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junio 18, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #1

Bueno, bueno, cuánto hace que no escribo. Ni sé. O que no publico en este blog, que no es lo mismo. Son cosas que la gente (yo, por ejemplo) confunde: publicar y escribir. El otro día, el 15, para el día del libro, me invitaron desde la biblioteca de la ciudad a una charla con escritores. Se ve que estaba sin volutand ese día, porque dije que sí. Cómo me aburren esas charlas, Dios mío. Por lo general se trata de unos cuantos señores y señoras que han logrado sacar uno o dos o cuarenta libros y que se creen la gran cosa y hablan como si de hecho lo fueran.  Y no paran de citar a Borges. Puf. Si Borges se levantara los cagaría a todos a bastonazos. A lo Zatoichi, claro. O a lo Dare Devil, lo mismo da. Apenas terminó, salí corriendo. Ni siquiera me quedé a comer sanguchitos o por lo menos a entregar tarjetas o señaladores de la librería que abrimos. Motivo por el cual, la librería, dejé de pasar seguido por acá. Bueno, lo cierto es que dejé de pasar del todo. La librería abrió ayer, pero los preparativos fueron largos, largos. De los libros que me gustan vendimos El Eternauta y La línea, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Mientras no hay gente, leo Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, que está en el sector de literatura juvenil  -vaya uno a saber si bien ubicado. Hace mucho que vi la versión de Truffaut… no recuerdo si me gustó o no.

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