine: muestra un llavero donde se lee la palabrita, “Liverpool”. Un llavero que el protagonista tiene para regalarle a… no sabemos, intuimos que la hija, pero no estamos seguros, porque en las películas de Alonso la gente habla poco, o nada. Se pudo llamar Liverpool como Mar del Plata, en caso de que el regalo hubiese dicho eso. Francia, en cambio, sólo puede llamarse “Francia”: gracias al poema que nos explica lo que con un mínimo esfuerzo podemos ver por nosotros mismos: la pareja de la película (la Oreiro y el muchacho, que no son “pareja”, en realidad, pues están separados) más la niña que supieron concebir, son muy pobres y no tienen posibilidad alguna de… visitar Francia, el sueño de todo proletario, como todo el mundo sabe.
¿Sueños dije? No, esta gente no tiene sueños. Come ravioles directamente de la olla, imaginate vos, ¡sin ponerlos antes en una fuente! ¡Y se sirve el queso rayado rallado directamente del paquete! Y tienen el calefón sin tapa. Y montones de humedad por todos lados. Pero eso sí: ¡pueden comprarse celulares!
Como si todo este miserabilismo no bastase (que es, claro está, el miserabilismo de una clase media empobrecida, muy venida a menos: casa que se cae y celulares nuevos), tenemos a los sufrientes personajes. De la empleada doméstica ya hablamos. Pero no de su ex, con el que ahora debe forzosamente vivir de nuevo, pues él no tiene donde caerse muerto.
El muchacho se la pasa durmiendo, pero no sueña: se duerme en un espectáculo que va a ver con su hija, se duerme en el colectivo cuando va con su hija, y se duerme cuando va solo, se duerme siempre. No tiene ganas de nada. No reacciona, va por la vida indolente, sin importarle ninguna cosa, como en esas novelas modernas, viste. No reacciona ante el psicólogo peronista, ni ante el policía que lo interroga por una pelea con su novia. Pero al policía le hace bromas:
El policía le pregunta si consume drogas:
El policía: —¿Drogas?
El: —No, gracias.
El chiste también es viejo. Se usaba, creo, en ¿Y dónde está el piloto? —o quizá en Top Secret!—: Un caballero pregunta a una dama si desea fumar, ofreciéndole el paquete:
El caballero: —¿Cigarrillo?
La dama: —Sí, ya sé.
Bueno, es parecido.
El muchacho, entonces, tiene novia, pero… adivinen… ¡no la disfruta! La novia es Mónica Ayos, y hace de escritora. Ante la novia sí reacciona un poco el muchacho: la aporrea. Es que ella es de otra clase, vive en un departamento lindo y tiene, claro que sí, un trabajito burgués: se sienta todo el día a escribir y no produce nada. Se merece unos golpes.
Pero el muchacho no reacciona ante su ex mujer, la Oreiro, que le dice de todo, irresponsable, insensible, dejado, etc.
El muchacho vuelve a reaccionar ante la maestra, la psicopedagoga y la directora del colegio privado donde va la nena: allí vuelve a aparecer su conciencia de clase. Y se larga pues con una breve clase marxista y ese raro humor que tiene, el del retrueque, señalado al principio:
La psicopedagoga: —A veces las maestras pierden la paciencia, por eso la maestra le tiró de la oreja a su hija.
El padre: —Usted me hace perder la paciencia, ¿puedo tirarle de la oreja?
La verdad que como desempleado que es, padre ausente y marido gorriado, este tipo tiene demasiado buen humor.
El muchacho está desempleado porque la fábrica en la que trabajaba cerró, o está a punto de hacerlo, van a vender la maquinaria, etc. ¿Pero Caetano en qué país vive? Así era en los noventa man, la época del turco, ahora las fábricas no cierran, abren y se expanden.
Francia, así, no es el retrato de esta época, sino de otra, que ya fue. Francia es, pues, anacrónica: muestra a un psicólogo enamorado de Perón, y a un desempleado porque su fábrica cerró. Entre el cuarenta y cinco y los noventa, el costumbrismo de una época y el drama sensiblero de la otra, Francia se queda patinando, para no salir nunca.
Con películas así, no hay industria cinematográfica nacional y popular que aguante.
Así estamos.

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3 comentarios

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  1. Koba / Dic 9 2010 3:38 pm

    Gran crítica Roberto, me encantó.
    Recuerdo que Quintín había criticado a la película y también a Caetano, era todo muy kirchnerista.

    Pero, al final, la gloria llega. En una sucesión de escenas reconciliatorias, la madre y el padre consiguen nuevos trabajos, en blanco y mucho más dignos que los anteriores, la nena abandona la escuela privada y se inscribe en una escuela pública, y hasta el psicólogo de un juzgado que hace Daniel Valenzuela se dedica ahora a ayudar a la policía de Corrientes. Al final, durante los títulos, los padres acompañan a Milagros a un acto de la escuela y se ve a todos cantar el Himno con fervor. Hasta tal punto ese cierre optimista y convencional parece una propaganda que uno duda si no se trata de algo completamente cínico.

    Ya con lo que contaba Quintín, se me fueron las ganas de ver la película, con lo que contás vos ahora, ¡más todavía!.
    Y esto no te lo puede creer!!!
    “está contento porque va a comer toda la pizza gratis que quiera”
    Terrible!!!!!
    Abrazo

  2. Roberto Giaccaglia / Dic 10 2010 5:04 pm

    No quiero caer en la paranoia, la misma en la que vive Quintín desde hace tiempo, pero las evidencias de que la era Kirchner está arruinando a nuestros artistas son demasiadas. Últimamente escribí sobre eso acá:

    https://criticacreacion.wordpress.com/2010/11/22/la-revolucion-es-puro-cuento/

    Un abrazo.

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  1. Escribo para la corona « Crítica creación

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