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junio 19, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #2

Hoy entró un pibe de Rufino, muy decidido, de 12 o 13 años, y pidió Death Note, la increíble serie de manga de Tsugumi Oba y Takeshi Obata, guionista el primero y dibujante el segundo, ambos capos absolutos de la historieta japonesa, Gardel y Le Pera, digamos. Fue una sorpresa. La historieta me impactó cuando la conocí, sufrí del entusiasmo que supo causarme Lost, por ejemplo, y hoy tuvo algo de impacto ver la emoción de un niño al encontrar algo que también me había seducido a mí. No sé cómo se habrá topado él con el manga. Hablamos brevemente. Me contó: Leí el primero de un tirón, ahora quiero el 2 y el 3. Le dije: Estas cosas se están poniendo de moda, ¿no?, refiriéndome al manga, tratando, en vano, de confraternizar. Me contestó: No, no tanto. Allá en Rufino nadie lee estas cosas. Me sentí medio pelotudo. El padre miraba de soslayo. Yo nunca sé de lo que habla, me confió, despacio, mientras su hijo caminaba con los dos tomos de Death Note en las manos, feliz como sólo puede estarlo quien encuentra el objeto de sus deseos. Al padre no le dije nada.

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