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diciembre 7, 2010 / Roberto Giaccaglia

Hermanos chingones: Brujería y Machete

Raza odiada, Brujería, 40:15, 1995, Roadrunner.

Machete, Robert Rodriguez y Ethan Maniquis, 105:00, 2010, Estados Unidos.

Chingado, así estaba, de veritas, por esta. Cada vez que veía en un magazine cualquier artículo sobre alguna banda para mí desconocida, así me ponía, chingado. Y en la Madhouse habían salido los Brujería. Uh, esos vatos parecían la nata, te digo. Ahí, con sus caras cubiertas, como pistoleros de cuidado. Es que eran otros tiempos, óyeme. No había la internet, ni tv paga. Yo vivía en el puto field, me oyes. ¿Cómo le iba a hacer para pillar un record de los Brujería? No tenía ganga tampoco, mis cuates no iban escuchando eso, ni de lejos, eran puros Tecnotronic, o cosas así de feas, de moda. Todos unos nerdos si a mí me preguntas.
Y entonces salieron estos, cuando todos ya pensábamos que la cosa metálica debajo de la América Gringa estaba acabada. Después de Nuevo México empezaba el coño sur: todo un conchazo hasta bien abajo, por lo menos hasta el Brasil, que por lo menos había parido a Sepultura.
Pero todavía faltaba algo por inventar: Brujería, la más letal banda de todas. Si antes uno había palidecido ante Slayer y olvidado a Metallica, pues ahora tantito se acordaba de Sepultura, ya eran viejos pues, vendidos, que se iban a grabar con el Scott Burns ese y ponían canticos gregorianos en sus songs. Nada, que seguro los Brujería, con esas jetas, le daban mil vueltas a Sepultura.
Y era el rumor que del bajo se encargaba Billy Gould, el de Faith No More, que eran de mis preferidos entonces. Y más rumores: que la tapa del primer disco no era trucada, sino que eso que salía ahí era una cabeza macheteada de en de veras, de una masacre sucedida en el México cabrón años ha. Y que los Brujería estos eran adeptos pues a decapitaciones, rituales satánicos, sacrificios y esas yerbas. Pero nadie sabía nada, todo era rumores, y de esa banda que parecía bien chingona nadie tenía ni noticias (más que de los supuestos crímenes que cometían). No daban entrevistas, o las daban de escondidos, y tocaban poco en vivo, o nada. Contaban que los buscaba la DEA, mira tú.

Así me anduve, hangueando de aquí para allá, buscando cosas de esta banda, sin suerte. Se decía que eran muy Napalm Death, pero un poco más brutales, lo que ya estaba.

Fue con el tiempo que me hice de Raza odiada, su segundo elepé, una copia pirata. ¿Pero ellos no alientan la piratería acaso? Vamos que sí. Se la pasan puchando odio: que al gringo hay que darle pa que tenga, al white americano, me oyes, al blanco. Al güero se le vende o se le mata, al negro se le da armas o casas, eso gustan ir diciendo.
Mis cuates no lo soportaban. ¿Qué estas oyendo todo el tiempo?, me venían. Watcha lo que escuhas, me decían, que ya mero te quedas sordo.
Pero a mí me gustaban.
Y todavía pongo Raza odiada de tanto en tanto. No hay mejor record para mí de todo el grindcore o death en castellano de la historia, bien cool a pesar de los años. Y eso que sobran. Pero mira que las demás bandas mexicanas del estilo parecen una broma al ladito de estos. ¡Si hasta ensombrece a muchas bandas güeras, no te digo!

Y la vaina es que viendo Machete el otro día, la última del Robert Rodriguez, bajadita de la internet, cómo si no, puse el disco apenas acabó la peli. Me volvieron las ganas de grindcore gritado en español cutre, a lo mejor porque acababa justito de verme una película cutre también.
No hay ni debe haber te digo mejor compañía para Machete que el disco Raza odiada.
¡Pero si son igualitos, igual, igual! Todo lo que está actuado en Machete, está cantado en Raza odiada, con más o con menos gracia, pero es lo mismo una cosa que la otra: película y disco.
Que la migra, que el racismo, que la corruption, que los politicians texanos, que las balas, que los huevos, que lo de infiltrarse en el corazón gringo y desde ahí lanzar la revolution, que lo de los espaldas mojadas, que lo del coyote y su pinche jueguito perverso, que lo de los trabajos que los whites no hacen por ser muy cool ellos, que lo de que hay que chingarlos a todos, que hay que iniciar el terrorismo de una vez, que viva Chiapas y dale.
Y como grandilocuente todo, ¿no? Un demasiado de todo. Mucho macho. Hasta las women son machos (no me vaciles Michelle Rodriguez: “He —por su primo Robert— really understands the realm of that balance between masculinity and femininity”), bien machos, ellas también con sus armotas y sus trajes de terrorista que se esconde en la montaña. Mucha sangre, cabezas rebanadas, y a machete limpio, claro que sí, ese ruidito que hace el machete, ese fizzz tan pringón, que queda pero que muy bien en esas pelis de la exploitation, violencia y negras bellas, tú me entiendes, y alguna que otra gringa también, como la Lindsay Lohan esa, que para mí está un poco vacona, pero igual.

Lo sacaron de las pelis japonesas ese fizzz, y toda esa sangre, esa velocity para mostrarlo todo, el asesino que va por ahí, repartiendo justice y quitando cabezas de cuajo, sin ni mirar a los que acaba, como si lo hiciera sin ganas. Con Machete, el Rodriguez volvió a filmar esas películas que los japos hacían con dos yenes y hectolitros de tomato sauce: kill, kill, kill!

Me hizo pero que rememberar mucho a Zaitochi, el japo de la peli esa, que ciego y todo repartía mandobles, uf, vaya que sí. Los antihéroes mojados de ahorita vienen de toda esa cultura, la japonesa, y de películas clase B o Z, como las que les gustan a Rodriguez/Tarantino, de donde sacan toditas sus ideas, que son siempre las mismas: violencia a chorros y negras bellas, tú me entiendes.
Pero Machete es la mejor, la más political, bien criticona del system, que a todos nos da por los huevos, escucha, cuando se quiere hacer política con el lloriqueo o con toda esa miserability de pelis como Spanglish o la peor de todas, la del Linklater ese, escucha, qué pendejo tan burro, que con Fast Food Nation no sé qué quiso hacer, mezclando el lío de borders entre USA y México con vacas y frigoríficos y empleadas domésticas. ¿Qué es eso, óyeme, Linklater mío, una película pro inmigrantismo, pro vegetarismo o pro huevismo?
La política for real es la de pelis como Machete y discos como Raza odiada: no hay mejor manera de entrarle al tema que a degüello de la seriedad. ¡A terminar con los güeros gabachos!

Todo hay que decirlo con sarcasmo chimba, basta de babosadas y pendejadas y escaparse por donde hay sitio de sobra, la comodidad esa del patalismo: yo pataleo, tú pataleas. Pues no pendejo, deja de patalear y toma el machete. Toda esa pose seriosa de pelis lloronas como la del pendejo Linklater no le aguanta ni un round a Machete. ¡Viva Danny Trejo, el segundón más preciado y bravo!

A mí me resonaban en la cabeza esas letras de Raza odiada mientras miraba encantado la peli del Rodriguez, ay, todas canciones sobre el smuggling de drugs, el satanism, y siempre la revolution, hasta la victory siempre. Hasta le hacen un temita a Pablo Escobar Gavigria: “El Patrón”.
Uy, pero si en las fotitos que salieron de él cuando lo liquidaron parecía un mero integrante de Brujería: esos ojos, ese bigote, esa cara dura. Mucha controversia en torno, la gente dijo que los Brujería eran criminales, pues, por defenderlo. Pero es que Escobar rised contra el power establecido, como ya quisiera cualquiera, a no joder, empezando por los Molotov, ja, míralos correr frente a los Brujería. Y como hacen los protas de Machete, pero estos sí en serio.

Ay, pero que peliculón. Tan en la vena zapatista de Brujería como no lo es otra. Y con actorotes, encima: está el Robert De Niro, la vacona de la Lindsay, que ya dije, Jeff Fahey, la Michelle, que también ya dije (la que salía en Lost, oye, la que decía “¿Estás haciendo esto porque eres policía o porque eres mi madre?”), la Jessica Alba, que por suerte acá no se hace invisible, los malotes (actuando) Don Johnson y Steven Seagal, y por supuesto el Danny Trejo, que si me apuran digo que podría encarnar a El Brujo, cantante de Brujería, cómo no. Un cuate áspero y simple, feo, muy feo, curtido y renegado como la mismísima música de Brujería.
Digo: sin Danny Trejo no existiría Machete y sin Raza odiada no existiría un disco bueno de grindcore en castellano. Ya dije.

La tapa de Raza odiada es una fotograph del Subcomandante Marcos, a quien le dedican más de una canción. Y ya de entradita nomás la largan contra un politician real y realmente cornudo: Pete Wilson, gobernador de California que se quiso chingar a todo mexicano suelto o por soltarse con sus propuestas racistas, que los whites de allá votaron mayormente encantados en la década del noventa.
Ay, estos de Machete, la peli del Rodriguez, tantito más y se descalabran con tanto homenaje a Raza odiada.
Ese Pete Wilson (que los Brujería llaman “pito” en su canción) está encarnado en Machete por Robert De Niro, y adivinen maricones, se le pone precio a su cabeza, tantito como hacen los Brujería en la song del comienzo: porque al “pito” Wilson lo bajan del estrado a puro tiro de cuerno de chivo: como hace el mero Machete con el puto De Niro in the film.
Después viene otro temón, “Colas de Rata”, que no sé bien de qué va porque El Brujo canta muy rápido para entenderlo, o más que cantar no sé qué intenta encima de los blastbeat del baterista, que le da pa que tenga, como un Mick Harris pasado, bien ebrio digo.
Después “Hechando Chingasos (Greñudos Locos II)”, mi personal favorita, con un ritmo frenético, endiablado, entrador a huevo: groovoso.
Después “La Migra (Cruzando la Frontera II)”, que como todo el sabio mundo apreciará trata de eso, que de lo mismo que trata Machete: inmigrantes ilegales o espaldas mojadas también llamados y con todo lo que tienen que peliar en contra, la corrupción blanca, vámonos.
Después viene “Revolución” (una letra impecable: Quieren ser ratas o quieren ser hombres/Si no pa’ ti por tus hijos: una letra que easy easy podría cantar Danny Machete Trejo), después “Consejos Narcos”, otra personal favorita, con un recitado estupendísimo, a favor de venderle la blanca a los gringos rotten en plata y dejar para los negros la saludable y barata marihuana.
Después “Almas de Venta”, “La Ley del Plomo”, y sigo nombrando de corrido, “Los Tengo Colgando (Chingo de Mecos II)”, “Sesos Humanos (Sacrificio IV)”, la más grindcore de todas, y después “Primer Meco” (una song que algunos encuentran ironísima: cuando piensan que se ríe de los que señalan con el dedo al crío que se masturba; y también una que muchos encuentran represora: cuando piensan que los Brujería la van contra el pendejo que no hace nada en su room todo el día).
Después el jit, porque si en Raza odiada hay un jit es este: “El Patron”, la canción para el querido Gaviria, con sentido obituario incorporado y todo. ¿Poético? Pues no: Quien nos va mandar, Pablo Escobar/Fue rey de coca, hizo plata de hojas/Fue un gran hombre, Padrino de los pobres.
Le siguen “Hermanos Menéndez” (una tonadita para los hermanos Lyle y Erik Menendez, que shutearon a sus padres in the back, para quedarse con toda la lana de la familia), “Padre Nuestro” y “Ritmos Satánicos”, las dos últimas un par de invocaciones al demonio que juro que apenas salen por los parlantes el colorado de abajo se viene corriendo, a ver las nuevas huestes, de veritas.

Los nombres del personnel que grabó esta maravilla siempre me han parecido bien tuneados: Juan Brujo en la voz, Asesino en la guitarra (Asesino también produce el álbum: ¡vuélvete Scott Burns!), Güero Sin Fe en el bajo, Fantasma en más bajo y más voces, y otros más que ahora no retengo, pero es que no importa, Brujería somos todos, los members que ahora están, que ni sé cuántos son, y los past members, que ni sé cuántos fueron y a los que de verdad nunca les supe el rial nombre.
¿No dijo algo así el Subcomandante? ¿Que se cubría la cara porque total él estaba en todos, que él era todos, que uno miraba a un campesino empobrecido y lo miraba a él?
(¿No te digo? En Machete la zapatista Michelle es meramente “She”, nada más: como si ella mismita fuera toditas las mujeres que alguna vez se rebelan. Podría decir: “Cuando ven a una mujer cansada de injusticias, me ven a mí. Yo soy todas ellas”.)

Si nosotros no, ¿entonces quién?, dice Danny Trejo al comienzo de Machete, en medio de una misión suicida, con los dientes apretados y los nervios puestos en tensión. Y bueno, digo yo, si Brujería no, pues entonces nadie. Eso quiero decir, si Brujería no grabó el mejor disco de grindcore de toda la América rotten o no rotten, de arriba abajo y viceversa, pues entonces nadie, o nada, pues entonces ese disco no existe.
O hay que inventarlo, pero ya. Como hubo que hacerle con Machete, el Chavo del Ocho, el pinche tequila, etc. Needful things, yu jir me.

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