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julio 3, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #16

Para mucha gente los libros son objetos dispensables. Tanto, que ni siquiera piensan en ellos. Y si por alguna razón -un hijo, por caso, un hijo que pase frente a nuestra librería, vamos a suponer, y los haga pensar en un libro (Papá, ¿me comprás un libro?)-, si por alguna razón, digo, llegaran a considerar al objeto libro, siempre se sorprenderán del precio que ese objeto innecesario puede alcanzar. Siempre. Entonces calculan: ¿45 pesos? Mmhh, con 45 pesos me compro un kilo y pico de costeletas. Así las cosas, lo piensan dos (2) veces antes de gastar esa suma en un libro. En un librito. En un librito que le alegrará la vida a su hijo. También lo pensarían dos veces si el libro costara 20 o 12 pesos. Pero nos quedemos en 45. Eso cuesta el libro de Gaturro que le gustó a una niña el sábado. Entró con la madre, a ver libros de Gaturro. La atendimos muy bien, le mostramos varios. Le gustó el de 45. Ella, sentadita, disfrutando de los libros; la madre, de pie, apurándola con la mirada y los suspiros. En eso, llega el padre. ¿Puedo entrar con el perro?, me pregunta. Un caniche espantoso, mugriento, un perro de mierda bah. Lo llevaba en andas. Así que le dije que sí. Llega adonde su familia, y la señora le dice: Le gustó este a la nena… vale 45. Uy, dice el tipo, creo que me dejé la billetera en el Citroen. Bueno, entonces la nena se queda con la madre en el negocio y el tipo sale con el perro en andas en busca del Citroen. Después de un rato, estaciona el Citroen frente al negocio. Y se baja… ¡con el perro en upa de nuevo! ¿Por qué no lo dejó en el auto? Bueno, se baja con el perro en brazos, vuelve hasta donde su mujer y su hija y le dice a la primera: No, me la dejé en casa. Creo adivinar que puso cierta cara cuando lo dijo. No lo puedo decir con certeza, porque estaba de espaldas a mí. Pero creo adivinar que puso esa cara que pone uno cuando quiere mentir y buscar cómplices al mismo tiempo. El cómplice, claro está, era su mujer. Así que se fueron, sin el libro de Gaturro a 45. Pero antes de irse, la señora le dijo a mi mujer: ¿Me lo guardan? El lunes a la tarde paso. Y se fueron, la nena y los demás: el perro de mierda, la señora impaciente y el señor mentiroso. Y yo le digo a mi mujer: No van a volver. Y ella me dice: Sí, ya vas a ver. Entonces le hice una apuesta. Si vuelven por el Gaturro de 45, ella (mi mujer) se gana unas botas que viene mirando con cariño desde hace un tiempo -ese será nuestro gasto inútil del mes. Y si gano yo, mi gasto inútil será una botella de Jim Beam. Veremos.

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