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junio 20, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #3

La librería tiene Facebook. No sé bien para qué. De los “amigos” que se hizo (35 en un par de días, lo que habla muy mal de la amistad), nadie compró un solo libro hasta ahora. De los amigos verdaderos, no puedo decir nada. Porque están lejos (físicamente hablando). Como la librería se especializa en literatura infantil y juvenil, muchos de los que se agregan a la lista son, de hecho, niños, o por lo menos pequeños seres que están de a poco dejando de serlo (niños, quiero decir). Y cuando uno se conecta para agregar novedades, ve las actividades y fotos que ellos suben. Pese a ello, me resisto a perder la fe en los niños. Pero es difícil. ¿De dónde viene la manía, el aparente estado de furor, la costumbre o ese deseo desordenado de sacarse esa clase de fotos? ¿Por qué ponen esas caritas, a quién carajo le copian? ¿De dónde vienen los dedos en V enmarcando la boca en beso? ¿Y los ojos entornados? ¿Qué sugieren? Quiero decir, ¿qué se puede sugerir a esa edad? Trabajamos para ellos, todos nosotros. Algo hemos hecho mal.

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